Categoría: Gerenciar

  • Mi empresa no quiere cambiar

    ¡La verdad, en el fondo, tú tampoco quieres cambiar! Piensa en tu equipo de fútbol, en tu partido político o inclusive en tu religión. Ahora piensa que a partir de mañana apoyas incondicionalmente a otro equipo, partido político o religión. No lo harías.Y ¿por qué habrías de hacerlo? Estás cómodo con lo que tienes, con lo que eres, con el «status quo».

    Lo mismo pasa con las organizaciones. Y entre más grandes y antiguas, más difíciles de cambiar ¿por qué ? Simple. ¡Por sus creencias! ¡Por su cultura!

    Las empresas con el tiempo pasan a compartir un sistema de significados que los distinguen de otras organizaciones. Esa cultura puede ser fuerte o débil. Pero al final determina el actuar de la organización. Y sí, hay personas individuales que no quieren cambiar, pero el reto es el cambio en toda la empresa.

    Para pensar en cambiar una cultura debemos conocer los mecanismos bajo los cuales los colaboradores de una empresa aprenden la cultura y a partir de ahí podemos trabajar:

    • Historias. Las historias, anécdotas y relatos sobre casos de éxito y de fracaso. Sobre los héroes y villanos en la empresa conforman la organización. Los colaboradores, escuchan y se apropian de estas historias, las alteran y las usan como marco de actuación.
    • Rituales. Piensa en una religión cualquiera, tienen sus rituales bien establecidos. Pero también lo tienen las universidades al ingreso y graduación de sus alumnos. Igual sucede en las empresas y esos rituales conforman la cultura. La forma en que se atiende a la gente, como se comporta el jefe con los subordinados, cómo se toman decisiones, cómo se contrata a la gente, cómo se promueve y recompensa a la gente, cómo se actúa ante los problemas y cómo se atiende a los clientes. Todo ello influye en la cultura.
    • Símbolos. ¿Cuántas playeras o gorras tienes de tu equipo favorito? Los logotipos, colores, uniformes, la imagen de las oficinas o las fábricas, los premios y reconocimientos. Todo ello influye grandemente en lo que la gente cree que es la empresa.

    Estos tres elementos combinados moldean el aprendizaje de la cultura organizacional de los colaboradores. Ahora imagínate, solo por un momento, ¿qué pasaría si gradual o drásticamente comenzamos a cambiar estos elementos? La cultura comenzará a ser diferente.

    Yo recuerdo que hace años, un jefe decidió que todo mundo debía irse a su hora. El ritual era quedarse después del horario oficial de salida. ¡Hasta que se fuera el jefe! Entonces, él decidió que ahora todo mundo se iba a su hora. Y empezó haciéndolo él. Unos minutos antes de la hora oficial, comenzaba a recorrer la empresa y a decirle a todo mundo que se fuera. Hubo descontrol, pero con el tiempo las cosas cambiaron.

    Reflexiona ¿qué historias, rituales o símbolos puedes ajustar en tu organización para comenzar a mandar un mensaje diferente a la cultura actual? Poco a poco, con apoyo de la gerencia y constancia, podrás ir alterando la cultura organizacional.

    Nota: No olvidemos que los cambios organizacionales y culturales se miden en años y no en semanas o meses. No se puede cambiar la mentalidad de toda una organización de un día para otro. Tenlo en cuenta, se paciente, se constante.

  • Decisiones difíciles

    Cuando mi hijo tenía apenas 4 meses de edad, mi esposa y yo nos enfrentamos a la situación de tener que autorizar una cirugía para él. Esa fue una situación complicada y una decisión difícil de tomar.

    Como gerentes y directivos nos enfrentamos a las decisiones difíciles de manera continua y lo importante es no evadirlas. Las decisiones difíciles son aquellas que tienen un impacto al largo plazo en las organizaciones y es muy cómodo postergarlas esperando a ver si las cosas se «arreglan solas».

    Las situaciones difíciles presentan ciertas características, entre algunas de ellas puedo mencionar:

    1. Como ya comenté, afectan a la organización a largo plazo.
    2. Pueden tener vinculadas una fuerte carga emocional, sobre todo si involucran a gente y colaboradores.
    3. Generalmente se dan en situaciones de incertidumbre, esto es, no se puede saber con certeza el resultado y se tiene información limitada para decidir.
    4. Tienen una carga de urgencia, entre más se postergan, más difícil se volverá tomar la decisión.
    5. La decisión tomada, cualquiera que sea, no será popular.

    Es importante entender que las decisiones difíciles tienen que tomarse. Lo cierto es que los resultados de la decisión puede ser positivos o negativos, lo importante es no postergar la decisión. En caso de ser negativo el resultado, se habrá aprendido y volveremos a decidir otra cosa buscando atender la situación difícil. Lo importante es atender la situación.

    Sin importar lo que se decida, es necesario estar dispuesto a aceptar las consecuencias, buenas o malas, conocidas o desconocidas, de la decisión en cuestión. Es complicado anticipar, lo que no podemos hacer es evadir. Bien dicen que las decisiones no mejoran con el tiempo.

    Lo que podemos hacer es apoyarnos en técnicas de toma de decisión, que si bien no deciden por nosotros, nos ayudan a poner, por así decirlo, en «blanco y negro» la situación y a partir de ahí podemos decidir. Es importante se objetivo y considerar el beneficio hacia toda la organización en el largo plazo.

    Con el paso de los años me he enfrentado a nuevas y diferentes situaciones difíciles, unas más que otras, sin embargo, al final, independientemente del resultado de las decisiones tomadas, de lo que no tengo duda es que lo mejor fue no evadir dichas situaciones. Esa, esa es la parte complicada en la gerencia. Decidir es parte de la esencia de ser gerente.

  • Ese es tu problema

    Hace años, cuando fui gerente a cargo del desarrollo de nuevos productos, estaba en proceso de re estructurar el área a fin de poder brindar servicios de clase mundial a los clientes. Apenas íbamos empezando los trabajos de mejora y había mucho por hacer en términos de gente, infraestructura y métodos de trabajo.

    Uno de esos días iba caminando por un pasillo y me encontré a mi entonces jefe, el gerente general. Él acababa de regresar de un viaje por Europa así que al topármelo me resultó bastante natural preguntarle sobre como habían ido las cosas.

    –Hola, ¿cómo te fue?

    –Bastante bien me reuní con la gente de MB (un reconocido fabricante de vehículos). Y fíjate que hablando con ellos les comenté que vamos a entrarle al desarrollo de los productos que comentamos.

    Yo me quedé frío, pues ni remotamente estábamos listos aún para ello. Así que se me salió decir:

    –Oye pero aún no tenemos lo que se requiere para ese tipo de desarrollos.

    Mi jefe mi miro y de una manera fría y cortante expresó:

    –¡Ese es tu problema!

    Sonrió y continuo su camino en el pasillo. Yo únicamente me quedé callado mirando como se iba a su oficina y procesando lo que acababa de decirme. Y es que en el fondo, tenía razón.

    Al aceptar mi posición como gerente lo hice para mejorar el área a mi cargo, para crear los procesos, sistemas, infraestructura y personal necesario para sacar adelante las cosas. Mi trabajo era solucionar cualquier problema que nos impidiera estar al nivel requerido y acceder a nuevos desarrollos.

    El trabajo de mi jefe era retarnos y buscar nuevas oportunidades de crecimiento para la empresa. Mi trabajo era estar listo para aprovechar esas oportunidades.

    En ocasiones, como gerentes, se nos olvida que nuestro trabajo no es ser especialistas, nuestro trabajo no es solo dar órdenes. Nuestro trabajo es crear la mejor área posible que pueda dar los mejores resultados.

    A lo largo de los años me he encontrado gerentes atrapados en el día a día, apagando fuegos, operando sus áreas, realizando actividades expertas, más no dedicando el tiempo requerido a mejorar su áreas y a volverlas el mejor área posible.

    En ocasiones, como gerentes, nos quedamos atrapados en la adrenalina de ser expertos, el día a día y no en la adrenalina de la gestión y de la mejora. Es importante tomar conciencia y tomar la decisión de dedicarnos a aquello que hará a nuestras áreas más robustas y menos dependientes de nuestra labor como expertos en el tema.

  • El bonsai y la cultura organizacional

    La cultura organizacional se puede definir cómo «el conjunto de experiencias, hábitos, costumbres, creencias, y valores, que caracteriza a un grupo humano».

    Todo ello influye grandemente en la forma en que una organización se comporta para lograr resultados positivos o negativos, para crecer o para estancarse, para permanecer o para desaparecer.

    La cultura organizacional se crea a lo largo del tiempo y puede ser gestionada o dejada al azar. Posiblemente tu hayas visto un árbol en estado silvestre y tal vez hayas visto un árbol bonsái.

    Cuando yo era pequeño, mi papá tuvo una época en la que adquirió y cuidó unos pequeños árboles bonsái. En general un árbol bonsái se puede hacer del siguiente modo:

    • Se toma un pequeño árbol.
    • Se busca su mejor lado y se imagina uno como quiere que sea.
    • Se cortan las ramas sobrantes y secas para mostrar la forma general.
    • Luego se utilizan alambres para ir moldeando la forma del árbol.
    • Se cortan las raíces y se transplanta en una maceta especial que muestre el mejor lado del árbol
    • Posteriormente se continúa una cuidadosa rutina de poda, alambrado (cada 3-4 meses), poda de raíces y riego.

    El proceso toma años, literalmente, y los árboles llegan a crecer en formas extraordinariamente bellas. Requieren de un cuidado constante y, si se hace correctamente, se pueden pasar de generación en generación con árboles que superan los cientos de años.

    Y ¿qué tiene que ver eso con una organización? Pues es muy simple, una cultura organizacional es como un árbol. Si lo dejas a su azar puedes acabar con cualquier cosa y forma. La cultura organizacional robusta es como un bonsái, requiere cuidado constante de sus fundadores, mandos y gerentes. Tiene que irse moldeando y ajustando periódicamente y tiene que mantenerse prácticamente a diario.

    No podemos esperar que nuestra organización se vuelva innovadora, centrada en la mejora continua, enfocada en la solución de problemas, alineada con los clientes-productos-servicios, con espíritu de servicio, que trabaje en equipo, que esté centrada en la estrategia y el uso óptimo de recursos, y otros elementos de interés, si NUNCA, pero nunca nos tomamos el tiempo, esfuerzo y recursos para moldear dicha cultura.

    En algunas organizaciones la cultura organizacional se ignora, se desestima y se deja completamente al azar, pero eso no quiere decir que no se forma una cultura, sí se forma, pero no la que se quiere, no la que se necesita. Esas creencias, costumbres y hábitos si no se cuidan y mantienen pueden arraigarse muy fuertemente y luego cambiarlos, cuando la organización ha crecido y madurado, es muy complejo y tardado.

    Moldear y cambiar la cultura organizacional no es rápido, fácil ni sencillo. Requiere tiempo y dedicación como el que se destina a crear un hermoso bonsái. Lo mejor es, desde el principio, ir moldeando y manteniendo dicha cultura de manera activa por parte de los mandos y gerentes. Día tras día, semana tras semana, año tras año. No hay atajos.

  • Aprendiendo a trabajar juntos

    En las escuelas de educación básica, no es raro que soliciten a los niños que integren equipos de 3 o 5 personas para llevar a cabo un proyecto. En ocasiones, les son asignados los equipos y se espera que colaboren de manera efectiva. Como sabemos, eso pocas veces funciona.

    En las empresas sucede algo similar. Se forman «equipos» sin mucha consideración. Se habla de trabajar en equipo o de ser equipos de alto desempeño. Como muchas cosas, nos fijamos en el resultado, pero no en el proceso para llegar allí. Trabajar juntos no es un verbo o algo que se logra por que el jefe o gerente lo dicte. Es algo que requiere pasar ciertas etapas.

    El trabajo en equipo se aprende y requiere de ser gestionado. Cuando se integra un nuevo equipo o una nueva persona ingresa al mismo se genera un desequilibrio que poco a poco se irá acomodando.

    Entre las muchas teorías de trabajo en equipo, una de ellas establece que el equipo debe de transitar por cuatro etapas:

    • Formación. Es cuando los integrantes del equipo se cuestionan por qué fueron incluidos en el proyecto y por qué incluyeron a los demás. Hay muchas dudas sobre lo que tienen que hacer y la forma de hacerlo.
    • Tormenta. Esta es un etapa donde empiezan los conflictos y diferencias entre los miembros del equipo. Aún no se conocen ni han desarrollado las reglas para un trabajo sano y coordinado. En ésta etapa algunos equipos se pueden quedar estancados y requieren de apoyo para superar la etapa.
    • Normar. Es cuando el equipo se da cuenta que requiere de establecer qué es un comportamiento aceptable y que no lo es dentro del equipo. Es dónde el equipo comienza a conocerse, se forjan puentes de comunicación y mecanismos de colaboración. Se reconocen las fortalezas de cada uno de los miembros y se deja de prestar atención a las debilidades. En este punto el equipo clarifica el papel de cada uno y el objetivo que persiguen.
    • Desempeño. Esta es la etapa deseada desde el inicio. Ese punto en que los miembros del equipo colaboran, se comunican, confían unos en otras e interacciones con respeto y aprovechando sus competencias para el logro de los resultados y de los objetivos planteados.

    Algunos equipos logran transitar estas etapas de manera natural, otros no. Por ello se requiere de un mando o jefe que esté continuamente monitoreando la situación y orientando al equipo para transitar las etapas. De no hacerse, el equipo se podría viciar en comportamientos negativos y desintegrarse a sí mismo y conformarse con trabajar de manera aislada.

    El mando debe reconocer las necesidades de competencias de los miembros del equipo, tales como la comunicación efectiva, manejo de juntas, manejo de conflictos, elaboración y seguimiento de planes de trabajo y otras técnicas útiles en las que los miembros del equipo apoyen su futuro desempeño.

    Es utópico, o iluso, el pensar que las cosas se darán solas, con el puro compromiso y empuje de la gente. Se requiere una gestión activa por parte de los mandos, buscando equilibrar y mediar con el equipo mientras desarrolla confianza y autonomía. Durante ese proceso habrá errores y fallas, y sobre todo habrá aprendizaje.

    El mando debe integrar a los equipos de manera equilibrada, trabajar sus competencias y monitorear sus avances mientras ellos van aprendiendo a trabajar juntos. Los pequeños triunfos pasará a ser grandes triunfos con el tiempo, la orientación y gestión apropiadas.

  • ¿En que te puedo apoyar?

    Una idea mal entendida en algunas organizaciones es el hecho de que todos trabajan para el jefe inmediato superior. De hecho, todos trabajan en la empresa, pero no para la empresa.

    El problema con esta forma de pensar está en que se busca satisfacer los deseos del jefe más allá de las necesidades del cliente interno o externo.

    Tal vez hayas escuchado el concepto de la pirámide invertida. En la pirámide tradicional. En el pináculo está el cliente, luego los directores, más abajo los gerentes, luego los mandos medios y al final están los colaboradores.

    La pirámide invertida es un concepto en el que se voltea la pirámide, en la parte superior está el cliente, luego vienen los colaboradores, luego los mandos medios, luego los gerentes y finalmente en la parte inferior están los directores.

    Este concepto lo que pretende resaltar es que quienes atienden a los clientes externos son los colaboradores. Ellos fabrican los productos o prestan los servicios por los que los clientes están dispuestos a pagar. Por ello el resto de la organización los sirve y apoya.

    En una serie de televisión (New Amsterdam) se retrata a un nuevo director que pretende cambiar la forma tradicional en que se administra un hospital público. Observando detenidamente al personaje, lo primero que él hace es recorrer el hospital y acercarse a los colaboradores: enfermeras, gente de intendencia, gente de mantenimiento y médicos y les pregunta: «How can I help?» Que podemos traducir como: ¿En qué te puedo ayudar? o ¿En qué te puedo apoyar?

    Obviamente, le llegan cientos de solicitudes, escucha y observa atentamente lo que sucede y propone soluciones. Poco a poco, conforme pasan los episodios, la organización comienza a cambiar porque ahora los directivos están enfocados en apoyar a los colaboradores y los colaboradores están enfocados en atender a los clientes.

    Vale la pena, si uno está en una posición de mando, el preguntarnos, o mejor aún, preguntarle a nuestra gente ¿cómo podemos apoyarla? ¿Cómo podemos ayudarla?

    Lo anterior ayudará a modificar la situación existente en la que el colaborador se pregunta ¿cómo dejo contento a mi jefe? Al centrarnos en mejorar los procesos para que la gente trabaje mejor, se logran los resultados que el cliente, y la misma empresa, valora y se logra la transformación y el crecimiento.

    No me creas, inténtalo durante 30 días y observa si cambian las cosas. (Nota: tal vez necesites más de 30 días, inténtalo de todos modos).

  • Aprendiendo de los videojuegos

    Dependiendo de tu edad, es muy probable que en alguna ocasión hayas tenido la oportunidad de jugar, u observar a alguien jugando, algún tipo de video juego. Más allá de si te gusta o no, si eres aficionado a o no a los mismos, has tenido contacto con ellos.

    En mi caso, el primero contacto con los videojuegos se remonta muchos años atrás con una computadora Commodore 16 y un Atari 2600. Probablemente estás pensando ¿y eso que tiene que ver con el tema del blog? Te pido que tengas un poco de paciencia, pues voy a elaborar sobre ello.

    Dentro de los videojuegos, existe un tipo particular que son los juegos aventura y los de rol. Estos son juegos en los que por un lado te puedes enfrentar a diferentes retos que hay que superar para avanzar y, por otro lado, tienes que seleccionar y utilizar diferentes personajes para poder lograr dichos retos.

    Veamos algunos puntos que encuentro de coincidencia entre los juegos de rol y aventura, y el mundo empresarial y corporativo actual en lo que se refiere al ejercicio del liderazgo y de la gestión:

    • No darse por vencido. Los videojuegos de aventura y rol implican tenacidad y perseverancia. No hay soluciones rápidas, vas avanzando poco a poco y encontrando retos cada vez más complejos. Con el tiempo aprendes a no desmoralizarte tan fácil, sino a emocionarte con encontrar lo que sí funciona y que te permite avanzar.
    • Navegar la incertidumbre. En muchos de los juegos de aventura y de rol tienes un mapa limitado de donde estás, comienzas avanzando y descubriendo nuevos lugares, personajes, situaciones y retos. No sabes que hay adelante simplemente das un paso a la vez y con lo que aprendes ajustas para el siguiente paso.
    • Recolectar información. En muchos de los juegos no puedes avanzar sin información, hablas con otros personajes, preguntas, lees, observas y recopilas hechos y datos con los cuales tomar decisiones.
    • Interactuar con otros. En estos juegos aprendes que debes hablar con otros, con los que tienen la información, con los que están enterados. A veces, tienes que ganarte su confianza antes de que te den cualquier tipo de información útil o algún objeto que te servirá en tu camino. Tienes que tender puentes entre los personajes para acceder a la información valiosa.
    • Aprender experimentando. En ocasiones, en estos juegos, no sabes lo que va a funcionar, tienes que probar varias alternativas. Planteas una hipótesis de lo que podría funcionar y lo aplicas, sino funciona, aprendes sobre lo que sucede. Los errores y fallas te acercan a lo que debe ser, a la solución y ejecución correcta.
    • Conocer y explotar las fortalezas de tu equipo. En los juegos de rol tienes que armar pequeños equipos. Debes seleccionar diferentes personajes que te acompañan y tienes que aprender sus talentos y fortalezas. Debes saber seleccionar al personaje o combinación de personajes que podrán sacar el reto adelante. Dejas de ver las debilidades, escoges a los personajes por lo que sí pueden hacer, en vez de criticarlos por lo que no saben hacer. Si algún personaje no encaja con tu equipo, el reto por delante (la tarea a realizar) o tu estilo de juego, lo reemplazas.
    • Atracción de talento. No cualquiera se suma a tu equipo. En ocasiones debes de lograr ciertas cosas o tener cierto nivel para que decidan unirse a ti. Tienes que trabajar para atraer a los mejores. Es un trabajo continuo.
    • Desarrollo de competencias. Los personajes, en estos juegos, cuentan con habilidades básicas al inicio. Conforme avanzas y tienen logros, van desarrollando habilidades, incrementando su fortaleza, inteligencia y demás. Sabes que si no los desarrollas, no podrán utilizar ciertas herramientas, hechizos o métodos. Sabes que a menos que los lleves a cierto nivel, no podrán vencer los retos que se presentan. Trabajas continuamente por incrementar sus competencias (conocimientos, habilidades y experiencia).
    • Llevar una bitácora. Hoy algunos juegos te incluyen un mapa de dónde has estado e inventarios de lo que tienes. Sin embargo, es buena práctica llevar una bitácora anotando ciertas cosas. Haciendo mapas de los lugares que vas descubriendo y marcando los puntos importantes. El conocimiento a lo largo del juego es tan importante como el juego mismo. La bitácora te permite revisar lo que ha sucedido y sacar conclusiones y tomar decisiones.
    • Invertir en infraestructura. No puedes avanzar a menos que consigas recursos y mejores el equipamiento y la infraestructura de tu equipo. Mejores espadas, cetros, armaduras y demás son fundamentales para avanzar. Ser diligente en conseguir recursos, conocer dónde comprar los recursos, negociarlos y ponerlos a disposición del equipo es una tarea muy importante.
    • Estrategia y cumplimiento de metas. No hay una solución única para completar un juego. Cada jugador puede tomar miles o cientos de decisiones que lo lleven a un mismo lugar. Lo importante es ir estableciendo metas y lograrlas. Ver el bosque y no solo los árboles. Entender los factores externos e internos al equipo y cómo se da la dinámica e interacción entre diferentes personajes y situaciones del juego. A partir de ahí decides cómo aproximarte al siguiente reto. Planteas tu estrategias y avanzas paso a paso. No hay más. Ajustando sobre la marcha conforme obtienes nueva información, conforme se ajusta tu equipo y sus competencias y conforme accedes a mejor y renovada infraestructura.

    Estos son solo algunos de los puntos que me vienen a la mente y son temas con los que me ha tocado ver padecer a las personas dentro de las organizaciones. Algunos mandos no poseen estas habilidades y eso limita su efectividad.

    Muchos mandos llegan a sus posiciones sin la preparación requerida y comienzan a «aprender sobre la marcha» con muchos tropiezos y malos resultados que eventualmente cuestan a la empresa, a la gente y a los clientes.

    No estoy diciendo que los videojuegos fabriquen ejecutivos o gerentes efectivos, simplemente son un entorno controlado en el cual poder poner en práctica conocimientos y habilidades que más adelante podrían trasladarse al mundo real. El reto, al final, es migrar el aprendizaje obtenido en el entorno controlado, de manera gradual a la práctica real y diaria de la gestión y el liderazgo en las empresas.

    Las empresas, instructores y especialistas de desarrollo de personal pueden voltear a ver a los videojuegos de rol y de aventura, estudiarlos, y adaptar dinámicas de entrenamiento para desarrollar estas habilidades que he discutido y de ese modo dar herramientas a su personal para tener un mejor desempeño.

    (P.D. Si estudias temas de gestión y liderazgo, creo que, podrás ser mejor jugador de videojuegos de aventura y de rol.)

  • Los malos jefes no son malos

    He llegado a preguntar en eventos de capacitación si alguno de los participantes ha tenido un buen jefe o un mal jefe. La verdad creo que he pecado al hacerlo, sin embargo la razón de ello es que logro la reacción esperada para tocar el tema de liderazgo.

    «Malo» aplicado a una persona, a un jefe, es una palabra complicada, pues por un lado podemos entenderlo desde un punto de vista moral, por así decirlo, y entender que es una persona que tiene la intención de dañar a otros. Por otro lado, podemos entenderlo desde el punto de vista de una persona defectuosa. Ambos casos no me agradan.

    Leyendo en redes sociales e internet no es raro leer que «los empleados no dejan a las empresas, sino que huyen de los malos jefes». ¡Nuevamente esa palabra! Y para el caso podríamos aplicarlo a una empresa ¡una empresa mala! A mi me suena como la corporación de un villano buscando causarle daño a la sociedad. Y no dudo que las hay, así como mandos con valores torcidos que caben en la definición de malo, aunque también creo que no es la totalidad de las empresas ni la totalidad de las personas.

    ¿Cómo clasificar entonces a un jefe que no ejerce un correcto liderazgo, que no ejerce una correcta gestión, que se ha dejado envolver en «malas» prácticas? Para ello tenemos que analizar a los supuestos «malos jefes».

    En más de 25 años de actividad laboral, trabajando, asesorando y capacitando personal en diferentes empresas, en diferentes industrias, he conocido un buen número de mandos, gerentes, directores y empresarios. Con el tiempo he llegado a la conclusión de que no son «malos» en el sentido de lo que escribí anteriormente. Cabe mencionar que su desempeño y resultados sí pueden ser malos, o defectuosos, aunque ellos no son «malas» personas.

    Lo que si he encontrado son jefes, mandos, gerentes y demás:

    • Mal seleccionados. Esto es, su perfil no es el adecuado para la tarea que deben desempeñar. Típicamente esto no es su culpa, en todo caso es de la gente o procesos que los seleccionaron.
    • Mal desarrollados. Muchos mandos fueron promovidos sin una preparación previa. «¡Que aprendan sobre la marcha!» Aunque, si no sabes lo que no sabes que debes hacer, el desarrollo será lento y tortuoso. En ocasiones incompleto y deficiente.
    • Incompetentes. Si pones a una persona a realizar algo que no sabe hacer, va a tener malos resultados continuamente. Si no logra aprender por si misma, adoptará malos hábitos y más mal resultado dará.
    • Frustrados. Si pones a una persona a realizar algo que va en contra de sus fortalezas, algo que no sabe cómo hacerlo, eventualmente se va a frustrar. Estará haciendo cosas que esencialmente le consumen mucha energía y posiblemente le salgan mal.

    La mala selección y el mal desarrollo generan jefes o mandos incompetentes. La incompetencia genera frustración y malas prácticas.

    Para mí lo propio, y para el caso no solo en la posición de mando o jefe, es decir que tenemos gente incompetente. Pareciera que este término es «más malo» que decir que la persona es «mala». Sin embargo, si una persona es «mala» ¿puede cambiar? Nos meteríamos en un dilema ético-moral-filosófico.

    Ahora bien, si la persona es incompetente, podemos tomar acciones para atender eso. Ya sea colocándola en un puesto acorde a sus fortalezas y con un adecuado desarrollo y capacitación. ¡Es algo que se puede atender!

    Mi reflexión es que la próxima vez que encontremos un jefe, gerente o mando catalogado como «malo» hagamos un alto, mostremos un poco de empatía, conozcamos su historia. Muy probablemente él acabo en esa posición por factores ajenos a su control y con el tiempo desarrollo malos hábitos. Es muy probable que sea incompetente, a la vez que no sea una mala persona, simplemente los resultados que arroja lo hacen ver como el malo de la película.

    Cierro con una cita que considero relevante:

    La experiencia humana indica, de manera palmaria, que el tipo de hombre más abundante es el del incompetente universal. En consecuencia, hemos de cubrir los puestos de nuestras empresas con gente que, a lo sumo, descuella en una sola de esas capacidades y carezca, muy probablemente, de casi todas las muy modestas dotes de los demás. 

    Tendremos que aprender a estructurar nuestras empresas de tal modo, que, todo hombre con fuerza en determinada área importante, pueda ponerla de manifiesto. Pero no lograremos la acción ejecutiva requerida elevando nuestras pautas de idoneidad y, mucho menos, aguardando al hombre dotado de genio universal. Tendremos que expandir el radio de acción de los hombres, por medio de las herramientas que se hallan a su alcance y no través del súbito salto cuántico de su capacidad. 

    Drucker, Peter. (1967). El Ejecutivo Eficaz, De Bolsillo (Random House Mondadori 2013). Página 27.

    P.D. El tema de malos e incompetentes aplica para cualquier persona y puesto en una organización.

  • Organizaciones Rotas

    En el internet y en la literatura de negocios todos estamos embelesados, inclusive cegados diría yo, por los casos de éxito en algunas empresas. Todo mundo habla de esos éxitos empresariales y tratan de emularlos, sin embargo, pocos lo logran y pocos hablan de los casos de fracaso.

    Hablar de los casos de fracaso es importante para poner los pies en la tierra. Recientemente revisando en una de mis redes sociales, encontré un interesante artículo. En el artículo el autor describe que en ocasiones buscamos soluciones fáciles y rápidas y también queremos implementar metodologías en organizaciones rotas, aquellas con una cultura nociva para el desarrollo organizacional.

    El tema resonó mucho en mí, pues caí en la cuenta de que a lo largo de los años me ha tocado conocer esas organizaciones rotas. Nunca me tocó trabajar en alguna, pero como asesor externo tuve que lidiar con ellas.

    Trabajar con una organización rota es un reto gigantesco, y a la vez un aprendizaje enorme. Sin embargo, desde el punto de vista de proyectos, muchos están destinados al fracaso en ellas.

    Con el paso de los años aprendí a detectar cuando empresa estaba rota:

    • Ausencia de liderazgo.
    • Falta de consideración a los colaboradores.
    • Rencillas y luchas de poder arraigadas entre directivos, ya sea como familiares o no.
    • Una cultura intensiva de apaga fuegos.
    • Falta excesiva de competencia en todos los niveles.
    • Y otras más.

    Con el tiempo dejé de tomar clientes que tiene organizaciones rotas, no porque no se pueda lograr algo con ellos, sino porque el desgaste emocional y el estrés es pesado. Lo hice en mis inicios y me sirvió mucho para aprender sobre comportamiento y cambio organizacional, dinámica de empresas familiares y en general sobre comportamiento humano.

    Como profesionistas considero que debemos de saber que, en una empresa rota, podremos aprender, podremos crecer, pero puede llegar un punto en que las cosas simplemente se estanquen y se genere frustración. Hay que saber cuando las cosas no funcionan por uno, y cuando por algo más grande que está fuera de nuestro control y entonces decidir si queremos seguir o no ahí. Yo llegué a conocer una empresa de más de 75 años de existencia con mandos que llevaban más de 15 años trabajando en un ambiente totalmente roto. Tristemente para ellos, esa era su única realidad.

    Como externos, como proveedores de servicios y productos, hay que saber que las empresas rotas son un reto gigantesco para trabajar con ellas. Puede ser enriquecedor, pero también representa un riesgo enorme de fracaso en los proyectos. Habrá cosas que estén fuera del alcance del proyecto y que no puedan atenderse, pero más aún, cosas que no quieran atenderse por los mandos de la empresa. Siempre se podrá platicar con la organización, proponer el apoyo de otros expertos y la toma de acciones centradas en la cultura que permitan avanzar. Aunque en mi experiencia, en muchas ocasiones, los mandos de la empresa no buscarán atender esos elementos. Convencerlos es posible, pero puede tomar meses o inclusive años la pregunta es si estamos dispuestos a dedicar el tiempo y el esfuerzo en ello.

    Para bien o para mal, las organizaciones rotas existen, pueden sobrevivir la prueba del tiempo en mercados muy cerrados o cuando son la única opción. En otros mercados están destinadas a morirse solas. Muchos pasaremos, como interno o externo, por una organización rota y la veremos permanecer o desaparecer.

    Mi recomendación es prepararse como profesionistas, aprender mucho sobre el comportamiento humano, el cambio organizacional, las dinámicas familiares y experimentar el trabajo en una organización así. Si lo sabemos de antemano, aprenderemos evitando la frustración. Si nunca lo sabes, habrá frustración y decepción.

    Las organizaciones rotas requieren, en primer lugar que sus cabezas acepten que están rotas y que tengan el valor, la decisión y la perseverancia para atender lo que deben arreglarse.

    La mejor solución como mando y empresario, es evitar construir una organización rota, para eso hay que conocer varios casos de fracaso y los principios de la cultura, gestión y dinámica organizacional para saber lo que no se debe hacer. Cambiar empresas rotas es posible, el problema, como siempre es el tiempo que tomaría hacerlo.

  • El elefante en la habitación

    Los americanos tienen una frase: «vamos a atender el elefante en la habitación». Esta frase se refiere a un problema muy grande que está presente, pero nadie quiere tocar el tema.

    Recientemente en redes sociales, hice una publicación:

    Ser gerente no es dar órdenes o tener autoridad. Si tu día transcurre haciendo cosas operativas no estás siendo gerente. El gerente planea, dirige, controla y organiza y opera muy poco. Ser gerente es ser diferente al experto que fuiste alguna vez. Sé experto en gestión.

    Hubo algunas reacciones, pero en particular en LinkedIn (la red social de profesionales) el asunto «explotó», o como dicen por ahí se volvió viral (en comparación con otras de mis publicaciones).

    Al momento de escribir estas palabras, tiene 18,409 visualizaciones, unas 363 reacciones y se compartió cerca de 16 veces. Adicionalmente, surgieron múltiples comentarios y opiniones.

    La razón de mi publicación era «resaltar» el hecho de que a veces como gerentes nos perdemos en la operación y dejamos de lado la gestión. Algunos coincidieron, aunque otros sacaron a colación otros temas:

    • Los gerentes pierden de vista la operación al solo estar «gestionando».
    • Los gerentes deben conocer la operación, saber gestionar sin conocimiento operativo no es adecuado.
    • Los jefes deben de actuar sin gritos y sin presionar a la gente.
    • Los gerentes deben escuchar a su gente, deben inspirarlos y ayudarlos a crecer.
    • Esto debería explicársele a todos los gerentes.

    Mi percepción es que el tema de la «gerencia efectiva» es el elefante en la habitación. Podemos no hablar mucho de él, pero ante la primer oportunidad, muchos tienen algo que decir al respecto.

    Creo, tras muchos años en el tema de la gestión, que está mal entendida. Si solo estás en tu oficina «no necesariamente estás gestionando». La gestión implica muchas cosas y dentro de ella el liderazgo adecuado, el conocimiento de la operación y la cercanía a los que la ejecutan en los diferentes procesos. Hay, en mi opinión, un mal concepto de lo que es gestión.

    Lo cierto, lo que no se puede ocultar, es que muchas personas son promovidas a posiciones gerenciales sin tener las competencias requeridas, sin la preparación adecuada. Estas personas harán lo que pueden y perpetuarán estereotipos y malas prácticas.

    La gestión ha sido estudiada por gente como Peter Drucker y ha sido revaluada y criticada por gente como Henry Mintzberg. El papel del gerente es complicado. No es cuadrado. Son matices y complicaciones. Es incertidumbre, pero sobre todo es conocimiento de gestión.

    El tiempo del gerente se puede distribuir de múltiples maneras dependiendo de la situación, la empresa y otros factores. Lo que no cambia es el enfoque de crear sistemas a través de la gente y establecer los mecanismos para que los procesos generen productos y servicios de calidad. Esto, va más allá de dar órdenes.

    El reto, creo, es difundir y hacer accesibles más herramientas y conocimientos para fortalecer la posición de muchos gerentes que no tuvieron la oportunidad, o la iniciativa, de formarse en los temas que son la esencia de su puesto. De hecho, esa es la razón de la existencia de este blog. He escrito múltiples reflexiones al respecto, te invito a leerlas en este fin de año.

  • Todo lo que sé

    Hay una frase que me gusta mucho que dice:

    Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mente. Todo lo que sé es lo que puedo poner en palabras.

    Ludwig Wittgenstein

    En este blog, hago un esfuerzo por expresar mis ideas de manera escrita. Y al ponerlo en palabras y lograr que haga sentido mejoro mi capacidad de expresión escrita.

    Sin embargo, a lo largo de los años me he visto en la necesidad de poder comunicar de otras formas para lograr dar un buen servicio a los clientes.

    Uno de los grandes objetivos en mi trabajo, y para el caso en el trabajo de muchos especialistas, ejecutivos, mandos y empresarios, es el poder explicar las cosas a los demás para movilizarlos a la reflexión, a la acción y al cambio. De hecho esto de explicar de ideas lo comentaba como una de las «otras habilidades» requeridas en el trabajo, sobre todo para mandos, pero aplica para todo mundo.

    El inicio de la acción y del cambio está en que los demás comprendan correctamente ideas y conceptos. Y aunque la palabra escrita es sumamente poderosa, en el día a día, puede no ser lo más práctico.

    En mi posición actual yo la ajustaría del siguiente modo:

    Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mente. Todo lo que sé es lo que puedo explicar a otros.

    Yo

    Debido a la necesidad de explicar las cosas a los demás, he buscado a lo largo del tiempo herramientas y técnicas que me faciliten dicha necesidad de explicar. Lo siguiente es la práctica, como en todo, aplicar, aplicar y volver aplicar. Ver que funciona y que no, y seguir aplicando para mejorar.

    Explicar se puede hacer de diversas formas, puede ser por escrito, puede ser verbal. Puede ser con palabras o puede ser con imágenes.

    Explicar es diferente a dar información, lo siguiente no son explicaciones:

    • Describir hechos
    • Definir
    • Dar una instrucción
    • Un reporte
    • Un ejemplo

    Explicar implica clarificar el origen de las cosas, su contexto, sus relaciones y sus consecuencias. El objetivo de explicar es lograr el entendimiento de algo para de ahí derivar lo que ya he comentado, reflexión, acción y cambio.

    Una forma de explicar, adicional a las palabras, consiste en utilizar un lenguaje visual. Esto es, un lenguaje basado en una mezcla de palabras, imágenes, diagramas y demás elementos visuales.

    El lenguaje visual va de la mano del pensamiento, igualmente podemos usar el lenguaje visual para potenciar el pensamiento y el entendimiento de las cosas. Con lo que se llega al pensamiento visual.

    “El pensamiento visual significa tomar ventaja de nuestra habilidad innata de ver – tanto con nuestros ojos como con la mente – a fin de descubrir ideas de otro modo invisibles, desarrollar dichas ideas rápida e intuitivamente, y luego compartir dichas ideas con otras personas en un modo en el que simplemente lo entiendan.”

    Dan Roam.

    Los últimos años he centrado en desarrollar y promover tanto el pensamiento como la comunicación y explicaciones visuales. Todo con el objetivo de ayudar a facilitar el entendimiento y comunicación de las ideas.

    Debido a lo anterior estoy lanzando, o más bien relanzando un complemento al blog. Es un canal de Youtube en el que estaré aplicando estos conceptos de explicación visual y te invito a conocerlo, comentar y suscribirte y que me cuentes que te parece. Te dejo el video de bienvenida y te invito a ver los videos que ya he publicado y los que estaré publicando próximamente.

    Bienvenida al Canal de Youtube

    Y ya para cerrar, ¿qué haces para mejorar tu capacidad de explicar a otros? ¿Para hacer llegar tus ideas? ¿Para promover el cambio que se requiere en tu área o empresa?

  • Al ojo del amo

    Todos hemos escuchado esa frase de que «al ojo del amo engorda el caballo». Y pues en las últimas semanas he tenido algunas pláticas y discusiones a ese respecto.

    Me queda claro que el ideal del mando, gerente o empresario es la creación de un negocio autónomo. De hecho se habla que un empresario es aquel que puede dejar su negocio y regresar un año después y encontrarlo mejor que como lo dejó.

    Y aunque llegar a ésta situación no es imposible, si es importante reflexionar sobre algunos puntos, culturales y sistémicos, por así decirlo.

    Estar pendiente físicamente de lo que sucede en nuestras áreas o empresas es la forma más básica de control, la supervisión. Posiblemente de ahí haya surgido nuestra frase del día.

    Hace muchos años, aprendí que una empresa crece y florece hasta donde al empresario le alcanzan los brazos, entendiendo que no podía crecer más allá de lo que él podía supervisar físicamente.

    En ese momento, es importante reflexionar y aceptar que para pasar al siguiente nivel, es necesario adoptar un enfoque de desarrollo de personal y de sistemas de trabajo que nos permitan llegar a ese “nirvana” ansiado que es la autonomía y la delegación.

    Simplemente dejar a la gente libre y sola no funciona del todo bien, pues es necesario crearles primero una cultura, que entiendan los valores y enfoques del negocio y luego que sean capaces de hacer lo que tiene que hacerse. Esto sin volverse áreas o empresas que dependan al 100% de una persona, sino de métodos y sistemas de trabajo.

    El método científico de la administración suponía que los mandos eran los únicos capaces de establecer objetivos y métodos y los demás debían seguirlos de manera eficiente. Con el tiempo se ha ido cambiando el enfoque al de involucrar a la gente para que participe, tanto en la definición de los sistemas como de los objetivos. Esto requiere de un punto muy importante, la competencia técnica en temas de gestión de la gente.

    Libros como el Ejecutivo al Minuto hablan de establecer los objetivos de la gente en una sola hoja y reunirse con ellos solo para revisar resultados. Pero es un proceso, pasa por ciertas etapas para llegar ahí, no es simplemente una decisión que se toma.

    Y ese es el camino que debemos tener claros, el de desarrollar a la gente y luego solicitar los sistemas de trabajo que soporten una operación ordenada y eficiente. Incluidos los mecanismos de mejora e innovación de las operaciones.

    Este es el primer paso, luego hay que establecer indicadores, los indicadores son nuestros ojos sobre el negocio. Los llamados objetivos, estrategias y los KPI, bajo la metodología de nuestra preferencias, bien llevados nos permiten tomar el pulso de la organización. No podemos no revisar dichos números, aunque podamos físicamente no supervisar la operación.

    Otro paso importante, sobre todo cuando nos alejamos físicamente de la operación es conocer, entender y valorar la función del proceso de auditoría interna, no como un mecanismo estrictamente de control, sino como una herramienta para determinar si se hace lo que debe hacerse y que se tomen las acciones necesarias cuando no.

    Alejarse no es imposible, pero implica pasar de la mera supervisión, a la competencia del personal, a la integración de sistemas de trabajo, a la integración de mediciones y finalmente a procesos de auditoría.

    Es la suma de los elementos lo que nos permite «alejarnos», pero en realidad, nunca, nuca dejamos de tener los «ojos sobre el caballo» de un modo u otro.

    Cuéntame que piensas. ¿Cuáles son tus retos para delegar? ¿Para formar gente competente y autónoma? ¿Para integrar los sistemas que te permiten no estar físicamente sobre la operación pero pendiente de «lo que pasa con el caballo»? Ya sea un área, unidad de negocio o la organización completa.

  • Estado de Flujo

    Es probable que en alguna ocasión hayas vivido una situación en la que al estar realizando una actividad te concentras tanto que te desconectas de lo demás y el tiempo se pasa volando.

    Hace unos días a mi me pasó. Me encontraba diseñando un evento de capacitación nuevo y se me pasaron las horas, cuando mi esposa vino a verme había yo perdido la noción del tiempo para la hora de la comida.

    Esta situación ha sido descrita como el «Estado de Flujo» y es muy interesante, pues lo contrario al mismo puede ser un espectro de situaciones, desde control al aburrimiento y de la emoción hasta la preocupación o frustración y en el extremo opuesto está la apatía hacia la tarea.

    El concepto fue establecido por el psicólogo Mihály Csíkszentmihályi y considera 2 dimensiones. El nivel de habilidad de la persona y el nivel del reto de la tarea.

    • Una persona sin habilidad y una tarea sin reto genera apatía.
    • Una persona con baja habilidad y un alto nivel de reto en la tarea puede conducir a la preocupación o ansiedad.
    • Un bajo nivel de reto y una nivel medio de habilidad puede llevar al aburrimiento.
    • El Estado de Flujo se da con un alto nivel de habilidad y un alto nivel de reto en la tarea.

    Esto es muy relevante para el mando o el gerente, pues muchas veces nos quejamos de la gente y su desempeño, cuando en realidad hemos pecado en la alineación de tareas y personas.

    Ya he comentado en ocasiones anteriores que una de las tareas más importante de los mandos y gerentes es la selección del personal y su alineación con las tarea. Cuando percibimos ansiedad, apatía, aburrimiento y preocupación en nuestra gente podemos explorar si hace falta desarrollar habilidades o revisar el nivel de las tareas asignadas.

    Así como tú sabes en qué momento entras en estado de flujo, debes conocer cuándo lo hace tu gente y revisar cuidadosamente las actividades asignadas. Obviamente, no podemos hacer que la gente esté en estado de flujo en todas sus actividades, pero debería estar en el espectro de Emoción-Flujo-Control al menos para dar buen resultado.

    ¿Te ha pasado? ¿Conocías el concepto? ¿Cómo lo manejas con tu gente y contigo mismo?

    Me gustaría leer tus comentarios.

  • Gestión del Conocimiento

    Somos conscientes del conocimiento que tenemos, somos un poco menos conscientes del conocimiento que no tenemos y creemos que tenemos. Sea como sea, el conocimiento es algo a lo que damos valor y conforme pasan los años adquirimos más y más.

    El conocimiento es lo que nos permite desempeñarnos adecuadamente. Nos permite sortear situaciones antes no vistas y responder de manera adecuada a situaciones rutinarias.

    Uno de los grandes retos que tenemos como persona, y como organización, es aprender a aprender. Esto es a cuestionar nuestro conocimiento actual y crear nuevo conocimiento. Otro reto grande de las empresas es cómo gestionar el conocimiento que se genera en sus empresas.

    Hace muchos años, cuando trabajaba como gerente en una planta, se discutía el tema del «Know – How» (conocimiento) de la organización y cómo resguardar, mantener y compartir dicho conocimiento.

    Recuerdo haber participado en intentos rudimentarios por crear algo parecido a una base de conocimientos cuando aún el internet «no explotaba en su capacidad» y se gestaban los principios de los wikis y bases del conocimiento.

    Lo interesante es que a nivel directivo y gerencial existía la inquietud de preservar y hacer accesible dicho conocimiento. A lo largo de los años he conocido muchas empresas en las que el conocimiento es amplio y adicionalmente se encuentra concentrado en algunas personas de la organización.

    En otras empresas, con implementaciones de sistemas de gestión, he participado en la documentación de sus procesos con diferentes documentos. Una forma básica de preservar el conocimiento. Conocimiento que no es tan lineal o estructurado como queremos pensar.

    El conocimiento es una mezcla fluida de experiencia estructurada, valores, información contextual e internalización experta que proporciona un marco para la evaluación e incorporación de nuevas experiencias e información. Se origina y se aplica en la mente de los conocedores. En las organizaciones, con frecuencia no solo queda arraigado en documentos o bases de datos, sino también en las rutinas, procesos, prácticas y normas institucionales.

    Lo que esta definición aclara inmediatamente es que el conocimiento no es algo ordenado o simple. Es una mezcla de distintos elementos; es tanto fluido como estructurado formalmente; es intuitivo, y por lo tanto, difícil de traducir en palabras o de entender por completo en términos lógicos.

    Thomas H. Davenport y Laurence, Prusack

    Entonces, los procedimientos y documentos, son una parte de la ecuación de como gestionar el conocimiento. Lo que bien es cierto, es que no puede ser algo que se deje al azar, sino que debe de ser gestionado activamente por algún responsable que asegure un cierto nivel de formalidad en el proceso de gestión.

    Algunas ideas para gestionar el conocimiento van desde:

    • Procedimientos e instructivos documentados
    • Casos de Éxito y Casos de Fracaso
    • Lecciones Aprendidas
    • Diseño de la infraestructura para compartir el conocimiento
    • Wikis y bases del conocimiento
    • Redes internas de colaboración
    • Espacios para compartir el conocimiento
    • Foros internos para compartir el conocimiento
    • Identificar a los compradores, vendedores e intermediarios del conocimiento
    • Y muchas más.

    Lo interesante es reflexionar como empresario, gerente o responsable de un área ¿cuál es nuestra estrategia para preservar el conocimiento?

    La ausencia de una estrategia puede ocasionar que ante la salida de personal, despidos, promociones e inclusive fallecimientos, el conocimiento se pierda por completo o parcialmente, afectando la efectividad, eficacia y permanencia de la organización.

    ¿Cómo estás manejando el conocimiento en tu organización? ¿Cuáles son tus buenas prácticas? ¿Participas activamente en ellas? Me encantaría leer tus experiencias.

  • Cocodrilos voladores

    Seguramente habrás escuchado ese «chiste político» en el que dos funcionarios de gobierno están platicando y uno le dice al otro:

    –Escuche que los cocodrilos vuelan.

    –¿Cómo crees? ¿Dónde escuchaste tal cosa?

    –Lo dijo el presidente.

    –Ahhh, bueno, sí vuelan pero bajito.

    Obviamente, esta pequeña historia pretende mostrar como todo mundo quiere quedar con la cabeza en el entorno político. Aunque es algo que también ocurre en las empresas y debemos tener cuidado.

    Hace muchos años, recién nombrado como joven gerente, recuerdo que estábamos en la sala de juntas con el gerente general. Creo que veíamos algo de procesos y estrategias, el gerente general se paró y comenzó a realizar bosquejos y diagramas en el pizarrón. Al concluir su explicación pidió opinión sobre la propuesta.

    Uno a uno los gerentes presentes asintieron diciendo que era un excelente plan, una gran propuesta, todos alabaron lo expuesto. Yo era el último, al llegar a mí, como nuevo, pues no tuve reparo en decir que veía algunas cosas que podrían ser diferente.

    En ese momento, el gerente general dio un golpe con la mano abierta en la mesa y con voz enérgica se dirigió a todos los gerentes: «No los tengo aquí para que me digan que sí, los tengo aquí para me cuestionen y me hagan ver las fallas en mi planteamiento». Acto seguido volteo a verme y me dijo, «pasa al frente y destroza mi propuesta».

    Ese momento quedó grabado en mi mente por dos cosas:

    • Como cabezas de empresa no debemos permitir que nuestro ego sea el que dicte el actuar de la organización, debemos escuchar y retar a nuestra gente para que nos diga su opinión honesta. Siempre habrá una idea o aportación que nos haga cuestionarnos, mejorar o rechazar la propuesta inicial.
    • Como gerentes o responsables de área, debemos evitar ser complacientes con el jefe, nuestra aportación y punto de vista puede ser valioso para la organización. El origen de la complacencia tiene muchos orígenes, desde creer que tenemos mucho que perder, estar en nuestro círculo de confort, apatía hacia nuestra función o empresa, miedo a equivocarnos, falta de competencia para opinar y otras más. Vale la pena hacer un ejercicio de introspección al respecto y tomar medidas acordes.

    Cuando ambas partes fallan en poder expresar su opinión, en crear el ambiente de colaboración y confianza para expresar ideas, acuerdos y diferencias, la organización peligra de quedarse estancada o tomar malas decisiones. No solo se trata de ser abogado del diablo sino de aportar ideas para mejorar las propuestas del jefe. Al final varias cabezas piensan mejor que solo una.

    De no cuidarse lo anterior, pronto empezarás a ver cocodrilos volando bajito en tu organización. Lo malo será acostumbrarte y acostumbrar a tu gente a esta ilusión de que todo está bien porque «el jefe lo dice».

    En semanas pasadas me ha tocado experimentar con diferentes clientes 2 situaciones en las que se me solicita hacer propuestas que sé que no llevan al resultado deseado, pero el solicitante insiste en hacer «lo que pide el jefe».

    ¿Cuál ha sido tu experiencia? ¿Cómo atacas la situación o eres de los que permiten que los cocodrilos vuelen bajito?