Categoría: Gerenciar

  • Lo bueno y lo necesario

    En días pasados, mi hermana envió al chat familiar unas ecuaciones aritméticas con las que ella y mi sobrino estaban teniendo problemas. Después de recordar un poco sobre el tema, logramos entender que debía hacerse.

    En ese momento caí en la cuenta que en más de 25 años de haber terminado la carrera de ingeniería, jamás he utilizado el conocimiento necesario para resolver una ecuación. Fue algo bueno saberlo para apoyar a la familia, aunque no ha sido algo necesario en mi vida laboral, profesional y personal.

    En estos días de cuarentena, mis clientes me han solicitado dar cursos en línea, que normalmente duran entre 4 y 8 horas, en sesiones o pláticas de máximo 2 horas. Esto impone un serio reto y a la vez la necesidad de priorizar. Y aunque se considera que todo lo que se ve en los talleres es importante, he tenido que filtrar aún más.

    En el pasado, estudiando sobre el desarrollo de materiales para entrenamiento en línea me encontré con una expresión que decía que a la hora de diseñar el material es fundamental «diferenciar lo que es necesario saber y lo que es bueno saber«. (Need to know vs. Good to know).

    • Lo necesario es aquello sin lo que no podrás estar. Es fundamental para realizar las tareas del día a día.
    • Lo bueno es aquello que complementa lo que sabes que es necesario. Son cuestiones deseables que te dan un mayor panorama, posiblemente te ayuda a mejorar. Pero no afectan tu día a día.

    Hace muchos años, cuando laboraba en la industria de autopartes, implementamos un sistema de gestión de calidad (QS-9000, hoy el TS-16949). Para resolver la necesidad de que la gente fuera competente y poder demostrarlo, y las restricciones de tiempo, ideamos establecer en los descriptivos de puesto, las competencias necesarias y las deseables.

    Estos días de cuarentena, de restricción laboral, económica y de tiempo, me han puesto a recordar lo importante que es centrarse en lo importante. Y no hay nada más importante que lo necesario.

    Creo que como empresarios, directores, gerentes y especialistas, debemos hacer un esfuerzo consciente y permanente por distinguir lo necesario de lo bueno. Si tenemos tiempo, dinero y recursos limitados, como en estos momentos, debemos abocarnos a lo estrictamente necesario.

    ¿Estás diferenciando entre las actividades, recursos, inversiones, mejoras y otros elementos necesarios en tu negocio? ¿Estás evitando centrarte y gastar preciosos recursos en lo bueno y deseable? Creo que es un punto interesante para reflexionar.

  • Las palabras son importantes

    Recientemente tuve una conversación que me recordó que he estado utilizando mi lenguaje para transmitir un mensaje del que no me había percatado. Hablando de ceguera de taller.

    En estos días de vida digital, las palabras que utilizamos en el día día, en correos, chats e inclusive en video conferencias pasan a ser de suma relevancia. Es muy fácil mandar mensajes no deseados inconscientemente y también mensajes que se mal interpreten.

    Alguna vez leí la frase:

    La comunicación no es lo que uno dice sino lo que el otro entiende.

    Alguien que no recuerdo su nombre

    Cuidar nuestras palabras en comunicaciones escritas, verbales, presenciales o virtuales se vuelve muy relevante. Generalmente no somos tan conscientes con nuestra forma diaria de hablar, pues de algún modo u otro compensamos con el lenguaje no verbal, pero ahora que estamos trabajando mayormente a distancia, se puede volver un problema.

    Cuando empecé a trabajar por mi cuenta, hace ya bastantes años, era yo más cuidadoso de estos temas. En su momento me compré un libro «La imagen del éxito» de la autora Gabriela Vargas y después su segundo libro «Más sobre la imagen del éxito». Y durante años me sirvieron bien. Creo inclusive que es momento de retomar su lectura.

    Hace poco leí la palabra «etiqueta» haciendo referencia a las reuniones virtuales que todos estamos utilizando hoy en día. Y me quedé pensando ¿cuál es la etiqueta en estos días? ¿Existe? ¿La estamos definiendo sobre la marcha?

    Si bien es cierto, creo que hay algunos puntos importantes en la comunicación escrita, sobre todo vía correo:

    • Escribir de manera sencilla. Frases concretas (y cortas) y además usar la estructura sujeto, verbo y predicado. No se necesita más.
    • Centrarse en el problema, situación o hecho más que en las personas. Esto es, no «personalizar» situaciones, problemas o hechos. Eso afecta la comunicación.
    • A veces demasiado directo no es lo correcto. Puede sonar burdo, tosco y molesto. Y aunque estamos hablando de negocios y no novelas o literatura, si es importante ser empáticos con lo que nuestro lector pueda percibir.
    • Evitar el uso de mayúsculas. Aunque el objetivo es enfatizar algo, el uso de mayúsculas en redes sociales y correo electrónico tiene la connotación de «gritar». Puede ser más propio el usar comillas o negritas o itálicas para resaltar alguna palabra.
    • Revisar y redactar un texto es casi tan importante, sino es que más importante que haberlo escrito en primer lugar. En la primer pasada escribimos para nosotros, pero al redactar nos debemos enfocar que solo vaya lo necesario que queremos comunicar y además pensar en como lo percibe el lector.

    Escribir no es fácil, es un arte y toma tiempo hacerlo bien. Aunque hacer sentir mal a otro con tu redacción o comunicar el mensaje no pretendido es bastante fácil.

    Yo tengo como una meta personal mejorar mi escritura. En estos días he iniciado a leer al respecto:

    • On Writing de Stephen King. Un libro clásico, de estudio y tal vez hasta de culto del famoso escritor sobre la técnica de la escritura.
    • Blog de Marian Ruiz
    • Blog de Diana P. Morales

    Estos últimos blogs me parecen interesantes, apenas estoy empezando a escarbar en ellos, pero prometen mucho. Posiblemente, en un futuro tome un curso de escritura creativa para mejorar.

    Todo este esfuerzo podría parecer excesivo, pero considero que uno de los retos más grandes está en nuestra forma de comunicarnos de manera efectiva y atractiva de modo que generemos la acción o la reflexión pretendida. Malos entendidos solo consumen tiempo y desgaste emocional innecesario.

    Por mientras, ya recibí mi lección y ahora hay que poner manos a la obra. Y a ti ¿cómo te está yendo en esto de la comunicación escrita en tiempos de pandemia?

    P.d. Otra reflexión es evitar escribir correos en un estado emocional alterado, molesto o enojado. Es mejor esperar, meditar, relajarse y luego, centrándonos en el punto, problema o asunto, ser lo más concretos y eficientes. Reto personal.

  • Caminar en la niebla

    Acá en donde vivo, en ocasiones, se mete un banco de niebla y prácticamente todo desaparece de nuestra vista. El sentimiento no es tan abrumador, pues sabemos donde estamos y si tuviéramos que salir, hay caminos conocidos por los cuales llegar a nuestro destino.

    ¿Pero que sucedería si nos encontráramos en un lugar desconocido y sin saber a donde vamos? Y si además al tratar de ver hacia adelante, aún con el mejor de nuestros esfuerzos, seguimos viendo la impenetrable niebla. ¿Qué hacer en un caso así? De hecho es muy similar a lo que estamos viviendo hoy en día.

    En estos momentos la crisis de la pandemia genera una enorme incertidumbre. No sabemos cuando va a pasar, se están tomando acciones, pero no todas funciones y al final el sentimiento es un temor hacia el futuro, que dicho sea de paso, no podemos predecir.

    Creo que lo primero es respirar y tomar el control del momento presente, ya he publicado anteriormente al respecto. El siguiente punto es «tantear el terreno inmediato», como si trajeras un bastón para caminata. Presionarlo contra el suelo inmediato enfrente, ver que esté firme y avanzar. ¿Hacia donde? Realmente no lo sabemos y posiblemente no lo sepamos en mucho tiempo. Pero si el objetivo es avanzar, hacerlo paso a paso y probando el terreno, retrocediendo cuando sea necesario y rodeando si llegamos a eso, es la única forma de proceder.

    Una opción es quedarse quieto a que pase la niebla, pero si se prevé que la niebla dure mucho y quedarse quieto no es la opción, lo mejor es avanzar poco a poco. No hay certezas a mediano y largo plazo, la única certeza es sobre si el terreno donde daremos el siguiente paso es firme o no. Más allá de eso podría haber un precipicio o algún obstáculo.

    Obviamente, en nuestro día a día, personal y en los negocios, el bastón de caminata es diferente. Podría ser el filtrar la información que llega de varias fuentes, sacar una conclusión y dar un paso. Podría ser montarse en alguna tecnología, pero con las precauciones debidas. Podría ser un cambio en la forma de trabajo, en los horarios, en la cantidad de gente al mismo tiempo, en las distancia. Probar, ver si se siente firme y estable y dar otro paso. Si no funciona, paso para atrás y nuevamente a probar.

    Suena a ensayo y error y eso es justamente lo que nos queda cuando tenemos que caminar en la niebla. El chiste es no tener miedo de la niebla, ni de lo desconocido. Sino por el contrario, confiar en el proceso: tantear, avanzar, verificar firmeza, avanzar o retroceder según aplique y repetir. Un paso a la vez.

  • Ser y llegar a ser

    En estos días de cuarentena he visto inundado mi correo y redes sociales de recomendaciones para salir adelante, como persona, como líder, como empresario.

    La mayoría de ellas consta de una lista de uno o más puntos que debes hacer, cosas que debes ser para sobrevivir, salir adelante y/o triunfar. Muchas suenan muy inspiradoras y lógicas, pero a mí, por mi formación, por mi historia, por lo que he leído, visto, vivido y entendido, me causan mucho ruido. Inclusive en este mismo blog, es posible que yo haya «pecado» en un par de ocasiones. Por eso hoy quiero aclarar un concepto que considero importante.

    Tomemos algunos ejemplos de lo que he visto:

    • Sé creativo
    • Sé adaptable
    • Sé proactivo
    • Sé un líder flexible
    • Sé un líder digital
    • Y muchas más por el estilo.

    Todas estas recomendaciones son muy buenas, el problema es que en algunos casos lo que leo implica una invitación a «serlo ya». Como si fuera algo que simplemente por leerlo podremos desempeñarlo bien. Ahí es donde está mi conflicto.

    La persona que «es algo», proactivo, flexible, líder, etc. No lo es porque hoy lo decidió o alguien se lo dijo. Lo es porque ha pasado un proceso de aprendizaje, de ensayo y error, de transformación, de cambio. Lo ha hecho a lo largo del tiempo. Y esa es la clave: tiempo.

    Llegar a ser algo toma tiempo, no es inmediato. Yo no puedo ser mejor escritor porque alguien lo puso en una lista. Tengo que leer sobre cómo escribir, tengo que escribir, compartir, recibir retroalimentación, estudiar, volver a escribir, criticar lo que escribo y seguir aprendiendo, haciendo y volviendo a hacer. Solo así puedo llegar a ser mejor escritor.

    Y lo mismo pasa con cualquier habilidad o competencia que se les ocurra. La gente que hoy está «siendo digital», no empezó hoy. Tiene años acercándose a la tecnología, estudiándola, metiéndose en ella y experimentando. Se ha ido preparando a lo largo del tiempo para llegar a ser alguien digital. Son alguien que en este momento de crisis ya es lo que se necesita ser.

    Esta reflexión me parece importante porque si queremos ser lo que la nueva realidad demanda, no lo vamos a lograr en un día, tomará varios días, semanas, meses y hasta años transformarnos en lo que necesitamos ser.

    Mi reflexión es recordar, y recordarme, que para ser algo, primero tengo que trabajar para llegar a ser esa persona. Tengo que centrarme en el proceso para lograrlo y no solo en el resultado o la intención de serlo.

    Espero que la reflexión tenga sentido, pues en estos días no hay recetas mágicas ni inmediatas. Lo único que sí puede ser «relativamente» inmediato es nuestra decisión de empezar a tomar acciones para llegar a ser lo que la situación nos demanda.

    Y tú ¿ya te decidiste y estas tomando acciones para llegar a ser lo que necesitas ser para salir adelante?

  • Estoy en desacuerdo

    Me gusta mucho escuchar a Malcolm Gladwell en su podcast Revisionist History. En un episodio comenta que se acerca una mujer mientras estaba en una cafetería. Tras preguntarle si él es Malcolm Gladwell le dice: “Me encanta Revisionist History, pero estoy en desacuerdo con todo lo que dice.”

    Esa anécdota me dejó pensando sobre cómo, en ocasiones, buscamos que la gente esté de acuerdo con nuestras ideas y no se cuestionen. Es muy cómodo que no las cuestionen. Sin embargo, es un enfoque muy peligroso. Uno que puede generar estancamiento y autocomplacencia.

    Tenemos que estar listos para recibir la crítica con la mente abierta y el corazón frío. Asimismo, necesitamos saber estar en desacuerdo con los demás de manera constructiva.

    Lo anterior no es fácil. A mi en lo personal es algo que tengo que seguir trabajando. Pero sé también lo importante que es. Hace años, cuando fui gerente tuve un jefe, que aprecié mucho, y que en una reunión tras exponer sus puntos y estrategias le preguntó al cuadro gerencial: “¿Qué opinan?”. Yo era joven y creo que algo comenté, pero los demás solo asintieron y alabaron las propuestas del jefe. En ese momento, él golpeó la mesa con la mano y dijo: “¡No los tengo aquí para que digan que sí a todo. Los tengo para que me digan en qué estoy mal!”.

    Él estaba preparado y estaba ansioso por recibir las palabras que estuvieran en desacuerdo con lo que planteaba. Él sabía que era la única forma de mantener los pies en la tierra y encontrar soluciones, planes y acciones robustas.

    ¿Tienes tu abogado del diablo? Es importante estar listo para escucharlo. Rodearnos de gente que solo está de acuerdo con nosotros no es sano. El pensamiento crítico y constructivo es fundamental para crecer y evitar el exceso de confianza.

    ¿Con quién has estado en desacuerdo recientemente? ¿Puedes plasmar tu desacuerdo de una manera robusta y constructiva? No dudes en escribirme si en algún momento estás en desacuerdo conmigo. Será interesante poder comentar y reflexionar sobre ello.

    Yo, por mi lado, seguiré trabajando en depurar mi habilidad de recibir y proveer puntos de vista que no están de acuerdo conmigo y con otros.

  • Reflexionando sobre el error en tiempos de crisis

    Yo me equivoco, tu te equivocas, todos nos equivocamos.

    El error es una condición humana y aunque se puede minimizar en realidad nunca se puede eliminar al 100%. Existen muchas razones para el error.

    Una de las situaciones donde más se presenta es durante el aprendizaje de una nueva actividad. La expectativa de entrada es que el aprendiz se equivoque. Si no se equivoca no aprende. De hecho no solo se equivoca, también cuando ejecuta lo hace lento.

    Toma tiempo aprender y desarrollar una nueva habilidad y como ya hemos comentado, no basta con decirle a la gente que hacer. El aprendizaje correcto, generalmente, debe ir de la mano de un entrenamiento y una supervisión. En caso de no hacerlo, se puede caer en formar un mal hábito que, además ahora, será inconsciente y la persona realizará la tarea mal y sin darse cuenta.

    Lo vemos con el no tocarse la cara, no tocar las superficies, colocarse correctamente el tapabocas, no tener cuidado durante las video conferencias y muchas otras situaciones más. El detalle es que durante la crisis es un mal momento para «entrenar a la gente», pues se requiere un buen desempeño y el aprendizaje implica errores y equivocaciones.

    Formar hábitos toma tiempo, algunos autores señalan desde 20 horas, hasta más de 320 días para crear un hábito sencillo. ¿Entonces que hacer?

    • Aceptar que la gente se equivoca.
    • Aceptar que el aprendizaje de una habilidad toma tiempo.
    • Realizar una comunicación continua.
    • Realizar entrenamiento de la gente.
    • Dar un seguimiento estrecho y reforzamiento. (Supervisión).


    No hay de otra, sea un tapabocas o usar nuevas tecnologías, sea no tocar superficies o verificar la información antes de mandarla. Sea durante la crisis o fuera de ella. Toda la formación de hábitos toma tiempo.

    Y tu ¿estás esperando que la gente aprenda sola? La mayoría no lo hace. En las empresas tenemos que implementar los procesos para dar seguimiento y entrenamiento. Solo así se logran los buenos hábitos.

  • Gestión de Crisis – Una Reflexión

    ¿Alguna vez has tomado un curso de primeros auxilios? Una vez me tocó que el instructor tras revisar varios puntos nos presentara el siguiente escenario:

    «Vamos a suponer que vienes con varias personas en un auto y se presenta un accidente automovilístico muy fuerte. ¿Qué es lo primero qué haces tras el accidente?».
    Y pues en cierto modo, la crisis que vivimos es algo similar, algunas la vieron venir, pero cuando nos dimos cuenta ya la teníamos encima con todo y las cosas tuvieron que cambiar muy rápido. Las decisiones tuvieron que hacerse muy rápido.

    Y la verdad es que durante una crisis no hay mucho tiempo para pensar. Teóricamente, en las épocas tranquilas deberíamos entrenarnos para actuar de manera ordenada y calmada durante las crisis. Sin embargo, como dice por ahí un meme que circula en internet:

    A ver, ¿quién de ustedes puso Pandemia en el FODA?
    (El FODA es un análisis de negocios que incluye el análisis de amenazas al negocio).

    Entonces, ¿cómo reaccionar si ni siquiera lo previmos? Y ahí es donde viene la anécdota del accidente. Entonces, ¿qué es lo primero que se hace en un accidente? Pues como nos explicó el instructor. Lo primero es revisar que tú estés bien. Si tú no estás bien, no tiene caso ayudar a otros, primero te tienes que ayudar a ti.

    En términos de los anterior, primero como empresarios, gerentes, ejecutivos o especialistas, lo primero es voltear hacia adentro, hacia nuestra propia personas y preguntarnos ¿cómo me siento? Y en este sentido puede tomar relevancia el escribir las cosas, ponerlas en blanco y negro como decía un jefe muy estimado que tuve.

    Una vez que nos damos cuenta de como estamos nosotros y si requerimos atención, primero nos arreglamos. Ahora viene la cuestión de decidir dónde tomar acción. Aquí el instructor nos plantea nuevos escenarios:

    Vamos a suponer que hay dos personas accidentadas, una tiene una fractura y otra una hemorragia y otra tiene dañado el cuello. ¿A cuál atiendes?
    Aquí es donde la cosa se pone interesante, pues sea como sea hay que decidir rápidamente:

    La persona con la fractura podría esperar más que la persona con la hemorragia. Atender la hemorragia se vuelve la prioridad. De no detenerse dicha hemorragia, la persona podría morir.

    Ahora bien, la persona con el cuello lastimado no se debe mover, se requieren 2-3 personas para hacer una maniobra segura. Pero vamos a suponer, dice el instructor, que el auto se está incendiando. ¿Qué haces? Pues la tienes que mover a pesar de todo, mejor papléjico que muerto. ¿o no? Ciertamente es una decisión difícil.

    Si has revisado las noticias habrás visto los protocolos para decidir a quién se le pone un respirador. Es un dilema «moral-técnico» y la decisión va sobre las personas con mayor probabilidad de supervivencia. Esto puede ser de mucho estrés.

    Ahora bien, regresemos a nuestra empresa, ¿cuál es el área crítica que merece ser salvada primero? Obviamente, al mirar hacia adentro, lo primero es nuestro «Core Business» o el Negocio Central. Aquel por el que los clientes nos pagan. Todo lo demás tendrá que bajar su ritmo o quedar suspendido si fuera necesario.

    Ahora ¿y si empiezan las «hemorragias», «fracturas» e «incendios» dentro de la empresa? Pues no queda otra más que priorizar. Hay que entender que en esto de las crisis, la cosa ya está mal, y lo que se pretende es terminar con el menor daño posible. El daño ya está, no se puede evitar. E igual nos pasará a todos en estos momentos. Hay que respirar y tomar las decisiones duras que ayuden a permanecer con miras a que una vez pasada la crisis se pueda arrancar otra vez.

    Seguramente en este momento ya muchas empresas tomaron decisiones duras respecto al negocio. Respecto al trabajo de área o individual se tiene que priorizar también. Hacer lo necesario para seguir generando productos y servicios y poder mantener un ingreso. Reducir los gastos no esenciales.

    En momentos de crisis lo importante es: mantener productos y servicios de la más alta calidad (sin comprometer los procesos y controles) y mantener el flujo de efectivo. Ciertamente habrá que poner en pausa muchos gastos, inversiones y proyectos. Pero lo cierto es que todo eso puede esperar. También es cierto que ante la baja de actividad se deben tomar acciones con el personal. Estas son buenas épocas para eso orden, la limpieza, el mantenimiento y el desarrollo de competencias (entrenamiento y capacitación).

    ¿Qué decisiones difíciles estás tomando o tienes que tomar? Valora las consecuencias y prioriza y acepta la pérdida temporal que se viene. No es fácil de hacer, ni fácil de asimilar, por uno mismo y por los demás. Lo que no se vale es no hacer nada. Y más si somos mandos y los demás están esperando nuestra decisión. Estos cambios generaran ambientes complicados dentro de las empresas y requerirán de un fuerte liderazgo. Pero eso es tema de otra publicación.

  • Centrarse en el presente

    En las últimas semanas han pasado muchas cosas muy rápido. Las empresas han tenido que ajustar sus mecánicas de trabajo, otras han tenido que adoptar protocolos de seguridad para continuar operando, otras han tenido que reducir sus jornadas y mandar empleados a trabajar a casa y tristemente, algunos profesionistas y trabajadores han tenido que ser cesados de la empresa ante la incapacidad económica de continuar operando por el cierre o pérdida de ventas y clientes.

    Esto ocasiona que a todos los niveles nos estemos preguntando ¿qué pasó? ¿Por qué no estuvimos listos? ¿Por qué no lo vimos venir? ¿Por qué me tocó a mí? ¿Qué vamos a hacer? ¿Qué voy a hacer? Y muchas otras inquietudes más que solo nos generan estrés y ansiedad. Al estar mirando hacia el pasado y el futuro, nuestra mente se nubla y nos cuesta trabajo ver hacia adelante.

    La verdad no tiene ahorita caso desgastarse mucho, ya habrá tiempo para voltear hacia atrás y es difícil ver hacia adelante por la incertidumbre que existe. ¿Qué nos queda? Pues algo muy importante en estos momentos y esto es: ¡Centrarnos en el presente!

    Independientemente de que tendremos que aprender de los errores del pasado y de que tendremos que trabajar para el futuro. En estos momentos en que muchos nos estamos quedando en casa, es momento de centrarnos en el tiempo presente. Y eso no es fácil, ya platicaba yo en publicaciones pasadas sobre nuestra «mente de mono«.

    Hay muchas formas de centrarse en el presente, una de ellas es aprender a respirar, a meditar inclusive. Hay cientos de prácticas, pero la más simple consiste simplemente en respirar y centrar nuestra mente en la respiración. Durante esta práctica vendrán pensamientos y preocupaciones a nuestra mente y no importa, no debemos luchar contra ellos, la meditación no es poner la mente en blanco, sino centrarse en el presente y enfocarnos en algo.

    Durante estos días, a fin de que mi mente no divague demasiado en el pasado y en el futuro, sobre todo con cosas preocupantes lo que he hecho es lo siguiente:

    1. Despertar
    2. Meditación (Tipo Mindfulness, centrándome en el presente y basado en respiración).
    3. Leer (estoy leyendo 3 libros y leo unas 2-3 páginas de cada uno).
    4. Salir a caminar (Tenemos un jardín y salgo un rato, pero ha habido veces en que solo me siento afuera a observar o escuchar los sonidos, otra forma de enfocarse en el presente).
    5. Ejercicio (Algo ligero)
    6. Prender el teléfono y revisar rápido chat de la familia, amigos y clientes.
    7. Además estoy limitando mi ingesta de noticias. Muchas son malas, muchas son falsas, muchas son polarizadas. Si las sigo, pero con medida, no cada 10 minutos.
    8. Hacer algo productivo (En mi caso Trabajo a Distancia. Hay muy poco, pero he estado en reuniones virtuales con clientes para que acepten trabajar a distancia. Ando creando contenido que comparto y preparando servicios virtuales y a distancia. Ahí va, poco a poco. Estos pequeños logros nos permiten seguir avanzando).
    9. Tiempo con la familia.
    10. Tomar fotos y dibujar. Me permite mantener la mente activa y centrada en el presente, no dejar que mi mente empiece a pensar cosas y escenarios fatalistas. Yo soy muy preocupón y mejor me ocupo para no pensar cosas «impropias» que me estresan de más.
    11. Repetir. No hay de más. Las rutinas nos dan certeza en tiempos de incertidumbre y desvincularse un poco de las malas noticias también.

    Así pues, mi invitación es a centrarnos en el presente. De la forma que te acomode. A mi el Mindfulness (Conciencia plena) me ha ayudado en el pasado y hoy nuevamente. Pero la manera que sea adopta una rutina para centrarte en el presente y evitar que la mente se distraiga en malos pensamientos en el pasado y en en futuro.

    Solo en el presente podemos aceptar lo que está sucediendo, evaluar lo que podemos controlar y lo que no y planear y tomar las acciones que nos permitan avanzar día a día en toda esta incertidumbre.

    ¿Y tú que estás haciendo para no abrumarte? Cuéntame tus acciones.

  • Aprender a Aprender

    Algo que la presente pandemia del Coronavirus nos está dejando muy claramente es que tenemos que adaptarnos rápidamente a una nueva realidad. Cambiar no es sencillo, no es algo que nos gusta, sin embargo, será la única forma de sobrevivir. Adaptarse o morir, dicen por ahí, pero además hay que hacerlo rápidamente.

    Una definición de Aprendizaje que me gusta es la de un «Cambio relativamente permanente en el comportamiento de la persona». En estos días hemos tenido que aprender muchas cosas, esto es, cambiar nuestra rutinas entre ello podemos contar:

    • Hábitos de limpieza mejorados
    • Trabajo remoto y conferencias virtuales
    • Convivencia en casa
    • Compra de víveres e insumos de manera más planeada
    • Mejorado manejo del tiempo
    • Actividades para mantenernos productivos, sanos y entretenidos en casa

    Resulta entonces, que aprender es cambiar y cambiar no es algo que nos gusta mucho, y aún así debemos de avocarnos a ello, no es cuestión de gusto, es cuestión de supervivencia, como personas, como profesionistas, como empresas. Hoy más que nunca están surgiendo quienes son analfabetas del siglo 21.

    «Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender.»

    Herbert Gerjuoy, citada por Alvin Toffler en el Shock del Futuro

    Así que en estos momentos de encierro y en los que podemos quedarnos sin saber que hacer, es buen momento para reflexionar sobre cómo aprendemos y que podemos hacer en lo individual y en lo empresarial para salir adelante.

    Ahora bien, aprender es algo que hacemos mejor cuando está alineado con nuestras fortalezas individuales, sobre todo en los adultos. Así que he recopilado una selección de los libros que considero una lectura interesante en estos días:

    • Peter Senge; La Quinta Disciplina
    • Marcus Buckingam, Donald O. Clifton; Ahora descubra sus Fortalezas
    • Ken Robinson; El Elemento, cómo encontrar tu pasión cambia todo
    • Carol S. Dweck; Mindset, cómo podemos aprender a alcanzar nuestro potencial
    • John Kaufman; Aprende lo que quieras en 20 horas
    • Charles Duhigg; El poder de los hábitos

    En particular, en estos días estoy aprendiendo rápidamente el manejo de plataformas de reunión virtual y de entrenamiento a distancia. Leyendo, aplicando, equivocándome y volviendo a empezar. Y tú ¿qué estas haciendo para que el aprendizaje sea parte integral de tu personal o de tu organización? ¿A qué retos se están enfrentando?


    P.D. En este mes iniciaré a escribir más frecuentemente, algunas cosas serán reflexiones cortas, otras más largas, pero es una forma de mantener la mente ocupada en estos días de #QuedarnosEnCasa. Sin en algún momento sientes que te estoy saturando de artículos, avísame para bajar el ritmo.

  • Abrazar el cambio

    En general, a nuestra mente le gusta la estabilidad. Tiene que ver con cosas biológicas en donde nuestro cerebro reptiliano prefiere lo conocido a lo nuevo y desconocido. Es una condición humana.

    Los acontecimientos actuales han generado un enorme descontrol tanto a nivel organizaciones como a nivel países, sobre todo por la inmensa incertidumbre que se cierne hacia adelante.

    Considero que es un momento de seria reflexión a nivel personal, a nivel mandos, a nivel organizacional y a nivel países sobre el hecho de que no podemos ya esperar que las cosas estén tranquilas y regresen a la normalidad. Estos eventos nos han demostrado que hay un antes y un después y ya no volveremos a ver el antes como lo conocimos. Es momento de cambiar, es momento de evolucionar.

    Pero, cambiar no es fácil, siempre habrá detractores.

    “No existe nada más difícil e incierto de realizar que dirigir la introducción de un nuevo orden de cosas, porque la innovación tiene por enemigos todos aquellos que han tenido éxito en las condiciones anteriores, y por tibios defensores a aquellos que pudieran tener éxito con las condiciones nuevas.”

    Nicolás Maquiavelo. El Príncipe.

    Pocas empresas, y personas, se han preparado para vivir en una cultura de cambio constante. Muchas empresas se manejan como lo hacían hace 5, 10, 15 o 20 años. Haciendo lo mismo cada vez, cambiando poco e innovando prácticamente nada. Eso se vuelve un peligro para la organización, pues el día que quiere reaccionar no sabe como hacerlo, no puede hacerlo. En una ocasión leí que:

    «No son los peces grandes los que se comen a los pequeños, son los rápidos los que se comen a los lentos.»

    Esto en referencia a la necesidad de que las empresas adopten una cultura de mejora y cambio continuo.

    Pocas empresas son un ejemplo a seguir como lo es el caso de estudio de la Toyota. En esa empresa el cambio es una constante y lo han trabajado durante años. Su cultura ha tratado de ser replicada, sobre todo copiando las herramientas y soluciones que ellos han desarrollado e implementado, pero muchos esfuerzos se han encontrado con el fracaso pues no han adoptado los cambios culturales fundamentales que requiere dicha cultura.

    La cultura Toyota está a otro nivel en procesamiento de cambios y mejoras. Pregúntate ¿cuántos cambios se han implementado el último año, o he implementado yo, en mi empresa? Piensa en un número: 2, 10, tal vez 100 en un año. En Toyota es otro nivel:

    “Nuestros trabajadores proporcionan 1.5 millones de sugerencias al año y el 95% de ellas se ponen en uso práctico. Existe un interés casi tangible por el mejoramiento en el aire de Toyota.”

    Eiji Toyoda

    Uno de los principios para ayudar a la organización a implementar una cultura de cambio es proporcionarles los lineamientos y herramientas para navegar la incertidumbre.

    Para muchas empresas la idea es manufacturar bienes de calidad para los clientes. Para Toyota la idea es «Sobrevivir a largo plazo como una compañía al mejorar y evolucionar en la forma de fabricar bienes de calidad para los clientes».

    En el Libro «The Toyota Way», Jeffrey Liker toca los 14 puntos de la filosofía Toyota dentro de los cuales resalto los siguientes:

    • Basar las decisiones en una filosofía de largo plazo incluso a expensas de las metas financieras de corto plazo.
    • Crear una cultura de detenerse a resolver los problemas y a lograr la calidad bien a la primera.
    • Desarrollar líderes que comprender profundamente el trabajo, que vivan la filosofía y que la enseñen a otros.
    • Tomar decisiones lentamente por consenso, considerando todas las opciones e implementar las decisiones rápidamente.
    • Convertirse en una organización que aprende a través de la reflexión incesante y de la mejora continua.

    El detalle del funcionamiento de estos elementos de la filosofía van más allá de las simples técnicas como 5s, Justo a Tiempo, el Cambio Rápido de Modelo, etc.

    Una de las mejores explicaciones de la forma de atacar problemas y la incertidumbre en Toyota, está explicada en el libro Toyota Kata de Mike Rother.

    Rother explica que la base está en un proceso que implica:

    • Tener un visión clara de las cosas
    • Conocer la condición actual (saber donde estás)
    • Establecer una condición meta que te acerque a tu visión
    • Entender y librar los obstáculos encontrados en avanzar hacia la nueva condición

    Rother explica adicionalmente que mucho del trabajo es este último punto. Ya que ahí es dónde se da el aprendizaje. Comenta que muchas veces hacemos planes y pretendemos cumplir el plan, sin embargo la realidad no es lineal ni predecible lo suficientemente como para que esto sea un enfoque efectivo para lograr las condiciones meta. Esto es lo que yo espero que suceda y lo que sucede avanzando a la condición meta son 2 cosas muy diferentes.

    Toyota lo que hace es avanzar en pequeños y rápidos incrementos hacia su condición meta, con aprendizajes y ajustes sucediendo a lo largo del camino. Toyota construye su progreso como un científico. Con cada aprendizaje empírico, el científico ajusta su curso a fin de tomar ventaja de lo que ya ha sido aprendido.

    Toyota sabe que avanzando hacia el futuro, hacia la incertidumbre, habrá problemas. Y que la ausencia de problemas es un problema en sí. Por ello trabaja para que su gente no se sienta intimidada por los problemas, sino que los vea como aprendizaje.

    Muchas pequeñas y rápidas mejoras incrementales, verificando los obstáculos y aprendido de cada acción anterior es el secreto para navegar la incertidumbre. Obviamente esto requiere una metodología y disciplina de los mandos que continuamente supervisan las acciones de la gente y los orientan para navegar la incertidumbre. Hay dos elementos entonces: la mecánica de mejora que sigue la gente a través de esas acciones pequeñas y veloces y la revisión por parte de los líderes y mentores internos de la organización.

    La rápida capacidad de reacción en estos tiempos de incertidumbre y de crisis mostrará quienes tuvieron lo necesario para adaptarse y sobrevivir en las nuevas condiciones.

    Y tú, en tu empresa ¿están estancados o están abrazando el cambio y la incertidumbre? Cuéntame qué estás haciendo.

  • Lo que podemos controlar

    El lunes pasado tenía que haber salido mi artículo semanal, no salió pues estuve en cama con fiebre por un cuadro gripal muy fuerte, inclusive pudo ser influenza. Apenas ayer ha sido mi primer día sin fiebre. Yo hubiera querido que el artículo saliera en su momento, pero honestamente, estuvo fuera de mi control. En otra época de mi vida, me habría angustiado muchísimo, en exceso inclusive. Pero con los años he aprendido que hay cosas por las que no vale la pena preocuparse y de eso voy a escribir hoy.

    En la cultura asiática se dice que tenemos «la mente de mono» (Monkey Mind), eso es, nuestra mente se comporta como un pequeño mono que brinca entre el pasado, el presente y el futuro. Pero en realidad lo que le gusta es el pasado o el futuro.

    El pasado y el futuro son dos lugares interesantes que comparten una particularidad, NO EXISTEN. Lo único que existe es el presente. A pesar de ello, nuestra mente disfrutar viajar y vivir en esos dos lugares, los experimenta y los sufre como si fueran nuestra realidad, como si fueran el presente.

    Y ciertamente, tenemos que voltear al pasado para aprender de las lecciones de antaño, y también tenemos que mirar al futuro para prever y anticipar las cosas. Lo que no debemos de hacer es vivir en el pasado, ni vivir en el futuro.

    El pasado está lleno de cosas que no podemos cambiar y el futuro está lleno de cosas que no podemos controlar. Hoy con la amenaza mundial económica por la caída del petróleo, la pandemia del COVID-19 y toda la catástrofe social, política y económica que se avecina, podemos fácilmente perdernos en suposiciones, teorías de conspiración, cientos de escenarios fatalistas y demás. Lo cual no quiere decir que no tomemos las precauciones necesarias.

    Estas situaciones pueden ser abrumadoras, pues tendemos a querer controlar lo que sucede a nuestro alrededor en miras a protegernos y proteger a la gente que amamos. El darnos cuenta de que no podemos controlar las cosas puede generar frustración y desesperanza e iniciar una tormenta de malos sentimientos.

    Lo importante, aunque suene trillado, es centrarnos en el presente. Esto no es fácil y hay cientos de libros, teorías y gurúes que hablan al respecto. Sin embargo, veámoslo desde un punto más práctico. Y esto es a través de los sentidos.

    Si nos quedamos quietos un momento podemos centrar nuestra vista en algún objeto, de preferencia algo natural, un árbol, un paisaje, las nubes, un ave o insecto. Lo siguiente es observar atentamente y describir lo que vemos: «Veo un árbol grande con un tronco torcido, tiene múltiples ramas y las hojas son verde oscuro de un lado y verde claro del otro. Sus hojas se mueven de un lado al otro. El árbol está ligeramente ladeado hacia el sur…».

    Al hacer este ejercicio estamos haciendo que nuestra mente se centre en el presente. Alternativamente podemos hacer el ejercicio cerrando los ojos y poniendo atención a lo que escuchamos. El sonido de la ciudad, los carros, las aves, un avión pasando, el ventilado, el rechinido de una silla, el ladrido de un perro y demás. Del mismo modo, podemos describir en voz alta lo que escuchamos. Nuevamente esta experiencia nos centra en lo que está sucediendo y no permite que la mente divague hacia el pasado o el futuro.

    Una tercera opción es con las sensaciones físicas de nuestro cuerpo. Cerrando los ojos y respirando una y otra vez. Sintiendo como el aire entra y sale. Sintiendo la tensión en nuestros hombros, espalda, piernas y manos y luego sintiendo como se relajan. Nuevamente, estamos centrados en el presente.

    Sé como suena, pero también sé que funciona. Dejar a nuestra «mente de mono» divagar libremente es muy peligroso y estresante. Hay que darle que hacer en el presente. Practicando a diario, vamos logrando una tranquilidad y serenidad, sobre todo la costumbre de vivir el hoy, el ahora. El mundo se puede estar «acabando» en redes sociales, pero en este momento, en el presente, yo estoy viendo una nube blanca en el cielo azul, o experimentando el sonido de las aves y las hojas de los árboles.

    Una vez en el presente, lo importante ahora es tomar una hoja de papel y dividirla en 2. De un lado escribes «lo que puedo controlar» y del otro «lo que no puedo controlar». De todo lo que te preocupa, ve anotando y clasificando las cosas en su columna correspondiente.

    Al finalizar el ejercicio verás que hay cosas, muchas, que están fuera de tu control. Es poco lo que puedes hacer o poco el impacto que tendrías si quisieras hacer algo. Decisiones en otros países o estados, decisiones de políticos y gobiernos, están en gran medida fuera de nuestro control. Y de todo ello no tiene caso preocuparse, va a suceder nos guste o no.

    Ahora bien, dobla la hoja a la mitad y quédate con el lado de lo que si puedes controlar. Al tomar acciones sobre esas cosas que puedes controlar y lograrlas obtienes una sensación satisfacción, logro, control y tranquilidad. Una a una, esas acciones te ayudan a entender que puedes hacer cosas que impactan en tu presente y en las que sí puedes influir.

    Se vienen tiempos interesantes y lo importante es preguntarte si ¿vas a vivir en el pasado, en el futuro o en el presente? ¿Te vas a angustiar con lo que no puedes cambiar y lo que no puedes controlar o te vas a dedicar a vivir en el presente controlando lo que puedes controlar?

  • ¡No te toques la cara!

    En estos día de epidemia, y posible pandemia, sobre el Coronavirus que se esparce por todo el planeta. Los organismos y países sacan a diario recomendaciones para ayudar a prevenir y evitar contagios.

    Una de las recomendaciones es «¡No te toques la cara!», esto debido a que el Coronavirus en cuestión se transmite más fácilmente por contacto que por aire y al estar contacto con objetos como mesas, puertas y demás, podemos trasladar la infección a los puntos de entrada como nariz y boca.

    Esta situación, me parece interesante para reflexionar sobre lo que hacemos en las empresas. Esto es, decirle a la gente que hacer y esperar que lo haga. Y de eso quiero escribir hoy.

    La expectativa del gobierno y organismos de salud es que ante la continua comunicación de las medidas, la gente las adopte. Obviamente, de tanto bombardeo, la gente voltea a ver la medida. Pero posiblemente no haga absolutamente nada. Sin embargo, tanta insistencia en medios ocasiona que al escuchar a una persona toser, las demás inmediatamente decidan o recuerden lavarse las manos, taparse la boca y demás.

    Entonces aquí hay dos componentes, uno es la comunicación continua e insistente y además está la motivación: ¡No enfermarse! Si a esto le sumamos la cantidad de videos e infografías que circulan en redes sociales demostrando cómo lavarse las manos, como usar las mascarillas, como toser en el codo y otras. Se incremente la probabilidad de que más gente adopte la buena práctica. Aunque sea por el tiempo que dure la «epidemia».

    El detalle es que pasada la crisis, la mayoría de las personas volverá a sus viejos hábitos. Y cuando venga otra crisis, habrá que volver a empezar. Esto es por que la gente no está realmente formando un hábito. O la costumbre arraigada de hacer las cosas. Solo está reaccionando a una situación.

    «Es fácil llevar a cabo una buena acción, pero no es fácil adquirir la costumbre arraigada de llevar a cabo tales acciones.”

    Aristóteles

    En las empresas, no es raro escuchar a los mandos (supervisores, jefes, gerentes) decir que «le han dicho a la gente lo que debe hacer» y sin embargo las cosas no se hacen como se debía. Hay un dicho en el ámbito del desarrollo de personas que dice: «DECIR NO ES ENTRENAR«. Esto debido a que la formación de hábitos va más allá de solo las palabras. Requiere un acompañamiento: una supervisión, retroalimentación y reforzamiento o re entrenamiento en caso de ser necesario.

    Inclusive si nos vamos al ámbito de la capacitación (cursos y talleres en aula), encontramos el mismo fenómeno.

    Es cosa corriente pensar que un seminario basta, pero la gente olvida lo que ha aprendido y recae en sus viejos hábitos. La educación por medio de seminarios formales ha de ser apenas la tercera o cuarta parte de la educación total. El resto se debe realizar en el trabajo cotidiano, donde el superior enseña a sus subalternos.

    Kaoru Ishikawa

    En los años 80s, Ishikawa sabía que si se quería generar cambios duraderos en la gente, el verdadero entrenamiento se da en piso. El jefe con el subordinado. Aplicando lo visto en aula, creando los espacios y oportunidades de aprendizaje y transmitiendo la experiencia en el día a día.

    Los hábitos toman tiempo en formarse. Se pueden hacer campañas temporales, pero los cambios en la forma de actuar de la gente requieren de mucho más. Si queremos que nuestros colaboradores adopten buenos hábitos y comportamientos en la empresa, tendremos que empezar con una buena selección de personal, procesos de capacitación e incorporar procesos de entrenamiento en piso y acompañamiento que realmente generen esos comportamientos a largo plazo.

    A lo largo de más de 20 años de estar en el medio gerencial y de capacitación he escuchado la frase «La capacitación no sirve». Pero esto es debido a que se cree que la capacitación genera hábitos y cambios, cuando en realidad lo que hace es transmitir conocimiento. Pero solo a través de la ejecución se puede generar el aprendizaje y la adopción de nuevos hábitos.

    He encontrado empresas con procesos de capacitación muy robustos, pero aún estoy esperando ver más empresas con procesos de entrenamiento en piso que ayuden realmente a formar hábitos y que las cosas no se queden en buenas acciones y resultados temporales o mediocres. Y por ello es que actualmente centro mis esfuerzos en el acompañamiento y entrenamiento en piso, post capacitación.

  • Hacer lo que no me sale

    En diferentes talleres, pláticas y asesorías a lo largo de los años los clientes y participantes expresan su frustración ante no poder lograr ciertas cosas, aunque no lo expresan de ese modo. Frases como:

    • Los jefes no quieren
    • La gente no quiere
    • La gente tiene mala actitud
    • La gente no quiere aprender
    • La gente no hace las cosas que debe
    • Ya les dijimos y no lo hacen
    • El cliente no coopera
    • Etc.

    Casi sabiendo la respuesta, me gusta preguntarles: «¿Qué fue lo último que leíste de supervisión, negociación, liderazgo, entrenamiento, aprendizaje, manejo de conflictos?». Alternativamente les puedo preguntar de qué fue el último curso que tomaron en dichos temas, el resultado es el mismo.

    Generalmente, se me quedan mirando y al final la respuesta es, en muchos casos: NINGUNO. A lo cual yo reflexiono que cómo quieren resolver una serie de situaciones si no se preparan al respecto. Generalmente, son expertos en algún tema, pero no en los temas que tienen que ver con el comportamiento y aprendizaje humano, con el comportamiento y cambio organizacional, con la negociación, manejo de conflictos, solución de problemas y demás.

    Por alguna razón que no he podido explicar. Las personas se preparan en todo lo que ya saben, pero no en lo que no saben.

    Luis Iturriaga

    El conocimiento y la habilidad no llegan solos, hay que esforzarse, pero sobre todo sí algo no te está funcionando ¿Qué vas a hacer? ¿Te vas a quedar lamentándote o vas a tomar acciones? ¿Vas a preguntar a quien si lo hace bien? ¿Vas a observar como lo hacen? ¿Vas a leer al respecto? ¿Vas asistir a cursos o seminarios sobre el tema?

    Hace muchos años, un día mi entonces jefe, el gerente general, me dijo: «a partir de ahora, no solo estarás a cargo de Ingeniería y Calidad, te vas a hacer responsable del Almacén de Producto terminado». Mi cara fue de asombro. Yo no tenía ni idea de almacenes ni de como administrarlos o manejarlos. Recuerdo que salí del trabajo y fui a una calle donde había varias librerías. Estuve en varias hasta que encontré un libro sobre almacenes. Regresé a la casa y le di lectura a algunas partes. Al día siguiente regresé al trabajo con muchas dudas, pero al menos ya no iba yo en blanco.

    A lo largo de los años he replicado esta acción montones de veces, hoy la biblioteca personal ronda los 400 libros. Esa cantidad de libros solo es un reflejo de todas las cosas que no sabía en su momento pero que tenía que hacer y no me quedé esperando y quejándome al respecto, busqué el conocimiento y me he dedicado 25 años a ejecutar y volverme «suficientemente bueno» en las cosas que no sabía hacer.

    Lo más fácil es no hacer nada y lamentarse, la otra cosa fácil es leer, ir a cursos, ver videos en internet, leer blogs, pedir asesorías y no hacer nada. Al final solo importa la acción, pero no cualquier acción, la acción orientada, direccionada. La acción informada.

    Y cuéntame ¿Que no te sale? ¿Y qué estás haciendo al respecto?

  • Frustración

    El otro día, en un taller que impartí, reflexionábamos sobre los puntos que nos impiden desempeñarnos correctamente en el trabajo. Sobre las cosas que nos distraen. Las cosas que absorben nuestro tiempo, nuestros pensamientos y que merman nuestra productividad, eficiencia y eficacia en el trabajo (y en el día a día).

    De la discusión, eventualmente, en ocasiones, sale el tema de la frustración personal y en el trabajo. Y lo cierto es que en algún momento a lo largo de nuestras vidas, a nivel personal y a nivel profesional, alcanzaremos algún grado de frustración. También es cierto que podremos hacer cosas que están a nuestro alcance para remediar la situación, y en otras ocasiones no podremos hacer mucho o nada.

    Al final, el reto es cómo manejamos la frustración. La frustración puede surgir por muchas razones, entre algunas que me vienen a la mente están:

    • No poder realizar una tarea
    • Tener que realizar una tarea que no nos gusta
    • Querer que las cosas sucedan de un cierto modo
    • Querer tener algo que no tenemos o no podemos tener

    El no poder realizar una tarea puede tener que ver con mi propia competencia. La falta de competencia (conocimiento y habilidad) afecta mucho lo que puedo hacer, la forma y la eficiencia para hacerlo. Afortunadamente se puede obtener el conocimiento y realizar la práctica para alcanzar un nivel aceptable de desempeño.

    Para lograr un nivel superior hace falta también que la tarea sea compatible con nuestros rasgos personales. Y eso tienen que ver conque estemos en la tarea correcta para nuestra competencia. Aquí lo importante es darnos cuenta si estamos en el lugar correcto de acuerdo a nuestra fortalezas. En ocasiones nos resignamos y eso puede ser peligroso. Yo en más de una ocasión he cambiado el rumbo para evitar la frustración. Es importante hacer una seria introspección al respecto. Llevar una bitácora para registrar nuestros sentimientos y «frustraciones» es una buena forma de sacar las cosas a flote y entonces poder tomar acciones adecuadas.

    En ocasiones tendremos que realizar cosas que no nos agradan. Es parte de la vida y ni modo, hay que «echarle ganas» como dicen por ahí. Pero sobre todo hay que hacer uso de nuestras fortalezas para sacar adelante aquello que no nos agrada. Aceptar que tenemos que hacerlo, y que el hacerlo rápido y bien nos permite pasar a realizar lo que sí nos agrada puede ser un aliciente importante para completar dichas tareas.

    El no adoptar un enfoque correcto en las tareas que no nos gustan nos puede llevar a la procrastinación o a dejar las cosas para después lo cual puede afectar tanto nuestra vida personal como profesional. Las cosas que tienen que hacerse, simplemente tienen que hacerse. Cuando estamos en la posición de hacerlo, delegarlas a una persona con las competencias correctas es la mejor manera de salir adelante con esto.

    Algunas vez leí que ciertas filosofías orientales señalan que mucho del sufrimiento se origina con los dos últimos puntos de la pequeña lista. Querer lo que no tenemos y querer que suceda lo que nosotros queremos. Si bien es cierto que en ocasiones tenemos control sobre las cosas, en otras no. Cuando tenemos el control, el tomar acciones de manera consistente sabiendo que eventualmente las cosas cambiarán es importante. Aquí la tenacidad o la resiliencia es importante. Pero igual de importante es, en ocasiones, el aceptar donde estamos, lo que tenemos y lo que no podemos cambiar.

    Y es importante diferenciar entre aceptación y resignación. El que se resigna ya no hace nada al respecto, pero el que acepta su situación puede, a partir de ese momento, ver las cosas claramente y plantear alternativas hacia delante. Quien se resigna se queda estancado y solo incrementa su nivel de frustración, en mi opinión.

    Técnicas como la conciencia plena o la meditación son herramientas que ayudan a centrarse en el presente, en el hoy. En lo que tenemos y en lo que somos y no en lo que no tenemos y en lo que podría ser. Ayudan a no voltear excesivamente al pasado o al futuro. Estas técnicas y otras son una herramienta útil en estos casos.

    En ocasiones, no podemos encontrar la solución o apoyarnos a nosotros mismos y es importante aceptar que requerimos ayuda externa. Ayuda profesional ligada con la salud mental. Y esto requiere de romper muchos paradigmas y aceptar que, como mencioné, necesitamos ayuda. Asistir a un terapeuta calificado o a un psicólogo siempre será una excelente opción para poder brincar el bache de la frustración.

    Yo en lo personal he aprendido a darme cuenta cuando estaba en el lugar incorrecto y tome decisiones en su momento. Unas veces lo hice solo y otras con ayuda. Llevo mi bitácora personal y de vez en cuando exploro mis sentimientos y frustraciones y pongo en papel las cosas para poder visualizar mi realidad y mis opciones. También practico la meditación cuando lo veo conveniente, respiro y centro mi mente en el presente. Y sí, he recibido apoyo profesional porque he aprendido y aceptado que la única forma de seguir adelante es con una adecuada salud mental (y física también).

    Y tú ¿Cómo manejas tu frustración? ¿Cómo canalizas tus energías para seguir adelante? ¿Cómo te armas de valor para realizar los cambios necesarios para seguir adelante? Lo malo, al final, es resignarse y no hacer nada.

  • El miedo más grande

    Si escribes la palabra «fear» (miedo en inglés) en Google. La primera búsqueda previa antes de presionar Enter es: «fear of public speaking» (el miedo a hablar en público).

    Y resulta que mucha gente no se siente a gusto hablando en público ya sea en un entorno personal o laboral. Desgraciadamente, saber hablar en público no solo es una habilidad, sino en muchos casos es una necesidad.

    Y hablar en público significa pararse frente a una audiencia, generalmente desconocidos. Es una situación en la que podemos quedar expuestos y vulnerables y pienso que por eso no es tan atractiva.

    Hablar en público tenemos que hacerlo en clase al presentar proyectos, al presentar la tesis, al presentar los resultados dentro de nuestra empresa, al dar a conocer una iniciativa de cambio o de mejora, o si somos gerente o director, al exponer al consejo o a los accionistas. Debemos hacerlo frente a clientes, autoridades, colegas, colaboradores. Eventualmente llegará el momento de tener que hacerlo y lo mejor es estar preparado.

    Hablar en público no es algo que todos desarrollamos de manera natural, pero tampoco es algo imposible de alcanzar y aunque tal vez no nos convirtamos en el mejor de los oradores, podemos desarrollar la habilidad a manera de volvernos lo «suficientemente buenos».

    Así que acá algunas recomendaciones:

    • Saber del tema. Si hacemos memoria, el peor escenario en la escuela básica era que nos pasaran al frente, sobre todo si no sabíamos. Y con mucha razón, hablar de algo que no sabemos es la receta para el fracaso. Por ello es importante que cuando estemos ante el evento de tener que hablar en público, que hagamos nuestra tarea previa y nos preparemos los más posible. Entre más sepamos del tema, más fácil se nos hará la plática y podremos vencer el miedo a que nos pregunten, pues tendremos los elementos para responder.
    • Practicar. Un actor nuca sube al escenario sin haber practicado, tampoco un futbolista intenta anotar un penal sin practicar. De igual modo, el orador tiene que practicar. Se puede hacer en casa, frente al espejo o grabándonos con la cámara del teléfono inteligente. Hay que escucharnos y observarnos al hablar en público y detectar nuestros errores y corregirlos en la siguiente oportunidad, es un juego de ensayo y error y corrección continua. Cuestiones como muletillas, movimientos innecesarios, vestimenta y demás tienen que ser depurados en nuestra práctica. Visualizarnos en acción en nuestra mente es una herramienta poderosa que ha mostrado beneficios en muchas situaciones y hay que hacernos el hábito de hacerlo.
    • Volumen y entonación. Una situación común es no abrir suficiente la boca al hablar en público. Es necesario que en un espacio razonable la gente nos pueda escuchar, inclusive sin micrófono. Otro punto es adquirir un ritmo y una entonación adecuados a fin de que los demás tengan tiempo de procesar lo que decimos y nos entiendan. Leer en voz alta es un excelente ejercicio para esto, así como el aprender a respirar adecuadamente al hablar. Si usamos micrófono, lo importante es no pegarlo a nuestra boca.
    • Controlar la audiencia. Saber qué hacer cuando la audiencia habla o cuchichea al mismo tiempo que nosotros es muy importante. Contar con un juego de opciones para retomar la atención, generar interés e inclusive ser firmes ande el desorden es importante. Saber dar la palabra a quienes desean preguntar también es de mucha utilidad.
    • Aprender a decir no sé. En ocasiones nos preguntarán algo que no sabemos y en mi opinión es muy importante, y honesto, el tener la capacidad (y el valor) de decir «no sé». No pasa nada. Decir «me parece interesante lo que comentas, no lo había escuchado», nos ayuda a mantenernos con los pies en la tierra. Nadie quiere escuchar a un ponente con aires de deidad infalible.
    • Lenguaje no verbal. Nuestros movimientos de manos, cuerpo y faciales hablan mucho, a veces más de lo que creemos y tenemos que saber al respecto y controlar y sincronizar nuestros movimientos e imagen física con el mensaje que deseamos transmitir.
    • Conectar con la audiencia. Estar presente, no pensar en el pasado ni en el futuro. Simplemente estar con la audiencia. Ellos lo van a sentir, cuando toda tu atención, cuando toda tu energía esté con ellos. Apagar el celular y centrarte en tu mensaje. Saludar, generar un ambiente de confianza con una pequeña anécdota conectada con el tema puede ayudar.
    • Un vocabulario amplio. Hablar en público no debe de sonar como una memorización repetida de manera mecánica, tiene que ser una charla con la audiencia. En esa charla el uso de las palabras adecuadas ayudará a que el mensaje llegue a las personas. Sin embargo, en ocasiones, tendremos que ajustar las palabras de acuerdo a la audiencia, muchas veces sobre la marcha. Por ello es importante contar con un amplio vocabulario. Leer mucho y consultar el diccionario ayudará a crear ese inventario de palabras, sinónimos, antónimos y demás que nos permitirán transmitir un mensaje claro.
    • Utilizar pausas. Dicen que la música sin pausas es ruido. Igual pasa en la oratoria. Es importante no hablar sin descanso. Hay que dar tiempo para que la gente procese las cosas que estamos diciendo, para generar interés y curiosidad. Pero no pausas tan largas que parezca que hemos olvidado que decir o que estamos pensando que decir por no saber. Las pausas cambiarán tus mensajes de una gran manera.
    • Contar historias. El ser humano está «programado» para escuchar historias. Por miles de años, antes de la escritura, la televisión y el cine, el conocimiento se transmitió en forma de historias. Por eso ante una historia, la reacción de mucha gente es poner atención. Pero la historia debe estar bien estructurada, debe de tener un inicio, un clímax y una conclusión. Hay muchas historias que se pueden contar, reales y ficticias para reforzar el tema en cuestión. Las historias conectan más que los datos y que los hechos ya que apelan a las emociones. El «Storytelling» es algo que ha tomado gran auge en el mundo de los negocios y hoy es una habilidad fundamental para cualquier ejecutivo o directivo. Es importante tener un inventario amplio de historias que poder utilizar en un momento dado.

    En lo personal, desde la preparatoria me tocó iniciarme en esto de hablar en público y sigo aprendiendo aún después de tantos años. Es muy gratificante poderte parar con confianza ante una audiencia y lograr hacer llegar tu mensaje.

    ¿Y tú como te preparas para hablar en público? ¿Cuáles son tus retos?