Categoría: Reflexión

  • Mi verdad es la verdad

    En ocasiones, ante situaciones negativas, tendemos a respaldar nuestra ideas sobre lo que sucede. Investigamos y reforzamos lo que creemos que es la verdad.

    Esto pasa en todos los ámbitos, pero tiene un peligro, podemos, en ocasiones, defender lo que en realidad no es cierto.

    Los sistemas de gestión de calidad actuales enfatizan la toma de decisión basada en hechos, más que en suposiciones y creencias, aunque esto no es natural para nuestra mente.

    Nuestra mente crea historias, a veces con poca información, mientras hagan sentido, no importa si son ciertas o no. Adicionalmente, una vez que damos algo por verdadero, difícilmente aceptamos que pueda cambiar, no estamos abiertos a nuevas evidencias.

    En ocasiones me ha tocado escuchar en las empresas que hay problemas y un área 1 reclama a un área 2. El responsable del área 2 consulta con su gente, seguro de que no es problema de ellos y confirma su teoría. Luego sale a defender a capa y espada a su área generando tensión y conflicto para que al final los hechos demuestren que efectivamente el área 2 incurrió en el error. Ese responsable incurrió en pensar que su verdad era la verdad, sin haberlo corroborado correctamente.

    Este fenómeno está tan integrado en nuestra mente que a veces funciona de manera natural y automática, y es difícil ir con otra él o simplemente darnos cuenta que está sucediendo.

    El enfoque del pensamiento crítico, y del pensamiento científico, es considerar que nuestra verdad, en un momento dado, puede cambiar ante nuevas evidencias. Esto implica estar abierto a la incertidumbre y al cambio, más que a la certidumbre y la estabilidad.

    Desde un punto de vista de la evolución, nuestro cerebro favorece la estabilidad, nos da tranquilidad y certeza para actuar. Sin embargo, en nuestro entorno actual altamente cambiante nos puede limitar.

    La adopción de un esquema mental que nos permita estar abiertos a nueva información, a cuestionar lo que sabemos e inclusive a desechar nuestras verdades pasadas y adoptar nuevas verdades es muy importante en estos días. Podemos caer en quedar estancados en ideas falsas, algo riesgoso para nuestras áreas y negocios.

    Entender como aprendemos, como pensamos y como actuamos en base a nuestros pensamientos, conocer un poco de filosofía, técnicas de mejora, pensamiento crítico y pensamiento científico nos puede dotar de las herramientas y esquemas mentales para no «defender a ciegas» nuestras verdades actuales.

    ¿Te ha pasado? ¿Cómo lo has superado? ¿Qué has sentido cuando te diste cuenta que tu verdad no era la verdad? A mí aún me sucede y lucho continuamente por darme cuenta y superarlo. A veces tengo éxito, otras, aún tengo que trabajarlas.

  • Acordemos estar en desacuerdo

    Es muy probable que tu leas mis publicaciones y en ocasiones estés de acuerdo y en otras en desacuerdo. Existen algunas personas que expresan estar de acuerdo y, alguna vez, alguien expresa estar en desacuerdo.

    Las razones por las que una persona puede estar en desacuerdo son muy variadas e inclusive justificadas. La cosa es que no nos gustar escuchar dicho desacuerdo. Ya sea que se expresa de manera no apropiada o porque simplemente nos vuelve vulnerables al cuestionar nuestros puntos de vista.

    Los americanos tienen una frase «let’s agree to disagree» que se traduce, más o menos, como el título de ésta publicaciones: «acordemos estar en desacuerdo».

    Y es que la probabilidad es grande de que nuestros argumentos no sean del agrado o no hagan sentido para algunas, o muchas, personas. El reto es cómo reaccionamos.

    Yo no era muy bueno para reaccionar con la gente que estaba en desacuerdo con lo que yo pensaba o creía. Con el tiempo he ido aprendiendo que no siempre es correcto reaccionar del modo que lo hacía.

    En una ocasión tuve una molestia pues un maestro considero que yo había realizado algo que yo no había hecho. Creo que me contuve, pero no reaccioné de la mejor manera. Hubo muchos momentos así que encendieron mi pólvora.

    En otra ocasión tuve un jefe y tuvimos una diferencia (respecto a una regla de tres). En retrospectiva creo que fui muy intolerante, inclusive tal vez orgulloso y pedante. Aunque en aquel momento no lo vi así. Hoy muchos años después, habría reaccionado diferente.

    Conforme pasó el tiempo y fui aprendiendo de inteligencia emocional, liderazgo, comunicación, negociación y demás mis reacciones mejoraron. No voy a cantar victoria todavía, aunque creo que, en retrospectiva, ha habido mejora.

    ¿Y en qué consiste esta mejora?

    • Reconocer que padezco de la maldición del conocimiento y, a veces, pienso que los demás saben y entienden lo mismo que yo. Ahora ya no hago esa suposición y eso me ha evitado malos entendidos.
    • Tomar responsabilidad de mi comunicación. Si no me entienden, es mi problema. No me estoy comunicando correctamente y tengo que replantear lo que explico o acompañarlo de elementos visuales para lograr el entendimiento mutuo.
    • Escuchar. No era muy bueno para ello, sobre todo cuando me pongo a hablar de un tema que me apasiona. Tiendo a acaparar la conversación. Así que básicamente he aprendido a quedarme callado. A través de mejorar la habilidad de entrevista, por ser auditor. Ahora escucho y pregunto más, dejando al otro expresare y a partir de ahí ya hago mis intervenciones.
    • No tomarme las cosas de manera personal. He aprendido a aceptar que los otros tienen su opinión, puede no ser válida, pero para ellos sí lo es. Mi trabajo es hacerles ver un punto de vista alternativo o al menos fundamentar bien el mío. No espero que nadie cambie, sobre todo si no aceptan mi punto de vista.
    • No responder inmediatamente cuando me siento atacado. Esto es algo que aún estoy trabajando. Cuando llego a este punto, ya mis emociones se están desbordando y a, nivel familiar, me cuesta mucho trabajo. Con los clientes lo he ido dominando. Los psicólogos explican que con la familia tenemos fuertes vínculos emocionales y altas expectativas y complica este punto. Así que estoy aprendiendo, no lo he logrado, a respirar y no responder. Largo camino aún por recorrer.
    • Aplicar técnicas de negociación y ventas a situaciones de confrontación. Tratar de apagar el conflicto, hacer pausas, ahondar más en el punto de vista del otro y los fundamentos de porque cree eso.
    • Centrarme en los hechos. Un muy buen amigo, y excelente auditor, dice que «ante los hechos no hay discusión». Es justo cuando entramos en el campo de las emociones que las cosas se complican. Laboralmente, trato de centrarme en los hechos y eso me ha evitado muchos conflictos y problemas.
    • Entender el funcionamiento del pensamiento y emociones del ser humano. Yo soy muy lógico y propenso a la reflexión, pero no todos son así. Poco a poco estoy tratando de aceptar que las cosas no tienen que ser como yo quiero y he ido aprendiendo a tratar con gente que basa mucho su comportamiento en creencias infundadas. Es parte del trabajo.

    No hay recetas para resolver esta situación, lo que hay es conocimiento disponible, la necesidad de hacer una práctica deliberada para mejorar y equivocarse mucho. Yo llevó un diario donde anotó mis interacciones personales fallidas para reflexionar sobre ellas y poder mejorar. Sin embargo, tengo un largo camino por recorrer aún.

    Las relaciones personales y familiares son otra historia. Las emociones juegan un papel muy importante y pueden mermar nuestra capacidad de control y negociación. Sin embargo, es posible, el primer paso es estar consciente y aceptar que hay que trabaja ese rubro.

    Cuéntame ¿cómo reacciones ante un conflicto emocional irracional? ¿Explotas, te controlas, lo evades? ¿Cómo sacas lo mejor de la situación? Me gustaría leer tus experiencias.

  • Haz una pausa

    Si alguna ocasión has visto un documental sobre el ascenso al Everest, seguramente has visto que lo hacen por etapas. Llegan al lugar, se aclimatan, suben a un campamento, se aclimatan, pausan y vuelven a subir y así hasta lograr la cumbre. Y luego de regreso igual.

    En la vida he recibido varias veces lo que yo le llamo un «estate quieto». Y no ha sido agradable, pues en todos los casos esto implicó una visita al hospital, medicinas y quedarme quieto a fuerzas.

    Con el tiempo, y los golpes a tu salud, aprendes que no se puede estar todo el tiempo en modo activo. El cuerpo y la mente se desgastan, te estresas y tu desempeño empieza a decaer. Lo sabes, lo sabemos y aún así lo ignoramos hasta que todo truena.

    El arco siempre tenso termina por romperse.

    Proverbio Japonés.

    En ingeniería industrial se sabe que por cada cierto período de trabajo, los trabajadores de una línea de producción requieren de una pausa. En capacitación sabemos que por cada hora de curso se requieren 10 minutos de receso. En el ejercicio se sabe que se requiere dar tiempo sin actividad para que el músculo se recupere y crezca. Inclusive en la NASA han experimentado con pequeñas siestas en los astronautas para mejorar su desempeño.

    Si no haces un alto eventualmente no rindes. A lo largo de los años, siendo empleado y luego realizando consultoría a empresas me he encontrado con el fenómeno del «trabajo continuo». Esto es, el caso en que se trabaja sin parar, a veces sin comer, a veces sin tiempo para la familia, sin tiempo para el esparcimiento y así por años y por años.

    Recuerdo que la primera vez que fui gerente, el que era mi mano derecha, el superintendente se acercó a mi para preguntar si podía tomar vacaciones. ¡Claro le dije! ¿Cuándo fue la última vez que tomaste vacaciones?, le pregunté. ¡Hace 7 años!, me respondió.

    En otra ocasión, en un diagnóstico a una empresa, me encontré con un supervisor que no había tomado vacaciones en ¡14 años!

    No solo son los períodos de vacaciones importantes, sino las pausas o momentos de desconexión a lo largo de un día. En una ocasión leí un artículo que decía que un gerente debería, en promedio, aprender a relajarse 3 veces al día para evitar un deterioro físico e inclusive un colapso nervioso o un infarto.

    Sin pausas, no rendimos. La mente se estanca, la gente se adormila, la productividad sufre y se comenten errores, a veces fatales.

    Hoy en día se habla del mindfulness o conciencia plena, que se fundamenta en la práctica de la meditación. Se puede hacer hasta por cinco minutos y sentir el beneficio. También caminar, ejercitarse, dibujar, tocar un instrumento, tener un pasatiempo o simplemente sentarse a mirar el paisaje pueden ayudar a liberar la tensión en la mente y en el cuerpo.

    Al impartir cursos para auditores internos de sistemas de gestión de calidad solicito a los participantes hacer el ejercicio de crear una agenda de auditoría repartida en varios días. Algo muy curioso es ver como, la mayoría de las veces, los participantes no consideran tiempo para comer. Piensan que pueden auditar 3 días seguidos de 9 am a 6 pm sin parar y sin hacer pausas. ¡Eso no funciona! De igual modo, nuestra vida sin pausa es ineficiente y, por experiencia, puedo decir que no es sano.

    Yo he aprendido, y sigo aprendido, a darme tiempos, a desconectarme, a bajar el ritmo, a pausar, a detenerme, a respirar. Entre más rápido lo aprendamos, mejor nos irá.

    Y cuéntame ¿qué haces para pausar tu acelerada vida? ¿Te das tiempo? Por que si en tu agenda no hay tiempo más que para el trabajo, eventualmente el arco se va a romper.

  • Aprendizaje y Desempeño

    Hace años, en entrenamientos deportivos, un compañero se molestó consigo mismo por cometer algunas fallas o errores. El entrenador le comentó algo así como «mejor aquí (que te equivoques) que en una competencia». La justificación era que el entrenamiento es el lugar para equivocarse.

    Recientemente, en la sección de socios del portal de la ASQ (American Society for Quality), en el foro de discusión de la División de Gestión de Calidad, alguien escribió sobre la plática en TED de Eduardo Briseño. Su presentación sobre la Zona de Aprendizaje y la Zona de Desempeño ilustra perfectamente esa situación que viví hace años.

    Continuamente explico a clientes que la gente requiere de equivocarse para aprender. Esto es difícil de aceptar pues en las empresas se buscan resultados y eso es consecuencia de un buen desempeño. El buen desempeño es consecuencia del aprendizaje que por definición requiere la existencia del error.

    Briseño ilustra de manera clara que hemos confundido las dos zonas. La primera es la zona de aprendizaje. Es el lugar en donde experimentamos, cometemos errores, reflexionamos y mejoramos. Es donde crecemos al desarrollar habilidades, reflexionar y formamos nuevos conocimientos derivados de la práctica.

    La segunda zona es la de desempeño. En ella lo que se busca es el resultado y se trata de ejecutar cometiendo la menor cantidad de errores.

    En las escuelas, hemos asignado características de desempeño al entorno de aprendizaje. Exigimos desempeño (calificaciones) en lugar de estimular la experimentación y el error (aprendizaje).

    Esta situación se arrastra a las empresas en donde exigimos desempeño sin brindar oportunidades y espacios para el aprendizaje. Esto es, momentos y situaciones en donde se permite el error, de manera controlada.

    Decimos que la maestría vienen con el tiempo, pero en realidad viene con la práctica deliberada. Y esa práctica deliberada está plagada de errores y debe de estar disociada del desempeño.

    De ahí que cosas como el Entrenamiento en Piso sea tan relevante, pues el instructor provee momentos de aprendizaje. Pone a la persona en la zona de aprendizaje y le permite equivocarse.

    Esperar que la gente aprenda en la zona de desempeño es ilusorio pues en ese momento la gente no quiere cometer errores, así que hará lo que siempre le ha funcionado. Se irá a la segura, no experimentará, no mejorará pues no quiere fracasar.

    El crecimiento y la mejora de la gente está en la zona de aprendizaje es donde se puede experimentar sin miedo al juicio por haber errado o fracasado. Es dónde puedes reflexionar y refinar las habilidades y competencias requeridas para un posterior desempeño.

    La pregunta obligada es como persona ¿me doy tiempo para experimentar, fracasar, reflexionar y aprender? ¿Realizo práctica deliberada, fuera de la zona de desempeño, de aquellas cosas que quiero mejorar ? Yo lo hago con mis notas visuales, mis explicaciones, mis pláticas, inclusive en este blog, todo ello lo practico continuamente. ¿Y tú?

    Y si eres gerente o empresario ¿tu empresa cuenta con momentos para el aprendizaje donde la gente se puede equivocar? ¿Existe la cultura y condiciones para aprender o esperas que la gente crezca en la zona de desempeño donde es mejor no arriesgarse e ir a la segura?

    Deja un comentario con tus reflexiones, me dará gusto leerlas.

  • Todos explicamos mal

    Recuerdo que una de las primeras explicaciones e instrucciones que tuve que realizar fue cuando estaba en la preparatoria y mi mamá me pidió ayudar a la hija de una amiga de ella que iba mal en sus matemáticas en la secundaria.

    En aquel momento acepté a regañadientes el reto. En las sesiones en las que explicaba, yo tenía la impresión de ser muy claro y de estar mostrando cómo hacer bien las cosas. En mi mente todo tenía sentido. Padecía lo que llaman algunos «la maldición del conocimiento». Y eso me impidió lograr un buen resultado en aquel momento.

    Los hermanos Chip y Dan Heath en su libro «Made to Stick» comentan que la maldición del conocimiento es cuando un experto le habla a los demás como si supieran todo lo que el sabe y ya no recuerda lo que significa no saber. Este libro lo leí casi 20 años después de aquella situación y me habría venido muy bien en aquella época (aunque aún no se había escrito).

    A partir de aquella ocasión, me tope una y otra vez con la necesidad de explicar. Tuve que explicar proyectos en la universidad, tuve que explicar mi tesis, en el trabajo tuve que explicar proyectos y resultados, tuve que explicar soluciones a los clientes. Tanto en el trabajo, como en el hogar, con la familia, pareja, hijos o amigos. Todos tenemos que explicar algo en algún momento.

    Curiosamente, la mayoría de nosotros, sino es que todos, en algún momento, lo hacemos mal. Y no es de sorprendernos. ¡Nadie nos enseño a explicar! No cabe duda que algunas personas desarrollan una «habilidad natural» para dar buenas explicaciones. Pero la mayoría padecemos el problema de querer hacer llegar nuestro mensaje y que éste no resuene en los demás.

    Por mi trabajo, hace años, me vi en la necesidad de empezar a entender la mente humana, primero a través de mejorar mis habilidades como instructor, pero después depurando mi capacidad de asesoría. En todo esto surgieron puntos comunes:

    1. Necesitamos entender la forma de pensar de la gente.
    2. Necesitamos entender el aprendizaje humano.
    3. Necesitamos entender la comunicación humana.

    Explicar, al igual que instruir, requiere que entendamos estos puntos para podernos «escapar de la maldición del conocimiento». Esas suposiciones que nos impide hacer llegar nuestro mensaje de manera correcta a los demás.

    Necesitamos explicar para cambiar puntos de vista, para obtener apoyo a nuestros proyectos o para incitar a los demás a actuar en determinado rumbo. No explicar no es una opción para nosotros.

    Creo que no le dedicamos suficiente tiempo a nuestra comunicación y a nuestros esquemas de pensamiento, de ahí que nos cueste trabajo explicar nuestras ideas a los demás.

    Hace casi 2 años que inicie este blog, planteé la premisa de las «otras habilidades» que requerimos hoy en día. Una de esas es la habilidad de explicar.

    Y si explicar es tan importante, y lo hacemos todos los días y en todos los ámbitos de nuestra vida, ¿por qué no le dedicamos tiempo a depurar esta habilidad? Estamos tan acostumbrados a que no nos entiendan que lo aceptamos con un hecho de vida. ¡Así son las cosas! Aunque no tiene que ser así.

    Es posible solicitar ayuda, aunque también es posible dedicar tiempo y esfuerzo a aprender y poner en práctica lo necesario para mejorar esta habilidad.

    ¿Cómo depuras tus habilidades para explicar? ¿Le dedicas tiempo a mejorarlas con tanta o más intensidad que otros puntos? ¿O simplemente no lo habías considerado? ¿Quienes son tus modelos a seguir en términos de buenas explicaciones? ¿Que hacían o que hacen que los convierte en personas que explican bien? Una reflexión ahora que se acerca el fin de año.

  • El valor del fracaso

    A veces las cosas salen mal. De hecho, muchas veces las cosas salen mal. Y podemos decir que existen 2 tipos de fracasos, el de haberlo intentando y haberte esforzado y el fracaso de simplemente hacerlo con desdén y sin esfuerzo.

    Hoy me interesa hablar del primero, del fracaso ligado al esfuerzo, a la acción intencionada de lograr algo. Ese fracaso puede tener múltiples orígenes como la falta de conocimiento, la falta de habilidad, la falta de experiencia, o, simplemente, por factores externos.

    Desgraciadamente, parece que nuestra cultura rechaza o estigmatiza o ve con ojos malos al fracaso.

    Un alumno que en la escuela reprueba, aunque se esforzó, puede ser visto igualmente mal que aquel que no se esforzó y reprobó. Ponemos mucha atención en el resultado (el fracaso o el éxito) y poca atención al proceso.

    Resulta que el fracaso es parte importante de nuestro aprendizaje. El fracaso bien entendido, nos permite aprender. Nos permite incrementar ese conocimiento, habilidad y experiencia.

    Hay que entender al fracaso, en nosotros y en otros, como algo importante para el crecimiento y el desarrollo personal.

    Después del fracaso debemos preguntarnos qué salió mal, porqué salió mal. Sobre todo debemos de cuestionarnos qué aprendimos o que nos deja esta experiencia de fracaso.

    En estos meses de pandemia, al tener que adaptar mis actividades a la «nueva normalidad», al «trabajo en casa», al «trabajo virtual y a distancia», he tenido aciertos y fracasos.

    Los fracasos no se sienten bien, pero no deben paralizarnos ni debemos de ocultarlos. Debemos de enfrentarlos, si involucra a otros debemos pedir retroalimentación, reflexionar profundamente y establecer en que debemos de mejorar.

    Mi reflexión de hoy es ¿cómo manejas tu fracaso? ¿Te abruma y te consume? ¿Lo niegas y lo evades? ¿Lo usas como un mecanismo para el crecimiento personal? Cuéntame tu experiencia me gustaría conocerla.

  • ¿Me entiendes?

    Seguramente en alguna ocasión al estar hablando con alguien te viste tentado a decir, o expresaste, esta frase de ¿me entiendes?

    Esta frase tiene un problema, y es que pone la responsabilidad en nuestro interlocutor y nos libera a nosotros mismos de cualquier responsabilidad sobre un mensaje confuso, mal estructurado y mal comunicado.

    Hace muchos años escuché la frase «No se dice ¿me entiendes?, se dice ¿me explico?«. Esta frase cambia por completo el asunto pues ahora soy yo mismo el responsable de que la otra persona comprenda mi mensaje.

    Todos nos comunicamos a diario. Es parte de nuestra esencia como seres humanos. Esa comunicación puede incluir el transmitir hechos o datos, definiciones, inclusive instrucciones. Sin embargo, el explicarle algo a alguien es de suma importancia, pues través de dicha explicación pretendemos cambiar puntos de vista o incitar a la gente a la toma de acciones. De ahí su relevancia a nivel general, pero en particular, en el ámbito laboral.

    Si eres un experto, tienes que explicarle a la gente. Si eres un mando, tienes que explicarle a la gente. Si tu eres un empresario, tienes que explicarle a la gente. El problema no es si lo hacemos o no, o si tenemos o no que hacerlo. El problema es que lo hagamos de modo que logremos transmitir nuestro mensaje correctamente a fin de que el otro entienda, y que logremos su reflexión y la toma de acciones.

    Explicar es nuestra responsabilidad. No debemos confiarnos que por hablar lo hacemos bien. Existen muchos factores que pueden «estropear» nuestras explicaciones y dejar a la gente con más dudas que con claridad de ideas, y por lo tanto, evitar la reflexión y la toma de acción.

    Explicar implica muchas cosas que a veces no sabemos o no consideramos:

    • Uno de los más importantes es, tal vez, el tener claro quien es la audiencia de nuestra explicación. La explicación va a variar en base a quien nos dirijimos.
    • Otro punto relevante es tratar de estimar qué es lo que saben los demás del tema y no suponer que saben lo mismo que nosotros.
    • No establecer un contexto apropiado limita la calidad de las explicaciones.
    • El uso de un lenguaje complicado y rimbombante es uno de los grandes obstáculos para una explicación efectiva.
    • Incluir demasiada información, el mal del experto, de la persona con mucha experiencia, es otro de los puntos que previene de mandar un mensaje claro.
    • Y la lista continúa y continúa y continúa.

    Explicar es algo que necesitamos hacer. Pero no es algo que aprendemos a hacer. Por ensayo y error hemos encontrado una forma «aceptable» de hacerlo. Aunque no es suficiente si queremos o requerimos resultados sobresalientes.

    Se pierden muchas horas explicando y no logrando que los otros comprendan el mensaje. Se desgast la relación interpersonal y el ambiente de trabajo cuando el mismo mensaje, mal transmitido, se envía una y otra y otra vez sin resultados.

    A lo largo de los años, he experimentado múltiples situaciones en las que mis explicaciones fueron en vano. Y eso causa frustración. La frustración no debe de ser un obstáculo o algo que nos paralice. Debe de ser un aliciente, un trampolín por así decirlo, para impulsarnos a mejorar.

    Para mí, los últimos 12 años han sido un esfuerzo constante para aprender, poner en práctica y mejorar mis habilidades de explicación. Creo que con el tiempo he logrado mejorar aunque siempre hay camino por recorrer.

    Cuando te logras explicar, no es por que tú mismo lo dices, es porque los demás lo dicen:

    Cada sesión que tuvimos, nos brindó mucha claridad sobre el tema del que hablamos. La forma de transmitir la información fue con lujo de detalle, de una manera muy visual y con las herramientas necesarias para hacer cada tema muy fácil de entender y aplicar en la empresa.

    C.G. – Director General

    Luis posee una gran facilidad para ilustrar los temas a los participantes … lo que nos permite visualizar y segmentar cada idea.

    G.T. – Director Comercial

    El uso de su conocimiento y experiencia explicados a través de diversos medios… han sido de gran valor para asimilar de manera mas rápida y efectiva los conceptos aún mas complejos en beneficio de nuestros objetivos empresariales.

    M.C. – Gerente General

    Desde hace más de dos años Luis Iturriaga nos ha dado consejos capacitadores y asesoría que esclarece el rumbo de cada uno de nuestros puestos clave, lo hace de forma didáctica y puntual.

    E.L.U – Director

    Explicar es una habilidad fundamental, de la que luego no hablamos mucho. Así que en próximas publicaciones pretendo ir tocando, poco a poco, este importante tema.

    La interrogante es ¿cuánto tiempo dedicas a mejorar tu habilidad de explicar las cosas a los demás? ¿Qué estás haciendo para explicar mejor? ¿Pides retroalimentación? ¿Te ha frustrado no poder hacerlo correctamente? ¿Pides ayuda? Dicen que si no puedes explicar algo de modo que un niño de 6 años o tu abuela lo entienda, tienes mucho que mejorar.

    Cuéntame tu experiencia, me dará gusto leerla y comentar.

  • Amplitud y Profundidad

    Posiblemente, en alguna ocasión, has leído sobre personas que cruzan largas distancias nadando en el mar. Son atletas especializados en la distancia, en la amplitud.

    Por otro lado, existen personas que realizan buceo sin tanque. El reto es realizar inmersiones a la mayor profundidad posible. Siguiendo una línea vertical hacia abajo.

    Resulta que con el conocimiento sucede algo similar. Si tu te especializas en un tema, profundizas en él y te vuelves experto. Si por el contrario conoces de muchos temas, no a profundidad, pero lo suficiente, te vuelves un generalista en esos temas. Cuentas con un amplio conocimiento de las cosas.

    En una empresa requerimos de especialistas, expertos que profundicen en sus temas de responsabilidad y que puedan dar resultados positivos, ser eficientes y agregar valor.

    Muchos mandos, al inicio, salen de las filas de dichos especialistas, pero al llegar a una posición de gerencia, tienden a continuar especializándose en el tema técnico, por así decirlo. En estos casos, es necesario aceptar que ya no es uno quien debe saber todo sobre los temas técnicos. Uno debe de ampliar su conocimiento para incluir temas de gestión, liderazgo, manejo de personal y demás.

    De hecho, el mando debe especializarse en temas de gestión, debe ahondar en esos tópicos para desempeñarse correctamente.

    Entre más ascendemos, más generalistas nos volvemos en muchos temas técnicos y más especialistas en temas de gestión, estrategia, finanzas y negocios.

    Un empresario no puede, ni debe saberlo todo a nivel técnico, debe de desarrollar a profundidad a sus especialistas y ampliar su propio conocimiento de una gran diversidad de temas para trabajar de manera correcta con sus mandos y subordinados. No puede ser de otro modo.

    Amplitud y profundidad son dos conceptos importantes y que requieren un delicado balance. Es importante saber cuándo y dónde se requiere cada uno. Y conforme evolucionamos, el punto focal de la profundidad irá cambiando. La amplitud nos permite tener un conocimiento integral de las cosas y nos permite colaborar de manera eficiente con otros.

    ¿Cuéntame en que te has especializado y en que tienes amplitud de conocimiento? ¿Lo habías considerado? Lo importante es tener claro a que le estamos dedicando nuestro tiempo y esfuerzo. No vale la pena profundizar en las cosas incorrectas y no conviene quedarse a nivel superficial en las cosas importantes y de nuestra responsabilidad. Y finalmente, ¿sabes lo suficiente de diversos temas a una profundidad suficiente para colaborar con diferentes áreas, culturas, empresas y niveles de mandos? Todo esto, creo, merece una reflexión.

  • ¿Por qué comparto?

    El otro día invitado en un podcast, que pronto les compartiré cuando se publique, me preguntaron ¿por qué comparto como lo hago? Me dijeron que no es lo normal dar «libre» ese tipo de conocimiento y reflexiones.

    Mi respuesta giró en torno a que no puedo llegar a todas las personas a través de mis servicios profesionales y que son temas que considero importante compartir. De hecho el lema del blog «Observa, reflexiona, aprende y comparte» enfatiza el punto de compartir.

    Mucho de lo que escribo son anécdotas, reflexiones o explicaciones que he dado a lo largo de casi 25 años. Y sí, mucho está disponible en el blog para quien quiera leer, reflexiona, aplicar y mejorar».

    La diferencia es que en el blog no hay un orden. Escribo las cosas como me vienen, como me suceden, a diferencia de un servicio contratado con un cliente, ahí todo es más enfocado a una situación particular y en un marco de tiempo específico. El lector del blog, puede leer, investigar, profundizar, buscar y comentar, pero debe haber un esfuerzo. Tiene que haber una dedicación para encontrar lo que pueda haber de valor para él en el blog.

    Recientemente, leyendo uno de los libros de Simon Sinek, «Encuentra tu porqué», he planteado lo siguiente como mi porque en años venideros:

    «Ayudar al aprendizaje de personas y empresas a fin de incrementar su competencia (habilidad, conocimiento y experiencia) que les permita una mayor eficiencia, obtención de resultados y crecimiento personal y empresarial». Ese es mi porqué. Mi Why.

    Al final, todo lo que sé es resultado de los que confiaron y compartieron conmigo, no tiene caso llevarse secretos a la tumba, todos necesitamos mejorar y si el blog le ayuda a alguien ha hacerlo ¡misión cumplida!

    Creo que al final es mi forma de darle un sentido de comunidad a mi vida, retribuir un poco a la sociedad.

    Escribiendo esta publicación me remití a la primera publicación que hice y rescato esto:

    «A dónde vamos, no lo sé, lo que si tengo claro es el porqué, y el porqué es compartir experiencia, aportar ideas, explicar conceptos que de un modo u otro ayuden a otros a mejorar su vivir y el de los que los rodean. Un mundo mejor

    Nuestro porqué es lo que nos guía y nos impulsa a seguir. ¿Tu tienes claro tu porqué? Te invito a explorarlo y coméntame qué te ha aportado el blog, me gustaría saber.

  • Refina tu arte

    Dice el dicho que “la práctica hace al maestro”. Más no es solo la práctica, es la buena práctica, o para pensarlo de otro modo, la práctica de “buenas prácticas”.

    La competencia de una persona está integrada, entre otras cosas, por su conocimiento, su habilidad y su experiencia. El saber, el saber hacer y el tiempo de estarlo haciendo.

    Los tres elementos son fundamentales para crecer en nuestra competencia, esto es, nuestra capacidad de hacer una tarea correcta y eficientemente.

    Tenemos que dedicar tiempo continuo a desarrollar los tres elementos, es la única forma de crecer. Pregúntate, ¿cuál es tu arte, tu oficio o tu profesión en la que debes desarrollarte?

    De un tiempo para acá, lo mío es facilitar el aprendizaje, pero no a nivel escolar, a nivel profesional o corporativo. Busco transmitir conocimiento, orientar, informar, acompañar, explicar y desarrollar competencias en mis clientes.

    Para ello, leo, me informó, experimento, pongo en práctica y obtengo retroalimentación de mis clientes. De igual modo, practico en todo momento, no sólo en en ambiente laboral. Siempre que tengo oportunidad practico, con mi familia, con mis amigos y conocidos. Continuamente busco nuevas técnicas para explicar, contar historias, simplificar e ilustrar conceptos.

    ¿Cuál es tu especialidad o tu oficio o tu arte que debes refinar? ¿Haces lo mismo de siempre o te preparas, experimentas, pones en marcha y verificas si te ha funcionado y te ha ayudado a mejorar? ¿Practicas en todo momento?

    En ocasiones nos absorbe el día a día y solo ejecutamos ahí, no nos damos tiempo para refinar nuestro arte. Hacer lo mismo todos los días te vuelve hábil. Mejorar implica hacer cosas diferentes, no puedes mejorar haciendo lo mismo.

    Mil días de entrenamiento para desarrollar, diez mil días de entrenamiento para pulir. Todos ustedes deben examinar esto bien.

    Miyamoto Musashi

    Es importante no llegar a un punto de competencia aceptable y sentarnos en nuestros laureles. No basta con conformarse. Hay que depurar y refinar nuestro arte.

  • Mentiras que nos contamos

    Ante la pregunta de ¿por qué el cielo es azul? Es muy probable que tu tengas una respuesta clara al respecto. Y posiblemente te muestres convencido y confiado de la misma.

    Si tienes duda, es posible que reflexiones y llegues a una explicación y la expreses de la manera más confiada posible.

    Cuando yo era pequeño, recuerdo que de alguien o algo recibí la explicación de que el cielo es azul porque refleja el color de mar. Tengo que aceptar que en aquellos años, dicha explicación se quedó conmigo por mucho tiempo. Aún cuando me cuestionara a mi mismo por qué el cielo se veía azul en medio del país donde no había nada de mar alrededor.

    Con el tiempo aprendí que el color del cielo se debe a otra cosa, la forma en que la luz del sol se separa en colores por los elementos presentes en la atmósfera y que eso ocasiona el color azul. Del mismo modo el atardecer y el amanecer se ve rojo, pues ciertas longitudes de ondas son las que logran ser reflejadas en la atmósfera.

    La cuestión es que por años mantuve una idea errónea en mi mente de cómo deberían de ser las cosas. Para mi fortuna, y del mundo, no tuve que defender, transmitir o utilizar dicha creencia para algo significativo.

    Pero sucede que en lo laboral y profesional, a lo largo del tiempo, me he cuestionando algunas creencias que yo consideraba incuestionables respecto a la gestión, el aprendizaje y la gente. Y esa es mi reflexión de hoy.

    ¿Cuántas cosas que creemos que son ciertas no lo son? ¿Cuántas cosas que no son ciertas y las damos por verdades utilizamos en el día a día a nuestro favor, contra otras o pensando que de ese modo mejoramos las cosas?

    Mucho conocimiento lo recibimos de buena fuente, a veces de oído, porque alguien dijo que alguien dijo que alguien dijo. No nos tomamos el tiempo de corroborar la veracidad de nuestras propias creencias.

    En todo esto es de suma importancia contar con un esquema de pensamiento crítico, un pensamiento que cuestione lo que sabemos y que nos permita estar abiertos a cambiar nuestras creencias esenciales ante la evidencia de que no son totalmente ciertas.

    En estos días vemos, en redes sociales, circular montones de creencias infundadas y a la vez fuertemente defendidas por su proponentes, cuando un poco de investigación nos lleva a la conclusión de que no son ciertas.

    Nos gusta creer lo que queremos creer, nos gusta creer lo que nos deja tranquilos, nos gusta creer lo que le da sentido a nuestra historia interna y personal aunque no sea cierta. Ese es un riesgo, y un peligro, para el mando o gerente o empresario que está a cargo de gente, un área o una unidad de negocio.

    Carl Sagan decía que deberíamos corroborar cada información que recibimos. Con el tiempo, me he vuelto más celoso de lo que creo y conforme voy corroborando puntos y elementos los voy incorporando a mi juego de creencias, otras todavía están siendo cuestionadas, otras me falta darme el tiempo.

    La cuestión no es, decía Sagan, si nos satisface o no la conclusión a la que llegamos después de un razonamiento, sino si somos capaces de identificar cuál ha sido su punto de partida y de saber si este es cierto o es falso. Para hacerlo, es necesario aprender a construir planteamientos razonados y reconocer un argumento falaz -una idea falsa con apariencia de verdad- a través del pensamiento escéptico.

    https://elpais.com/elpais/2016/03/03/buenavida/1457011430_052456.html

    La lectura continua, a lo largo de los años, me ha ayudado a revisar mis conocimientos y creencias. Con cada nuevo libro encuentro, ya sea una confirmación de lo que sabía o un cuestionamiento a lo que estoy dando por cierto, pero podría estar equivocado.

    El paso difícil es aceptarlo y abrir espacio para nuevo aprendizaje. Hace unos meses reflexionaba al respecto. La idea aún me ronda y me siento obligado a cuestionarme más al respecto. Nuestras creencias erróneas pueden ser obstáculos o barreras que nos impiden seguir adelante, que nos impiden crecer y evolucionar, que nos impiden adoptar los cambios para avanzar hacia un mejor futuro.

    ¿Qué conocimientos o creencias te has cuestionado con el tiempo? ¿Qué creencias has descubierto que no eran como pensabas? ¿Cómo evitas caer en la trampa de no saber lo que no sabes y no corroborar lo que crees que es cierto? El pensamiento crítico y el pensamiento escéptico son importantes hoy en día ¿los estás cultivando?

  • La mejor empresa

    El otro día impartiendo un seminario en línea, surgió el cuestionamiento sobre que opinaba yo sobre trabajar en una empresa, por ejemplo como la de Elon Musk. Es muy difícil dar una respuesta, pues hay muchos factores en juego.

    Yo tengo una creencia de que «no todas las empresas son para toda la gente y no toda la gente es para todas las empresas.»

    A lo largo de los años he conocido y laborado y colaborado con empresas que recomendaría y otras a las que no recomendaría. Con las que no comulgo, inclusive he dejado de colaborar.

    El detalle está en que el concepto de mejor empresa es un poco subjetivo y puede estar sujeto a la interpretación de cada persona.

    Por un lado, hay cosas «comunes» que podrían integrar a una empresa como «buena para trabajar en ella». Inclusive cada año sale el ranking de las mejores empresas para trabajar y consideran diversos factores como la credibilidad, respeto, imparcialidad, compañerismo y orgullo.

    Otras empresas se ubican como las de mejor calidad, las más innovadoras, las socialmente responsables y demás. Todo ello muy loable y que busca agregar valor a sus colaboradores, clientes, sociedad, accionistas y a la marca misma.

    En mi opinión, lo importante es sí tu encajas en la empresa con tus valores y tu visión de las cosas. La empresa puede tener muchos beneficios, pero simplemente no es para ti.

    Creo que la respuesta a la pregunta de cuál es la mejor empresa tiene que ver más con qué buscas tú. Hay empresas con culturas muy colaborativas, otras ultra competitivas, pero lo que los rankings no toman en cuenta es tu perfil y aspiraciones personales.

    Yo hace muchos años laboré en una empresa que era muy buena y con gran proyección. Aunque tenía una cultura de dar regalos en fin de año a los clientes y no regalos sencillos, grandes regalos. Y a mi me tocó ir a entregar algunos y la verdad no me sentía a gusto con dicha práctica (aunque fuera algo común en el medio).

    En otra ocasión laboré en un grupo con muchas empresas, algunas inclusive premio nacional de calidad. A mi, tras el proceso de selección no me ubicaron en una de las mejores. Y recuerdo que le pregunté a mi reclutador porqué y me respondió: «En las que están bien, ya se hicieron muchas cosas, pero en las que falta por hacer vas a aprender mucho más». Y saben qué, tuvo razón y me quedé en esa empresa a pesar de haber tenido otras oportunidades. Ese espíritu de desarrollo personal me agradó.

    Una vez apoyé como externo a una empresa en la que los dueños no tenían las mejores condiciones para sus colaboradores, la apoyé a mejorar, pero al final, el enfoque de la administración era que tenía «burros» como colaboradores. Lo que se puede hacer como externo es limitado y decidí no continuar colaborando.

    Mi punto al final es que la mejor empresa, es aquella con la que compartes intereses y que además provee oportunidades, desarrollo, crecimiento, pero sobre todo, comparte tus valores personales. Siempre habrá un parámetro de lo que hace «buena a una empresa en lo general», pero en lo específico es otra cosa. Y ciertamente, las empresas deben aspirar a un mínimo de condiciones y bienestar y oportunidades, pero su cultura será siempre única.

    He leído biografías de algunas grandes empresas y grandes gerentes y directores que han logrado grandes cosas, aunque las referencias que hace la gente de lo tortuoso que fue trabajar en ellas no me hace desear estar en algunas. Habrá para quien eso sea atractivo y yo lo respetaría.

    La única persona a la que le puedo decir que empresa podría ser la mejor para trabajar es a mí mismo. Es una decisión y un viaje personal y como en toda relación, aprenderás a valorar muchas cosas y a tolerar muchas más si encuentras que encaja con tu visión, valores y convicción de trabajo. Y en ocasiones tendrás que experimentar dentro de la empresa y darte cuenta si era o no lo que esperabas. No existirá una alineación perfecta nunca, siempre habrá compromisos que hacer, pero en lo general deberá estar alineado con lo que tu buscas y esperas no con lo que los rankings evalúan y proyectan.

    Algunas vez leí un artículo que decía que algunas empresas cuidan y seleccionan con cuidado a sus candidatos, y que los candidatos deberían hacer lo mismo con las empresas. Deberían revisar su trayectoria, sus logros, preguntar sobre su cultura y hacia donde enfocan su futuro antes de aceptar una oferta.

    ¿Cuál ha sido tu experiencia? ¿Qué hace una empresa valiosa para ti? ¿Qué buscas? ¿Qué no te gustaría encontrar? ¿Qué tolerarías? Ponlo en papel y estoy seguro que será más fácil decidir donde quieres estar. Al final, la información ayuda, pero la decisión es totalmente tuya. Y se vale equivocarse.

  • Yo no lo sé todo

    Recuerdo que cuando estudié la universidad había un dicho:

    «Cuando terminas la carrera crees que lo sabes todo, cuando estudias la maestría te das cuenta que no sabes nada y cuando estudias el doctorado te das cuenta que nadie sabe nada.»

    Lo cierto es que muchos años después de egresar y colaborar profesionalmente con muchas empresas sé que yo no lo sé todo. Pero para el caso tú tampoco y de hecho nadie.

    Nos gusta pensar que sabemos mucho, más de lo que realmente sabemos. Son sesgos cognitivos y podemos no darnos cuenta de ello (Por ejemplo, el Efecto Dunnig-Kruger).

    La cuestión es, como en muchas cosas, aceptarlo, podemos trabajar para saber mucho, pero no todo, podemos ser expertos en nuestra especialidad. Aún así, nunca sabremos todo.

    Por qué comento esto, por la razón de que es importante tenerlo en mente a la hora de gestionar y solucionar problemas. Creer que lo sabemos todo nos lleva, invariablemente, a algún tipo de suposición.

    En las novelas de Sherlock Holmes, el protagonista menciona que «suponer predispone el juicio». Taiichi Ohno pedía a su personal «ver el área de trabajo con los ojos del principiante».

    Saber que no lo sabemos todo nos permite estar abiertos a nueva información que puede «retar» nuestro conocimiento previo.

    Saber que no lo sabemos todo nos permite buscar nueva información para corroborar o refutar nuestro punto de vista.

    Saber que no lo sabemos todo nos permite escuchar a otros que pueden poseer un conocimiento diferente al nuestro y de ese modo complementar nuestra visión de un punto en particular.

    Saber que no lo sabemos todo nos permite estar abiertos al aprendizaje continuo, que es, además una condición necesaria para no caer en el exceso de confianza y en la ceguera de taller.

    Saber que no lo sabemos todo puede ser el primer paso para colaborar con otros. Algo muy importante para cualquier mando, gerente, director o empresario.

    Existe una anécdota muy famosa sobre un conflicto entre Henry Ford y un diario norteamericano hace muchos años. En un momento durante el conflicto Henry Ford comenta:

    «Permítame recordarle que en mi escritorio tengo una hilera de botones y que apretando el adecuado puedo llamar en mi auxilio a hombres capaces de responder cualquier pregunta que quiera hacerles en lo que concierne al negocio al que he dedicado casi todos mis esfuerzos. Ahora dígame para qué necesito llenarme la cabeza con conocimientos generales, con el fin de contestar preguntas, cuando dispongo de hombres a mi alrededor que pueden proporcionarme cualquier conocimiento que les pida.»

    Ahora bien, lo anterior no implica que no debemos continuar adquiriendo conocimiento. Debemos hacerlo, pero siempre con la humildad y aceptación de que nunca podremos saberlo todo, pero podemos acercarnos bastante a saber lo que necesitamos saber para tener el mejor desempeño posible en nuestras actividades.

    «Sin embargo, no es imposible que un hombre posea todos los conocimientos que puedan serle útiles en su trabajo, y esto, en mi caso, me he esforzado por hacer.»

    Sherlock Holmes

    ¿Cuál ha sido tu experiencia? Déjame un comentario con tus reflexiones.

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  • ¿Estás bien?

    Sí, en esta ocasión quiero preguntarte, o más bien quiero que reflexiones cómo te sientes. Por que si como gerente no estás bien, es probable que tu área tampoco lo esté.

    Son tiempos complicados, muchos cambios y mucha incertidumbre, muchas decisiones difíciles y eso puede mermar el ánimo de la gente. Y es el gerente quien gestiona el estado de ánimo de su área o unidad de negocio.

    Hace muchos años en un taller de primeros auxilios, el Técnico en Urgencias Médicas, nos planteaba el escenario de un accidente en el que había varias personas lesionadas. Al momento de recobrar conciencia, la pregunta del instructor fue ¿A quién evalúas y atiendes primero?

    Hubo muchas respuestas en base a las lesiones de cada uno de los accidentados. En eso el instructor se volteo con el grupo y nos dijo: «Al primero al que hay que atender es a ustedes mismos. Si ustedes no están bien, no pueden ayudar a nadie más».

    Esas palabras han resonado desde entonces en mi mente y he ido aprendiendo a evaluar cómo me siento yo. Me doy cuenta que cuando no estoy bien, afectó mucho a los demás.

    A lo largo de los años, me ha tocado ver gerentes que no estaban bien consigo mismos y esto se reflejaba en un desempeño deficiente como líder. Así como de sus áreas.

    Saber si estamos bien, puede ser desde un auto examen o auto evaluación hasta la evaluación de un especialista, pero en todo momento, debemos reflexionar cómo estamos.

    Hoy te pido que en una hoja de papel escribas cómo te sientes, que te preocupa, que te inspira, que agradeces. Saca todo lo que tengas adentro en el papel y luego explora y plantea acciones para salir hacia adelante. En un par de semanas, revisa el papel y las acciones tomadas y vuelve a hacer el ejercicio. Y recuerda, sólo si tu estas bien, puedes apoyar a tus colaboradores, a tu área, a tu organización.

  • ¡Siempre adelante!

    Eventualmente llega un momento en el que no estás al 100% y sin embargo es necesario continuar. A todos nos ha pasado, de una forma u otra. En ese momento tenemos dos opciones: darte por vencido o ¡seguir adelante!

    En el mundo del entretenimiento se escucha la frase «el espectáculo debe continuar». No importa que suceda, es necesario seguir adelante. Aunque el actor no esté en su mejor momento, respira y sale a escena, pues es necesario cumplir el compromiso adquirido con sus clientes, sus espectadores.

    Es difícil desarrollar la tenacidad para continuar a pesar de la adversidad. Es probable que en el pasado hayamos pasado situaciones difíciles y las hayamos superado, pero se nos olvida. Así que en esos momentos, no está de más voltear al pasado y recordar momentos en los que a pesar de no estar al 100% pudimos seguir adelante.

    En mi caso personal, puedo recordar las ocasiones que he estado en rehabilitación por una lesión histórica. ¡Hasta 6 meses sin poderme mover al 100%! ¡6 meses de ejercicios diarios! Poco a poco hasta recuperar la movilidad. Honestamente, ese recuerdo hace palidecer muchas situaciones y sentimientos que pueda tener para no seguir adelante.

    La práctica del deporte es uno de los ámbitos que ayuda mucho a forjar esa tenacidad y mentalidad de no darnos por vencido. Ese momento cuando el cuerpo ya no puede y el espíritu nos saca adelante.

    En estos días, después de más de 100 días de cuarentena, además de diferentes eventos en el ámbito laboral, personal y familiar, de repente me levanto sin estar al 100%, pero existe el compromiso. Las reuniones y eventos virtuales de trabajo están comprometidos y hay que sacar las cosas adelante.

    En esos momentos, llegada la hora, simplemente respiro profundo y enciendo la cámara y el audio. Doy los buenos días (o buenas tardes) y ¡el espectáculo debe continuar!

    ¡Siempre adelante sin pensar en la derrota, siempre adelante sin mirar atrás!

    ¿Qué haces en esos momentos que no estás al 100%? ¿Cómo te levantas los ánimos para seguir adelante? Es importante tener una rutina para ello, pues aún en tiempos normales, siempre llega el momento en que a pesar de todo hay que seguir adelante, ¡siempre adelante!