Categoría: Reflexión

  • Señales

    Si vas manejando y llegas a un semáforo, una luz verde te indica que puedes pasar, la amarilla que es momento de parar y la luz roja indica que hay que detenerse. Es una señal a la que estamos acostumbrados. No todos la respetan, pero la mayoría lo hace.

    El tema es que todo el tiempo nosotros y nuestras organizaciones lanzamos señales. El candidato a la empresa y la empresa al candidato, el colaborador a su jefe y el jefe al colaborador, la empresa a los clientes y los clientes a las empresas. Y estas señales son importantes, pueden ser señales intencionales o no, pueden ser señales honestas o no. Al final siempre habrá una señal a la que prestar atención y el reto es aprender a: 1) detectar las señales y 2) diferenciar las honestas de las no honestas.

    Hace muchos años tuve un jefe, el gerente general, el llegaba siempre 5-10 minutos antes de la hora de entrada. Nadie quería llegar después que él. La señal que enviaba era que la hora de entrada había que respetarla. De igual modo, en algún momento, a la hora de la salida, comenzó a recorrer las áreas para ver que todo mundo se fuera a su hora y que nadie se quedará horas adicionales. La señal que enviaba era que la eficiencia y la productividad eran importantes y tenías que sacar tu trabajo en ese período. Su lema era «si no puedes hacer tu trabajo en 8 horas, no puedes con tu trabajo o es trabajo para 2».

    Al finalizar mi carrera, acudí a una entrevista laboral, de hecho éramos varios. Fue en unas oficinas en una zona de muy alto nivel en la CDMX, nos metieron en una enorme sala de juntas a todos, muy bonita y ahí presentamos un examen. Las instalaciones mandaban una señal clara a todos los candidatos. Nos dijeron que nos llamarían en una semana, a mi me hablaron al día siguiente, quiero pensar que yo mandé alguna señal que les agradó. Pasé varias entrevistas y leí muchos folletos, estaba todo bien organizado y planeado. Dijeron que me llamarían. Lo hicieron un año después, querían saber por que se había detenido mi proceso, no supe que contestar, no dependía de mí. Pero cuando al mes no tuve respuesta, esa fue una señal para continuar. Cuando finalmente llamaron ya estaba yo en otro lado. La señal de no llamarme me hizo continuar a otro lugar.

    Las señales están por todos lados, puede ser un símbolo, por ejemplo, un tatuaje, una playera del equipo de fútbol, un uniforme, tu arreglo personal, el tono de voz que usas, la forma de dar la mano. También pueden ser los hábitos, la puntualidad o la falta de ella, el levantarse para saludar, el dar las buenas tardes, el revisar tu trabajo antes de entregarlo, el hacer ejercicio, el llevar un diario. Y pueden ser también historias, las que tu cuentas sobre ti y las que otros cuentan sobre ti. Es probable que cuentes tus historias de éxito que te ponen en un pedestal y tal vez algunas de fracaso que te hacen ver humano y experimentado. Dentro de las empresas, la gente «cuenta historias». Tal vez no las que tu quieres proyectar, pero las que ellas consideran importantes.

    Muchas de estas señales son honestas, representan los que somos, en otras buscamos fingirlas. Hay casos de «influencers» en internet que fingen un estilo de vida que no es suyo. Mandan señales, pero no son honestas. Mucha gente no sabe o puede distinguirlas.

    Pero llevemos esto al ámbito laboral, profesional y empresarial. Hoy se habla mucho de «marca personal» y que uno tiene que desarrollarla. En mi tiempo se llamaba tu «reputación». Pero básicamente es todo lo que hacemos y las señales que mandamos, ya sea estando dispuestos a tomar retos, preparándonos y mostrando el avance de nuestra preparación con «insignias o badges» en LinkedIn o inclusive a través de nuestras publicaciones y presencia en redes sociales. Igual, todo esto puede ser honesto o no. Nuestras señales, nuestra marca personal y nuestra reputación son una tarjeta de presentación que más adelante debemos «validar» con hechos y acciones. Muchas veces los otros podrán decepcionarse de nosotros si no hay congruencia entre la señal y lo que en realidad sucede. Y como decimos, pues «nos quemamos» y luego como dice el dicho «haz fama y échate a dormir» (que sería algo positivo) o «mata un perro y eres mataperros» (que sería lo negativo). Al final serán nuestras acciones las que manden la señal más poderosa.

    Ahora bien, algunas personas se empeñan por pulir su marca o imagen personal o reputación a fin de ser atractivos para ciertos empleadores, inversores y clientes. El reto es hacerlo de manera honesta. Como empresas tenemos que saber leer estas señales y separar «la paja del grano». Esto es, qué es real y que no lo es. Para ello, debemos ser muy observadores, cuestionar adecuadamente en las entrevistas y verificar la reputación y experiencia de la gente. Es muy fácil dejarse llevar por las señales brillantes, pero «no todo lo que brilla es oro».

    De igual manera los profesionistas deben saber leer las señales de las empresas, los videos corporativos y los discursos de contratación pueden ser muy atractivos, aunque las historias que se escuchan en los pasillos y en el medio pueden contar algo muy diferente. Dentro del trabajo igual, cada uno de nosotros, con su actuar cuenta una historia, muestra símbolos y presenta hábitos que mandan señales a los demás. Unos podrán valorarlo, otros podrán aprovecharse.

    Al final, tanto a nivel personal como empresarial debemos de cultivar nuestra imagen, nuestra marca, pero sobre todo nuestra cultura y las señales (las historias, símbolos y rituales) que mostramos ante el mundo y tendrán que ser realmente honestas. Tener claro lo que nosotros valoramos nos puede ayudar a seleccionar a la empresa, clientes, inversores y colaboradores correctos. No todo mundo es para todas las empresas y no todas las empresas son para todo mundo.

    Cada cosa que hacemos habla más fuerte que cualquier palabra, promoción o publicidad. Es importante seleccionar las historias, símbolos y rituales que conforman nuestra cultura y los mandos tenemos un gran papel en ello. Estas señales debemos de vivirlas, no solo pregonarlas, esto a fin de que sean señales auténticas y honestas que atraigan a la gente correcta y que nos permita avanzar en el cumplimiento de nuestro propósito. Si la gente se va de tu empresa o no atraes a la gente correcta pregúntate ¿qué señales estoy mandando al mercado laboral?

    A nivel personal, tenemos que cultivar las señales que valoran aquellos con quienes deseamos colaborar. Siempre y cuando dichas señales no sean contrarias a nuestra propia persona y valores, de lo contrario, serán señales deshonestas y, al final, deberíamos preguntarnos si realmente deseamos colaborar en un lugar cuyas señales son contrarias a nosotros.

    ¿Qué señales estás enviando al mundo?

  • Conocer vs. Aprender

    Resulta que decides entrar a internet, hacer una búsqueda, ver un video, escuchar un podcast, asistir a una plática o tener una charla con amigos, y de repente te das cuenta de algo que no estaba en tu radar. Mueves tu tapete y te hace cuestionar las cosas. ¿Por qué no te habías dado cuenta antes? Simple, porque no sabes lo que no sabes. Eres un incompetente inconsciente, alguien que no sabía que no sabía.

    En este momento crees que «has aprendido algo», pero no, solo has tomado conciencia de las cosas. Ahora has subido de nivel y eres un incompetente consciente, ahora sabes que no sabes. Este es un punto importante, porque mientras no te des cuenta de que no sabes y no desarrolles la necesidad de aprender, te quedarás simplemente en haber tenido una «epifanía existencial». Y sigues sin aprender nada.

    Ahora empieza lo bueno, vuelves a hacer una búsqueda, ver un video, escuchar un podcast y hasta le pides a la inteligencia artificial que te diga una rutina, un tip, un hack o una solución rápida para mejorar. Compras un libro de «hágalo tú mismo», de autoayuda, los 10 pasos para lograr «X o Y» y te inscribes a un curso en línea o presencial. Con todo ello lograrás obtener conocimiento, pero aún no has aprendido nada.

    En el momento en que empiezas a aplicar, ahí empieza el aprendizaje, no termina, inicia. Y es posible que te equivoques, si te das por vencido, no aprendiste nada. Es posible que tengas que practicar mucho. ¿Cuánto? Depende de tus competencias previas, pero en general puede variar desde días hasta meses. En ese camino, el reto es la disciplina de ejecutar una y otra vez, equivocarse, obtener retroalimentación, posiblemente el apoyo de alguien y volver a intentar. Sentirás que no avanzas al principio, luego se vuelve más fácil y rápido, pero por el momento eres torpe y lento. Estás aprendiendo, ahora eres un competente consciente.

    El reto en la etapa anterior es ejecutar diligentemente y de manera correcta. Recuerda, la práctica no hace la perfección, la práctica perfecta hace la perfección. Si practicas mucho tiempo de forma incorrecta, en vez de desarrollar una habilidad y un buen hábito, desarrollarás un mal hábito, una maña. Es posible que se requiera supervisión y seguir algún estándar. Oye, ¿pero puedo crear mi propio método? ¿Puedo hacer mi propio estilo? Sí, si puedes, pero probablemente no en este momento. Eso será cuando domines lo que estás aprendiendo basado en lo que hicieron otros; luego viene la libertad para experimentar e innovar.

    Si continúas practicando, fallando, retroalimentando y reflexionando, sin darte por vencido una y otra vez, lograrás llegar a un estado que llamamos competencia inconsciente. Ahora eres capaz de hacer algo rápido y bien. Detectas tus errores y los corriges. Es en este momento en el que ya has cambiado tu comportamiento de manera relativamente permanente, es cuando podemos decir que has aprendido algo.

    Así que no te engañes, el aprendizaje es experiencia, todo lo demás es información y reflexión. Solo si eres capaz de desarrollar una habilidad y llevarla al nivel de competencia inconsciente, es cuando realmente has aprendido las cosas. No se trata de leer libros, ir a cursos, ver podcast o videos, se trata de APLICAR. Y aplicar correctamente hasta generar competencia.

  • Lo que puedes controlar

    En eventos recientes con especialistas y mandos he notado que, en ocasiones, algunos orbitan a los temas que no pueden controlar. Otros orbitan a los temas que no son como ellos quisieran que sean.

    Ciertamente, es posible influir en algunos de estos puntos, para ello se necesita mucho conocimiento, sobre todo del comportamiento humano que es donde veo más preocupaciones, quejas y reclamos. Es muy difícil entender lo que no conoces y mucho más cambiarlo si no cuentas con los fundamentos y herramientas para hacerlo. Antes que frustrarnos, está en nuestra manos el aprender sobre el tema. Lo más simple, comprar un libro, ver un video, asistir a una conferencia, e inclusive, buscar un especialista en el tema. Pero el tema es que hay que hacer algo, el tema es que es posible hacer algo.

    Sin embargo, existen cosas que están totalmente fuera de tu control, porque son externas a tu organización o muy elevadas en la jerarquía de la empresa. Entonces, no queda mucho que hacer, aunque en el segundo caso puedes mejorar tus habilidades de influencia y persuasión. Aún así, no hay garantías.

    El tema que me inquieta, es ver a la gente preocuparse por las cosas que realmente no pueden controlar. En ese caso no hay nada que puedas hacer, entonces ¿para que preocuparse? ¿Preocuparse cambia algo si no puedes hacer algo al respecto? En mi experiencia no. Y créeme, yo se de preocupaciones sobre cosas que no puedo controlar, y todavía peor, de aquellas que solo existen en mi mente. Pero lo he ido superando.

    Algunas vez me comentaron que no se trata de conformarse con la realidad, sino de cambiarla. De acuerdo, pero para mi no es conformismo o «derrotismo», es aceptación. Una vez que aceptas las cosas como son, puedes encontrar las cosas en las que sí puedes influir y a partir de ahí tomar acciones para generar cambios. Sin embargo, enfrascarte en un lamento o recriminación sobre aquello que no tienes ninguna influencia, en mi experiencia, es un caso perdido.

    Entonces, hay que separar las cosas en las que sí podemos influir, las cosas en las que podemos influir parcialmente y las cosas en las que no podemos influir o controlar. Y como bien sabemos, el arte está en adquirir la experiencia para diferenciar las tres.

    ¿Te ha pasado?

  • Suposiciones y hechos

    Nuestro cerebro es flojo, busca el menor esfuerzo para obtener la explicación más lógica, aunque no sea cierta.

    La suposiciones son divertidas, rápidas y tienen cierta lógica. Sacar suposiciones mediante sentido común es muy entretenido.

    Los hechos son aburridos, trabajosos y lentos de ser recopilados. Es un trabajo sistemático sacar sentido de los mismos.

    Ante un problema, generalmente, tendemos a sacar conclusiones, culpables y explicaciones mucho antes de tener claridad sobre el problema. Basta con leer algún diario respecto a cualquier tragedia sucedida y no encontraremos muchos hechos, aunque si buenas historias y suposiciones.

    Una buena descripción de hechos requiere de ir a piso y hacer el tedioso trabajo de observar lo sucedido, entrevistar gente, revisar documentos y no es muy entretenido. Al terminar tendríamos algo así:

    El pasado 07/01/23 a las 11:35 se presentó un fallo en el equipo 3 de la línea 2. El equipo era operado por Alfonso que es un operador experimentado con más de 10 años en el puesto. Ha recibido su capacitación constante y no ha doblado turno recientemente. El equipo fue intervenido por mantenimiento a las 9:30 am por parte del técnico Tomás, realizando un ajuste del sistema hidráulico el cual se liberó mediante la fabricación de piezas de prueba que pasaron por metrología con el reporte 1456-2. El equipo se encontraba produciendo la pieza FG-T56 de acuerdo con la orden de trabajo OT-678 la cual se inicio hace 2 días y aún tiene pendiente completarse en un 37%. El material utilizado es el especificado de acuerdo con el plano TG-879 V2 del 01/11/22. Se encontró el certificado de calidad correspondiente de parte del proveedor que muestra todos los parámetros dentro de especificación… y así continúa.

    ¿Quién querría leer eso? Es más divertido decir «¡Otra vez volvió a fallar la línea 2! Seguramente el supervisor Federico está solapando a su gente en sus labores. Ya nos lo habían advertido!» (Anexa cualquier otra «conspiración» sin fundamente común en tu organización o entorno)

    ¡Ese es un encabezado de diario! ¡Es emocional! ¡Tiene un culpable! ¡Cuadra con nuestra experiencia previa! ¡La obtuvimos rápido! ¡Es obvia la causa del problema! ¡Nuestra intuición nos dice que es eso!

    «La paradoja del sentido común, por lo tanto, es que aunque ayuda a darle sentido al mundo, puede activamente socavar nuestra habilidad para entenderlo.» – Duncan Watts

    Es muy difícil sacar conclusiones correctas sin tener claros todos los hechos, esto es, la descripción clara y fundamentada del problema. Si no tenemos todo los hechos, caemos en suposiciones.

    “No dispongo de ningún dato (hecho) todavía – respondió – Es un completo error ponerse a teorizar sin disponer de toda la información, pues predispone el juicio.” – Sherlock Holmes

    Adicionalmente, al no hacer uso de un método sistemático de solución de problemas, somos propensos a padecer diferentes distorsiones cognitivas que vician aún más nuestra percepción y conclusiones sobre las cosas. Estas distorsiones cognitivas están tan integradas en nuestro cerebro que se requiere desarrollar nuevos hábitos para realmente resolver el problema.

    No podemos dejarnos llevar por la primera información que recibimos. Necesitamos profundizar y recabar más información para no caer en suposiciones.

    En tu vida diaria, laboral y profesional ¿te pasa lo mismo? ¿Te dejas ir con la primera suposición? ¿Sucumbes a las historias entretenidas que se cuenta tu mente y la organización o haces el trabajo diligente y «aburrido» para definir y entender un problema?

    El problema, tal vez, es que premiamos las soluciones «rápidas e incorrectas» en lugar de valorar el trabajo diligente de entender y solucionar los problemas para que no vuelvan a ocurrir.

  • ¿Estás listo para ser un profesionista Centauro?

    En 1997 Garry Kasparov, el gran maestro del ajedrez, perdió la partida ante Deep Blue una supercomputadora de IBM que era capaz de evaluar millones de posiciones por segundo.

    Los maestros de ajedrez se preparan durante años para reconocer una serie de patrones y pequeñas combinaciones que pueden ejecutar rápidamente para lograr una ventaja sobre el tablero. Sin embargo, la computadora puede hacer eso mucho mejor y más rápido. La capacidad táctica de la computadora es insuperable.

    Tras la derrota Kasparov tuvo una idea ¿qué pasaría si se utilizara a la computadora junto con un humano?

    A pesar de que las computadoras son veloces calculistas, la estrategia no es lo suyo. Esto dio lugar al primer torneo de «Ajedrez Avanzado» en 1998 en la que participaba un humano junto con una computadora. Unos años más adelante en el primer torneo de «Ajedrez avanzado» un equipo conformado por humanos y computadora derrota a la supercomputadora y programa de ajedrez llamado Hydra.

    Estos equipos de humano-computadora se conocen como Centauros. En ellas el humano complementa las capacidades que la computadora no tiene y viceversa. El resultado, una capacidad más allá de cualquier computadora trabajando por sí misma.

    Seguramente has visto una serie de videos que salen en redes sociales donde muestran como estudiantes de diferentes países usan técnicas diferentes para resolver multiplicaciones y divisiones. En esos videos buscan mostrar cuál es el método más veloz. Sin embargo, el método más veloz es que lo haga una computadora.

    En un video de TED de 2010, Conrad Wolfram, hermano de Stephen Wolfram, el creador de una plataforma llamada Wolfram Alpha, explica que tenemos un problema con la educación en las matemáticas. Es muy tedioso realizar los cálculos de manera manual. Además es irrelevante, la aplicación de las matemáticas en el mundo real tiene que ver con resolver problemas. No con «arrastrar el lápiz» por así decirlo.

    En el video Wolfram argumenta que necesitamos conocer las bases y luego usar la computadora para realizar los cálculos. El argumento es que el uso de la computadora puede potenciar el uso de matemáticas para entender y resolver problemas. Básicamente Wolfram quiere vincular en el salón de clases a los niños (humanos) con la programación (computadora), esto es, generar Centauros.

    Piensa en Tony Stark, está trabajando con Jarvis (inteligencia artificial) y le pregunta ¿qué pasaría si hacemos esto? Jarvis hace lo que sabe hacer cálculos y simulaciones y responde. En base a la respuesta Tony Stark propone una nueva estrategia y Jarvis vuelve a calcular hasta que, finalmente, tras varias iteraciones de interacción entre humano y computadora, llegan a una solución mejorada. Algo que ni la máquina ni el humano podrían haber realizado por si mismos.

    Tony Stark y Jarvis son el ejemplo de un equipo Centauro.

    Cuando yo realicé mi tesis de licenciatura en ingeniería (sí ingeniería y el porqué ando metido en temas de gestión y liderazgo es otra larga historia) mi tema era el uso de «Sistemas computarizados para el análisis de mecanismos». Básicamente era usar programas que realizarían miles o millones de cálculos para determinar esfuerzos y velocidades y aceleraciones. Podría hacerlo a mano, pero es tedioso. «Arrastrar el lápiz en matemáticas no es lo mío.» Me fui por el camino del equipo Centauro.

    Hoy, con esto de la inteligencia artificial estamos en el punto de inflexión de un cambio radical para el ser humano. Podemos defender a capa y espada que lo hecho por los humanos es superior a lo hecho por las máquinas (paradójicamente, las máquinas que nosotros hicimos), sin embargo, creo que es una discusión inútil. Las computadoras pueden hacer cualquier tarea mecánica, repetitiva, de cálculo o identificación de patrones infinitamente más rápido y mejor que cualquiera de nosotros. Y cualquier trabajo que está basado en eso será desplazado en los próximos años.

    Lo que creo que debemos hacer es reconocer que hay cosas que la computadora no puede hacer (al menos no ahora y posiblemente no en un par de cientos de años) y centrarnos en aprender a usar la tecnología de la mano con lo que nosotros sí podemos hacer (estrategia, creatividad, hacer preguntas, plantear hipótesis, etc.). Al hacer esto abrimos la posibilidad a que cada uno haga lo suyo. Abrimos la posibilidad de volvernos un equipo Centauro.

    En tu profesión ¿ya has visualizado que cosas serán desplazadas y que tienes que aprender de la tecnología para usarla de manera efectiva? Aún estamos a tiempo, pero el reloj está corriendo, y lo hace muy rápido.

  • El miedo a la inteligencia artificial

    Hagamos un pequeño experimento, imagina ¿cómo serían tus días sin el dispositivo en el que estás leyendo este artículo?

    ¿Cómo sería tu día? ¿Más o menos fácil? ¿Más o menos productivo? Es probable que en unas cosas sea mejor y en otras no tanto (podrías estar menos informado, pero a la vez podrías estar más activo). Aunque en general, es probable que la vida de todos sea algo mejor. ¿Puedes pensar en algo en lo que el dispositivo que tienes en la mano ha mejorado tu vida?

    En estos días, mis fuentes de noticias e información están inundadas de artículos discutiendo el impacto, negativo generalmente, de la inteligencia artificial en nuestra es vidas, en el arte y demás.

    Y lo que yo percibo en los encabezados, en el cuerpo de los textos y en los comentarios es miedo. Y así tiene que ser, somos una máquina cuyo cerebro está alambrado para la supervivencia. Eso quiere decir que siempre que veamos algo novedoso (algo que desconocemos) o algo que nos afecta (o que parece afectarnos) se disparan nuestras alarmas en automático. Dice Hans Rosling Que nuestro cerebro tiene un apetito por el chisme y las historias dramáticas.

    Son justo esas historias las que nos hace darle sentido a las cosas. Sobre todo a las cosas que no entendemos y que nos generan miedo. Las historias nos ayudan a navegar la incertidumbre aunque nos generen una visión distorsionada de la realidad.

    Hoy criticamos la habilidad de los sistemas de inteligencia artificial para realizar conversaciones o para crear textos o para generar arte. Y hablamos de esto porque desconocemos y porque en el fondo nos da miedo.

    Nos da miedo que la tecnología nos desplace, que nos sustituya, que le quite el toque humano a nuestra existencia.

    Bueno pues ¡sorpresa! La tecnología es el toque humano del Homo sapiens en la tierra. Somos un animal que hace y usa herramientas. Y la inteligencia artificial no es otra cosa más que la herramienta más reciente en una larga lista.

    Yo no veo a nadie quejándose del abrelatas o de los relojes, pero si hubiera habido internet y redes sociales en aquellas época en que surgieron, es probable que fueran altamente criticados.

    En los años 80s tuve acceso a mis primeras computadoras. Y no eran como las de ahora, no había sistema operativo, no había apps. Si querías que la computadora hiciera algo, simplemente tenías que aprender a programar. Escribir el programa, trabajar como loco para corregir los errores, usar el programa, sonreír que funcionó, anotar todo el programa en un papel y luego apagar la computadora y perder el programa, para volver a usarlo tenias que teclear nuevamente el programa (eso antes de la llegada de los casetes y discos de 5 1/2”).

    Mi primer programa fue el clásico “Hello world!”. Pero rápidamente evolucione a querer hacer un programa interactivo. Me preguntaba mi nombre y luego escribía “Hola Luis”. ¡Genial!, pensaba para mi adentros, ahora quería tener una conversación con la máquina. Eso no fue tan sencillo, de hecho la tecnología actual es lo mas cercano a eso. Han pasado muchos años.

    Siempre me ha interesado la tecnología, recuerdo que en casa de mis papás había una enciclopedia llamada “Cómo funciona” que explicaba el funcionamiento de infinidad de inventos, máquinas y tecnologías. Yo devoré esos libros en las tardes lluviosas del Valle de México cuando no podría salir a andar en bicicleta.

    Entender como funciona algo te ayuda a reducir miedos. Yo no tengo miedo de los robots. Yo programé robots, nunca tuve miedo que el robot me desplazara. Yo estaba del lado del mango del sartén y sabía que un robot autónomo era realmente difícil. Sabia las limitantes y los alcances de la tecnología.

    Pregúntate ¿sabes cómo funciona en esencia la inteligencia artificial? Si no puedes responder esto, y las diferencias entre el pensamiento humano y lo que hace y puede hacer la computadora hoy, estás en un estado de incertidumbre, que en automático genera miedo . ¿Pero deberíamos estar temerosos de la inteligencia artificial?

    Una de las grandes alegrías de mi infancia era que saliera la calculadora Maizoro en la caja de cereal. ¡Que gran herramienta!

    Creo que más que preocuparnos de cómo la inteligencia artificial nos va a desplazar, deberíamos preocuparnos de entenderla y aprender a utilizarla. ¿Que grandes novelas podremos escribir con ella? ¿Que grandes textos explicando cosas podremos integrar con ella? ¿Que nuevas corrientes artísticas surgirán con ellas?

    No recuerdo haber leído alguna vez esta historia fue escrita utilizando una máquina de escribir. O está novela fue redactada utilizando una computadora. Este cuadro fue dibujado usando pincel sintético o este cuadro se hizo iluminado con velas. Al final admiramos el resultado. Los métodos cambian, las herramientas también.

    He escuchado múltiples podcast científicos sobre el estado de la inteligencia artificial y duermo totalmente tranquilo sobre si me va a desplazar o no. Mi preocupación es organizarme y darme tiempo para conocer más al respecto y aprender a usar la herramienta llamada Inteligencia Artificial.

    Un mundo sin tecnología es un mundo sin humanos. Hoy tu vida sería peor sin la energía eléctrica, los medios de comunicación, los avances médicos, los satélites y demás (y antes de que me lo digan sí, estaríamos también sin contaminación, pero con esperanza de vida de 25 años, polio y lepra).

    Un ejercicio final, piensa que tu miedo más grande, el que la inteligencia artificial progresé, ya sucedió. ¿Cómo son tus días? ¿Cómo cambió tu vida, el arte y demás? A qué le temes ahora en ese futuro. A la mejor simplemente estás emocionado de que te salga algo en la caja de cereal. Seguramente habrá otra novedad, la cual desconocerás y te generará miedo y el ciclo se repite.

    La verdadera inquietud es cómo te estás preparando para los nuevos avances, las nuevas tecnologías, las nuevas herramientas. A lo mejor tú vas a ser la persona que inicie la normatividad sobre el uso de modificación genética en humanos, a lo mejor tú vas a ser quien encauce el uso de la inteligencia artificial para controlar el problema de la contaminación del aire y el calentamiento global, a la mejor tú vas a ser quien enfoque el desarrollo robótico para erradicar de una vez por todas la esclavitud “disfrazada” de millones de trabajos repetitivos. A la mejor tú vas a ser el Hemingway, el Shakespeare, el Miguel Ángel o el DaVinci que utilizará la nueva herramienta para crear el género artístico que dominará los siguientes 100 años.

    «Hemos organizado una sociedad basada en la ciencia y la tecnología, en la que nadie entiende nada de ciencia y tecnología. Y esta mezcla combustible de ignorancia y poder, tarde o temprano, nos va a estallar en la cara.» – Carl Sagan

  • Percepción obsoleta de las cosas

    Leyendo el libro Factfulness de Hans Rosling el argumenta que tenemos una visión distorsionada de la situación actual del mundo.

    Al inicio del libro realiza un pequeño test de 13 preguntas sobre diferentes aspectos relacionados como la salud y riqueza en el mundo. Él menciona que invariablemente, donde aplique las preguntas, en cualquier país, en cualquier nivel socio económico y cultural, los resultados son los mismos. La gente en promedio solo saca 2 de 13 preguntas correctamente (yo saqué 3 bien).

    Rosling argumenta que hay un cierto nivel de ignorancia sobre la situación en el mundo y es un problema sistemático. Lo cual es grave si eres político, generador de políticas públicas o inclusive un empresario. Tus decisiones están basadas en una percepción errónea del mundo. Parte del argumento es que nosotros, pues no conocemos todo el mundo y pensamos que, en general, es cómo nos ha tocado vivir a nosotros en nuestro lugar de residencia (de ahí que viajar ilustra, pues nos abre la mente y ajusta nuestra percepción de las cosas a algo más realista). Otra parte del argumento tiene que ver con el hecho de que la mayoría de nosotros tiene una visión general del estado del mundo según lo que nos enseñaron nuestros maestros de cómo ellos percibían el mundo.

    De lo anterior resulta que muchos de nosotros tenemos una visión del mundo tal vez 15-20 años obsoleta. Las cosas ya cambiaron. Esto me recordó las palabras de Peter Drucker, el guru de la administración contemporánea sobre «el futuro que ya sucedió». Y sí, de acuerdo con los datos que muestra Rosling, extraídos De fuentes de información confiables a nivel mundial, estamos mucho mejor de lo que pensamos.

    Todo esto me dejó pensando, ¿cuánto de lo que nosotros creemos sobre cómo debe ser la gestión de empresas, el liderazgo, la motivación de la gente, los procesos de aprendizaje en adultos y demás que afectan nuestra vida diaria está basado en conocimiento obsoleto?

    A lo largo de los años he ido aprendido que cosas que a mí me enseñaron en donde trabajé, en los primeros años recién salí de la carrera, ya no está vigente. He descubierto que cosas que nos enseñaron de pequeños como la pirámide de los alimentos, está obsoleta. Inclusive he encontrado información muy interesante que dice los cursos y capacitación no son lo más importante para lograr que la gente haga bien las cosas en las empresas. Y sin embargo, lo anterior es un conocimiento prevalente dentro del medio. Capacita, capacita, capacita, pero no va 100% por ahí.

    Ciertamente, los fundamentos que no cambian tan seguido y la historia de las cosas es importante, para tener principios fuertes y no cometer los mismos errores. Sin embargo, si no actualizamos nuestro conocimiento a lo que sucede realmente hoy, podemos tener una sería distorsión sobre cómo son las cosas.

    Por ello me gusta leer, tanto libros históricos como actuales, tanto libros académicos como los escritos por los practicantes de los temas en las empresas. También me gusta escuchar a los practicantes actuales de diferentes disciplinas para ver cómo ya las cosas cambiaron. Estoy convencido, que no hay nada más importante que cuestionar nuestro conocimiento y adoptar los mecanismos de actualización de los mismos para evitar quedarnos atrapados en el pasado y que ello nos lleve a tomar decisiones basadas en información obsoleta sobre cuestiones actuales.

  • ¿Trabajaría para Elon Musk?

    «Como trabajador de confianza tienes horario de entrada, pero no tienes horario de salida».

    Esas fueron las palabras que recibí al firmar mi contrato para trabajar en una empresa hace muchos, muchos años. ¿Por qué lo hice? Por qué sí, estaba saliendo de la universidad, no tenía compromisos y quería trabajar. Así que dije «Entendido y firmé».

    Leí hace un rato una nota en la que Forbes reportaba que varios empleados de Twitter habían compartido fotos y comentarios al respecto de que Elon Musk había instalado precarios dormitorios en las salas de juntas para que pasen la noche ahí mientras arreglan el «entuerto» en el que se metieron.

    Con lo anterior, y desde la compra de Twitter, ha habido muchos comentarios y críticas, a favor y en contra, sobre los modos de Musk para manejar su empresa (y sus otras empresas). Bajo los cánones de un lugar de trabajo justo y adecuado (piensen en la NOM-035 de México, ESR y similares) pues eso es totalmente intolerable. ¿Es malo? ¿Es común? Hay muchas opiniones. Los trabajadores dicen que no es bueno, los empresarios dicen que sí, que solo así se logran las cosas.

    A mí lo que me viene a la mente al leer el caso de Musk es un libro de 1993 llamado El Perfil de los Genios: 13 personas creativas que cambiaron al mundo, de Gene Landrum.

    En el libro Landrum analiza el caso de la gente que ha hecho cosas fuera de lo común y marca varias características de estas personas, entre ellas hay varias que son una foto clara de Musk: Una ética del trabajo más allá de la necesidad económica, el exhibicionismo carismático y vidas audaces.

    En el texto Landrum refiere que Edison (sí el de los focos) trabajó 18 horas al día hasta los 75 años. Y viene una cita «Edison nunca pudo entender lo limitado de las fuerzas de otras personas porque su propia resistencia, física y mental, parecía no tener límite».

    Más adelante viene la descripción de lo que podría ser el Musk de 2022: En una ocasión (Edison) se encerró con sus empleados en una «prisión laboratorio» durante sesenta horas sin comida ni agua hasta haber resuelto un problema difícil».

    Respecto al exhibicionismo carismático el texto de Landrum refiere que «Edison tenía un entusiasmo infeccioso irreprimible. Se valía de la prensa para obtener la credibilidad instantánea y la comunicación de sus proyectos…Su poder para fascinar al mundo como el gran inventor que resolvía problemas tecnológicos era verdaderamente carismático. El público corría a sus laboratorios para echar ojeada al «mago» en el trabajo». Si cambiamos Edison por Musk bien podría ser nota de hace unos días.

    En el tema de las vidas audaces, Landrum escribe que «La filosofía de Edison era «o corres el riesgo de fabricar el producto o no sobrevives para ver florecer el producto». (Edison) arriesgó la totalidad de su fortuna y se encontró en bancarrota después de muchos años de éxito creador, basado en la fe en sus productos, a los cincuenta cinco. ¿Le pasará eso a Musk? El tiempo dirá.

    Más adelante Landrum comenta que «(los visionarios) han desafiado la mayoría de los convencionalismos y a la autoridad y han usado a los expertos únicamente para obtener información mientras se convertían en sus propios expertos. Ignoraron el «establishment» (status quo) y marcharon al son de su tambor sin importar el precio que hubieran de pagar por su rebeldía».

    Así que ¿es Musk único?, pues sí, aunque es parte de una larga línea de personajes que han actuado similarmente. Diferente a la mayoría, pero muy similar a los «de su tipo». El libro que comento explora a personajes como Ted Turner, Solomon Price, Akio Morita, Soichiro Honda, William Lear, Bill Gates, Steve Jobs, Nolan Bushenll, Howard Head y otros más. ¿No los conoces? Búscalos en Google para que veas qué hicieron.

    ¿Trabajaría yo para Musk? No lo sé, tal vez no en estos momentos, a esta edad (ya a veces me quedo dormido leyendo y viendo la televisión), pero a mis 24, pues yo firmé que no tenía horario de salida. Aprendí mucho. Ya no estoy ahí.

    Musk y los de «su especie» son necesarios para crear el cambio, así como todos los demás somos necesarios para mantenerlo y consumirlo. Ni uno es más, ni otro es menos. Y yo creo que mientras no caigamos en «maltratos extremos» cada quien escoge dónde quiere trabajar.

    Al final como yo le digo a mis clientes «No todas las personas son para todas las empresas, ni todas las empresas son para todas las personas» y como escuché una vez en un congreso a un panelista responderle a un miembro de la audiencia «Si no puedes cambiar a tu jefe, es simple, cambia de jefe» (en el contexto de cámbiate de empresa).

  • 19 de noviembre

    Hace unos 28 años (1994), íbamos de regreso a la CDMX tras haber asistido a la boda de un amigo. Un amigo y su hermana irían en los asientos delanteros, él conducía el auto. Los otros tres nos sorteamos los lugares en el asiento de atrás. A mí me tocó en medio.

    Salimos como a las 18:30. Unos 20 minutos tras pasar la primer caseta ya estaba oscuro, de repente, los faros del auto iluminaron una enorme masa peluda. Un enorme toro negro de unos 400 kg yacía muerto sobre el asfalto oscuro en la carretera de paga. Nunca lo vimos hasta que…todo dio vueltas violentamente y el auto se detuvo impactando del otro lado de la carretera.

    El auto fue pérdida total. Todos sobrevivimos. Esta no es una historia sobre la suerte o la providencia, esta es una historia sobre hábitos, tenacidad y mentalidad.

    Cuando me salió el sorteo de ir en el medio del asiento trasero, hice algo de lo cual yo tenía convicción y hábito. Me puse el cinturón sencillo, ese de solo la cadera. Todos los demás abordaron y también se pusieron los cinturones, tanto los de adelante, como los de atrás. Ese HÁBITO fue algo que hizo que todos sobreviviéramos. En mi caso si no hubiera traído el cinturón, sentado atrás, habría salido disparado por el parabrisas.

    Tras el accidente hubo atención médica, yo regresé a la CDMX y estuve cerca de 3-4 meses con fuertes dolores y una lesión en el cuello. Al no traer cinturón completo que sujeta el hombro, el cinturón lastimó mi torso. Según el médico, si no hubiera tenido el HÁBITO de ejercitarme, me habría partido a la mitad.

    14 años después, en el año 2008, un episodio de estrés detonó una contractura muscular desde el cuello hasta la espalda baja. El dolo me tiró al piso. Me inyectaron cortisona, el cuarto dio vueltas por 2 días. Al tercero el médico me revisó y me dio el parte. Mi lesión del cuello por el accidente estuvo mal tratada y se le sumó una afectación congénita en las vertebras bajas de la espalda. La cosa era simple, tenía que llevar a cabo una rutina diaria de fortalecimiento y rehabilitación de espalda y cuello durante 6 meses, sin fallar un día o tendrían que hacerme cirugía de columna en la espalda.

    Más allá del dolor, era muy complicado pararme, sentarme y más acostarme para hacer los ejercicios en el piso. Durante mi juventud, entré diversas disciplinas deportivas que me dieron una MENTALIDAD de seguir adelante. No iba a darme por vencido. En la práctica del deporte un entrenador nos dijo una vez:

    Que se diga de ustedes que el único día que no pudieron hacer algo fue el día que estaban muertos.

    Asimismo, el practicar ejercicio por años, me había desarrollado la TENACIDAD del entrenamiento diario, aunque estuviera cansado, adolorido, con ampollas o lo que fuera, regresaba a entrenar. No era nada nuevo para mí.

    Esa forma de pensar se integró fuertemente en mi forma de ser. Seguí mi rutina al pie de la letra por 6 meses, logré recuperar y evitar la cirugía. Sin embargo, a lo largo de los siguientes años (2008-2014), continuamente tenía episodios menores de estrés y de contractura en la espalda. Ya sabía que venían pues sentía la tensión en el cuello. Esa tensión degeneró en un problema en los nervios del brazo, lo que me llevó a no poder cargar cosas y un dolor crónico en los codos. Nuevamente a rehabilitación, meses para poder recuperar la funcionalidad en ambos codos.

    Pero el estrés no se acaba, es parte del día a día, es parte de nuestra condición humana y laboral. Lo que tenía que hacer era cambiar mi mentalidad hacia ciertas partes del trabajo y adoptar nuevos hábitos. Hace 7 años (2015) comencé a llevar un diario para desfogar los pensamientos que me atormentan, muchas veces ficticiamente. Leí sobre meditación, conseguí un audiolibro, comencé a practicar, al principio, poco e inconsistentemente.

    Previo a la pandemia había dejado un poco el ejercicio (2019), subido de peso y dejado la meditación. La pandemia no ayudo con el tema del estrés por la situación laboral incierta y todo lo asociado a este evento mundial. Así que tomé una decisión de hacer rutinas cortas de ejercicio-meditación-escritura. Poco a poco, la práctica se volvió en HÁBITO. ¿Y funciona? ¡Claro que funciona!

    Estoy a punto de cumplir 3 años completos sin ningún incidente de contractura y el dolor de los brazos y codos prácticamente ha desaparecido. No ha habido grandes hazañas solo pequeños HÁBITOS constantes y continuos a lo largo de muchos meses. Bajé de peso más de 10 kg, hago mis ejercicios y meditaciones al menos 4-5 días por semana.

    Muchas veces queremos cambios drásticos e inmediatos, pero mucho de lo que lograremos en lo profesional y en lo personal es resultado de una correcta MENTALIDAD, de una gran TENACIDAD y la formación de HÁBITOS. El reto tal vez es no esperar a un evento catastrófico para hacer lo necesario, aunque a veces la motivación de la adversidad es lo que necesitamos para ejecutar.

  • 3 razones por las que deberías leer más libros en un entorno tecnológicamente cambiante

    «El momento de leer libros ya pasó de moda».

    Esta fue una frase que apareció en mi muro de LinkedIn por un amigo y cliente que ahora se enfoca en temas de marketing digital e innovación empresarial. Él comenta que para cuando sale un libro en esos temas probablemente ya el contenido está obsoleto. Sin embargo, creo que no debemos estigmatizar a la lectura por una situación así.

    ¡A mí me encantan los libros! (De hecho tengo varios junto a mí en este momento).

    Tengo más de 400 en mi librero personal, pero no quiero que eso influya sobre los puntos que voy a comentar.

    Ciertamente, el conocimiento y sobre todo la tecnología se amplían y cambian constantemente. Más de lo que nosotros podemos asimilar y procesar en el día a día. A lo largo de los años, me he dado cuenta que muchas innovaciones descansan sobre fundamentos y temas que tienen bastante tiempo rondando la escena.

    De ahí surgen las tres razones por las que considero que debemos continuar leyendo a pesar de todo.

    Los fundamentos no cambian tan rápido como las herramientas

    Hoy estamos llenos de aplicaciones para el manejo personal del tiempo.

    Estas aplicaciones permiten llevar agendas, listas de pendientes, planes de trabajo de manera individual y en equipo. Además nos permiten establecer prioridades y tener una visibilidad completa de todo lo que está por hacerse. Dichas aplicaciones están vinculadas a la nube y podemos consultarlas de manera sincronizada en todos nuestros dispositivos electrónicos.

    Todo esto es una innovación tecnológica que nos ha liberado de tener que cargar con agendas, listas y calendarios en papel.

    ¡Seguramente mañana saldrá una aplicación nueva!

    ¿Por eso dejaríamos de leer recomendaciones sobre el manejo personal del tiempo? Ciertamente no, al menos yo no lo haría pues los fundamentos del manejo de dichas técnicas está perfectamente documentado. Las buenas prácticas se mantienen a pesar de que las herramientas para su aplicación han cambiando.

    Hoy muchas aplicaciones se promueven a ellas mismas utilizando tableros «kanban» para tener un panorama visual de las actividades y pendientes, aunque esa es una técnica de los 60s y 70s.

    Separar la herramienta del conocimiento

    Aunque hoy tuviéramos un libro que describa una herramienta que ya está obsoleta, explica también algún tipo de conocimiento y experiencia relacionada.

    Tengo varios libros sobre cómo hacer cálculos de negocio y estadística en Excel. Las versiones de Excel sobre las cuáles se escribieron ya están obsoletas. El Excel actual tiene nuevas herramientas y funciones.

    Sin embargo, la explicación de las técnicas de negocio y estadística siguen siendo vigentes.

    ¡Solo cambio la herramienta!, por ello aún utilizo esos libros como referencia de los temas fundamentales (negocios y estadística).

    Los libros son una puerta al pensamiento de sus autores

    Los libros son una excelente forma de entrar en la mente y los pensamientos de sus autores.

    Si los autores de un libro en particular describen una tecnología que en su tiempo fue vigente, en esos libros podemos encontrar la lógica y justificación que siguieron para desarrollar dicha tecnología. Si estamos en el negocio de la innovación y el desarrollo, podemos beneficiarnos de entender lo que hicieron y usarlo para nuestros propios desarrollos. Hay libros buenos y malos, aún así podemos extraer la esencia de los mismos con una lectura diligente.

    En el desarrollo de nuevos productos y servicios hablamos de las lecciones aprendidas.

    Esos libros de «tecnologías obsoletas» están llenos de esas lecciones, que bien entendidas, podemos aplicarlas a nuestros propios desarrollos para mejorar y evitar errores pasados.

    En conclusión

    Sí, la tecnología cambia a un paso apabullante.

    Sin embargo, los libros, la palabra escrita, es aún la forma por excelencia en que resguardamos y transmitimos el conocimiento. Tal vez, algún día, no muy lejano, encontremos una forma mejor e innovadora de hacer eso. Por el momento, es lo mejor que tenemos.

    Aprender de nuevas tecnologías en base a libros, tal vez sea desplazado por publicaciones en línea y blogs.

    Tal vez, esperar a que los libros se publiquen tradicionalmente es muy lento y lo que necesitamos es una forma más rápida de publicar libros.

  • Anécdota de un simulacro

    El día domingo, 19 de septiembre, es el aniversario del terremoto del 1985 y de 2017 en la Ciudad de México. Con motivo de ello, diferentes ciudades del país realizan simulacros en el marco del aniversario.

    Mi esposa y yo nos encontrábamos en una tienda en nuestra ciudad cuando de repente iniciaron el simulacro, las alarmas de evacuación comenzaron a sonar. Estábamos cerca de una salida de emergencia y el personal de seguridad nos dirigió a la salida a la vez que nos indicaba que era un simulacro. En el marco de ello, como persona observadora, me dedique a ver que sucedía:

    • Los clientes se quedaron justo a fuera de la puerta e iban saliendo más y más personas.
    • Yo y mi esposa nos colocamos bajo la sombra de un árbol, dado que era medio día y el sol pegaba muy fuerte. Aún así había yo notado la marca del punto de reunión en el centro del estacionamiento. Sabiendo que era simulacro decidí esperar a ver lo que nos indicaban.
    • Ya habían salido unas 10-15 personas cuando uno de los colaboradores, el que estaba a cargo de la evacuación de la zona, les pidió a todos los presentes, clientes y colaboradores, que se dirigieran al punto de reunión. Aunque ya había transcurrido más de un par de minutos.
    • En el punto de reunión, el brigadista a cargo llevaba un chaleco, radio y una tabla donde anotar. Comenzó a organizar a sus compañeros y los formó y noté que realizó unas marcas de palitos en su hoja en blanco para indicar cuántas personas había. No realizó indicaciones para los clientes en la misma zona de reunión.
    • Pasaron los minutos y noté que los colaboradores hablan entre ellos comentando y preguntándose qué seguía y quién debía de dar las instrucciones. Hubo historias diferentes.
    • Pasados unos minutos por el radio se escuchó a otra persona preguntar a cada brigadista la situación en su zona, preguntando el número de personas, cuántos clientes y cuántos colaboradores.
    • Una vez concluida la verificación vía radio, nos dieron la instrucción de que podíamos regresar.

    Mientras ocurría el evento, recordé como hacía mas de 20 años, en una empresa en la que trabajé, por ser gerente, yo tenía la responsabilidad de evacuar una zona de la empresa y comencé a recordar ciertos puntos y similitudes con lo que sucedía. Sin embargo, también noté algunas áreas de oportunidad que vale la pena comentar:

    • Como en mis épocas, había un brigadista designado con el radio, tabla y demás aditamentos. Sin embargo, noté que el que yo estaba observando no era la persona que llevaba el liderazgo del grupo. Se mantuvo atrás del grupo en silencio. Mi percepción es que un brigadista debe tomar el control de su zona y hablar fuerte y claro al grupo.
    • En mi época nos daban una lista impresa con los nombres de las personas en nuestra zona, ahí marcábamos quienes estaban presentes y quienes no y luego se cotejaba con otros si estaban en otra área. Eso no sucedió aquí, solo el número de personas.
    • En mi época la hoja indicaba algunos pasos a seguir, en este caso era una hoja en blanco, creo que un poco de ayuda a recordar los pasos, en eventos que no son del día a día es conveniente.
    • Mientras esperábamos, el radio del brigadista hizo un pitido y emitió un mensaje en inglés «Please Recharge Battery» (Por favor recargue la batería). Eso llamó mucho mi atención, pues uno de los puntos clave en estas situaciones es que todo el equipo esté en perfectas condiciones y previamente verificado. Si era un radio dedicado con más razón y si era el radio de uso diario, al inicio del turno deberían haberse entregado cargados.
    • El tiempo de salida y organización, a mi gusto y parecer fue largo, pero transcurrió sin novedad. Posiblemente, mas entrenamiento y práctica ayudarán a mejorar los tiempos.
    • Cuando se hizo el paso de lista, noté que la gente en ambos lados del radio, no articulaba claramente al hablar en él mismo, por lo que en múltiples ocasiones fue necesario aclarar y repetir el número de participantes en cada lugar.

    Mis reflexiones sobre este tipo de eventos son:

    • Es importante contar con un estándar o procedimiento y darlo a conocer periódicamente al personal para que todos tengan presente qué es lo que debe suceder.
    • Es igualmente importante que el brigadista a cargo se seleccione como una persona con un claro liderazgo
    • Un radio, al igual que un micrófono, requiere de entrenamiento para su uso en relación a la distancia que se debe poner respecto de la boca y como hablar para que se entienda con claridad. Son puntos triviales que pueden significar mucho en una situación de emergencia.
    • Como en cualquier operación crítica, el contar con programas de mantenimiento y en este caso de verificación de la carga de las baterías es fundamental. Tanto para la operación diaria y aún mas para una situación de emergencia. Los procedimientos para esta revisión y la verificación de la vida de las baterías es un punto de mejora.

    Como todo aprendizaje, hay espacio para la mejora. Confío en que el líder de seguridad haya cronometrado los tiempos, tomado nota de diferentes aspectos y que haya una reflexión posterior con fines de mejora y que no quede solo como un ejercicio anual. Se requieren más eventos de simulacro para generar una respuesta efectiva de parte del personal, y más si existen personas ajenas a la organización.

    Al final, un reconocimiento al establecimiento, pues el resto de los establecimientos en la zona, no realizaron ningún tipo de ejercicio similar.

    Un simulacro es un mecanismo de aprendizaje y entrenamiento y como tal, su diseño, implementación y mejora son de mucha importancia y utilidad en las organizaciones. No está de más decir que el uso de los simulacros no se limita a situaciones de emergencia y es posible utilizarlos de manera efectiva en el entrenamiento en piso en el día a día.

    Un simulacro, para un gerente, es un excelente momento para realizar y practicar la observación de lo que sucede. No es el único momento, debería hacerlo también en el día a día. Pero estos eventos, por su naturaleza, son situaciones para mucha aprendizaje y reflexión.

    ¿Te tocó estar en un simulacro? ¿Observaste? ¿Qué observaste? La habilidad de observación, fundamental para un mando, se realiza dentro y fuera de la empresa.

  • Mirando hacia delante

    La semana pasada completé 200 publicaciones desde que inicié el blog a finales de 2018. Asimismo, en unos meses alcanzará los 3 años de vida.

    Este pequeño parteaguas es un buen momento para AGRADECER a todos los que en algún momento se han tomado aunque sea un minuto para leer, compartir y comentar sobre las diferentes publicaciones.

    Mi intención desde el principio ha sido compartir experiencias, conceptos, conocimiento, anécdotas y reflexiones acumuladas a lo largo de más de 25 años de trayectoria profesional.

    Con el paso del tiempo, la audiencia ha ido creciendo y evolucionando y considero importante revisar el enfoque del blog, así como de sus publicaciones.

    Inicialmente consideré tres temáticas:

    • Gestión de Calidad y de Procesos
    • Entrenamiento y Aprendizaje
    • Pensamiento y Toma de Decisiones

    Revisando el blog, los temas comenzaron a girar sobre la actividad gerencial y sobre la gestión de procesos, así como reflexiones diversas.

    En estos momentos, revisando mis actividades, clientes, perspectivas e intereses hacia adelante quiero enfocar las cosas hacia el concepto de la Calidad y Excelencia Organizacional. Ya les iré comentando al respecto, y dentro de dicho tema, pretendo abarcar 4 bloques:

    • El enfoque de negocio
    • La gestión de procesos y los sistemas de gestión
    • La gente
    • El ejecutivo efectivo (incluidos los gerentes).

    Todos estos elementos se combinan en una organización y considero importante que cualquier empresario, gerente o ejecutivo los conozca y entienda cómo se relacionan y cómo contribuyen a la generación de resultados.

    Después de 25 años de estudiar el tema de la gestión y de la calidad, me he topado con muchos conceptos, modelos, herramientas, modas y demás al respecto. Todas muy interesantes, pero si yo volteara a ver el ejecutivo y gerente que fui hacemos muchos años, todo ello, en mi opinión, no muestra de forma clara cómo funcionan las cosas

    Mi reto en adelante es mostrar y explicar con la mayor claridad posible, cómo entiendo que esto de la administración funciona y beneficia a todos. En otras palabras, voy a explicar las cosas como me hubiera gustado que me las explicarán a mí y espero que ello se vuelva de utilidad para todos.

    ¿Por qué comparto esto? Porque no solo es para mí, es para todos aquellos que han encontrado en estas palabras alguna claridad, reflexión o información y conocimiento de utilidad. Espero con ello atender lo que he percibido que son los intereses de esta comunidad que ya en redes sociales supera las 1,400 personas y más de 160 suscriptores al blog y boletín.

    Además, es probable que cambie la frecuencia de las publicaciones para realizar escritos mas detallados y profundos de los temas. Ya veré cómo complementarlo además con el podcast.

    Gracias nuevamente por leer, por comentar y por compartir. Espero que este sea la primera de muchas publicaciones más hacia delante.

  • El valor de la intuición

    En algunas lecturas e interacciones, recientes y pasadas, en más de una ocasión me encuentro la sugerencia de confiar en la intuición para la toma de decisiones. Y parece una sugerencia interesante en el sentido de que la respuesta «está dentro de ti».

    Como una persona lógica, he encontrado un conflicto con algunas «muestras de intuición», sobre todo cuando vienen acompañadas de la frase: «Yo creo, que esto es o debe ser». Alguna vez leí por ahí que «la persona que cree es aquella que tiene flojera de pensar«.

    No sé si sea cierto o no, sin embargo, me entra la inquietud de explorar la función y el valor de la intuición.

    Buscando una definición de intuición en internet, aparece lo siguiente:

    • Habilidad para conocer, comprender o percibir algo de manera clara e inmediata, sin la intervención de la razón.
    • Conocimiento, comprensión o percepción inmediata de algo, sin la intervención de la razón.

    Aquí vemos que parte del encanto de la intuición es que no interviene la razón, o como yo lo entiendo, el pensamiento. ¿Es acaso el uso de la intuición una postura floja?

    En Wikipedia encontramos respecto a la intuición que:

    El individuo puede relacionar ese conocimiento o información con experiencias previas, pero por lo general es incapaz de explicar por qué llega a una determinada conclusión o decisión.

    Wikipedia

    Algo interesante de esta última frase es la parte del conocimiento o información con experiencias previas. Y sobre ello quiero construir una reflexión sin caer en una discusión filosófica o psicológica que estaría fuera de mi competencia.

    Una frase que leí hace tiempo, en algún lugar, era que:

    La intuición es experiencia destilada.

    Esta para mí ésta una expresión muy poderosa, y a la vez peligrosa. Tiene que ver con un estado de Competencia Inconsciente. Que es cuando una persona sabe algo, aunque ya no sabe porqué. Es el nivel experto por así decirlo. Sabe tanto desde hace tanto tiempo que se le hace difícil explicarlo. A lo ojos de los demás es capaz de entender y tomar decisiones de manera correcta sin un aparente uso de la razón. Esto dado a que es un proceso esencialmente inconsciente.

    Yo comulgo con este enfoque de la intuición. Si yo tengo mucho conocimiento y experiencia en un tema, y veo algo que está fuera de lugar, rápidamente lo detecto, es algo casi «mágico», aunque en realidad es el resultado de años y años de experiencia. Esa, para mí, es la verdadera intuición.

    Ahora supongamos un escenario, nuestro aprendizaje no estuvo basado en buenos principios, ni en un buen conocimiento, hasta cierto modo fue casualidad y no causalidad lo que vivimos y nos hemos formado una idea errónea de cómo son las cosas. Basarnos solo dicha intuición nos llevaría a, de manera inconsciente, tomar malas decisiones o realizar malos juicios sobre una situación. ¡Y además no podríamos explicarlo! Para mí este es el gran peligro.

    Mi reflexión es que basar nuestra decisiones en la intuición solo es conveniente cuando dicha intuición, que es la experiencia destilada de muchos años y conocimiento, está basada en una buena experiencia y en buen cuerpo de conocimientos. De lo contrario nos ponemos en una situación bastante vulnerable e incómoda.

    La mayoría de nosotros tiene una «sensación» de que algunas cosas no están bien y debemos escuchar a nuestra intuición, aunque no solo para decidir, sino para esforzarnos en conseguir más información y con ella realizar una evaluación más racional de las cosas antes de proceder.

    Si tenemos la certeza (y ¿alguien podría tenerla al 100%?) de que nuestra experiencia está basada en buenos fundamentos, podríamos confiar ciegamente en ella. Yo creo que es mejor desarrollar un pensamiento crítico y combinarlo con nuestra experiencia destilada para contar con un proceso robusto de toma de decisión.

    A mí, si algo no me late, porque mi intuición así lo dice, es solo una señal para buscar información e iniciar el proceso de pensamiento. Y si decido algo, intuitivamente, busca poder conectar las ideas que expliquen por qué lo he decidido así. Exploro el fundamento y el conocimiento subyacente. No quiero ser flojo a la hora de decidir. ¿Cuál es tu reflexión al respecto?

  • Aprendizaje de triple ciclo

    Una forma de ver el aprendizaje consiste en realizar actividades y corregir hasta lograr hacer las cosas bien. El aprendizaje es experimentar y reflexionar sobre lo aprendido. Y ¿si pudiéramos ir más allá? Y ¿si eso es solo el inicio?

    El año pasado me encontré con un concepto llamado el Triple Ciclo, aplicado al aprendizaje.

    Primer ciclo

    Aquí el punto es tomar acciones y luego revisar los resultados. Si las cosas no salen bien de acuerdo a lo establecido, entonces tomamos acciones para corregir.

    Aquí la pregunta fundamental es ¿estamos haciendo bien las cosas? En este punto adoptamos comportamientos.

    Segundo ciclo

    El segundo ciclo es muy interesante pues ahora la pregunta cuestiona al primero.

    Aquí la pregunta fundamental es ¿estamos haciendo las cosas correctas? Nos estamos esforzando por hacer bien las cosas, pero ¿esas son las cosas que deberíamos hacer? Dirían el dicho ¿y si le estamos ladrando al árbol equivocado?

    Este es el punto de la reflexión, el pensamiento y el cuestionamiento.

    Tercer ciclo

    Este nuevo ciclo, cuestiona al segundo ciclo y nos pregunta ¿cómo decido qué es lo correcto? ¿En qué nos basamos para decir que alguna actividad es la correcta y por tanto requerimos hacerla bien? ¿Cuál es el contexto utilizado?

    Este es el punto en que cuestionamos nuestras creencias o marco de actuación.

    La progresión me parece muy interesante. Supongamos que yo tengo un comportamiento que es iniciar el día revisando mis correos.

    • A lo mejor me he dado cuenta que no soy muy bueno en hacerlo. Y he estudiado formas de volverme eficiente en la revisión del correo. Ahora puedo decir que soy una persona que revisa bien el correo.
    • Pensando un poco las cosas, yo podría preguntarme si revisar el correo es lo primero que debería estar haciendo. A lo mejor lo primero es revisar mis pendientes y luego proceder a revisar el correo.
    • Cuestionando más a fondo ¿por qué debería revisar los pendientes? ¿Es acaso buena práctica? ¿Quién dice? ¿Quién me lo dijo? ¿Dónde lo leí o aprendí? ¿Por qué creo que es válido? ¿Existe otra enfoque?

    Este esquema de pensamiento crítico sobre las cosas que hacemos es muy simple y elegante. Tal vez no sea el único ni el mejor, pero en base a él podemos revisar ciertas prácticas o comportamientos y revisar si son aquellos en los que debemos invertir tiempo en mejorar para hacerlo de la mejor manera y más eficiente.

    Teniendo claro nuestro contexto o marco de actuación podemos decidir cuáles son las cosas correctas que debemos hacer para, finalmente, dedicarnos a hacerlas bien. ¿Qué te parece este enfoque?

  • Lo que quiere el jefe

    ¿Te has preguntado alguna vez que es lo que quiere el jefe? ¿Lo que quiere la cabeza de la empresa? Es una pregunta importante a contestarnos para todos los que somos proveedores de empresas. Entender esta pregunta afecta cómo planteamos nuestros productos o servicios hacia las organizaciones (no hacia consumidores finales).

    Recientemente, en un taller que estoy tomando me he encontrado con este punto para reflexionar. A lo largo de 20 años he tratado con múltiples empresas y directivos de las mismas. Aparentemente cada uno quiere algo diferente, así que me he dado el reto de encontrar las coincidencias.

    Lo primero que viene a mi mente es que la alta dirección de una empresa lo que busca son resultados. Dichos resultados pueden ser de varios tipos, entre ellos:

    • Financieros (Utilidades, incremento de ingresos, nivel óptimo de gastos, etc.)
    • De Mercado (Participación de mercado, crecimiento en ventas, lealtad de los clientes, etc.)
    • De Reconocimiento (Certificaciones, premios de la industria, presencia en el medio, etc.)

    Estos resultados se obtienen, esencialmente, a través de la comercialización de productos y servicios. Estos deben de hacerse con calidad, esto es, cumpliendo los requerimientos y necesidades de los clientes de manera consistente.

    Lograr productos y servicios de calidad depende en gran medida de contar con un buen sistema de gestión. Un sistema es el resultado de la interrelación de diferentes procesos (clave, de apoyo, de gestión).

    A su vez, los procesos dependen de cuatro elementos básicos:

    • La gente
    • Las entradas (materiales e información)
    • Los métodos (procedimientos, instructivos, manuales, guías, etc.)
    • La infraestructura (edificios, maquinaria, equipos, etc.)

    Cuando una empresa contrata un servicio o adquiere un producto, lo hace por que percibe que de algún modo va a ayudar a cumplir lo que la alta dirección desea, esto es, influye en los resultados de la organización a través de apoyar, determinar o mejorar:

    • Los productos y servicios propios de la organización,
    • Los sistemas y procesos o sus respectivos componentes.

    Si no podemos vincular nuestros propios productos o servicios con esos resultados no serán atractivos para los clientes y he ahí el reto que tenemos. Nuestros productos y servicios deben de contar una historia que esté alineada con la historia que se cuenta la empresa sobre lo que quiere el jefe.

    Al final, son los directivos quienes establecen las estrategias a través de las cuales desean lograr los resultados. En ocasiones, para lograr esos resultados requieren de proveedores, sus productos y servicios y privilegiarán a aquellos que estén alineados con su visión para apoyar las estrategias que en consecuencia llevan a los resultados deseados.