Categoría: Reflexión

  • Orden y caos

    De joven me gustaba hasta cierto el punto el orden. El orden en ciertos aspectos de mi vida proveía una certidumbre. Al hacer A, sucede B, eso da tranquilidad. Es la la confianza de saber que las cosas sucederán como planeamos. En la gestión, hay una necesidad muy grande de orden para lograr consistencia hacia el futuro en los procesos, productos y servicios.

    El caos es la incertidumbre, lo que no se puede prever, lo que no se puede anticipar y eso genera inquietud. No importa cuánto planees las cosas podrían salir de un modo inesperado. Aún así, el caos y el orden coexisten en un delicada danza que permite la gestión y la innovación, la sistematización y la creatividad. En el fondo, no están peleados, simplemente se complementan. El detalle es entenderlo y aceptarlo.

    Yo me formé en el mundo de la ingeniería y ahí aprendemos a ordenar. A ordenar los pensamientos, a ordenar las ecuaciones, a ordenar las etapas de fabricación, a ordenar los procesos y los sistemas. Esto dado que el orden provee la confianza en el diseño y en la producción de que las cosas saldrán como se espera. Así que por muchos años mi pensamiento estuvo atado al orden.

    Con el tiempo me di cuenta que las cosas no salen siempre como esperamos, a la vez aprendí conceptos como el riesgo y la incertidumbre que es donde reina el caos. Aunque también el caos es parte del proceso creativo, el caos no tiene reglas y en ese mundo surgen las nuevas ideas. Además es necesario aprender a manejar la incertidumbre para avanzar en la mejora continua a través de muchos pequeños ejercicios de ejecución y aprendizaje.

    No es sencillo ni trivial pasar del mundo del orden al mundo del caos. Asimismo, con el tiempo he conocido gente creativa, innovadora y emprendedora que ha aprendido a navegar el caos y que, por otro lado, les cuesta mucho transitar a lado del orden para beneficiar su operación.

    Ni todo el orden es bueno, ni todo el caos tampoco. Como el Ying y el Yang es un balance. Con los años he aprendido a ser más relajado, a no ser tan estricto en el orden y he aprendido a abrazar cada vez más el caos. Un poco de desorden a los que siempre somos ordenados en algunos puntos no mata. Un poco de imperfección es lo que nos hace humanos, pero demasiada tampoco es sana.

    El mundo de la gestión está plagado de técnicas de orden y otras para el manejo de la incertidumbre o inclusive para crear ese caos que lleve a la creatividad y la innovación. Creo que debemos aprender a manejar los dos lados de la moneda, sin estigmatizar al otro lado y aceptando que la incertidumbre y el caos existen, pero dentro de ellos puede coexistir el orden y la certidumbre.

    ¿Te has enfrentado al orden y al caos? ¿Cómo los manejas en tu vida diaria? Al final, creo lo que necesitamos y lo que busco es tener una mentalidad dual que se adapte a las necesidades de la situación, orden y caos, certidumbre e incertidumbre.

  • Creer que puedes

    Durante el desayuno estaba leyendo un libro de Jim Womack sobre el tema de las Caminatas Gemba (gemba es una palabra japonesa que se refiere al lugar del trabajo). El concepto consiste en recorrer la empresa para realmente entender lo que sucede y poder mejorar. Esto está relacionado con una metodología en el cual uno de los retos es eliminar los desperdicios (mudas) que hacen ineficiente la operación.

    El título del tema que leí y que llamó mi atención fue «La peor forma de desperdicio» y, casualmente, no tiene nada que ver con la metodología mencionada y aplica prácticamente a cualquier empresa y persona. Womack narra visitas a empresas en un país subdesarrollado.

    Ahí Womack refiere que en múltiples ocasiones se encontró con empresas que decían que ellas no podían implementar la metodología. Esto aludiendo a la cultura de su país y de su gente. Así como las limitantes que ello plantea para desarrollar una cultura de trabajo sin desperdicios.

    Es ahí donde Womack hace referencia a una frase:

    Ya sea que creas que puedes o que pienses que no puedes. En ambos casos tienes la razón.

    Henry Ford

    Y eso es justamente lo que Womack ha visto en las empresas, lo que yo he visto en otras empresas e inclusive lo que yo he vivido en mi propia persona.

    Pensar que no podemos es uno de nuestros grandes bloqueos mentales. Recientemente escribí sobre las suposiciones esenciales y ponía el caso del elefante de circo, en tiempos de antaño, que desde pequeño se le ata a una estaca y, al crecer, cree que la estaca lo detiene aunque podría vencerla fácilmente.

    En gestión buscamos reconocer signos del «no se puede» en términos de frases como:

    • «Eso aquí no funciona…»
    • «Nuestra forma de ser no lo permite…»
    • «La gente no va a querer…»
    • Y otras más.

    Este pensamiento de creer que no podemos está muy anclado en nuestra psique. Por múltiples razones y algunas muy arraigadas a temas culturales, presiones sociales y eventos de la infancia.

    En mi caso, por ejemplo, cuando era pequeño continuamente me decían que era tímido. Y con el tiempo me lo creí. Años después una persona me dijo que yo no era tímido, sino selectivo. Con los años descubrí el tema de la introversión que no tiene nada que ver con la timidez y entendí que yo soy capaz de mostrarme seguro y hablar con mucha gente, grupos y audiencias grandes sin ningún problema.

    Aún así, creo que aún hay estacas en mi mente que no me han permitido avanzar en ciertos temas. Continuamente busco identificarlas y tratar de vencerlas, aunque no es fácil pues algunas, con el tiempo, se han enterrado bastante. Sin embargo, creo que en el fondo sí puedo. Que sí puedo vencerlas y en eso me enfoco continuamente. Tal vez no avanzo tanto como quisiera, pero avanzo.

    La cuestión es si como profesionista o como mando estás sujeto a estas creencias de que no puedes y las transmites a tu organización creando una cultura de que no se puede.

    Sí podemos, esa es la verdad. Solo tenemos que creerlo. ¿Qué te impide creer que si puedes? ¿Qué te ayudaría a creer que si puedes? No existe metodología que ayude a mejorar si primero no creemos que es posible lograr el cambio.

    Womack cierra su narración contando de una empresa en ese país subdesarrollado en el cual una empresa, a diferencia de otras, sus gerentes creyeron que sí podían y han trabajado por años para lograr lo que otras pensaron que era imposible. Nada de lo que hoy creemos que no se puede va a cambiar de un día para otro. Toma días, semanas, meses y años de dedicación y todo empieza con creer que si podemos.

  • No seas vulgar

    Pregúntate por un momento sobre quiénes son las personas que admiras. Luego pregúntate por qué los admiras y tarde o temprano vas a llegar a la conclusión de que son «diferentes». No son necesariamente iguales a los demás.

    Y son esas características que los hacen ser diferentes lo que nos atrae a ellos y nos hace prestarles atención.

    Si buscas la definición de vulgar en el diccionario puedes encontrar múltiples definiciones, entre ellas:

    Que es de lo que más abunda, que no tiene ningún rasgo o característica original o especial.

    Definición de Vulgar

    La pregunta es, entonces, si queremos ser vulgares o comunes o si buscamos ser únicos y diferentes. Seth Godin, hace años, acuño el término «la vaca púrpura». Mencionando que si viajas por la carretera y ves vacas, no te fijas mucho en ellas, pero si vieras una «vaca púrpura» inmediatamente la notarias.

    Y de eso se trata, de que desarrollemos nuestra propia individualidad, pero no tanto al borde de ser completamente excéntricos, sino de tener algo que nos diferencie de los demás. Y mi argumento se basa sobre todo en hacerlo en el plano profesional.

    ¿Qué te hace diferente o extraordinario ante tus demás compañeros? Una forma de verlo es primero notando esas frases que dicen:

    • Las groserías están bien entre adultos.
    • Los mexicanos son impuntuales.
    • El mexicano es informal.
    • Los ingenieros son cuadrados.
    • Los jefes deben ser duros con sus subalternos.
    • Y todas las demás que se te ocurran.

    Esas frases describen «a la mayoría» de la gente. Al montón, a la gente común, a la gente vulgar. ¿Y que pasa cuando te encuentras a alguien que es diferente? ¿Qué pasa cuando te encuentras a esa vaca púrpura? Pues simplemente la notas. Eso no es gran cosa en sí, simplemente te abre una puerta que ahora puedes aprovechar. Y eso, en el mundo competido de hoy es importante. La pregunta es ¿cómo hacerle para ser diferente a los demás profesionistas? ¿Cómo ser la vaca púrpura?

    Yo desde mi crianza por parte de mis padres me volví muy puntual, raramente llego tarde a una cita o a una sesión de trabajo. Mis clientes inclusive me llaman por teléfono si no he llegado 5 minutos antes de una reunión y me preguntar si todo está bien.

    Así como ese rasgo, yo he ido tejiendo una serie de características en mi persona que me distinguen de los demás. Esas características me convierten en mi propia vaca púrpura que es atractiva para ciertos clientes. Todo esto, al final, integra nuestra marca personal y nuestra reputación. Es importante que dicha marca personal también nos diferencie. Hay muchas cosas que tendremos en común con muchos profesionistas de alto nivel, pero tendrá que haber algunas que nos hagan diferentes.

    • El manejo de excel avanzado para lograr soluciones.
    • La capacidad de ver hacia adelante y anticipar problemas.
    • La insaciable habilidad de aprender continuamente.
    • La capacidad de comunicarse con los clientes y colaboradores.
    • La habilidad de negociar.
    • El amplio entendimiento y uso de la tecnología.
    • La capacidad de explicar ideas.

    Son solo algunas cosas en las que podrías destacar y diferenciarte de los demás. Si yo me pongo a pensar en algunos rasgos que me diferencian estarían:

    • Puntualidad y formalidad en los proyectos.
    • Competencia y conocimiento en gestión y calidad.
    • Capacidad de integrar, explicar y comunicar ideas.
    • Enfoque estratégico.
    • Aprendizaje continuo.
    • Capacidad de interacción nivel directivo y operativo.
    • Confiabilidad y honestidad.
    • Disposición a escuchar y ayudar.
    • No digo groserías.
    • Dibujo, tomo fotografías, practico artes marciales.

    Así que pregúntate ¿qué te hace ser menos vulgar que los demás? ¿Qué te hace ser menos común? ¿Estás listo para ser una vaca púrpura? ¡Anímate y no seas vulgar!

  • Una vuelta más

    Tal vez a ti como a mí, tus papás te metieron a clases extra curriculares cuando eras joven. A mí, en sexto de primaria, mis papás me metieron al proceso de selección para jugar futbol americano. Y solo puede decir que ¡lo odié!

    Sin embargo, como todas las cosas en la vida, no todo es malo, siempre hay cosas buenas y algo que aprender de cada situación que se nos presenta y, este caso, no fue la excepción. Esta situación me dejó uno de lo aprendizajes más grandes en mi vida.

    El entrenamiento de futbol americano no es sencillo. Es duro e intenso y el objetivo es ver que no te quiebres. Entrenábamos hasta el límite, inclusive bajo la lluvia y revolcándonos en el lodo. En ocasiones, al terminar el entrenamiento nos cruzaban a un parque que estaba enfrente de donde entrenábamos y nos decían que teníamos que correr una vuelta alrededor de dicho parque. El recorrido eran largo y ya cansados y a esa edad, era un evento casi eterno.

    Recuerdo que comenzaba a correr y sentía que me quedaba sin aire, cada tramo causaba una pequeña alegría pensando que ya faltaba poco y comenzaba a correr con más intensidad para darme cuenta que aún falta mucho, pero mucho por recorrer. Ya en el tramo final quería desfallecer, pero seguía corriendo. Los entrenadores ubicados en diferentes tramos te impulsaban a seguir.

    Ya cerca de la meta y viendo el punto a dónde había que llegar, comenzaba a dar lo mejor de día, solo para que al llegar el entrenador y verlo agitar las manos señalando que siguiera al tiempo que gritaba:

    –¡Otra vuelta más! ¡Otra vuelta!

    Recuerdo que lo miraba y él solo movía los brazos señalando que había que darle ¡otra vez! La verdad ¡yo me quería morir! al tiempo que comenzaba, lleno de incredulidad, a correr nuevamente, no había de otra. Faltaba tanto ¡otra vez!

    Después de un rato dejas de pensar, solo corres, un paso, otro paso, y otro más. Te concentras en la respiración y sigues corriendo. Hasta de que después de mucho y queriendo haber renunciado a lo largo del camino, logras visualizar nuevamente la meta. ¡El último esfuerzo piensas! Cuando finalmente llegas, es una sensación de logro mezclado con una sensación de agotamiento y pensamiento de que no quieres volver a pasar lo mismo otra vez.

    Este evento se repitió varias veces durante el tiempo que estuve inscrito en el proceso de selección. En una ocasión, nos cruzaron al parque y ¡comenzó la tortura! Obviamente, con el paso del tiempo teníamos mejor condición, pero aún así, para mí era una vuelta eterna y tormentosa. Esta situación no me generaba ninguna sensación de alivio terminarla como he visto que sucede con los corredores de maratón, no había opción, había que hacer el ejercicio.Tan profundo se volvió el sentimiento que es la razón por la que hoy, 38 años después, odio con toda mi alma correr.

    Mentalizado con las experiencias anteriores, corrí mi primera vuelta y llegué a la meta, para solo escuchar ¡Otra vuelta! Y pues ni modo ¡a darle! No piensas, solo avanzas. Ese día, ya agotado, vi la meta y me dije como otras veces ¡el último jalón! Al llegar a la meta, recuerdo al entrenador haciendo aspavientos y gritando.

    -¡La última vuelta!

    ¡Qué! ¡Está loco! ¡Otra vuelta! ¡Me estoy muriendo!

    Solo recuerdo el aspaviento de los brazos y los gritos de ¡la última vuelta! No recuerdo que pasó después, como fue, solo sé que ya quería salirme cuanto antes de ese entrenamiento, ya no quería saber nada del futbol americano. Solo quería terminar. Y solo sé que, de algún modo, terminé.

    No califiqué para el equipo, sin embargo, años después cuando me enfrento a situaciones difíciles, siempre viene a mi mente ¡el último jalón! Y si las cosas no se resuelven, sé que debo seguir adelante y me digo ¡una vuelta más!

    Hoy a mis 50 años, agradezco esa experiencia (y también la aborrecí), más como dice el dicho «lo que no te mata te hace más fuerte». Hace años leí en un libro que la tenacidad y la dedicación es bueno enseñarlas a los niños a través de la práctica del deporte. En mi caso así fue. Luego vendrían otras experiencias, más severas que me continuarían enseñando que no debemos darnos por vencidos.

    Hoy tengo muchos retos por delante, nunca se terminan, solo queda respirar, dar un paso, otro más y avanzar sabiendo que después de un rato, seguramente, deba decirme a mi mismo ¡una vuelta más!

  • ¡No importa cuántos libros leas!

    Seguramente tú, como muchas personas, eres adicto a los libros y a la lectura. Yo ciertamente lo soy, la casa de mis papás estaba llena de libros, mi casa está llena de libros y mi oficina está llena de libros.

    No se trata de acaparar libros solo para leerlos, aunque eso es loable, pero al final ¡no importa cuántos libros leas! Desde el punto de vista profesional es importante diseñar tu biblioteca, adquirir los libros necesarios, para poder aplicarlos a los retos que se te presentan en el día a día.

    En realidad lo relevante es que haces con el conocimiento adquirido de la lectura de dichos libros. A nivel profesional, a diferencia de a nivel cultural, no se trata, en mi opinión, de leer por leer solamente. Lo más importante es ¡lo que aplicas de lo que lees!

    La idea de adquirir un libro es obtener conocimiento que de otro modo tomaría más tiempo o recursos (que un curso o una asesoría). Sin embargo, el conocimiento tiene que ser aplicado para volverse aprendizaje y para ser de utilidad.

    A continuación te muestro una lista de 5 cosas que he aplicado de los libros que he leído (a nivel profesional):

    1. Cuando me independicé como consultor de sistemas de gestión de calidad, compré un libro llamado Consultoría sin Fisuras. Me abrió los ojos y comencé a aplicar las recomendaciones en mi interacción con los clientes durante las negociaciones y al ejecutar los proyectos. De ahí vendría otros libros sobre el proceso de consultoría.
    2. Cuando inicié a dar capacitación, lo primero que hice fue conseguir unos libros sobre diseño de cursos, capacitación y psicología en la capacitación. Apliqué diligentemente lo sugerido para lograr el resultado deseado y funcionó. Una de las muchas recomendaciones ligadas a la instrucción era practicar previo a los eventos. Yo practicaba por horas frente a un espejo y hoy, aún, antes de una plática realizo múltiples ensayos previos.
    3. Hace muchos años me di cuenta que el diseño de mis diapositivas en presentaciones no generaban mucho impacto. Las diseñaba como las había yo conocido en eventos a los que asistía. Luego conocí a un autor y conseguí sus libros, ese autor apuntaba a otros y también conseguí sus libros. Apliqué las recomendaciones y mejoré drásticamente el diseño y el impacto de mis presentaciones, conferencias y cursos.
    4. Realizando sesiones de desarrollo directivo y ejecutivo, uno a uno, me topé con el reto de explicar y hacer entender conceptos a los clientes. Investigando me topé con varios libros sobre el tema de pensamiento visual, los devoré e inmediatamente comencé a aplicar dichas recomendaciones con excelentes resultados. Practique y practiqué los conceptos en montones de libretas antes de presentarlos a los clientes, hoy ya es una habilidad natural que se ha vuelto casi con un punto que me distingue ante mis clientes.
    5. Con el paso de los años, me encontré ante la necesidad de tener que lograr la adopción de ciertos conceptos abstractos, vinculados al liderazgo y la gestión, con los directivos y ejecutivos. Comencé a leer sobre Storytelling a nivel corporativo y entendí la importancia de contar buenas historias. Me senté a desarrollar mis propias historias las cuales comencé a introducir en mis cursos y asesorías y fui seleccionando y depurando las que funcionaron. Hoy, después de años, tengo todo un repertorio que uso. Además, sigo creando más, pues los clientes lo que recuerdan con más intensidad son esas historias.

    Como estos ejemplos hay muchos más, cada libro es un descubrimiento y, a la vez es, un reto para aplicar lo que uno ha leído. Solo a través de la disciplina de aplicar, experimentar, fallar, reflexionar y volver a aplicar es posible realmente generar un aprendizaje y mejora en nuestro desempeño.

    Comprar libros es un deleite, inclusive puede volverse una adicción, aunque sin aplicación, pues es solo información y cultura.

    Al final no importa cuanto leas, lo que importa es lo que aplicas. Leer y aplicar es una receta para estar adelante de lo que podrías haber aprendido solo aplicando por ensayo y error. Es aprovechar el conocimiento, experiencias y aprendizaje de otros para potenciar tu desarrollo. Leer sin aplicar es solo llenarte de información.

    El aprendizaje es experiencia, todo lo demás es información.

    Albert Einstein

    Así que ¡Aplica! ¡Aplica! ¡Aplica lo leído!

  • ¡Las cosas no salen!

    ¿Y qué vas a hacer?

    ¿Quejarte?

    Porque honestamente tu jefe no quiere escuchar tus pretextos y quejas. (Y si te sirve de consuelo a mi tampoco me interesa).

    Entonces R E P I T O

    ¿Qué vas a hacer?

    O todavía mejor ¿QUÉ ESTÁS HACIENDO? ¿Que estás esperando para hacer algo? ¿Qué esperas para tomar el control de la situación?

    Porque (¡sorpresa!) ¡No se va a arreglar solo el asunto! ¡Nunca se arregla solo!

    • ¿Tu gente no hace lo que debe?
    • ¿Tu jefe no acepta tus propuestas?
    • ¿El cliente no está de acuerdo con la cotización?
    • ¿La máquina no funciona?
    • ¿El proveedor no entrega a tiempo?
    • ¿El material o la información está mal?
    • ¿El trabajo que tienes no te llena?
    • ¿El nivel de ingreso que tienes no es suficiente?

    ¿Qué vas a hacer?

    No mañana, no pasado mañana ¡HOY!

    ¿Cuántos libros has leído del tema que no funciona? ¿Cuántos cursos has tomado? ¿Cuantos expertos has consultado? ¿Cuántas sugerencias has implementado? Porque la inspiración no te va llegar mágicamente. Todo lo que sabemos está fundamentado en el conocimiento previo.

    ¿Qué estás haciendo?

    ¿Nada?

    Entonces DEJA DE LEER, levántate y ¡haz algo! Sí, ¡deja de leer YA!

    ¡HAZ ALGO!

    Y no empieces con el cuento de que tienes MIEDO o que NO TIENES lo que se necesita. O que HACE FALTA algo o que ya CASI estás listo.

    No empieces con eso de que ¡mañana lo hago! ¡NO EXISTE EL MAÑANA! ¡Solo existe el ¡HOY! ¡HOY! ¡HOY! ¡HOY!

    • ¡El miedo paraliza!
    • ¡La falta de recursos paraliza!
    • ¡La falta de conocimiento y habilidad paraliza!
    • ¡EL MIEDO paraliza!
    • ¡Haz lo que puedas con lo que tienes!
    • ¡Haz lo que puedas con lo que sabes!
    • ¡NUNCA vas a estar todo PERFECTAMENTE listo!

    Lo único que te queda es HACER ALGO con lo que tienes, con lo que sabes, ¡HOY!

    ¿No sabes qué hacer? Eso no es pretexto. La mayoría de nosotros no sabemos qué hacer, y si eres gerente o un mando, la esencia de tu trabajo es TOMAR DECISIONES en condiciones de incertidumbre (esto es sin saber qué hacer y sin saber qué va a resultar).

    ¿No sabes como decidir? Ve a https://lmgtfy.app/?q=como+tomar+decisiones

    (LMGTFY=Let Me Google That For You) ¿no sabes inglés? Entonces ve a https://translate.google.com

    ¿Ya hiciste algo? ¿NO? ¡ME LLEVA EL DEMONIO! ¡Deja de leer! ¡LEVÁNTATE y haz algo!
    (Y sí estoy chasqueando los dedos, ¡MUÉVETE!)

    ¿Ya hiciste algo? ¡Bien! No te lo tengo que decir yo, ni nadie, pero si lo necesitas ahí está ¡bien! (De hecho si te lo tienen que decir estás buscando aprobación y eso, eso no está del todo bien).

    Ahora prepárate porque ya viene la siguiente decisión que tienes que TOMAR sobre alguna otra cosa que no sale como se necesita.

    ¿Sigues sin decidir? ¿Necesitas con quien hablar? ¡Contáctame! Yo te ayudo (te cobro y te ayudo). Te ayudo a entender la situación, te ayudo a conocer técnicas para decidir, te ayudo a entender que hay suposiciones que te detienen, te ayudo a que sepas que hay casos en los que necesitas ayuda especializada (sí, un psicólogo que trabaje contigo tu salud mental y emocional. ¿o solo cuidas tu salud física? Te estas quedando corto).

    En lo que no te puedo ayudar es en DECIDIR. Esto te toca a ti. ¡Y solo a TI! ¡Nadie puede decidir por TI!

    ¿Las cosas no funcionan?

    ¡¿QUÉ VAS A HACER?!

    ¡Decide, levántate y haz algo! (y me cuentas como te fue).

  • Tu reputación, tu marca personal

    ¿Te has sentido inundado, casi ahogado, por el concepto de marca personal en el entorno empresarial y profesional desde hace unos años como yo? Seguramente que sí, está en todos lados. Muchos hablan de la marca personal.

    En los últimos años he explorado mi presencia en internet, adquirí un dominio con mi nombre, puse este sitio web, trabajé mi perfil de LinkedIn, armé una página de Facebook y reactivé mi casi muerta cuenta de Twitter. Además de que conecté todo y hoy publico en todos esos medios de manera consistente. Sin embargo, yo no le llamaría a esto mi marca personal, para mi eso es la difusión de mi marca personal.

    En 1999 adquirí un libro de Tom Peters llamado Usted, S.A (The Brand You 50, si lo buscas en inglés). Ahí leí por primera vez el concepto de marca personal. En el libro da una serie de recomendaciones para crear / potenciar dicha marca personal. ¡Eso fue hace 22 años!

    Vayámonos más atrás, muchos años atrás, a esa época cuando yo estaba en la preparatoria. Me gustaba estudiar, me gusta estudiar y también me gustaba y me gusta hacer las cosas bien. Estudiar + Hacer las cosas bien = Estar en la voz de la gente en la escuela. Algunas voces para criticar, siempre ha habido «haters»; otras voces para reconocer, siempre ha habido «fans».

    Recuerdo que una vez en un receso me encontré con la psicóloga que veía lo de orientación vocacional, platicábamos en el patio de la escuela. En la escuela había un salón de maestros, no recuerdo por qué pero le pregunté:

    –¿De que hablan cuando están en el salón de maestros?

    Me miró fijamente y me dijo:

    –De ti. Aunque no lo creas, hablamos de ti.

    Yo me sentí apenado ¿Por qué hablarían de mi? En aquel momento no lo procesé correctamente. Sin embargo, la razón es que hablaban de mi por mi reputación como estudiante. Obviamente, no todos buscan crear ese tipo de reputación, ni deberían. Simplemente mi punto es que lo que nosotros hacemos será de lo que otros hablen y pensar, diseñar, implementar, controlar y mantener lo que somos se traduce en aquello de lo que los otros hablarán de nosotros, es nuestra marca personal.

    También en mis años escolares recuerdo que cuando salíamos en grupo, ya fuera con amigos o amigas, los papás me decía: «vamos a dejar que el / ella salga con ustedes porque vas tú». De algún modo, por mi forma de ser, por mis valores, por mis actitudes, por mi reputación, la gente me percibe como alguien confiable. Y eso es algo que he mantenido como parte de mi marca personal. Yo cumplo, llego a tiempo, respeto, entrego resultados. Es parte de lo que soy y transmito.

    Nuestra marca personal no es nuestra página web, aunque apoya. No son nuestras redes sociales, aunque apoyan. No son los logotipos y diseño publicitario que hacemos de nuestra marca, aunque apoyan. Eso para mi es nuestra imagen personal y complementa y apoya la marca personal, pero podría estar disociada de ella. Podría tener yo una excelente imagen personal (pagada y elaborada por profesionales del diseño) y resulta tarea gente, pero a la hora de interactuar conmigo no refleja mi marca personal.

    Nuestra marca personal es lo que somos, es lo que hacemos, es la congruencia entre lo que decimos y hacemos, son nuestras creencias y valores.

    Cuando los otros hablan de ti y te describen a otros, están describiendo lo que resalta de ti, están describiendo tus fortalezas (y tus debilidades) y lo que te hace diferente a los demás. Básicamente al hablar de ti describen aquello por lo que eres conocido y reconocido, por tu reputación, por tu marca personal.

    Podemos modificar y crear una marca personal, podemos aprender a escribir, hablar, presentar, vestirnos, saludar, conversar, negociar, tomar decisiones y demás. Todo ello causa un impacto en la gente en una primera interacción, pero la reputación no es la primera imagen, es la acción continuada y consistente de algunos rasgos y hábitos que tenemos. Nuestra marca personal no es lo que hacemos una sola vez, es lo que hacemos y mejoramos consistentemente.

    Piénsalo así ¿tienes algún apodo? Tu apodo, lo ponen otros, no te lo pones tú. Y en ocasiones, aunque hiriente, representa un rasgo que sobresale en ti. No pensemos en los apodos de la escuela y de los amigos, pensemos en los apodos de tus colaboradores y la gente con la que tienes interacciones profesionalmente ¿Qué dicen ellos de ti?

    Yo te voy a ser honesto, al inicio de mi carrera profesional mi apodo era «el gurú». Me lo pusieron mis colaboradores, por qué, pues simplemente porque me gusta aprender. Siempre me ha gustado. Soy una máquina de absorber conocimiento e información. Inclusive me he realizado test de fortalezas, el Gallup para ser concretos, y literalmente dice:

    • Entrada (Input). Eres inquisitivo. Coleccionas cosas. Puedes coleccionar información.
    • Aprendiz (Learner). Te encanta aprender.
    • Estratégico (Strategic). Esto te permite navegar la complejidad y encontrar la mejor ruta.
    • Intelecto (Intellection). Te gusta pensar.
    • Analítico (Analytical). Tu lema es «¡Demuéstralo!»

    Quienes me conocen, probablemente corroboren dicha evaluación. No solo porque salió en el test, sino porque lo vivo día tras día, interacción tras interacción. Ese es el punto, somos lo que hacemos repetidamente y de ese modo creamos una reputación.

    Ser formal, llegar a tiempo, saber, ayudar a pensar, tener conocimiento, colaborar, comunicar eficientemente, ayudar a aprender, son cosas que constituyen mi marca personal (no solo lo publicitario y de imagen como redes sociales y demás).

    Hoy ya no me dicen «gurú», bueno pocas veces, ahora, por razones ajenas a mí, en diferentes grupos, en diferentes momentos la gente me dice «sensei» (el término japonés para maestro) y aunque es un término común en artes marciales, me lo dicen fuera de ese contexto, inclusive gente que no sabe que yo soy practicante de las artes marciales japonesas y gente a la que nunca se lo he comentado.

    • «Agradezco a la vida que te haya puesto en nuestro camino y hoy seas nuestro sensei.»
    • «Muchas gracias por hacer tiempo para mi Luis. Eres un sensei.»

    Yo no les dije que me digan así, pero me lo dicen ¿Por qué? Por que es lo que mi actuar con ellos les hace sentir. Yo ya dejé de ser ingeniero, ya dejé de ser consultor, desde hace unos años me autodenomino «Facilitador de Aprendizaje», simplemente para tener congruencia entre mi actividad profesional y la percepción de mis clientes hacia mi persona y mi actuar.

    • «Luis posee una gran facilidad para ilustrar los temas a los participantes por medio de citas, apoyos visuales, gráficos o dibujos, lo que nos permite visualizar y segmentar cada idea.»
    • «Luis nos ha dado consejos capacitadores y asesoría que esclarece el rumbo de cada uno de nuestros puestos clave, lo hace de forma didáctica y puntual.»
    • «Gracias al apoyo de Luis durante el periodo de esta consultoría, logramos definir la dirección hacia la que deben de estar alineadas todas nuestras decisiones.» 

    Esto no lo digo yo. Lo dicen los clientes. Es lo que ellos perciben de mi, es lo que ellos transmiten, es lo que ellos hablan de mi ante otras personas. Es lo que crea mi reputación.

    A lo largo de los años he trabajado y mejorado mi actuar para integrar esa marca personal, esa reputación. La puntualidad, la ropa que uso, la forma en que saludo, cómo le doy seguimiento a los correos, como redacto, como hablo, como presento, como armo propuestas, como diseño eventos de aprendizaje, como me relaciono con la gente, como doy seguimiento a los clientes, el estar actualizado y sabiendo lo que tengo que saber…todo, absolutamente todo es parte de la marca personal. Y gran parte se realiza de manera deliberada y trabajada. Hoy ya son hábitos, ya son parte de mi y eso, es lo que la gente percibe de mi.

    Hoy simplemente estoy usando el poder del internet para llegar a más gente, para que más gente conozca mi marca personal, no para construirla. Mi marca personal tengo más de 30 años construyéndola (y a veces destruyéndola y volviéndola a construir).

    Hoy pregúntate, ¿cuál es tu marca personal? ¿Cuáles son las actitudes, competencias, comportamientos y demás que la gente reconoce o critica en ti? ¡Esa es tu marca personal! Puede ser buena o mala, puede requerir mejora, cambio o reparación, es algo que requiere constante mantenimiento.

    Si la marca personal que transmites hoy no es la que quieres, no es la que necesitas, no es la que te hace avanzar, tienes que tomar acciones. De lo contrario, meterte a promocionar tu marca personal en redes sociales y el internet, solo hará que más gente, más rápido se den cuenta de esa marca personal deteriorada. Nosotros somos nuestro producto, por así decirlo, y antes de hacerle publicidad, hay que asegurarnos de tener un buen producto o, al menos, uno lo suficientemente bueno.

    Yo aún tengo que trabajar aspectos de mi marca personal y de mi imagen pública. Es un camino, una forma de vida que tenemos que adoptar.

    En libros y películas de antaño no era raro encontrar una frase cuando presentaban a uno de los personajes y entonces el otro decía:

    «Sr. X, su reputación lo precede».

    Nuestra reputación (lo que otros hablan de nosotros) y lo que somos en realidad deben de estar alineados y eso constituye nuestra marca personal. Nuestra reputación + nuestro ser y actuar = Marca personal.

    Toma 20 años construir una reputación y toma cinco minutos arruinarla. Si piensas sobre ello, actuarás de manera muy diferente.

    Warren Buffet
  • Reencontrando el camino

    Las últimas semanas, de hecho los últimos meses, han sido muy complicados, al igual que para todos, y la cosa no se ve más sencilla a futuro.

    Las presiones del día a día, y de la situación, a veces nos hacen «perder el norte». Te cuestionas qué es lo que quieres lograr, qué es lo que estás buscando y como dicen Simon Sinek, lo más importante es preguntarnos el por qué.

    El fin de semana en medio de la confusión tomé un libro de uno de mis autores favoritos, Tom Peters. Él hace referencia a una cita:

    Alcanzas la Excelencia al prometerte a ti mismo, en este momento, que nunca más conscientemente harás nada que no sea Excelente. Sin importar cualquier tipo de presión para hacerlo de otro modo, ya sea por un jefe o alguna situación.

    Tom Watson

    Esta frase me hizo recordar muchas cosas, sobre todo me recordó que en lo personal, la búsqueda de la Excelencia (con E mayúscula como dice Tom Peters), es a lo que me interesa aspirar y a lo que he intentado aspirar a lo largo de los años. Aunque a veces pierda un poco el rumbo.

    Es importante tener algo que nos recuerde hacia donde vamos. Que sea una luz, un faro, que nos guíe hacia ese futuro mejor. Una especie de visión personal.

    Hace años en mi tesis de la universidad escribí una frase que me marcó en aquellos tiempos:

    «Siempre adelante sin mirar atrás, siempre adelante sin pensar en la derrota, siempre adelante para ser mejor».

    Creo que en ese momento fue mi forma de visualizar la Excelencia y me guió en los años que siguieron. Hoy en estos momentos, al leer a Tom Peters, me nace la inquietud de replantear el enfoque, o de complementarlo.

    Tom Peters dice: «Si no es la Excelencia, ¿qué? Si no es la Excelencia ahora ¿cuándo?». La Excelencia no es sinónimo de éxito. Tampoco es sinónimo de perfeccionismo. Lo veo más como una filosofía de vida.

    La Excelencia, junto con la Eficiencia y la Efectividad son una combinación de Conocimientos, Rutinas y Enfoques hacia las cosas y las situaciones que se nos presentan en el día a día. Ya sea en el trabajo o en la vida personal.

    Así que hoy miro hacia adelante y pienso, o más bien decido, reencontrarme con la Excelencia de una manera renovada. Es momento de tomar papel y pluma y bosquejar cómo será esa Excelencia personal.

  • El desafío más grande

    En la vida nos encontramos con desafíos. Algunos más grandes que otros. Algunos pasajeros y otros perdurables.

    Tal vez uno de los desafíos más grandes es aprender a sortear, si no es que a superar, una debilidad en nuestra propia persona.

    Estos desafíos pueden acompañarnos mucho tiempo y eventualmente pueden volverse una piedra en el zapato en nuestro día a día. En otras ocasiones, se ocultan por semanas, días, meses o años, solo para resurgir como gran volcán en erupción y sin previo aviso.

    Superar estos desafíos puede ser una tarea de largo plazo. Con pequeños triunfos y recaídas continuas. El problema es darte cuenta que has recaído cuando ya ha sucedido. Y desgraciadamente es difícil, sino imposible, deshacer la situación.

    Para cada quien el gran desafío es diferente. Para mi el gran reto tiene que ver con el manejo de ciertos elementos de las relaciones interpersonales y las emociones asociadas.

    Al final, somos humanos, no es justificación, pero lo somos y como tales fallamos. Nos esforzamos, intentamos, pero a veces, fallamos. Podemos intentar ocultar nuestro desafío, luchar por el en privado o en silencio, pero ahí está.

    La idea es recordar que no solo nosotros estamos padeciendo un gran desafío, sino también nuestros clientes, colaboradores, jefes y familiares.

    Sentir empatía por nuestra situación propia y por la de los demás puede ser tal vez un punto inicial para la toma de acciones que lleven a superar o sobrellevar este gran reto.

  • Suposiciones esenciales

    Tanto a nivel personal, como en nuestra interacción con otros, es común que tengamos suposiciones sobre una serie de situaciones de la vida diaria, laboral y personal.

    Estas suposiciones nos impiden avanzar hacia adelante. Existe una anécdota sobre el caso de un elefante bebé en un circo. De pequeño le amarran una pata a una estaca y no puede moverse. Cuando ya pesa un par de toneladas, los elefantes de circo se mecen hacia adelante y hacia atrás, amarrados a su estaca pensando que no pueden moverla.

    Esto de las suposiciones tiene muchas implicaciones en nuestra vida personal y en ocasiones se requiere apoyo externo para superarlas. Sin embargo, en las organizaciones también está presente en la forma de:

    • No puedo.
    • Es que no es posible.
    • Eso no va a funcionar aquí…
    • No tenemos tiempo.
    • Sí, pero…

    Estas frases se pueden escuchar de los veteranos hacia los novatos, de los colaboradores hacia los jefes, de las empresas hacia los clientes o viceversa.

    El origen está en nuestras suposiciones y el valor que le damos a las mismas. Carole Pemberton explica que tenemos suposiciones esenciales.

    Las suposiciones esenciales son piedras en el cerebro, formadas por capas de pensamiento acumuladas con el paso de los años; poseen cierto grado de impermeabilidad que las convierte en hechos de la vida y no en ideas subjetivas.

    Carole Pemberton

    Estas suposiciones esenciales pueden ser sobre uno mismo o sobre el mundo. Cualquiera que sea el caso actúan como la estaca en el elefante y no nos permiten avanzar. Hay cosas que creemos que podemos controlar (y a veces no es así), hay cosas que creemos que nos controlan (y a veces no es así, como la estaca).

    En lo personal considero como tiempo bien invertido para cualquier especialista o ejecutivo efectivo el dedicarse a conocer y comprender como funciona nuestro pensamiento, nuestras suposiciones, nuestras creencias y como apoyan o deterioran nuestro actuar diario.

    Entre más entendemos como pensamos, como tomamos decisiones y como vemos el mundo, estamos en una mejor posición para darnos cuenta cuando hay elementos que afectan nuestro desempeño y los resultados que podemos alcanzar. Básicamente aprendemos a reconocer y a eliminar, o a solicitar ayuda para eliminar, las estacas que nos impiden desarrollarnos plenamente.

  • 90-9-1

    Posiblemente, hayas escuchado en algún momento el principio de Pareto del 80-20 que dice que el 80 por cierto de la riqueza está concentrada en el 20 por ciento de la población.

    Ese principio se ha adaptado en el mundo de la calidad para mencionar que el 80 por ciento de los defectos en una producción está integrado por el 20 por ciento de las causas y otras interpretaciones similares.

    A finales del año pasado, en una reunión internacional de los que somos socios voluntarios, a nivel mesa directiva, en una asociación profesional conocí la teoría del 90-9-1.

    Esta regla, aplicable a redes sociales o comunidades en internet dice que:

    • 90% de los miembros de una comunidad solo andan de «mirones» con lo que se publica.
    • 9% de los miembros contribuye esporádicamente (con un 10% del contenido).
    • 1% de los miembros contribuye con el 90% del contenido

    Basado en ello, en la asociación reflexionaban con nosotros que al parecer, respecto a las buenas prácticas promocionadas y las aportaciones en conocimiento de la sociedad:

    • 90% de las empresas en las que colaboran los socios a nivel mundial se entera de esas buenas prácticas.
    • 9% de las empresas las implementan.
    • Solo el 1% de las empresas las implementan con resultados positivos.

    Y esto me dejó pensando, tanto las organizaciones como nosotros mismos a nivel personal profesional recibimos una enorme cantidad de información, conocimiento, cursos, etc. Pero ¿cuántos de nosotros lo implementamos? Y ¿cuántos de nosotros logramos un resultado positivo?

    Tras 20 años de participar en procesos de entrenamiento y capacitación, como instructor o facilitador de aprendizaje, sé que muchas personas «solo van a calentar la banca». Jamás implementarán nada de lo visto.

    A otros los mandan a prepararse, pero al regresar a sus áreas no hay revisión de lo aprendido ni tampoco hay iniciativas para aplicar lo aprendido. Otros lo aplican sin buenos resultados.

    Ahora que comienza el año, creo que vale la pena preguntarnos a nosotros mismos, si queremos ser, como profesionistas, del 90% de los que recibe información y no hace nada, o queremos ser del 10% que sí lo implementa. Y aún mejor del 1% que logra resultados.

    Mucho se habla de la ejecución.

    “Lo que mantiene a un negocio delante de la competencia es la excelencia en la ejecución.”

    Tom Peters

    De hecho, el tema de darle importancia a la ejecución no es nuevo.

    Saber no es suficiente; debemos aplicar. Querer no es suficiente; debemos hacer.

    Goethe

    Así que ahora que comienza el año, y dado que al ser humano nos gustan los ciclos, creo que es buen momento para reflexionar y comprometernos a ser de los que aplican lo que saben que debe hacerse y obtiene resultados.

  • Cambiar a otros

    Hace más de 25 años tuve una discusión con un jefe. Él y yo éramos muy diferentes. Él tenía una trayectoria de toda una vida en la empresa, iniciando desde los niveles más bajos y escalando hasta una posición gerencial.

    Yo venía egresando de la carrera y del programa de formación ejecutiva del grupo en que ambos trabajábamos. El tema de nuestra diferencia era bastante trivial (una regla de tres) en relación con un tema de producción.

    La cosa es que en aquel momento, a pesar de que yo estaba en lo correcto, fui incapaz de convencerlo de lo contrario. El tenía su idea bien cimentada y yo, en vez de profundizar en sus razones y en vez de argumentar mejor, terminé escalando el problema de una forma «emocional» por así decirlo. Jamás logramos superar la diferencia.

    Mirando hacia atrás, un cuarto de siglo, muchas experiencias y conocimiento después, lo habría manejado muy diferente. De hecho, hoy he aprendido que prácticamente no puedes cambiar la forma de pensar de otra persona.

    Una vez me encontré esta frase:

    Puedes llevar un caballo al abrevadero, pero no puedes hacer que tome agua.

    Proverbio

    Es algo bastante cierto, nuestra mente funciona de manera muy particular, se cuenta una historia y, una vez que cree en ella, le cuesta mucho trabajo cambiarla.

    Las razones por la que una persona llegó a creer su historia son muy variadas. Al final lo importante es que cree su historia y buscará, en ocasiones, formas de reforzar dicha historia más que refutarla. Todo lo que la refute será rechazado.

    A nivel personal es posible «superar este esquema de pensamiento» con buenas prácticas de pensamiento crítico y con una convicción de que todo lo que sabemos es cierto mientras no nos demuestren lo contrario. El método científico es algo que la ciencia creó para refutarse sus propios descubrimientos, pero no es algo natural para todo mundo.

    Intentar cambiar a una persona en sus pensamientos y convicciones es complicado. ¿Qué hacer entonces? El camino es diferente a lo esperado. Lo primero es entender que a lo más que aspiramos es a contar nuestra historia de modo que haga sentido. Aspiramos a poder sensibilizar al otro sobre una historia alternativa.

    Una historia diferente que hace sentido puede ayudar a la otra persona a cuestionarse su propia historia y a partir de ahí, decidir ella misma iniciar el cambio.

    Hay un chiste que dice:

    • ¿Cuántos psicólogos se requieren para cambiar a una persona?
    • Uno solo, pero el foco tiene que querer.

    El punto es que el cambio personal, al igual que el aprendizaje, es algo que no podemos hacer por otros. Debe hacerlo cada uno por sí mismo.

    Hoy he aprendido que debo argumentar mejor, que debo contar historias que apelen a las emociones que detonen el cambio en los demás, que debo ponerme en los zapatos del otro y entender por qué se cuenta su historia y por qué cree en ella y, a partir de ahí, construir para transformar las ideas.

    Resulta que lo anterior no es rápido, requiere tiempo, tenacidad y no desesperarse (como lo hice yo hace muchos años). El reto es que en las empresas, me ha tocado ver profesionistas, gerentes y empresarios querer cambiar «de inmediato» a sus colaboradores. Quieren que su idea se aceptada sin más ni más en el momento. Al no lograrlo, se genera frustración y resentimiento.

    Un reto que tenemos es, en lo laboral y en lo personal, entender que el cambio solo es posible desde dentro. Que debemos dedicar el tiempo a mejorar nuestros argumentos sin que ello sea garantía de que el otro querrá cambiar. Ayudar al otro a cuestionarse a sí mismo sus creencias puede abrir el camino para un cambio posterior.

    Cambiar no es fácil, nos da miedo. Es más fácil seguir creyendo y seguir haciendo lo que hemos hecho mucho tiempo. Sin embargo, cambiar es necesario. Como individuos debemos adoptar un esquema que nos permita aprender y cuestionar nuestras creencias y de ese modo cambiar de manera continua conforme las condiciones lo demanden.

    Lo único que si podemos cambiar, es a nosotros mismos, nuestra forma de ver las cosas, de percibir a los otros, nuestra forma de argumentar, explicar, entrenar, liderar, comunicar y colaborar.

    Con los demás, todo lo que podemos hacer es mostrar empatía, escuchar y entender su punto de vista, ayudarles a conocer nuestra historia, ayudarles a cuestionar su historia y apoyarles durante el proceso de cambio. El cambio, será decisión y esfuerzo de ellos.

    Con los demás, lo único que podemos aspirar es a inspirarlos a revisar y cambiar su historia. Sal, cuenta tu historia, muestra tu cambio e inspira a alguien, nunca sabes, tal vez decida cambiar.

  • La mejor herramienta (2/2)

    Continuando con el tema de la publicación anterior quiero contar una anécdota personal que ayude a reforzar mi explicación del tema.

    Hace años renació en mi el interés por observar el cielo nocturno, la luna, los planetas y las estrellas. Yo estaba decidido a adquirir un telescopio que pensaba era lo que necesitaba para alimentar mi interés. Investigué múltiples marcas y modelos, leí reseñas y demás. Al final no lograba decidirme.

    Fue entonces que decidí contactar a un astrónomo que seguía en redes sociales. Le expliqué mi situación y mi atrevimiento a preguntarle que modelo y que marca de telescopio adquirir. Su respuesta no fue lo que esperarías escuchar.

    El astrónomo me explicó que las casas están llenas de telescopios que nadie usa porque no sabe a dónde apuntarlos. Por lo tanto me recomendó que NO comprara un telescopio. Me pidió hacer lo siguiente: «Estudia y trata de identificar al menos unas diez constelaciones sin el uso de nada más que tu simple vista».

    Procedí de acuerdo a lo instruido, utilizando diferentes cartas de estrellas y simuladores astronómicos, logré eventualmente identificar la constelación de Leo, la de Sagitario, la de Escorpión, la de Pegaso, el Carro, Casiopeia, el Cisne, Géminis y algunas más.

    En ese momento, debería yo de pasar al «siguiente nivel». El astrónomo me había indicado que ahora debería de conseguir unos binoculares. No un telescopio. Los binoculares poseen un campo de visión más amplio y permiten localizar objetos de campo profundo como cúmulos estelares y nebulosas de manera más sencilla.

    Ya con los binoculares un nuevo mundo se abrió ante mi, pude identificar las Pléyades, la nebulosa de Orión y diferentes cúmulos de estrellas cerca de la constelación de Escorpión. Así mismo, pude localizar la galaxia de Andrómeda, apenas visible.

    Para llegar a este punto, yo ya era capaz de ubicarme en el cielo estelar, diferenciar una estrella de un planeta y sabía donde se encontraban diferentes objetos estelares.

    Llegado este punto, el astrónomo me indicó que entonces ya podría compararme un telescopio. Para este momento ya había investigado los pros y los contras de diferentes telescopios y entendía mejor sus características y lo que implicaría su uso. Yo ya tenía un entendimiento del cielo nocturno y los objetos estelares.

    La compra del telescopio fue mucho más sencilla. Uno pequeño, portátil, pero con suficiente tamaño para ver los objetos de mi interés. Una vez que llegó, fue un deleite. Fácilmente pude apuntar a la Luna, Marte, Júpiter, Saturno y a las decenas de objetos estelares que ya conocía y podía ubicar fácilmente. Es una herramienta que he aprovechado ampliamente y me ha permitido a mis familiares y conocidos ver vistas increíbles.

    Posiblemente en un futuro compre un telescopio mejor, pero se tendrán que dar ciertas condiciones para que valga la pena la inversión. Hoy, con el que tengo, me puedo decir un astrónomo aficionado.

    Como puedes ver, no fue la herramienta la que me brindó el desempeño, fue el estudio y empezar por cosas pequeñas y simples. De ahí fui añadiendo conocimiento y herramientas que hicieron mi práctica mejor y más sencilla.

    Lo mismo pasa con otras herramientas como aplicaciones de software, equipos de cómputo, máquinas y demás que podemos incorporar a nuestras organizaciones. Debemos tener el entendimiento de los principios fundamentales detrás de esa herramienta para realmente aprovecharla al máximo.

    Para mi el punto es, si vas a invertir en un CRM, aprende primero la esencia del manejo de relaciones con clientes, domínalas en papel y crea cultura. Luego invierte en el software y la infraestructura. Lo mismo con un ERP, primero domina las bases de la gestión de producción, almacenes, compras, tiempos de entrega, programación y demás. Lo mismo con las herramientas de planeación y gestión de proyectos y manejo de tareas en la empresa. Si una persona no tiene la cultura y el hábito de administrar sus pendientes, el software no lo hará por ella.

  • La mejor herramienta (1/2)

    En una reciente charla en la página de FB del blog, me preguntaron sobre una herramienta para gestionar el tiempo en las empresas.

    Como entusiasta de la fotografía, continuamente me preguntan ¿qué cámara uso? Lo curioso es que, aunque la herramienta influye en la fotografía, no es el elemento que más la determina.

    A la pregunta sobre la cámara, más de un fotógrafo comentará que lo importante es el conocimiento sobre la fotografía y los años de estar practicando.

    Hay una frase que me gusta:

    «La fotografía no se trata de las cámaras, artilugios y artefactos. La fotografía se trata del fotógrafo. Una cámara no realizó una gran fotografía más allá de lo que una máquina de escribir redacta una gran novela.»

    Peter Adams

    Haciendo una analogía. Para gestionar el tiempo en una empresa, lo más importante NO ES la herramienta. Es, por así decirlo, la cultura. El enfoque, las buenas prácticas, el conocimiento.

    La herramienta es aquello que va a potenciar a dicha cultura, enfoque, conocimiento y buenas prácticas. La herramienta no va a generar la cultura, enfoque, conocimiento y buenas prácticas.

    A lo largo de los años, he visto múltiples empresas invertir en diferentes herramientas (físicas y digitales) que se han quedado paradas o aplicadas parcialmente ante la inexistencia de una cultura que las soporte y que las aplique de manera consistente.

    Otra analogía es una bicicleta, un buen ciclista en cualquier bicicleta hará un buen papel. Él es buen ciclista porque se ha preparado, porque cree en el ciclismo, por que entrena continuamente. Una buena bicicleta potenciará esa pasión, dedicación y cultura para obtener un desempeño mejor.

    Así pues, no son las agendas (físicas o digitales), no son las apps o las plataformas las que diferencian a una herramienta de otra. Es su cultura en la aplicación de un concepto. Si conocemos las buenas prácticas, tenemos la convicción y trabajamos para que todo mundo en la empresa siga dichas prácticas, las herramientas mostrarán un beneficio. Sino, pasarán a ser caros pisapapeles (físicos o digitales) que estarán arrumbados en algún lugar de la organización.

  • El elefante en la habitación

    Los americanos tienen una frase: «vamos a atender el elefante en la habitación». Esta frase se refiere a un problema muy grande que está presente, pero nadie quiere tocar el tema.

    Recientemente en redes sociales, hice una publicación:

    Ser gerente no es dar órdenes o tener autoridad. Si tu día transcurre haciendo cosas operativas no estás siendo gerente. El gerente planea, dirige, controla y organiza y opera muy poco. Ser gerente es ser diferente al experto que fuiste alguna vez. Sé experto en gestión.

    Hubo algunas reacciones, pero en particular en LinkedIn (la red social de profesionales) el asunto «explotó», o como dicen por ahí se volvió viral (en comparación con otras de mis publicaciones).

    Al momento de escribir estas palabras, tiene 18,409 visualizaciones, unas 363 reacciones y se compartió cerca de 16 veces. Adicionalmente, surgieron múltiples comentarios y opiniones.

    La razón de mi publicación era «resaltar» el hecho de que a veces como gerentes nos perdemos en la operación y dejamos de lado la gestión. Algunos coincidieron, aunque otros sacaron a colación otros temas:

    • Los gerentes pierden de vista la operación al solo estar «gestionando».
    • Los gerentes deben conocer la operación, saber gestionar sin conocimiento operativo no es adecuado.
    • Los jefes deben de actuar sin gritos y sin presionar a la gente.
    • Los gerentes deben escuchar a su gente, deben inspirarlos y ayudarlos a crecer.
    • Esto debería explicársele a todos los gerentes.

    Mi percepción es que el tema de la «gerencia efectiva» es el elefante en la habitación. Podemos no hablar mucho de él, pero ante la primer oportunidad, muchos tienen algo que decir al respecto.

    Creo, tras muchos años en el tema de la gestión, que está mal entendida. Si solo estás en tu oficina «no necesariamente estás gestionando». La gestión implica muchas cosas y dentro de ella el liderazgo adecuado, el conocimiento de la operación y la cercanía a los que la ejecutan en los diferentes procesos. Hay, en mi opinión, un mal concepto de lo que es gestión.

    Lo cierto, lo que no se puede ocultar, es que muchas personas son promovidas a posiciones gerenciales sin tener las competencias requeridas, sin la preparación adecuada. Estas personas harán lo que pueden y perpetuarán estereotipos y malas prácticas.

    La gestión ha sido estudiada por gente como Peter Drucker y ha sido revaluada y criticada por gente como Henry Mintzberg. El papel del gerente es complicado. No es cuadrado. Son matices y complicaciones. Es incertidumbre, pero sobre todo es conocimiento de gestión.

    El tiempo del gerente se puede distribuir de múltiples maneras dependiendo de la situación, la empresa y otros factores. Lo que no cambia es el enfoque de crear sistemas a través de la gente y establecer los mecanismos para que los procesos generen productos y servicios de calidad. Esto, va más allá de dar órdenes.

    El reto, creo, es difundir y hacer accesibles más herramientas y conocimientos para fortalecer la posición de muchos gerentes que no tuvieron la oportunidad, o la iniciativa, de formarse en los temas que son la esencia de su puesto. De hecho, esa es la razón de la existencia de este blog. He escrito múltiples reflexiones al respecto, te invito a leerlas en este fin de año.