Autor: Luis

  • Sentido de Comunidad

    Yo soy originario de la zona metropolitana del Valle de México. Y tengo que aceptar que la vida en grandes ciudades es bastante impersonal. Hay gente originaria de muchas ciudades del país y de otras partes de la ciudad aprendiendo a vivir juntas. Pero eventualmente, todo es como un conjunto de pequeñas islas. Es cierto que en épocas complicadas, como el terremoto, un cierto sentido de comunidad aflora.

    Cuando llegué a mi lugar actual de residencia, por algunas situaciones, escuché sobre personas que se juntaban para hacer la «faena». La faena es el trabajo, pero lo interesante aquí es que la gente del pueblo se junta para realizar una actividad en beneficio comunal. Ya sea limpiar o abrir el camino, limpiar un terreno, preparar la tierra para la siembra, etc. Ese concepto de comunidad, en mi opinión se ha ido perdiendo. El sentido de comunidad continuo, en el día a día, no solo en los días de crisis.

    Recientemente, en la cuarentena, terminé de leer un libro que tenía pendiente llamado: «La vida secreta de los árboles». Está muy interesante, en particular, llamó mi atención lo relativo a cómo los árboles, los bosques de hecho, forman comunidades para ayudarse unos a otros.

    Algunos árboles nacen en épocas de fuertes heladas y se vuelven buenos para superar esas situaciones, otros nacen en épocas de incendios y se vuelven buenos para esas situaciones, otros se vuelven muy buenos para combatir las plagas. Por su tiempos lentos de desarrollo, ningún árbol es bueno para todo. Pero en su conjunto los árboles, el bosque, son capaces de resistir diferentes situaciones que se les presentan cuando los diferentes miembros de la comunidad ponen sus fortalezas al servicio de los demás.

    A través de hongos en la tierra, forman complejas redes de comunicación y transmisión de nutrientes para árboles en desarrollo o enfermos. Así mismo, cuentan con señales químicas para transmitir a los demás sobre algún peligro.

    Hoy al interior de las organizaciones, el sentido de comunidad se vuelve muy importante. Claro que no se desarrolla de un día para otro. Las empresas con un fuerte sentido de comunidad, en estos momentos se estarán apoyando entre sus colaboradores. De igual modo, entre empresas, es necesario ese sentido de comunidad.

    Comunidad tiene que ver con colaboración, la colaboración tiene que ver con la confianza (liderazgo, congruencia), el respeto (valores) y la comunicación (habilidades blandas). Un fin común también ayuda y aquí creo que es donde toma relevancia el ideario (misión, visión, valores) de la empresa. Pero no de esos que están en papel y que nadie ve. Sino de esos que se viven todos los días por los mandos de la empresa a fin de permear hacia abajo en la organización.

    Solo a través de la colaboración al interior y hacia el exterior es que creo que las organizaciones y las personas podremos salir adelante. Y en algunos casos está colaboración tendrá que ser altruista dado lo complejo de la situación económica que estamos viviendo. Fácil no, pero es necesario entender que, para «sobrevivir», el bosque tiene que hacer uso de todo su conocimiento, sus redes y su altruismo para ayudarse a sí mismo a sobrevivir.

    Considero que este blog es una forma de contribuir a la comunidad, pero siento que no es suficiente, he estado apoyando diferentes eventos y causas para ayudar a la gente a obtener información para salir adelante. He puesto algunos videos explicando conceptos de manera libre para todos, pero creo que no es suficiente. Se requiere más. Y estoy pensando como hacerlo.

    Tal vez, esta publicación es una reflexión personal en «voz alta» ( voz escrita), pensar en formas de contribuir a la comunidad en estos momentos difíciles. ¿Tu que estás haciendo? ¿Alguna idea?

    Yo tengo una y pronto la pondré en marcha con mis clientes de muchos años. Ya veremos que nos trae el tiempo, el futuro, pero sobre todo la colaboración altruista y espontánea.

  • Ser y llegar a ser

    En estos días de cuarentena he visto inundado mi correo y redes sociales de recomendaciones para salir adelante, como persona, como líder, como empresario.

    La mayoría de ellas consta de una lista de uno o más puntos que debes hacer, cosas que debes ser para sobrevivir, salir adelante y/o triunfar. Muchas suenan muy inspiradoras y lógicas, pero a mí, por mi formación, por mi historia, por lo que he leído, visto, vivido y entendido, me causan mucho ruido. Inclusive en este mismo blog, es posible que yo haya «pecado» en un par de ocasiones. Por eso hoy quiero aclarar un concepto que considero importante.

    Tomemos algunos ejemplos de lo que he visto:

    • Sé creativo
    • Sé adaptable
    • Sé proactivo
    • Sé un líder flexible
    • Sé un líder digital
    • Y muchas más por el estilo.

    Todas estas recomendaciones son muy buenas, el problema es que en algunos casos lo que leo implica una invitación a «serlo ya». Como si fuera algo que simplemente por leerlo podremos desempeñarlo bien. Ahí es donde está mi conflicto.

    La persona que «es algo», proactivo, flexible, líder, etc. No lo es porque hoy lo decidió o alguien se lo dijo. Lo es porque ha pasado un proceso de aprendizaje, de ensayo y error, de transformación, de cambio. Lo ha hecho a lo largo del tiempo. Y esa es la clave: tiempo.

    Llegar a ser algo toma tiempo, no es inmediato. Yo no puedo ser mejor escritor porque alguien lo puso en una lista. Tengo que leer sobre cómo escribir, tengo que escribir, compartir, recibir retroalimentación, estudiar, volver a escribir, criticar lo que escribo y seguir aprendiendo, haciendo y volviendo a hacer. Solo así puedo llegar a ser mejor escritor.

    Y lo mismo pasa con cualquier habilidad o competencia que se les ocurra. La gente que hoy está «siendo digital», no empezó hoy. Tiene años acercándose a la tecnología, estudiándola, metiéndose en ella y experimentando. Se ha ido preparando a lo largo del tiempo para llegar a ser alguien digital. Son alguien que en este momento de crisis ya es lo que se necesita ser.

    Esta reflexión me parece importante porque si queremos ser lo que la nueva realidad demanda, no lo vamos a lograr en un día, tomará varios días, semanas, meses y hasta años transformarnos en lo que necesitamos ser.

    Mi reflexión es recordar, y recordarme, que para ser algo, primero tengo que trabajar para llegar a ser esa persona. Tengo que centrarme en el proceso para lograrlo y no solo en el resultado o la intención de serlo.

    Espero que la reflexión tenga sentido, pues en estos días no hay recetas mágicas ni inmediatas. Lo único que sí puede ser «relativamente» inmediato es nuestra decisión de empezar a tomar acciones para llegar a ser lo que la situación nos demanda.

    Y tú ¿ya te decidiste y estas tomando acciones para llegar a ser lo que necesitas ser para salir adelante?

  • Estoy en desacuerdo

    Me gusta mucho escuchar a Malcolm Gladwell en su podcast Revisionist History. En un episodio comenta que se acerca una mujer mientras estaba en una cafetería. Tras preguntarle si él es Malcolm Gladwell le dice: “Me encanta Revisionist History, pero estoy en desacuerdo con todo lo que dice.”

    Esa anécdota me dejó pensando sobre cómo, en ocasiones, buscamos que la gente esté de acuerdo con nuestras ideas y no se cuestionen. Es muy cómodo que no las cuestionen. Sin embargo, es un enfoque muy peligroso. Uno que puede generar estancamiento y autocomplacencia.

    Tenemos que estar listos para recibir la crítica con la mente abierta y el corazón frío. Asimismo, necesitamos saber estar en desacuerdo con los demás de manera constructiva.

    Lo anterior no es fácil. A mi en lo personal es algo que tengo que seguir trabajando. Pero sé también lo importante que es. Hace años, cuando fui gerente tuve un jefe, que aprecié mucho, y que en una reunión tras exponer sus puntos y estrategias le preguntó al cuadro gerencial: “¿Qué opinan?”. Yo era joven y creo que algo comenté, pero los demás solo asintieron y alabaron las propuestas del jefe. En ese momento, él golpeó la mesa con la mano y dijo: “¡No los tengo aquí para que digan que sí a todo. Los tengo para que me digan en qué estoy mal!”.

    Él estaba preparado y estaba ansioso por recibir las palabras que estuvieran en desacuerdo con lo que planteaba. Él sabía que era la única forma de mantener los pies en la tierra y encontrar soluciones, planes y acciones robustas.

    ¿Tienes tu abogado del diablo? Es importante estar listo para escucharlo. Rodearnos de gente que solo está de acuerdo con nosotros no es sano. El pensamiento crítico y constructivo es fundamental para crecer y evitar el exceso de confianza.

    ¿Con quién has estado en desacuerdo recientemente? ¿Puedes plasmar tu desacuerdo de una manera robusta y constructiva? No dudes en escribirme si en algún momento estás en desacuerdo conmigo. Será interesante poder comentar y reflexionar sobre ello.

    Yo, por mi lado, seguiré trabajando en depurar mi habilidad de recibir y proveer puntos de vista que no están de acuerdo conmigo y con otros.

  • Hacer bien lo que debe hacerse

    En un artículo anterior, comentaba que uno de los problemas en las crisis, es que se dejen de seguir los controles y estándares necesarios para proveer servicios de calidad o producir productos de calidad.

    Sin embargo, en retrospectiva, algo que es muy importante es tener claro lo que tiene que hacerse para lograr la calidad. En un taller en línea reciente, reflexionaba con el grupo sobre el concepto de Calidad.

    Como se entiende en varios sistema de gestión, la calidad es cumplir los requerimientos del cliente, pero eso solo puede lograrse no solo haciendo bien las cosas, sino haciendo bien las cosas que deben de hacerse.

    Y por supuesto, que la reflexión es ¿qué es lo que debe de hacerse bien? Y sobre esto pretendo escribir varias publicaciones. Pero empecemos con el panorama general. Y este panorama incluye las cosas que considero primordiales encaminadas a lo operativo, ya que es la base de cualquier negocio. Cuando lo operativo está cubierto y garantizado se puede uno preocupar de lo estratégico.

    • Procesos.
    • Estandarización.
    • Entrenamiento.
    • Medición y Control.
    • Solución de Problemas.
    • Mejora.

    Procesos. Uno de los puntos importantes para las empresas es entender como funcionan los procesos, esas unidades de trabajo que se combinan en sistemas para finalmente entregar productos y servicios de calidad. Conocer, entender definir y gestionar los componentes de los procesos es fundamental para un buen resultado.

    Estandarización. Son las buenas prácticas, la receta que funciona por así decirlo. Dentro de un proceso, las diferentes partes del mismo como la gente, insumos, infraestructura, métodos y criterios se pueden estandarizar. Pero la estandarización va más allá de solo definir y documentar los estándares, consiste en la puesta en marcha eficaz de los mismos.

    Entrenamiento. Es imposible implementar estándares sin pasar por procesos de entrenamiento. Y me refiero a entrenamiento en piso (desarrollo de habilidades y hábitos), no a capacitación en aula (adquisición de conocimiento). Mucho se dice que la capacitación no funciona, pero en realidad, lo que sucede es que nos quedamos cortos en el proceso de formación de personal; esto, al no complementar el conocimiento adquirido en dicha capacitación, con la formación de hábitos y desarrollo de habilidades en piso a través de un efectivo entrenamiento.

    Medición y Control. En el «mundo bonito» se han planeado los procesos, se han definido los estándares y la gente se ha entrenado para seguirlos. Pero además, los sigue sin que nadie o nada esté pendiente de ello. En el «mundo real», tenemos procesos imperfectos, con gente imperfecta, con insumos imperfectos, equipos imperfectos, etc. Entonces es necesario medir para conocer el desempeño de los procesos y, luego, aplicar uno o varios controles para incrementar la probabilidad de que las cosas se realicen como lo hemos establecido.

    Solución de problemas. Invariablemente, al tener imperfecciones en todos los procesos y sus componentes, aún cuando hemos estandarizado y controlado la operación, van a suceder problemas, cosas que no anticipamos y que requieren atención. En otras ocasiones, aparecerán variaciones no deseadas en nuestros procesos y eso requiere de ser resuelto. Aquí es importante diferenciar entre la atención al problema (acciones para salir del paso) y la solución del problema (para que no vuelva a suceder).

    Mejora. Eventualmente, cada proceso diseñado, estandarizado y controlado genera un desempeño y resultados que con el paso del tiempo requieren de ser mejorados. Esa mejora, si se deja al azar, puede tomar mucho tiempo. La mejora debe ser planeada y hay que darle el seguimiento correcto. La mejora es cambio y el cambio no es natural para las personas. Nos gusta la estabilidad y hacer lo mismo. Por ello la mejora es más que una herramienta, es una cultura de la empresa.

    Estos son 6 puntos fundamentales que hay que tener bien entendidos e implementados en las empresas. El objetivo de los mismos es asegurar que los productos y servicios se ejecuten y bien y cumplan los requerimientos de los clientes. Sin ello no hay calidad y sin calidad no hay ingreso y sin ingreso el negocio está destinado al fracaso.

    Estos puntos no son responsabilidad exclusiva de una persona, pueden ser repartidos entre varias personas y funciones, pero tienen que estar en el radar continuo de la Alta Dirección y Mandos Medios de una organización.

    Una vez que esta base está «bajo control», por así decirlo, podemos pensar en crecimiento, inversión, innovación y estrategia. Pero si la base, la esencia del negocio, el «core business» que hace que lleguen ingresos al negocio no está en su mejor estado en cada etapa de la vida de la empresas, es complicado ver los beneficios de otras acciones de negocio.

    Y tú ¿tienes claridad en cuanto a procesos, estándares y demás? ¿Funcionan de la mejor manera posibles? ¿Se mantiene ese desempeño en el tiempo o sube y baja sin control?

  • Reflexionando sobre el error en tiempos de crisis

    Yo me equivoco, tu te equivocas, todos nos equivocamos.

    El error es una condición humana y aunque se puede minimizar en realidad nunca se puede eliminar al 100%. Existen muchas razones para el error.

    Una de las situaciones donde más se presenta es durante el aprendizaje de una nueva actividad. La expectativa de entrada es que el aprendiz se equivoque. Si no se equivoca no aprende. De hecho no solo se equivoca, también cuando ejecuta lo hace lento.

    Toma tiempo aprender y desarrollar una nueva habilidad y como ya hemos comentado, no basta con decirle a la gente que hacer. El aprendizaje correcto, generalmente, debe ir de la mano de un entrenamiento y una supervisión. En caso de no hacerlo, se puede caer en formar un mal hábito que, además ahora, será inconsciente y la persona realizará la tarea mal y sin darse cuenta.

    Lo vemos con el no tocarse la cara, no tocar las superficies, colocarse correctamente el tapabocas, no tener cuidado durante las video conferencias y muchas otras situaciones más. El detalle es que durante la crisis es un mal momento para «entrenar a la gente», pues se requiere un buen desempeño y el aprendizaje implica errores y equivocaciones.

    Formar hábitos toma tiempo, algunos autores señalan desde 20 horas, hasta más de 320 días para crear un hábito sencillo. ¿Entonces que hacer?

    • Aceptar que la gente se equivoca.
    • Aceptar que el aprendizaje de una habilidad toma tiempo.
    • Realizar una comunicación continua.
    • Realizar entrenamiento de la gente.
    • Dar un seguimiento estrecho y reforzamiento. (Supervisión).


    No hay de otra, sea un tapabocas o usar nuevas tecnologías, sea no tocar superficies o verificar la información antes de mandarla. Sea durante la crisis o fuera de ella. Toda la formación de hábitos toma tiempo.

    Y tu ¿estás esperando que la gente aprenda sola? La mayoría no lo hace. En las empresas tenemos que implementar los procesos para dar seguimiento y entrenamiento. Solo así se logran los buenos hábitos.

  • Gestión de Crisis – Una Reflexión

    ¿Alguna vez has tomado un curso de primeros auxilios? Una vez me tocó que el instructor tras revisar varios puntos nos presentara el siguiente escenario:

    «Vamos a suponer que vienes con varias personas en un auto y se presenta un accidente automovilístico muy fuerte. ¿Qué es lo primero qué haces tras el accidente?».
    Y pues en cierto modo, la crisis que vivimos es algo similar, algunas la vieron venir, pero cuando nos dimos cuenta ya la teníamos encima con todo y las cosas tuvieron que cambiar muy rápido. Las decisiones tuvieron que hacerse muy rápido.

    Y la verdad es que durante una crisis no hay mucho tiempo para pensar. Teóricamente, en las épocas tranquilas deberíamos entrenarnos para actuar de manera ordenada y calmada durante las crisis. Sin embargo, como dice por ahí un meme que circula en internet:

    A ver, ¿quién de ustedes puso Pandemia en el FODA?
    (El FODA es un análisis de negocios que incluye el análisis de amenazas al negocio).

    Entonces, ¿cómo reaccionar si ni siquiera lo previmos? Y ahí es donde viene la anécdota del accidente. Entonces, ¿qué es lo primero que se hace en un accidente? Pues como nos explicó el instructor. Lo primero es revisar que tú estés bien. Si tú no estás bien, no tiene caso ayudar a otros, primero te tienes que ayudar a ti.

    En términos de los anterior, primero como empresarios, gerentes, ejecutivos o especialistas, lo primero es voltear hacia adentro, hacia nuestra propia personas y preguntarnos ¿cómo me siento? Y en este sentido puede tomar relevancia el escribir las cosas, ponerlas en blanco y negro como decía un jefe muy estimado que tuve.

    Una vez que nos damos cuenta de como estamos nosotros y si requerimos atención, primero nos arreglamos. Ahora viene la cuestión de decidir dónde tomar acción. Aquí el instructor nos plantea nuevos escenarios:

    Vamos a suponer que hay dos personas accidentadas, una tiene una fractura y otra una hemorragia y otra tiene dañado el cuello. ¿A cuál atiendes?
    Aquí es donde la cosa se pone interesante, pues sea como sea hay que decidir rápidamente:

    La persona con la fractura podría esperar más que la persona con la hemorragia. Atender la hemorragia se vuelve la prioridad. De no detenerse dicha hemorragia, la persona podría morir.

    Ahora bien, la persona con el cuello lastimado no se debe mover, se requieren 2-3 personas para hacer una maniobra segura. Pero vamos a suponer, dice el instructor, que el auto se está incendiando. ¿Qué haces? Pues la tienes que mover a pesar de todo, mejor papléjico que muerto. ¿o no? Ciertamente es una decisión difícil.

    Si has revisado las noticias habrás visto los protocolos para decidir a quién se le pone un respirador. Es un dilema «moral-técnico» y la decisión va sobre las personas con mayor probabilidad de supervivencia. Esto puede ser de mucho estrés.

    Ahora bien, regresemos a nuestra empresa, ¿cuál es el área crítica que merece ser salvada primero? Obviamente, al mirar hacia adentro, lo primero es nuestro «Core Business» o el Negocio Central. Aquel por el que los clientes nos pagan. Todo lo demás tendrá que bajar su ritmo o quedar suspendido si fuera necesario.

    Ahora ¿y si empiezan las «hemorragias», «fracturas» e «incendios» dentro de la empresa? Pues no queda otra más que priorizar. Hay que entender que en esto de las crisis, la cosa ya está mal, y lo que se pretende es terminar con el menor daño posible. El daño ya está, no se puede evitar. E igual nos pasará a todos en estos momentos. Hay que respirar y tomar las decisiones duras que ayuden a permanecer con miras a que una vez pasada la crisis se pueda arrancar otra vez.

    Seguramente en este momento ya muchas empresas tomaron decisiones duras respecto al negocio. Respecto al trabajo de área o individual se tiene que priorizar también. Hacer lo necesario para seguir generando productos y servicios y poder mantener un ingreso. Reducir los gastos no esenciales.

    En momentos de crisis lo importante es: mantener productos y servicios de la más alta calidad (sin comprometer los procesos y controles) y mantener el flujo de efectivo. Ciertamente habrá que poner en pausa muchos gastos, inversiones y proyectos. Pero lo cierto es que todo eso puede esperar. También es cierto que ante la baja de actividad se deben tomar acciones con el personal. Estas son buenas épocas para eso orden, la limpieza, el mantenimiento y el desarrollo de competencias (entrenamiento y capacitación).

    ¿Qué decisiones difíciles estás tomando o tienes que tomar? Valora las consecuencias y prioriza y acepta la pérdida temporal que se viene. No es fácil de hacer, ni fácil de asimilar, por uno mismo y por los demás. Lo que no se vale es no hacer nada. Y más si somos mandos y los demás están esperando nuestra decisión. Estos cambios generaran ambientes complicados dentro de las empresas y requerirán de un fuerte liderazgo. Pero eso es tema de otra publicación.

  • La Calidad en tiempos de crisis

    Una de las definiciones de Calidad es «satisfacer los requerimientos del cliente». Esta condición va directamente relacionada con la «satisfacción del cliente» y esto último va ligado con la lealtad del cliente, la imagen del negocio y la permanencia del mismo. Si perdemos la calidad, la gente deja de comprar.

    Hoy estamos, en México, en medio de la cuarentena, hemos estado quedándonos en casa prácticamente un mes y al parecer nos falta otro más. Muchas empresas mandaron empleados a trabajo en casa, otras mandaron al personal a descansar con goce de sueldo, otras implementaron guardias para atender a los clientes y unas últimas tuvieron que recortar plantilla para sobrellevar la carga financiera.

    Dentro de todo se ha generado un enorme descontrol en los procesos y esto puede influir seriamente en la calidad de los productos y servicios. Los recortes de personal, los cambios en la mecánica de comunicación, el trabajo a distancia, etc. son factores que le «meten» ruido a los procesos.

    Cuando no tenemos claridad de los elementos que constituyen al procesos, que eventualmente tiene como salida productos y servicios, los cambios, los recortes y otras decisiones pueden afectar seriamente el resultado.

    Algunas cosas que me vienen a la mente:

    • Se deja de dar mantenimiento a los equipos e infraestructura que eventualmente fallará.
    • Se manda gente a trabajar a distancia sin tomar las previsiones para establecer y supervisar buenas prácticas de comunicación.
    • Se recorta a personal y le queda la carga de trabajo extra a gente que no posee la competencia para llevar a cabo las tareas.
    • La gente que queda es sobrepasada por la carga de trabajo y genera cuellos de botella o retrasos en la prestación de productos y servicios.
    • Se pierde conocimiento que no se había gestionado ni documentado adecuadamente, de repente no hay quien sepa como se hacen las cosas.
    • Se cae el ánimo y motivación del personal que queda ante la incertidumbre de la situación y esto afecta la ejecución de actividades esenciales.
    • Se deja de poner atención a los insumos y proveedores, creando las condiciones para una falla más adelante.
    • Se dejan de llevar a cabo los controles y mediciones para saber el estado de los procesos al estar completamente reaccionado a la situación.

    Y aunque fue difícil haber previsto esta situación, si es posible hacer un pequeño alto, voltear a ver los procesos, analizarlos, entender donde están débiles tras las decisiones tomadas y buscar la forma de apuntalar esas deficiencias.

    Si no revisamos el estatus de nuestros procesos, podemos llevarnos algunas desagradables sorpresas en momentos en los que cualquier error puede ser catastrófico, e inclusive mortal para el negocio.

    ¿Cómo estás analizando tus procesos? ¿Has volteado a verlos? ¿Ya estás padeciendo los efectos de los cambios en tus productos o servicios? Algo que no se puede hacer es voltear la mirada y esperar que los procesos se arreglen solos. Así que hoy es el día de tomar acción.

  • Centrarse en el presente

    En las últimas semanas han pasado muchas cosas muy rápido. Las empresas han tenido que ajustar sus mecánicas de trabajo, otras han tenido que adoptar protocolos de seguridad para continuar operando, otras han tenido que reducir sus jornadas y mandar empleados a trabajar a casa y tristemente, algunos profesionistas y trabajadores han tenido que ser cesados de la empresa ante la incapacidad económica de continuar operando por el cierre o pérdida de ventas y clientes.

    Esto ocasiona que a todos los niveles nos estemos preguntando ¿qué pasó? ¿Por qué no estuvimos listos? ¿Por qué no lo vimos venir? ¿Por qué me tocó a mí? ¿Qué vamos a hacer? ¿Qué voy a hacer? Y muchas otras inquietudes más que solo nos generan estrés y ansiedad. Al estar mirando hacia el pasado y el futuro, nuestra mente se nubla y nos cuesta trabajo ver hacia adelante.

    La verdad no tiene ahorita caso desgastarse mucho, ya habrá tiempo para voltear hacia atrás y es difícil ver hacia adelante por la incertidumbre que existe. ¿Qué nos queda? Pues algo muy importante en estos momentos y esto es: ¡Centrarnos en el presente!

    Independientemente de que tendremos que aprender de los errores del pasado y de que tendremos que trabajar para el futuro. En estos momentos en que muchos nos estamos quedando en casa, es momento de centrarnos en el tiempo presente. Y eso no es fácil, ya platicaba yo en publicaciones pasadas sobre nuestra «mente de mono«.

    Hay muchas formas de centrarse en el presente, una de ellas es aprender a respirar, a meditar inclusive. Hay cientos de prácticas, pero la más simple consiste simplemente en respirar y centrar nuestra mente en la respiración. Durante esta práctica vendrán pensamientos y preocupaciones a nuestra mente y no importa, no debemos luchar contra ellos, la meditación no es poner la mente en blanco, sino centrarse en el presente y enfocarnos en algo.

    Durante estos días, a fin de que mi mente no divague demasiado en el pasado y en el futuro, sobre todo con cosas preocupantes lo que he hecho es lo siguiente:

    1. Despertar
    2. Meditación (Tipo Mindfulness, centrándome en el presente y basado en respiración).
    3. Leer (estoy leyendo 3 libros y leo unas 2-3 páginas de cada uno).
    4. Salir a caminar (Tenemos un jardín y salgo un rato, pero ha habido veces en que solo me siento afuera a observar o escuchar los sonidos, otra forma de enfocarse en el presente).
    5. Ejercicio (Algo ligero)
    6. Prender el teléfono y revisar rápido chat de la familia, amigos y clientes.
    7. Además estoy limitando mi ingesta de noticias. Muchas son malas, muchas son falsas, muchas son polarizadas. Si las sigo, pero con medida, no cada 10 minutos.
    8. Hacer algo productivo (En mi caso Trabajo a Distancia. Hay muy poco, pero he estado en reuniones virtuales con clientes para que acepten trabajar a distancia. Ando creando contenido que comparto y preparando servicios virtuales y a distancia. Ahí va, poco a poco. Estos pequeños logros nos permiten seguir avanzando).
    9. Tiempo con la familia.
    10. Tomar fotos y dibujar. Me permite mantener la mente activa y centrada en el presente, no dejar que mi mente empiece a pensar cosas y escenarios fatalistas. Yo soy muy preocupón y mejor me ocupo para no pensar cosas «impropias» que me estresan de más.
    11. Repetir. No hay de más. Las rutinas nos dan certeza en tiempos de incertidumbre y desvincularse un poco de las malas noticias también.

    Así pues, mi invitación es a centrarnos en el presente. De la forma que te acomode. A mi el Mindfulness (Conciencia plena) me ha ayudado en el pasado y hoy nuevamente. Pero la manera que sea adopta una rutina para centrarte en el presente y evitar que la mente se distraiga en malos pensamientos en el pasado y en en futuro.

    Solo en el presente podemos aceptar lo que está sucediendo, evaluar lo que podemos controlar y lo que no y planear y tomar las acciones que nos permitan avanzar día a día en toda esta incertidumbre.

    ¿Y tú que estás haciendo para no abrumarte? Cuéntame tus acciones.

  • Aprender a Aprender

    Algo que la presente pandemia del Coronavirus nos está dejando muy claramente es que tenemos que adaptarnos rápidamente a una nueva realidad. Cambiar no es sencillo, no es algo que nos gusta, sin embargo, será la única forma de sobrevivir. Adaptarse o morir, dicen por ahí, pero además hay que hacerlo rápidamente.

    Una definición de Aprendizaje que me gusta es la de un «Cambio relativamente permanente en el comportamiento de la persona». En estos días hemos tenido que aprender muchas cosas, esto es, cambiar nuestra rutinas entre ello podemos contar:

    • Hábitos de limpieza mejorados
    • Trabajo remoto y conferencias virtuales
    • Convivencia en casa
    • Compra de víveres e insumos de manera más planeada
    • Mejorado manejo del tiempo
    • Actividades para mantenernos productivos, sanos y entretenidos en casa

    Resulta entonces, que aprender es cambiar y cambiar no es algo que nos gusta mucho, y aún así debemos de avocarnos a ello, no es cuestión de gusto, es cuestión de supervivencia, como personas, como profesionistas, como empresas. Hoy más que nunca están surgiendo quienes son analfabetas del siglo 21.

    «Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender.»

    Herbert Gerjuoy, citada por Alvin Toffler en el Shock del Futuro

    Así que en estos momentos de encierro y en los que podemos quedarnos sin saber que hacer, es buen momento para reflexionar sobre cómo aprendemos y que podemos hacer en lo individual y en lo empresarial para salir adelante.

    Ahora bien, aprender es algo que hacemos mejor cuando está alineado con nuestras fortalezas individuales, sobre todo en los adultos. Así que he recopilado una selección de los libros que considero una lectura interesante en estos días:

    • Peter Senge; La Quinta Disciplina
    • Marcus Buckingam, Donald O. Clifton; Ahora descubra sus Fortalezas
    • Ken Robinson; El Elemento, cómo encontrar tu pasión cambia todo
    • Carol S. Dweck; Mindset, cómo podemos aprender a alcanzar nuestro potencial
    • John Kaufman; Aprende lo que quieras en 20 horas
    • Charles Duhigg; El poder de los hábitos

    En particular, en estos días estoy aprendiendo rápidamente el manejo de plataformas de reunión virtual y de entrenamiento a distancia. Leyendo, aplicando, equivocándome y volviendo a empezar. Y tú ¿qué estas haciendo para que el aprendizaje sea parte integral de tu personal o de tu organización? ¿A qué retos se están enfrentando?


    P.D. En este mes iniciaré a escribir más frecuentemente, algunas cosas serán reflexiones cortas, otras más largas, pero es una forma de mantener la mente ocupada en estos días de #QuedarnosEnCasa. Sin en algún momento sientes que te estoy saturando de artículos, avísame para bajar el ritmo.

  • Abrazar el cambio

    En general, a nuestra mente le gusta la estabilidad. Tiene que ver con cosas biológicas en donde nuestro cerebro reptiliano prefiere lo conocido a lo nuevo y desconocido. Es una condición humana.

    Los acontecimientos actuales han generado un enorme descontrol tanto a nivel organizaciones como a nivel países, sobre todo por la inmensa incertidumbre que se cierne hacia adelante.

    Considero que es un momento de seria reflexión a nivel personal, a nivel mandos, a nivel organizacional y a nivel países sobre el hecho de que no podemos ya esperar que las cosas estén tranquilas y regresen a la normalidad. Estos eventos nos han demostrado que hay un antes y un después y ya no volveremos a ver el antes como lo conocimos. Es momento de cambiar, es momento de evolucionar.

    Pero, cambiar no es fácil, siempre habrá detractores.

    “No existe nada más difícil e incierto de realizar que dirigir la introducción de un nuevo orden de cosas, porque la innovación tiene por enemigos todos aquellos que han tenido éxito en las condiciones anteriores, y por tibios defensores a aquellos que pudieran tener éxito con las condiciones nuevas.”

    Nicolás Maquiavelo. El Príncipe.

    Pocas empresas, y personas, se han preparado para vivir en una cultura de cambio constante. Muchas empresas se manejan como lo hacían hace 5, 10, 15 o 20 años. Haciendo lo mismo cada vez, cambiando poco e innovando prácticamente nada. Eso se vuelve un peligro para la organización, pues el día que quiere reaccionar no sabe como hacerlo, no puede hacerlo. En una ocasión leí que:

    «No son los peces grandes los que se comen a los pequeños, son los rápidos los que se comen a los lentos.»

    Esto en referencia a la necesidad de que las empresas adopten una cultura de mejora y cambio continuo.

    Pocas empresas son un ejemplo a seguir como lo es el caso de estudio de la Toyota. En esa empresa el cambio es una constante y lo han trabajado durante años. Su cultura ha tratado de ser replicada, sobre todo copiando las herramientas y soluciones que ellos han desarrollado e implementado, pero muchos esfuerzos se han encontrado con el fracaso pues no han adoptado los cambios culturales fundamentales que requiere dicha cultura.

    La cultura Toyota está a otro nivel en procesamiento de cambios y mejoras. Pregúntate ¿cuántos cambios se han implementado el último año, o he implementado yo, en mi empresa? Piensa en un número: 2, 10, tal vez 100 en un año. En Toyota es otro nivel:

    “Nuestros trabajadores proporcionan 1.5 millones de sugerencias al año y el 95% de ellas se ponen en uso práctico. Existe un interés casi tangible por el mejoramiento en el aire de Toyota.”

    Eiji Toyoda

    Uno de los principios para ayudar a la organización a implementar una cultura de cambio es proporcionarles los lineamientos y herramientas para navegar la incertidumbre.

    Para muchas empresas la idea es manufacturar bienes de calidad para los clientes. Para Toyota la idea es «Sobrevivir a largo plazo como una compañía al mejorar y evolucionar en la forma de fabricar bienes de calidad para los clientes».

    En el Libro «The Toyota Way», Jeffrey Liker toca los 14 puntos de la filosofía Toyota dentro de los cuales resalto los siguientes:

    • Basar las decisiones en una filosofía de largo plazo incluso a expensas de las metas financieras de corto plazo.
    • Crear una cultura de detenerse a resolver los problemas y a lograr la calidad bien a la primera.
    • Desarrollar líderes que comprender profundamente el trabajo, que vivan la filosofía y que la enseñen a otros.
    • Tomar decisiones lentamente por consenso, considerando todas las opciones e implementar las decisiones rápidamente.
    • Convertirse en una organización que aprende a través de la reflexión incesante y de la mejora continua.

    El detalle del funcionamiento de estos elementos de la filosofía van más allá de las simples técnicas como 5s, Justo a Tiempo, el Cambio Rápido de Modelo, etc.

    Una de las mejores explicaciones de la forma de atacar problemas y la incertidumbre en Toyota, está explicada en el libro Toyota Kata de Mike Rother.

    Rother explica que la base está en un proceso que implica:

    • Tener un visión clara de las cosas
    • Conocer la condición actual (saber donde estás)
    • Establecer una condición meta que te acerque a tu visión
    • Entender y librar los obstáculos encontrados en avanzar hacia la nueva condición

    Rother explica adicionalmente que mucho del trabajo es este último punto. Ya que ahí es dónde se da el aprendizaje. Comenta que muchas veces hacemos planes y pretendemos cumplir el plan, sin embargo la realidad no es lineal ni predecible lo suficientemente como para que esto sea un enfoque efectivo para lograr las condiciones meta. Esto es lo que yo espero que suceda y lo que sucede avanzando a la condición meta son 2 cosas muy diferentes.

    Toyota lo que hace es avanzar en pequeños y rápidos incrementos hacia su condición meta, con aprendizajes y ajustes sucediendo a lo largo del camino. Toyota construye su progreso como un científico. Con cada aprendizaje empírico, el científico ajusta su curso a fin de tomar ventaja de lo que ya ha sido aprendido.

    Toyota sabe que avanzando hacia el futuro, hacia la incertidumbre, habrá problemas. Y que la ausencia de problemas es un problema en sí. Por ello trabaja para que su gente no se sienta intimidada por los problemas, sino que los vea como aprendizaje.

    Muchas pequeñas y rápidas mejoras incrementales, verificando los obstáculos y aprendido de cada acción anterior es el secreto para navegar la incertidumbre. Obviamente esto requiere una metodología y disciplina de los mandos que continuamente supervisan las acciones de la gente y los orientan para navegar la incertidumbre. Hay dos elementos entonces: la mecánica de mejora que sigue la gente a través de esas acciones pequeñas y veloces y la revisión por parte de los líderes y mentores internos de la organización.

    La rápida capacidad de reacción en estos tiempos de incertidumbre y de crisis mostrará quienes tuvieron lo necesario para adaptarse y sobrevivir en las nuevas condiciones.

    Y tú, en tu empresa ¿están estancados o están abrazando el cambio y la incertidumbre? Cuéntame qué estás haciendo.

  • Lo que podemos controlar

    El lunes pasado tenía que haber salido mi artículo semanal, no salió pues estuve en cama con fiebre por un cuadro gripal muy fuerte, inclusive pudo ser influenza. Apenas ayer ha sido mi primer día sin fiebre. Yo hubiera querido que el artículo saliera en su momento, pero honestamente, estuvo fuera de mi control. En otra época de mi vida, me habría angustiado muchísimo, en exceso inclusive. Pero con los años he aprendido que hay cosas por las que no vale la pena preocuparse y de eso voy a escribir hoy.

    En la cultura asiática se dice que tenemos «la mente de mono» (Monkey Mind), eso es, nuestra mente se comporta como un pequeño mono que brinca entre el pasado, el presente y el futuro. Pero en realidad lo que le gusta es el pasado o el futuro.

    El pasado y el futuro son dos lugares interesantes que comparten una particularidad, NO EXISTEN. Lo único que existe es el presente. A pesar de ello, nuestra mente disfrutar viajar y vivir en esos dos lugares, los experimenta y los sufre como si fueran nuestra realidad, como si fueran el presente.

    Y ciertamente, tenemos que voltear al pasado para aprender de las lecciones de antaño, y también tenemos que mirar al futuro para prever y anticipar las cosas. Lo que no debemos de hacer es vivir en el pasado, ni vivir en el futuro.

    El pasado está lleno de cosas que no podemos cambiar y el futuro está lleno de cosas que no podemos controlar. Hoy con la amenaza mundial económica por la caída del petróleo, la pandemia del COVID-19 y toda la catástrofe social, política y económica que se avecina, podemos fácilmente perdernos en suposiciones, teorías de conspiración, cientos de escenarios fatalistas y demás. Lo cual no quiere decir que no tomemos las precauciones necesarias.

    Estas situaciones pueden ser abrumadoras, pues tendemos a querer controlar lo que sucede a nuestro alrededor en miras a protegernos y proteger a la gente que amamos. El darnos cuenta de que no podemos controlar las cosas puede generar frustración y desesperanza e iniciar una tormenta de malos sentimientos.

    Lo importante, aunque suene trillado, es centrarnos en el presente. Esto no es fácil y hay cientos de libros, teorías y gurúes que hablan al respecto. Sin embargo, veámoslo desde un punto más práctico. Y esto es a través de los sentidos.

    Si nos quedamos quietos un momento podemos centrar nuestra vista en algún objeto, de preferencia algo natural, un árbol, un paisaje, las nubes, un ave o insecto. Lo siguiente es observar atentamente y describir lo que vemos: «Veo un árbol grande con un tronco torcido, tiene múltiples ramas y las hojas son verde oscuro de un lado y verde claro del otro. Sus hojas se mueven de un lado al otro. El árbol está ligeramente ladeado hacia el sur…».

    Al hacer este ejercicio estamos haciendo que nuestra mente se centre en el presente. Alternativamente podemos hacer el ejercicio cerrando los ojos y poniendo atención a lo que escuchamos. El sonido de la ciudad, los carros, las aves, un avión pasando, el ventilado, el rechinido de una silla, el ladrido de un perro y demás. Del mismo modo, podemos describir en voz alta lo que escuchamos. Nuevamente esta experiencia nos centra en lo que está sucediendo y no permite que la mente divague hacia el pasado o el futuro.

    Una tercera opción es con las sensaciones físicas de nuestro cuerpo. Cerrando los ojos y respirando una y otra vez. Sintiendo como el aire entra y sale. Sintiendo la tensión en nuestros hombros, espalda, piernas y manos y luego sintiendo como se relajan. Nuevamente, estamos centrados en el presente.

    Sé como suena, pero también sé que funciona. Dejar a nuestra «mente de mono» divagar libremente es muy peligroso y estresante. Hay que darle que hacer en el presente. Practicando a diario, vamos logrando una tranquilidad y serenidad, sobre todo la costumbre de vivir el hoy, el ahora. El mundo se puede estar «acabando» en redes sociales, pero en este momento, en el presente, yo estoy viendo una nube blanca en el cielo azul, o experimentando el sonido de las aves y las hojas de los árboles.

    Una vez en el presente, lo importante ahora es tomar una hoja de papel y dividirla en 2. De un lado escribes «lo que puedo controlar» y del otro «lo que no puedo controlar». De todo lo que te preocupa, ve anotando y clasificando las cosas en su columna correspondiente.

    Al finalizar el ejercicio verás que hay cosas, muchas, que están fuera de tu control. Es poco lo que puedes hacer o poco el impacto que tendrías si quisieras hacer algo. Decisiones en otros países o estados, decisiones de políticos y gobiernos, están en gran medida fuera de nuestro control. Y de todo ello no tiene caso preocuparse, va a suceder nos guste o no.

    Ahora bien, dobla la hoja a la mitad y quédate con el lado de lo que si puedes controlar. Al tomar acciones sobre esas cosas que puedes controlar y lograrlas obtienes una sensación satisfacción, logro, control y tranquilidad. Una a una, esas acciones te ayudan a entender que puedes hacer cosas que impactan en tu presente y en las que sí puedes influir.

    Se vienen tiempos interesantes y lo importante es preguntarte si ¿vas a vivir en el pasado, en el futuro o en el presente? ¿Te vas a angustiar con lo que no puedes cambiar y lo que no puedes controlar o te vas a dedicar a vivir en el presente controlando lo que puedes controlar?

  • #UnDíaSinNosotras

    Tengo una enorme lista de cosas por escribir, pero la verdad, después de darle vueltas, decidí que lo mejor en este día es apoyar a las mujeres. Porque es fácil quedarse callado y no hacer nada. Así que para gusto o disgusto de mis estimados lectores voy a publicar algo que coloqué en redes sociales el domingo 8 en el marco del Día Internacional de la Mujer.


    Día Internacional de la Mujer. 

    Voy a ser honesto, me cuesta siquiera entender que alguien quiera fastidiarle la vida a otro ser humano de manera intencional, pero aún más que alguien quiera hacerlo a una mujer. Sin embargo tengo que aceptar que lo he visto. 

    Tristemente la situación es cultural y global, cientos, miles de años de «programación» con una actitud incomprensible hacia nuestra misma especie y hacia las mujeres. Podemos estudiarlo y explicarlo, pero el hecho no cambia. 

    Yo, a lo largo de los años, he conocido muchísimas mujeres sumamente valiosas. Empezando por mi mamá, mis hermanas y mi esposa. 

    A lo largo de los años he conocido y colaborado con empresarias, directoras, gerentes, jefas, supervisoras y especialistas que lo único que han demostrado es su total y absoluta competencia y dedicación hacia sus trabajos. Asimismo, he presenciado a muchas frustradas y hasta el borde de las lágrimas al tener que tratar con actitudes de los hombres. No tengo un cliente que no vea sus operaciones afectadas por «un día sin mujeres». Y sé que muchas lo apoyan, y es un primer paso. Pero falta mucho más. 

    Mi padre me educó con la frase «A la mujer no se le toca ni con el pétalo de una rosa«. Así crecí. Pero me di cuenta que los medios, las televisión, el cine, la literatura y otras familias cuentan y se cuentan historias diferentes. Yo tuve la fortuna de tener una familia que me inculcó valores de respeto a mujeres y hombres, pero no puedo ni pensar en el montón de personas (hombres y mujeres) que no lo tuvieron y que tuvieron que sufrir el «adaptarse a la costumbre social» para seguir adelante. Y que tristemente es algo que pasa sobre todo en la infancia y luego se vuelven hábitos inconscientes muy difíciles de cambiar. 

    Tras 25 años de estudiar el comportamiento humano y el aprendizaje para ayudar a mis clientes a cambiar hábitos en su gente, no puedo más que abrumarme ante la mera idea de lo que habría que hacer para lograr un cambio de actitud hacia la mujer en el mundo. 

    Sin embargo, es cierto que cuando una persona está en «incompetencia inconsciente» (no sabe que no sabe) o en «incompetencia consciente» (sabe que no sabe), lo que requiere es tomar conciencia de que no sabe o de que requiere tomar acciones. Nosotros le decimos que hay que «moverle el tapete a la persona». Solo cuando el ser humano se da cuenta de la situación, puede estar dispuesto a querer cambiar y aprender. Antes no. Me preocupan los que lastiman a otros por convicción, porque a esos ningún argumento los hará cambiar. 

    Es triste, pero mañana, el movimiento (con sus detractores naturales) es una «llamada de atención» a un problema real que como sociedad no queremos ver. 

    Yo seguiré apoyando a las mujeres. No tengo hijas, pero tengo un hijo al que espero haber educado para respetar a las mujeres, a la gente y al mundo en general. Y seguiré apoyando a empresarias, directoras, gerentes, jefas, supervisoras y especialistas a desarrollar habilidades y crecer profesionalmente porque la mujer es fuerte, es competente y sobre todo valiosa. Sin mujeres ninguno estaría aquí.

    #SéFuerteComoUnaMujer


    Creo que en una situación normal, no hay una justificación válida para lastimar, física, psicológica o verbalmente, a ninguna persona, incluida una mujer. Y sobre todo a ellas por la diferencia, en muchos casos, de la fuerza física entre un hombre y una mujer.

    Si uno es mando, supervisor, jefe, gerente, director o empresario nuestro actuar debe ser impecable, en mi opinión. Así que cerraré con un extracto de un libro que me gusta mucho y que creo que aplica, pues incluye muchos comportamientos que, de seguirse, le harán la vida más fácil a muchas mujeres.


    Un Toque de Clase

    La palabra clase tiene muchos significados. El que nos interesa aquí es el de “estilo y elegancia en la conducta personal”. La clase de un gerente o ejecutivo consiste en lo que se hace y, a menudo más importante aún, en lo que no se hace.

    • Clase es tratar a los empleados con la dignidad que merece su condición humana. Es no tratarlos como objetos o insumos de la producción.
    • La clase nada tiene que ver con la condición social que uno ocupe. En cambio, sí se relaciona estrechamente con el comportamiento personal.
    • La clase no utiliza palabras groseras, aun cuando uno esté irritado. Tener clase significa poseer un vocabulario muy amplio que hace innecesario el lenguaje procaz.
    • La clase no necesita ser el centro de atención. Puede permitir a los demás recibir elogios sin sentirse menospreciado por ello.
    • La clase no cuenta chistes de contenido sexual ni que denigren a un grupo étnico.
    • La clase no busca la satisfacción de los deseos sexuales en el trabajo ni hace nunca un comentario a una persona de sexo opuesto que no haría delante de su madre, si estuviera presente.
    • La clase nunca habla mal de la empresa, sin importar cuan justificada se sienta en un momento de malestar.
    • La clase no se deja contagiar por los actos ni las palabras negativas de los demás.
    • La clase no pierde la calma. Nunca hace cosas de las que después tendrá que arrepentirse.
    • La clase no racionaliza los errores. Más bien aprende de ellos y sigue adelante.
    • La clase de un gerente da mayor importancia al nosotros y menor importancia al yo.
    • Tener clase significa tener buenos modales.
    • La clase significa respetarse uno mismo como base del respeto que debe a los demás.
    • La clase nunca hace comentarios negativos acerca del cónyuge. Tales comentarios hablan más mal del que los hace que del cónyuge.
    • En un gerente la clase significa ser leal a los subordinados.
    • La clase significa no creerse superior a los subalternos; simplemente cada quien tiene responsabilidades diferentes.
    • El que tiene clase no toma medidas cuando está enojado. Espera hasta que se haya serenado.
    • La clase no es impetuosa.
    • La clase reconoce que la mejor manera de desarrollarse uno consiste en desarrollar antes a los otros.
    • La clase no se preocupa demasiado por conseguir reconocimientos. Admite también que a veces uno recibe más crédito del que merece, y de ese modo compensa las ocasiones en que no recibe elogios.
    • La clase procura que la acción corresponda a las palabras.
    • La clase no busca el progreso personal a costa de los demás.
    • La clase predica con ejemplo.
    • La clase conoce la importancia de una sonrisa amable y la apariencia.

    Fuente: Belker, Loren B.; Gerente por Primera Vez, Ed. McGraw-Hill


  • ¡No te toques la cara!

    En estos día de epidemia, y posible pandemia, sobre el Coronavirus que se esparce por todo el planeta. Los organismos y países sacan a diario recomendaciones para ayudar a prevenir y evitar contagios.

    Una de las recomendaciones es «¡No te toques la cara!», esto debido a que el Coronavirus en cuestión se transmite más fácilmente por contacto que por aire y al estar contacto con objetos como mesas, puertas y demás, podemos trasladar la infección a los puntos de entrada como nariz y boca.

    Esta situación, me parece interesante para reflexionar sobre lo que hacemos en las empresas. Esto es, decirle a la gente que hacer y esperar que lo haga. Y de eso quiero escribir hoy.

    La expectativa del gobierno y organismos de salud es que ante la continua comunicación de las medidas, la gente las adopte. Obviamente, de tanto bombardeo, la gente voltea a ver la medida. Pero posiblemente no haga absolutamente nada. Sin embargo, tanta insistencia en medios ocasiona que al escuchar a una persona toser, las demás inmediatamente decidan o recuerden lavarse las manos, taparse la boca y demás.

    Entonces aquí hay dos componentes, uno es la comunicación continua e insistente y además está la motivación: ¡No enfermarse! Si a esto le sumamos la cantidad de videos e infografías que circulan en redes sociales demostrando cómo lavarse las manos, como usar las mascarillas, como toser en el codo y otras. Se incremente la probabilidad de que más gente adopte la buena práctica. Aunque sea por el tiempo que dure la «epidemia».

    El detalle es que pasada la crisis, la mayoría de las personas volverá a sus viejos hábitos. Y cuando venga otra crisis, habrá que volver a empezar. Esto es por que la gente no está realmente formando un hábito. O la costumbre arraigada de hacer las cosas. Solo está reaccionando a una situación.

    «Es fácil llevar a cabo una buena acción, pero no es fácil adquirir la costumbre arraigada de llevar a cabo tales acciones.”

    Aristóteles

    En las empresas, no es raro escuchar a los mandos (supervisores, jefes, gerentes) decir que «le han dicho a la gente lo que debe hacer» y sin embargo las cosas no se hacen como se debía. Hay un dicho en el ámbito del desarrollo de personas que dice: «DECIR NO ES ENTRENAR«. Esto debido a que la formación de hábitos va más allá de solo las palabras. Requiere un acompañamiento: una supervisión, retroalimentación y reforzamiento o re entrenamiento en caso de ser necesario.

    Inclusive si nos vamos al ámbito de la capacitación (cursos y talleres en aula), encontramos el mismo fenómeno.

    Es cosa corriente pensar que un seminario basta, pero la gente olvida lo que ha aprendido y recae en sus viejos hábitos. La educación por medio de seminarios formales ha de ser apenas la tercera o cuarta parte de la educación total. El resto se debe realizar en el trabajo cotidiano, donde el superior enseña a sus subalternos.

    Kaoru Ishikawa

    En los años 80s, Ishikawa sabía que si se quería generar cambios duraderos en la gente, el verdadero entrenamiento se da en piso. El jefe con el subordinado. Aplicando lo visto en aula, creando los espacios y oportunidades de aprendizaje y transmitiendo la experiencia en el día a día.

    Los hábitos toman tiempo en formarse. Se pueden hacer campañas temporales, pero los cambios en la forma de actuar de la gente requieren de mucho más. Si queremos que nuestros colaboradores adopten buenos hábitos y comportamientos en la empresa, tendremos que empezar con una buena selección de personal, procesos de capacitación e incorporar procesos de entrenamiento en piso y acompañamiento que realmente generen esos comportamientos a largo plazo.

    A lo largo de más de 20 años de estar en el medio gerencial y de capacitación he escuchado la frase «La capacitación no sirve». Pero esto es debido a que se cree que la capacitación genera hábitos y cambios, cuando en realidad lo que hace es transmitir conocimiento. Pero solo a través de la ejecución se puede generar el aprendizaje y la adopción de nuevos hábitos.

    He encontrado empresas con procesos de capacitación muy robustos, pero aún estoy esperando ver más empresas con procesos de entrenamiento en piso que ayuden realmente a formar hábitos y que las cosas no se queden en buenas acciones y resultados temporales o mediocres. Y por ello es que actualmente centro mis esfuerzos en el acompañamiento y entrenamiento en piso, post capacitación.

  • Reencuentro – Aitor Darkistade

    A lo largo de los años conocemos y nos topamos con muchas personas. A veces les perdemos y rastro y en ocasiones, de la nada, se da el reencuentro con alguna de ellas.

    Este es el caso con Aitor Darkistade. Él y yo nos conocimos hace muchos años por cuestiones laborales. Y tendría cerca de unos 15 años que no estuvimos en contacto. Pero hace una semana pudimos reencontrarnos y te quiero platicar de esa reunión.

    Aitor y yo nos conocimos durante la implementación de un Sistema de Gestión de Calidad en la empresa en la que laboraba. Siempre atento, entusiasta y con ganas de mejorar así lo recordaba yo.

    Hace poco nos reencontramos por la magia de las redes sociales y acordamos que en la primer oportunidad nos reuniríamos para ponernos al día. Eso sucedió la semana pasada, cuando Aitor visitó la ciudad.

    En resumen, platicamos de lo sucedido a cada uno en los últimos años. Yo escuché atento como Aitor ha ida forjando su vida durante tantos años, las subidas y las bajadas. Al final, a pesar de los retos personales y profesionales me dio mucho gusto ver que ha encontrado su pasión.

    Especializado en las ventas, ha crecido también el campo de la logística y de las habilidades humanas. Recientemente se ha convertido en Coach y se dedica a promover su lema «Busca lo que te apasiona«. Con un espacio en radio, sus canales de Youtube, Twitter, Instagram, LinkedIn, Facebook, su blog y mediante charlas y conferencias, Aitor, en su estilo muy característico, directo y lleno de energía transmite la importancia de hacer las cosas con pasión.

    Tengo que aceptar que me ha dado gusto verle evolucionar, crecer y encontrar eso que lo hace sentir bien. Y sobre el gusto por compartirlo conmigo. Muchas veces conocemos gente, pero pocas tan entusiastas como él.

    Recibí de parte de Aitor un comentario de agradecimiento por el apoyo y orientación brindado de mi parte hace muchos años hacia él. Y me siento muy honrado por ello. Ver que aquella semilla, germinó y se desarrolló. Y ahora los papeles se invierten y es él quien siembra en mi una semilla.

    Terminada nuestra plática y tras recibir retroalimentación de su parte, termino motivado a continuar. Recibí retroalimentación sobre la parte de crear una marca personal y tener mayor presencia que solo este blog. Y tengan por seguro que seguiré sus recomendaciones. Y hemos acordado más adelante realizar colaboraciones sobre diversos temas, pues coincidimos en muchos puntos interesante para el desarrollo personal y profesional.

    A todo esto la pregunta es ¿quiénes son las personas de tu pasado con las que te has reencontrado? ¿Con quiénes te gustaría reencontrarte? ¿Quiénes sembraron una semilla en ti? Y ¿en quiénes has sembrado una semilla? ¿Si yo he sembrado algo en ti me gustaría escucharlo? Con esta publicación iniciaré una sección llamada Personas donde comentaré sobre las personas que han marcado mi camino, en el pasado y recientemente.

    Hoy las redes sociales nos permiten reencontrar a las personas fácilmente y crear redes de valor que nos permitan continuar nuestro desarrollo personal. Así que date tiempo y prepara ese anhelado reencuentro.

    Y no dejes de seguir a Aitor en sus diversas plataformas.


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  • Hacer lo que no me sale

    En diferentes talleres, pláticas y asesorías a lo largo de los años los clientes y participantes expresan su frustración ante no poder lograr ciertas cosas, aunque no lo expresan de ese modo. Frases como:

    • Los jefes no quieren
    • La gente no quiere
    • La gente tiene mala actitud
    • La gente no quiere aprender
    • La gente no hace las cosas que debe
    • Ya les dijimos y no lo hacen
    • El cliente no coopera
    • Etc.

    Casi sabiendo la respuesta, me gusta preguntarles: «¿Qué fue lo último que leíste de supervisión, negociación, liderazgo, entrenamiento, aprendizaje, manejo de conflictos?». Alternativamente les puedo preguntar de qué fue el último curso que tomaron en dichos temas, el resultado es el mismo.

    Generalmente, se me quedan mirando y al final la respuesta es, en muchos casos: NINGUNO. A lo cual yo reflexiono que cómo quieren resolver una serie de situaciones si no se preparan al respecto. Generalmente, son expertos en algún tema, pero no en los temas que tienen que ver con el comportamiento y aprendizaje humano, con el comportamiento y cambio organizacional, con la negociación, manejo de conflictos, solución de problemas y demás.

    Por alguna razón que no he podido explicar. Las personas se preparan en todo lo que ya saben, pero no en lo que no saben.

    Luis Iturriaga

    El conocimiento y la habilidad no llegan solos, hay que esforzarse, pero sobre todo sí algo no te está funcionando ¿Qué vas a hacer? ¿Te vas a quedar lamentándote o vas a tomar acciones? ¿Vas a preguntar a quien si lo hace bien? ¿Vas a observar como lo hacen? ¿Vas a leer al respecto? ¿Vas asistir a cursos o seminarios sobre el tema?

    Hace muchos años, un día mi entonces jefe, el gerente general, me dijo: «a partir de ahora, no solo estarás a cargo de Ingeniería y Calidad, te vas a hacer responsable del Almacén de Producto terminado». Mi cara fue de asombro. Yo no tenía ni idea de almacenes ni de como administrarlos o manejarlos. Recuerdo que salí del trabajo y fui a una calle donde había varias librerías. Estuve en varias hasta que encontré un libro sobre almacenes. Regresé a la casa y le di lectura a algunas partes. Al día siguiente regresé al trabajo con muchas dudas, pero al menos ya no iba yo en blanco.

    A lo largo de los años he replicado esta acción montones de veces, hoy la biblioteca personal ronda los 400 libros. Esa cantidad de libros solo es un reflejo de todas las cosas que no sabía en su momento pero que tenía que hacer y no me quedé esperando y quejándome al respecto, busqué el conocimiento y me he dedicado 25 años a ejecutar y volverme «suficientemente bueno» en las cosas que no sabía hacer.

    Lo más fácil es no hacer nada y lamentarse, la otra cosa fácil es leer, ir a cursos, ver videos en internet, leer blogs, pedir asesorías y no hacer nada. Al final solo importa la acción, pero no cualquier acción, la acción orientada, direccionada. La acción informada.

    Y cuéntame ¿Que no te sale? ¿Y qué estás haciendo al respecto?