Etiqueta: Desarrollo Profesional

  • Mano forjada

    Durante mis años de estudio en la universidad, tuve un incidente de seguridad, por así decirlo. Me encontraba en el taller de Procesos de Manufactura donde nos enseñaban a soldar, forjar, doblado de materiales y demás técnicas. 

    En una de las clases nos tocó el tema de forja y el trabajo consistía en cortar un pedazo de varilla corrugada y luego calentarlo hasta la temperatura de forja. Entonces deberíamos de conformarlo mediante el uso de un mazo y un yunque hasta lograr la forma de un cincel. Al finalizar el proceso debíamos de realizar un rápido tratamiento térmico superficial con aceite. 

    Suena complicado, pero básicamente consiste en golpear un pedazo de varilla calentada a alta temperatura en un yunque por un buen rato. Esta actividad se realizaba con todo el equipo de seguridad requerido. Incluido el uso de guantes de protección en manos y diferentes protectores para el resto del cuerpo. 

    Cuando tocó mi turno, procedí a calentar el trozo de varilla, una vez lograda la temperatura necesaria me trasladaba al yunque, sosteniendo la varilla con una mano y golpeando enérgicamente con la otra. El proceso se repitió varias veces. 

    Al final del proceso, un poco desesperado por terminar, comencé a sentir que con el sudor se me resbalaba el mazo del guante. Hay que aceptar que el guante estaba algo gastado. De manera inconsciente, procedí a quitarme con los dientes el guante de esa mano y a sujetar firmemente el mazo. Me sentí liberado y mucho más confiado para realizar la tarea. 

    Logré darle forma a mi cincel y procedí a trasladar la pieza a los contenedores de aceite para el tratamiento térmico. Justo conforme iba a introducir la pieza caliente al aceite, se resbaló de las pinzas con las que la sostenía. De manera completamente reactiva e instintiva mi mano sin guante reaccionó para sujetar la pieza que caía. 

    A esas temperaturas la verdad es que el sentimiento de dolor es instantáneo y desaparece. Agarrar una pieza tan caliente simplemente genera un sonido chasqueante en tu mano, un dolor intenso momentáneo y luego nada. La reacción inmediata de la mano fue soltar la pieza la cual cayó al piso. 

    No recuerdo si expresé algún tipo de maldición a los cuatro vientos. Simplemente la sensación de darte cuenta de que acabas de hacer algo muy estúpido de manera inconsciente era tan grande como el dolor. 

    Rápidamente los maestros procedieron a hacer el tratamiento correspondiente, colocaron algo de grasa en la mano. Luego me dijeron que lavara la mano y asistir al servicio médico. Al ver mi mano podía visualizar claramente el patrón de la varilla corrugada sobre toda mi palma. 

    Pasaron los días, hubo ampollas, afortunadamente no fue mi mano dominante. Así que pude continuar mis días de estudio sin mucho problema. No pasó a mayores, la mano sanó, aunque en retrospectiva la cosa pudo haber sido mucho peor. 

    Lección aprendida

    Como alguien que ha pasado gran parte de su vida en entornos industriales, entendí desde aquella ocasión la importancia del uso del equipo de protección personal y, además, que esté siempre en buen estado. De otro modo se compromete la seguridad del personal. Esto no debería ser opción. Desgraciadamente tanto empresas como personas, en ocasiones no ponen atención e importancia a ello. Creo que no es necesario tener que pasar un incidente para entenderlo. 

    Otro punto muy importante tiene que ver con el error humano, los hábitos y las reacciones inconscientes. A lo largo de los años he visto situaciones en las que se cuestiona a la gente por falta de compromiso y demás, cuando en realidad lo que sucede es que sus hábitos les ganan. El error humano es parte de nuestra existencia, no podemos erradicarlo, solo podemos minimizarlo a través de entrenamiento y sistemas de trabajo. El entrenamiento es fundamental para crear buenos hábitos. Luego se requieren de controles que permitan mitigar la presencia del error humano. Esto es, la ausencia de errores requiere de algo más que solo la intención y compromiso de la gente, tiene que ser diseñada e incorporada a nuestros procesos y nuestros sistemas de gestión. 

    Hoy trato al máximo de no minimizar e ignorar cualquier práctica de seguridad. Es importante saberlo y tomarlo en cuenta, no hay nada más valioso que nuestra salud y nuestra seguridad. 

  • Preservar el conocimiento

    En mis últimos años de la universidad, participaba como profesor asistente en un par de materias previo a la conclusión de mi proceso de titulación. Un día el director de la carrera se acercó a platicar conmigo:

    –Sabes, tengo la intención de participar en la certificación del programa de ingeniería. Será algo bueno para la universidad y para el programa. Me interesa contar con tu apoyo. 

    –Claro. ¿Qué necesitas que haga?

    –Son muchas cosas, revisaremos el plan de estudios y los subsistemas, también hay que documentar las clases bajo un esquema que nos van a presentar. 

    De manera natural, me sentí atraído al reto. Por alguna razón, con el pasar de los años me fui sintiendo a gusto cuando había que estructurar y documentar ideas y conceptos. Tal vez por tantos años de estar metido en la programación que te enseña a definir etapas, pasos, ciclos y sobre todo la lógica del programa. 

    Con el paso de las semanas conocí los requerimientos de la certificación y pusimos manos a la obra. Revisamos todo el temario de la carrera y cómo se conectaban unas materias con otras. Preparamos enormes pliegos de papel impreso en los plotters de ingeniería y revisábamos, comentábamos y rayábamos el papel con los cambios. Luego vino el reto de actualizar todo. Otras personas nos apoyaron y tuvimos que coordinarnos con los diferentes maestros. Requería de trabajo en equipo. 

    Finalmente, llegamos al punto de documentar las clases. Había que preparar de antemano cada clase, lo que sea anotaría en el pizarrón, los ejercicios que se harían en clase y su solución. También debían prepararse diferentes grupos de ejercicios para las tareas y sus soluciones. Había que estructurar varias versiones de examen para cada una de las etapas y además sus soluciones. 

    –Esto es una enorme cantidad de trabajo –dije.

    –Así es. Y tendrá un gran valor para nosotros. En primer lugar, los maestros no tendrán que improvisar. Ya tendrán todo planeado. Y un punto muy importante, si alguno de los maestros no puede asistir. Otro, que tenga los conocimientos y experiencia puede tomar el material y guiarse paso a paso al tener ya desarrollados los ejercicios a aplicar. Nos permitirá tener continuidad. 

    No lo había pensado así, pero era cierto. ¡Cuántas veces no había faltado un maestro que era el único que sabía dar su materia! Me pareció un excelente ejercicio. Yo documenté completamente mis materias y fuimos armando carpetas blancas con el material de cada una de las asignaturas de la carrera. 

    Tras varias semanas de trabajo se logó tener un compendio en carpetas de todas las materias, ejercicios, exámenes y trabajos de cada materia. Así como el plan de estudios actualizados. Más adelante se lograría la tan ansiada certificación. 

    Este fue mi primer acercamiento a un proceso de certificación que requería cumplir un estricto juego de requerimientos, que sería auditado y que como valor agregado habría orillado a cada maestro a revisar sus materias, los contenidos y a generar el contenido y el conocimiento requerido para cada una. 

    Lección aprendida

    Años más adelante recibiendo capacitación sobre sistemas de gestión de calidad, un instructor nos mencionaba que la implementación del sistema debería generar la suficiente y correcta información para luego poder llevarse los documentos que integran el sistema a otro lugar, contratar gente con competencias similares, colocar una infraestructura similar y arrancar una operación con el mismo nivel de productividad y de calidad. 

    Desde aquel momento aprendí que la documentación del sistema de gestión, entre muchos otros beneficios provee una forma de preservar el conocimiento esencial para el desarrollo de una operación y para la capacitación de nuevas generaciones, así como para la consulta de dicho conocimiento.

    Con el paso de los años he invitado a mis clientes a ver la documentación de ese modo, más allá del simple cumplimiento y de la temida burocracia. Como una herramienta para preservar el conocimiento y asegurar la continuidad de las operaciones cuando se requiera. Aún me encuentro muchas empresas sin una documentación formal de sus operaciones. Las que la tienen, es meramente un requisito que usaron para alguna certificación o solicitud de cliente. Sin embargo, no ven al sistema documental como algo que agrega valor ni como una herramienta de uso diario. 

  • Datos para decidir

    A la mitad de la carrera, participando como becario en una empresa de componentes automotrices, me tocó visitar, junto con el director de ventas nacionales, los patios de autos terminados en una de las grandes automotrices del país. El director me explicó que en tiempos pasados le bastaba con hacer un estimado rápido de los autos en el patio para saber cuánto debería de producir.

    –Mira el patio ahora, se pierde en el horizonte la cantidad de vehículos hacia ambos lados. Ya no me basta con simplemente contar a lo largo y a lo ancho y multiplicar para saber como anda la producción. 

    –Eso veo, es un enorme número. Nunca había visto tantos vehículos juntos. 

    El objeto de la visita era darme a entender que ahora él necesitaba algo más, esto es, números, estadísticas para poder hacer estimaciones sobre la producción de las armadoras y entender como se está comportando el mercado para tomar decisiones. 

    Tras esa visita nos dirigimos a la oficina de la asociación nacional de automóviles. Ahí me presentó a la gente que me haría llegar algunos datos históricos sobre la industria. 

    Ya de regreso en nuestras oficinas, recibí el primer conjunto de datos. 

    –¿Cómo ves? ¿Qué podemos hacer con esto?

    Mire la hoja tratando de descifrar el contenido de las columnas. 

    –Voy a procesar los datos y te presento algo. 

    Los siguientes días fueron de meterme a entender como funciona el programa de la hoja de cálculo y que podía hacer con ella. Leí sobre gráficas, sobre celdas, sobre tendencias, estadística y demás. 

    Pasé los datos a una hoja de cálculo y comencé a revisar y procesar los datos. En algunos casos no hacían sentido, en otros faltaba información. Más adelante me daría cuenta de que el archivo que recibía no era consistente. Sin embargo, había que trabajar con él. 

    Experimentando e iterando diferentes visualizaciones y revisando con mi jefe, finalmente, encontré una representación de los datos que hacía sentido. Los números empezaron a hablar, las tendencias empezaron a mostrarse. 

    Con el paso de los meses, fui viendo como se podía ver el comportamiento en los números. Ese fue mi primer acercamiento al análisis de datos y a la toma de decisión basada en hechos. Aprendí que la intuición, basada en la experiencia, está limitada y es necesario recurrir a hechos, datos y herramientas estadísticas para obtener un mayor entendimiento de las cosas. 

    Lección aprendida

    Hoy he aprendido mucho más de los datos, su procesamiento, su análisis y los cuidados que debemos tener al usarlos. En aquel momento aprendí que sin esa habilidad básica estaría muy limitado en el futuro.  A lo largo de los años he encontrado empresas y gerentes que no hacen uso efectivo de los datos. No cuidan el registro de los datos, su procesamiento y su análisis para luego realizar una toma de decisión efectiva. 

    Si un gerente no utiliza cifras y métodos estadísticos, y solo se vale de su propia experiencia, su sexto sentido y sus corazonadas, está reconociendo que su empresa no posee una alta tecnología. 

    Kaoru Ishikawa

    También aprendí que, en ese momento, no tenía prejuicios. Estaba dispuesto a experimentar, a aprender, a descubrir formas de sacar adelante el reto. Simplemente me avoqué a sacar las cosas adelante y aún con sus limitaciones lo logré. Un primer pequeño gran triunfo. Así son las cosas, trabajar con lo que se tiene e ir mejorando y aprendiendo sobre la marcha. 

  • Primero aprendes a barrer

    A media carrera de ingeniería, ya había logrado una beca y me centré en mantenerla para continuar mis estudios. Sin embargo, hacia esa misma época me surgió la oportunidad de hacer un tipo de prácticas en un taller de reparación de motores de una paraestatal. Para aquella época, mi interés se centraba en los motores. Era un trabajo sin remuneración, solamente para “pasar el verano”. 

    El lugar estaba bastante alejado de mi casa, así que tenía que salir muy temprano para llegar a los talleres de los motores. Inicialmente mi ilusión era que podría pasarme el verano armando y desarmando motores. Así que iba bastante entusiasmado. 

    El primer día que llegué al lugar, me presentaron con el jefe del taller. Era un taller amplio con una enorme cantidad de motores y piezas distribuidas ordenadamente por todos lados. 

    El jefe de taller se veía como una persona experimentada y conocedora de su actividad al igual que los compañeros que integraban su cuadrilla de reparación de motores. 

    Tras presentarme con él, la persona administrativa me dejó a su cargo. El jefe de taller me presentó a la gente y me dio un recorrido por las instalaciones. Luego me explicó lo que hacían y, finalmente, yo le pregunté qué tendría que hacer, si estaría ayudando con las piezas y motores o cuál sería la actividad. 

    Él se me quedó mirando, luego fue a una esquina y sacó una escoba.

    –Mira «ingeniero», aquí antes de tocar un motor, primero hay que aprender a ordenar y limpiar. Todos los días hay que barrer al inicio y al final de la jornada. 

    Tengo que aceptar que me sorprendió un poco, pues esperaba estar con las piezas y motores. Me quedé callado y observé mientras el jefe del taller me explicaba paso a paso como tomar la escoba.  

    –Sabes, se puede conocer a una persona observando como agarra la escoba. Así que fíjate. Una mano aquí y la otra acá y así se mueve. 

    El jefe de taller continuó explicando y demostrando la actividad y luego procedió a darme la escoba. La tomé y procedí de acuerdo con lo explicado. Me corrigió un poco y cuando vio que había entendido la actividad me dejó. 

    Las próximas semanas transcurrirían conmigo llegando, tomando mi escoba y barriendo y limpiando el taller antes de iniciar la jornada. El resto del tiempo me la pasaría observando y preguntando e interactuando cada vez más con el personal del taller. Con el paso del tiempo ya me sentaba con ellos en los comederos instalados a afuera de las instalaciones, a un lado de las vías del tren, comiendo unas tortas muy buenas. 

    Al final de mi estadía, ya sabía yo barrer muy bien. 

    Lección aprendida

    A lo largo de los años me ha tocado ver ejecutivos que al llegar a la empresa quieren poder hacer actividades y que todo mundo colabore. Yo aprendí hace muchos años que primero hay que ganarse la confianza y el respeto de la gente. Yo aprendí a hacerlo barriendo. 

    Tiempo después olvidaría esta lección y tendría un desencanto. Conforme pasaron los años aprendí que tanto como colaborador interno como externo, volverse parte de la tribu y ganarse la confianza de los demás es fundamental para luego poder colaborar e incluso poder lograr un cambio. 

    Ser humildes, escuchar y aprender de los expertos es fundamental, es una actividad social que genera vínculos y permite integrarnos en una cultura. 

    En aquel momento, experimenté en sangre propia el proceso de entrenamiento en piso cuando el jefe de taller se tomó el tiempo de enseñarme a barrer. Él tuvo la paciencia, para explicarme paso a paso la actividad, para demostrarme como hacerla y darme la oportunidad de ejecutar mientras él observaba. Esta actividad, he corroborado, es muy escasa en muchos mandos que son incapaces de realizar un entrenamiento efectivo de sus nuevos colaboradores. 

    Las bases, los comportamientos básicos son fundamentales a la hora de desarrollar al nuevo personal. El explicar que primero se limpia y luego se ordena para luego trabajar de manera efectiva es muy importante, en ese taller, era la base de la cultura de trabajo. 

    En aquella experiencia viví también las novatadas al ingeniero, típicas en la industria, y la importancia de mostrar humildad y respeto hacia todos los colaboradores. Esto es algo que me ha servido año tras año. 

  • Nadie está preparado

    Al inicio de mi proceso de titulación, mientras terminaba mi tesis, me dieron la oportunidad de apoyar como profesor asistente en algunas materias en la universidad. Tras mi titulación inicié a laborar en una empresa del giro de autopartes. Y, mientras mi carga de trabajo lo permitió, continué dando algunas clases. 

    Un día me invitaron a una reunión con los maestros de tiempo completo y con los directores pues vendría el representante de una firma de robótica, rama de una armadora automotriz internacional a dar una plática para todo el cuerpo de profesores de la carrera. 

    Al llegar me saludó uno de los maestros, un doctor en ingeniería, con bastante tiempo y renombre en la facultad, me miró y se dirigió a mi: 

    –Sabe, usted vale mucho para nosotros. 

    Sorprendido, me le quedé mirando, pues ciertamente yo carecía de muchos títulos y logros para estar al nivel de maestros con doctorado. Así que me atreví a preguntar:

    –¿Por qué lo dice Doctor?

    –Es muy simple, ¡usted trabaja! Usted está en la industria donde se aplica lo aprendido. Aquí somos muchos académicos y maestros de tiempo completo que no estamos trabajando con la industria. Así que su contacto con la industria es de mucho valor para nosotros. 

    El doctor se dio la vuelta y procedió a entrar al salón donde sería la plática. Yo me quedé pensativo y con un ligero sentimiento de orgullo. Entramos a la reunión y el representante de la empresa dio una interesante charla sobre el estado de la industria robótica en el país. 

    Al finalizar, el mismo doctor que me había hecho comentarios al entrar a la reunión, levantó la mano para preguntarle al representante de la industria sobre si los alumnos de nuestra universidad salían preparados para lo que ellos requerían. 

    El expositor hizo una pausa, miró al grupo, miró al doctor y comentó:

    –Mire doctor, no me tome a mal lo que le voy a mencionar, pero la verdad es que los alumnos de su universidad no salen preparados para lo que nosotros requerimos. 

    Tras observar la mirada sorprendida y el murmullo que comenzó entre todos los asistentes, agregó:

    –De hecho, ningún alumno de ninguna universidad en México, pública o privada, sale preparado para lo que nosotros requerimos. Por ello nosotros los preparamos cuando llegan a la empresa y antes de meterlos a la operación. 

    Hubo un silencio de reflexión en el aula donde estaban todos los maestros. 

    Lección aprendida

    En ese momento, caí en la cuenta de que a mí me había sucedido algo similar. Yo había participado en un programa de 6 meses de entrenamiento para recién egresados en la empresa en la que estaba laborando. Había sido un programa muy intensivo, equivalente a un diplomado, más horas y horas de prácticas en diferentes empresas. ¡Yo había vivido esa realidad! Yo era evidencia de que las empresas se dieron cuenta de que no egresan profesionistas de las universidades como ellas lo requieren. Esas empresas invierten tiempo y dinero en complementar la formación de las personas que van a ingresar a sus organizaciones. 

    A lo largo de los años he visto como no todas las empresas están dispuestas o en capacidad económica de realizar lo que aquel expositor comentó y lo que yo en mi persona viví. Desgraciadamente, aprendí también que muchas empresas viven la ilusión de que pueden conseguir a alguien justamente como lo necesitan sin tener que invertir en su desarrollo. 

    Entendí en aquel momento que solo a través de aceptar la situación y buscar la persona más cercana a lo que se requiere y dedicando tiempo y dinero a su desarrollo se puede lograr contar con el grupo de trabajo que soporte los procesos y los esfuerzos de mejora de la empresa. 

    Los procesos de capacitación y entrenamiento están, en algunas empresas, muy deteriorados o simplemente son inexistentes o informales. Sin embargo, formar a la gente es una de las tareas más importante de las organizaciones. 

    Relatos de gestión y de calidad Vol. 1

    En los últimos meses me he dedicado a escribir un libro que saldrá en dos volúmenes. La temática son Relatos de Gestión y Calidad acumulados a lo largo de +25 años de vida profesional. 

    Estos relatos, basados en historias reales, he tenido que adaptarlos ligeramente para evitar nombrar personas, empresas, y otros puntos que no son relevantes. Además he agregado algunos diálogos para mostrar el punto que me interesa. 

    El punto es compartir puntos que he vivido y que creo que otros o han vivido cosas similares o les podría ayudar conocer estos temas. Intento colocar una lección al final de cada relato que sirva de reflexión al lector para conectar con sus experiencias previas o para acceder a mi punto de vista sobre la situación. 

    El primer volumen ya está escrito y a punto de entrar en etapa de revisión y he decidido, mientras hago ajustes, compartir algunos borradores de algunas historias.

  • No importa tu carrera

    Hace más de 25 años, en mi último semestre de la carrera, recibí junto con un par de compañeros una noticia de parte del director de la carrera. 

    –El rector quiere verlos en una reunión mañana a las 11:00 am. Por sus promedios y desempeño fueron seleccionados para asistir. 

    Así, sin más información, nos dirigimos a la rectoría, nos recibieron en la recepción de esta y nos pasaron por las amplias instalaciones de la rectoría. Al llegar a la sala de juntas encontramos que había otras personas más, todos de diferentes carreras. El rector nos informó que habíamos sido seleccionados para un proceso de evaluación con fines de contratación por parte de una enorme empresa transnacional. 

    El día acordado, un par de compañeros de la carrera y yo, nos presentamos en la mencionada empresa en donde nos llevaron a una enorme sala de juntas con enormes ventanales y en la cual ya había otras muchas personas. Ya sentados nos informaron que nos aplicarían una evaluación. Respondimos por un buen tiempo los diferentes elementos de la evaluación. Al finalizar nos mencionaron que probablemente en un mes recibiríamos una llamada si éramos seleccionados. 

    Una semana después yo recibí una llamada. 

    –Buen día, revisamos tu caso y nos gustaría que te presentes a la brevedad para una entrevista. ­­

    Me quedé pensativo, no había transcurrido el mes que me mencionaron. Aún así acepté la reunión y me presenté lo más formal que pude. 

    Al llegar me sentaron en una pequeña sala de estar y la reclutadora me dio unas indicaciones: 

    –Ahí en la mesa hay varios folletos, revísalos y me avisas cuando lo hayas hecho. 

    Era una gran cantidad de folletos, cada uno correspondía a una especie de puesto o posición en la organización, los había desde funciones de mercadotecnia, finanzas hasta posiciones de manufactura. 

    –Ya terminé de leerlos.

    –Pasa, toma asiento. Mira, voy a serte muy clara, la posición para lo que te estamos solicitando es en el área de mercadotecnia. 

    Me quedé bastante sorprendido, pues yo estaba en proceso de titularme como Ingeniero Mecánico con especialidad en Diseño Mecánico tras cuatro años muy intensos de estudio y esfuerzo. No sabía realmente que responder. Me mantuve callado por un tiempo, hasta que pude articular algunas palabras.

    –No entiendo por qué me querrían para mercadotecnia si estoy por terminar ingeniería. Creo que no es lo mío. Yo quiero trabajar en algo relacionado con mi carrera. 

    –Te entiendo. Sin embargo, para nosotros no es importante lo que has estudiado sino tus cualidades y tus habilidades. Nosotros somos una empresa de productos de consumo y aún así ¿sabías que nuestro director de Latinoamérica es Ingeniero Nuclear?

    Tengo que aceptar que me sorprendió bastante la declaración. En aquel momento mi cerebro no procesó correctamente la situación. Eran ideas totalmente encontradas que hacían corto circuito en mi cerebro. Continuamos la plática por varios minutos más y al final nos despedimos. Yo comenté que por el momento no me interesaba, que quería dedicarme a mi carrera. 

    Lección aprendida

    Hoy más de 25 años después de aquel encuentro, no trabajo ya más en mi carrera propiamente, mi trabajo profesional dio un giro muy grande a lo largo de los años. Hoy me queda muy claro que muchas empresas buscan al talento correcto y no a la carrera correcta. Las carreras ayudan a evidenciar los talentos de la gente. Los procesos de selección, desde aquel entonces, en esas empresas de vanguardia, se basaban más en el potencial de la gente y sus competencias, no en la carrera que habían estudiado.

    Hoy veo empresas aún revisar los currículos buscando pepitas de oro en los estudios de las personas. Hoy he aprendido que nuestros estudios no nos limitan y mucho menos definen nuestro ejercicio profesional. Hoy sé que debemos estar abiertos a conocer nuestras fortalezas y aplicarlas de la mejor manera a las tareas que empatan mejor con ellas. El conocimiento, al final, es algo que debemos cultivar toda nuestra vida. 

    Nuestra carrera no define al 100% nuestra vida profesional. Es, en mi opinión, solamente un trampolín para entrar al mundo laboral. En ese mundo, tendremos que adaptarnos lo mejor posible y continuar aprendiendo para dar lo mejor de nosotros y si es necesario, ajustar sobre la marcha. 

    Relatos de gestión y de calidad Vol. 1

    En los últimos meses me he dedicado a escribir un libro que saldrá en dos volúmenes. La temática son Relatos de Gestión y Calidad acumulados a lo largo de +25 años de vida profesional. 

    Estos relatos, basados en historias reales, he tenido que adaptarlos ligeramente para evitar nombrar personas, empresas, y otros puntos que no son relevantes. Además he agregado algunos diálogos para mostrar el punto que me interesa. 

    El punto es compartir puntos que he vivido y que creo que otros o han vivido cosas similares o les podría ayudar conocer estos temas. Intento colocar una lección al final de cada relato que sirva de reflexión al lector para conectar con sus experiencias previas o para acceder a mi punto de vista sobre la situación. 

    El primer volumen ya está prácticamente escrito y a punto de entrar en etapa de redacción y he decidido, mientras hago ajustes, compartir algunos borradores de algunas historias.