Etiqueta: Salud Mental

  • Frustración

    El otro día, en un taller que impartí, reflexionábamos sobre los puntos que nos impiden desempeñarnos correctamente en el trabajo. Sobre las cosas que nos distraen. Las cosas que absorben nuestro tiempo, nuestros pensamientos y que merman nuestra productividad, eficiencia y eficacia en el trabajo (y en el día a día).

    De la discusión, eventualmente, en ocasiones, sale el tema de la frustración personal y en el trabajo. Y lo cierto es que en algún momento a lo largo de nuestras vidas, a nivel personal y a nivel profesional, alcanzaremos algún grado de frustración. También es cierto que podremos hacer cosas que están a nuestro alcance para remediar la situación, y en otras ocasiones no podremos hacer mucho o nada.

    Al final, el reto es cómo manejamos la frustración. La frustración puede surgir por muchas razones, entre algunas que me vienen a la mente están:

    • No poder realizar una tarea
    • Tener que realizar una tarea que no nos gusta
    • Querer que las cosas sucedan de un cierto modo
    • Querer tener algo que no tenemos o no podemos tener

    El no poder realizar una tarea puede tener que ver con mi propia competencia. La falta de competencia (conocimiento y habilidad) afecta mucho lo que puedo hacer, la forma y la eficiencia para hacerlo. Afortunadamente se puede obtener el conocimiento y realizar la práctica para alcanzar un nivel aceptable de desempeño.

    Para lograr un nivel superior hace falta también que la tarea sea compatible con nuestros rasgos personales. Y eso tienen que ver conque estemos en la tarea correcta para nuestra competencia. Aquí lo importante es darnos cuenta si estamos en el lugar correcto de acuerdo a nuestra fortalezas. En ocasiones nos resignamos y eso puede ser peligroso. Yo en más de una ocasión he cambiado el rumbo para evitar la frustración. Es importante hacer una seria introspección al respecto. Llevar una bitácora para registrar nuestros sentimientos y «frustraciones» es una buena forma de sacar las cosas a flote y entonces poder tomar acciones adecuadas.

    En ocasiones tendremos que realizar cosas que no nos agradan. Es parte de la vida y ni modo, hay que «echarle ganas» como dicen por ahí. Pero sobre todo hay que hacer uso de nuestras fortalezas para sacar adelante aquello que no nos agrada. Aceptar que tenemos que hacerlo, y que el hacerlo rápido y bien nos permite pasar a realizar lo que sí nos agrada puede ser un aliciente importante para completar dichas tareas.

    El no adoptar un enfoque correcto en las tareas que no nos gustan nos puede llevar a la procrastinación o a dejar las cosas para después lo cual puede afectar tanto nuestra vida personal como profesional. Las cosas que tienen que hacerse, simplemente tienen que hacerse. Cuando estamos en la posición de hacerlo, delegarlas a una persona con las competencias correctas es la mejor manera de salir adelante con esto.

    Algunas vez leí que ciertas filosofías orientales señalan que mucho del sufrimiento se origina con los dos últimos puntos de la pequeña lista. Querer lo que no tenemos y querer que suceda lo que nosotros queremos. Si bien es cierto que en ocasiones tenemos control sobre las cosas, en otras no. Cuando tenemos el control, el tomar acciones de manera consistente sabiendo que eventualmente las cosas cambiarán es importante. Aquí la tenacidad o la resiliencia es importante. Pero igual de importante es, en ocasiones, el aceptar donde estamos, lo que tenemos y lo que no podemos cambiar.

    Y es importante diferenciar entre aceptación y resignación. El que se resigna ya no hace nada al respecto, pero el que acepta su situación puede, a partir de ese momento, ver las cosas claramente y plantear alternativas hacia delante. Quien se resigna se queda estancado y solo incrementa su nivel de frustración, en mi opinión.

    Técnicas como la conciencia plena o la meditación son herramientas que ayudan a centrarse en el presente, en el hoy. En lo que tenemos y en lo que somos y no en lo que no tenemos y en lo que podría ser. Ayudan a no voltear excesivamente al pasado o al futuro. Estas técnicas y otras son una herramienta útil en estos casos.

    En ocasiones, no podemos encontrar la solución o apoyarnos a nosotros mismos y es importante aceptar que requerimos ayuda externa. Ayuda profesional ligada con la salud mental. Y esto requiere de romper muchos paradigmas y aceptar que, como mencioné, necesitamos ayuda. Asistir a un terapeuta calificado o a un psicólogo siempre será una excelente opción para poder brincar el bache de la frustración.

    Yo en lo personal he aprendido a darme cuenta cuando estaba en el lugar incorrecto y tome decisiones en su momento. Unas veces lo hice solo y otras con ayuda. Llevo mi bitácora personal y de vez en cuando exploro mis sentimientos y frustraciones y pongo en papel las cosas para poder visualizar mi realidad y mis opciones. También practico la meditación cuando lo veo conveniente, respiro y centro mi mente en el presente. Y sí, he recibido apoyo profesional porque he aprendido y aceptado que la única forma de seguir adelante es con una adecuada salud mental (y física también).

    Y tú ¿Cómo manejas tu frustración? ¿Cómo canalizas tus energías para seguir adelante? ¿Cómo te armas de valor para realizar los cambios necesarios para seguir adelante? Lo malo, al final, es resignarse y no hacer nada.