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Gestión de Procesos

Chiles asados

Si eres mexicano, seguramente conoces un lugar que tiene una salsa que en tu opinión es extraordinaria. No hay otro lugar que la tenga. Y eso te hace regresar, pues ese lugar sí sabe hacer las salsas.

Hacer salsas es todo un arte y una de las recetas comunes implica usar chiles asados, y también el tomate, la cebolla y demás. En ciertas salsas, el asar los chiles es una buena práctica para tener una buena salsa.

Las buenas prácticas pueden o no pueden ser un secreto. Lo que si es cierto es que funcionan. Son la experiencia y el conocimiento destilado en prácticas que generan buenos resultados.

En las empresas pasa algo similar, existen prácticas que son como los chiles asados, son buenas prácticas que funcionan. Tal vez no funcionen para siempre, pero mientras no se encuentre una mejor forma de hacer las cosas, esa práctica es la que se debe seguir.

Las empresas a lo largo del tiempo, a través de generaciones de empleados, desarrollan buenas prácticas. Las buenas prácticas pueden estar basadas en la pura experiencia (ensayo y error) o en alguna teoría o en alguna buena práctica de la industria. Inclusive algunos clientes sugieren o exigen buenas prácticas a sus proveedores.

Uno de los grandes retos de las empresas es conocer y documentar sus buenas prácticas. No es posible documentar todo, pero sí, al menos, la etapas principales, los insumos y sus características, los parámetros de las máquinas y los criterios de decisión.

Las buenas prácticas se convierten en estándares y los estándares deben de ser transmitidos al personal (a través de capacitación y/o entrenamiento), deben de ser supervisados y deben de ser exigidos, pues “es lo que funciona”. Y ¿por que no hacer lo que funciona? La única respuesta válida sería “porque encontramos algo mejor”.

Las buenas prácticas generan productos y servicios de calidad. Es algo muy simple, pero si no sigues la receta de los chiles asados, aunque te ahorre tiempo, aunque ahorres en gas, las cosas no saldrán como esperas.

Por ello es necesario tener claro cuales son tus “recetas maestras”, las que describen las buenas prácticas e implementarlas, supervisarlas y exigirlas en el día a día. No hacerlo significa comprometer la calidad.

Un sistema de gestión de calidad lo que pretende es identificar los procesos y buenas prácticas que llevan a la calidad y estandarizarlas. Exigir su implementación, garantizar que la gente, insumos e infraestructura adecuados estén disponibles y que se midan los resultados y se tomen acciones ordenadas y documentadas cuando haya desviaciones. Asimismo, solicitan que haya mejora de las buenas prácticas.

Gestionar la calidad, y las buenas prácticas que la generan es fundamental en cualquier organización. La calidad no es un área o una función, la calidad es dar cumplimiento a los requerimientos y necesidades de los clientes a través de productos y servicios que se generaron a través de buenas prácticas.

En mi experiencia, en algunas empresas no se le ve así. Las buenas prácticas se pierden, se sustituyen por otras que no dan los mejores resultados. No se exigen, ni se supervisan, ni se miden ni se mejoran. No hay un enfoque para defender las buenas prácticas, no se valora el “asar los chiles” y eso es un riesgo enorme.

Cuéntame, en tu área o empresa ¿conoces cuáles son tus buenas prácticas? ¿Conoces perfectamente dónde debes “asar los chiles” para generar el mejor resultado posible? ¿Lo gestionas, controlas, exiges y mejoras?

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