Etiqueta: Cultura

  • El bonsai y la cultura organizacional

    La cultura organizacional se puede definir cómo «el conjunto de experiencias, hábitos, costumbres, creencias, y valores, que caracteriza a un grupo humano».

    Todo ello influye grandemente en la forma en que una organización se comporta para lograr resultados positivos o negativos, para crecer o para estancarse, para permanecer o para desaparecer.

    La cultura organizacional se crea a lo largo del tiempo y puede ser gestionada o dejada al azar. Posiblemente tu hayas visto un árbol en estado silvestre y tal vez hayas visto un árbol bonsái.

    Cuando yo era pequeño, mi papá tuvo una época en la que adquirió y cuidó unos pequeños árboles bonsái. En general un árbol bonsái se puede hacer del siguiente modo:

    • Se toma un pequeño árbol.
    • Se busca su mejor lado y se imagina uno como quiere que sea.
    • Se cortan las ramas sobrantes y secas para mostrar la forma general.
    • Luego se utilizan alambres para ir moldeando la forma del árbol.
    • Se cortan las raíces y se transplanta en una maceta especial que muestre el mejor lado del árbol
    • Posteriormente se continúa una cuidadosa rutina de poda, alambrado (cada 3-4 meses), poda de raíces y riego.

    El proceso toma años, literalmente, y los árboles llegan a crecer en formas extraordinariamente bellas. Requieren de un cuidado constante y, si se hace correctamente, se pueden pasar de generación en generación con árboles que superan los cientos de años.

    Y ¿qué tiene que ver eso con una organización? Pues es muy simple, una cultura organizacional es como un árbol. Si lo dejas a su azar puedes acabar con cualquier cosa y forma. La cultura organizacional robusta es como un bonsái, requiere cuidado constante de sus fundadores, mandos y gerentes. Tiene que irse moldeando y ajustando periódicamente y tiene que mantenerse prácticamente a diario.

    No podemos esperar que nuestra organización se vuelva innovadora, centrada en la mejora continua, enfocada en la solución de problemas, alineada con los clientes-productos-servicios, con espíritu de servicio, que trabaje en equipo, que esté centrada en la estrategia y el uso óptimo de recursos, y otros elementos de interés, si NUNCA, pero nunca nos tomamos el tiempo, esfuerzo y recursos para moldear dicha cultura.

    En algunas organizaciones la cultura organizacional se ignora, se desestima y se deja completamente al azar, pero eso no quiere decir que no se forma una cultura, sí se forma, pero no la que se quiere, no la que se necesita. Esas creencias, costumbres y hábitos si no se cuidan y mantienen pueden arraigarse muy fuertemente y luego cambiarlos, cuando la organización ha crecido y madurado, es muy complejo y tardado.

    Moldear y cambiar la cultura organizacional no es rápido, fácil ni sencillo. Requiere tiempo y dedicación como el que se destina a crear un hermoso bonsái. Lo mejor es, desde el principio, ir moldeando y manteniendo dicha cultura de manera activa por parte de los mandos y gerentes. Día tras día, semana tras semana, año tras año. No hay atajos.

  • La mejor herramienta (2/2)

    Continuando con el tema de la publicación anterior quiero contar una anécdota personal que ayude a reforzar mi explicación del tema.

    Hace años renació en mi el interés por observar el cielo nocturno, la luna, los planetas y las estrellas. Yo estaba decidido a adquirir un telescopio que pensaba era lo que necesitaba para alimentar mi interés. Investigué múltiples marcas y modelos, leí reseñas y demás. Al final no lograba decidirme.

    Fue entonces que decidí contactar a un astrónomo que seguía en redes sociales. Le expliqué mi situación y mi atrevimiento a preguntarle que modelo y que marca de telescopio adquirir. Su respuesta no fue lo que esperarías escuchar.

    El astrónomo me explicó que las casas están llenas de telescopios que nadie usa porque no sabe a dónde apuntarlos. Por lo tanto me recomendó que NO comprara un telescopio. Me pidió hacer lo siguiente: «Estudia y trata de identificar al menos unas diez constelaciones sin el uso de nada más que tu simple vista».

    Procedí de acuerdo a lo instruido, utilizando diferentes cartas de estrellas y simuladores astronómicos, logré eventualmente identificar la constelación de Leo, la de Sagitario, la de Escorpión, la de Pegaso, el Carro, Casiopeia, el Cisne, Géminis y algunas más.

    En ese momento, debería yo de pasar al «siguiente nivel». El astrónomo me había indicado que ahora debería de conseguir unos binoculares. No un telescopio. Los binoculares poseen un campo de visión más amplio y permiten localizar objetos de campo profundo como cúmulos estelares y nebulosas de manera más sencilla.

    Ya con los binoculares un nuevo mundo se abrió ante mi, pude identificar las Pléyades, la nebulosa de Orión y diferentes cúmulos de estrellas cerca de la constelación de Escorpión. Así mismo, pude localizar la galaxia de Andrómeda, apenas visible.

    Para llegar a este punto, yo ya era capaz de ubicarme en el cielo estelar, diferenciar una estrella de un planeta y sabía donde se encontraban diferentes objetos estelares.

    Llegado este punto, el astrónomo me indicó que entonces ya podría compararme un telescopio. Para este momento ya había investigado los pros y los contras de diferentes telescopios y entendía mejor sus características y lo que implicaría su uso. Yo ya tenía un entendimiento del cielo nocturno y los objetos estelares.

    La compra del telescopio fue mucho más sencilla. Uno pequeño, portátil, pero con suficiente tamaño para ver los objetos de mi interés. Una vez que llegó, fue un deleite. Fácilmente pude apuntar a la Luna, Marte, Júpiter, Saturno y a las decenas de objetos estelares que ya conocía y podía ubicar fácilmente. Es una herramienta que he aprovechado ampliamente y me ha permitido a mis familiares y conocidos ver vistas increíbles.

    Posiblemente en un futuro compre un telescopio mejor, pero se tendrán que dar ciertas condiciones para que valga la pena la inversión. Hoy, con el que tengo, me puedo decir un astrónomo aficionado.

    Como puedes ver, no fue la herramienta la que me brindó el desempeño, fue el estudio y empezar por cosas pequeñas y simples. De ahí fui añadiendo conocimiento y herramientas que hicieron mi práctica mejor y más sencilla.

    Lo mismo pasa con otras herramientas como aplicaciones de software, equipos de cómputo, máquinas y demás que podemos incorporar a nuestras organizaciones. Debemos tener el entendimiento de los principios fundamentales detrás de esa herramienta para realmente aprovecharla al máximo.

    Para mi el punto es, si vas a invertir en un CRM, aprende primero la esencia del manejo de relaciones con clientes, domínalas en papel y crea cultura. Luego invierte en el software y la infraestructura. Lo mismo con un ERP, primero domina las bases de la gestión de producción, almacenes, compras, tiempos de entrega, programación y demás. Lo mismo con las herramientas de planeación y gestión de proyectos y manejo de tareas en la empresa. Si una persona no tiene la cultura y el hábito de administrar sus pendientes, el software no lo hará por ella.

  • La mejor herramienta (1/2)

    En una reciente charla en la página de FB del blog, me preguntaron sobre una herramienta para gestionar el tiempo en las empresas.

    Como entusiasta de la fotografía, continuamente me preguntan ¿qué cámara uso? Lo curioso es que, aunque la herramienta influye en la fotografía, no es el elemento que más la determina.

    A la pregunta sobre la cámara, más de un fotógrafo comentará que lo importante es el conocimiento sobre la fotografía y los años de estar practicando.

    Hay una frase que me gusta:

    «La fotografía no se trata de las cámaras, artilugios y artefactos. La fotografía se trata del fotógrafo. Una cámara no realizó una gran fotografía más allá de lo que una máquina de escribir redacta una gran novela.»

    Peter Adams

    Haciendo una analogía. Para gestionar el tiempo en una empresa, lo más importante NO ES la herramienta. Es, por así decirlo, la cultura. El enfoque, las buenas prácticas, el conocimiento.

    La herramienta es aquello que va a potenciar a dicha cultura, enfoque, conocimiento y buenas prácticas. La herramienta no va a generar la cultura, enfoque, conocimiento y buenas prácticas.

    A lo largo de los años, he visto múltiples empresas invertir en diferentes herramientas (físicas y digitales) que se han quedado paradas o aplicadas parcialmente ante la inexistencia de una cultura que las soporte y que las aplique de manera consistente.

    Otra analogía es una bicicleta, un buen ciclista en cualquier bicicleta hará un buen papel. Él es buen ciclista porque se ha preparado, porque cree en el ciclismo, por que entrena continuamente. Una buena bicicleta potenciará esa pasión, dedicación y cultura para obtener un desempeño mejor.

    Así pues, no son las agendas (físicas o digitales), no son las apps o las plataformas las que diferencian a una herramienta de otra. Es su cultura en la aplicación de un concepto. Si conocemos las buenas prácticas, tenemos la convicción y trabajamos para que todo mundo en la empresa siga dichas prácticas, las herramientas mostrarán un beneficio. Sino, pasarán a ser caros pisapapeles (físicos o digitales) que estarán arrumbados en algún lugar de la organización.

  • Había una vez…

    ¿Recuerdas cuando escuchabas estas palabras de niño? ¿Te ha tocado observar como los niños pequeños reaccionan a esto? Simplemente hacen silencio y prestan atención ¿Por qué? La cuestión es muy simple nuestro cerebro ha evolucionado para escuchar historias.

    Los seres humanos nos hemos contado historias desde tiempos inmemorables. Desde antes del lenguaje escrito.

    ¿Por qué es importante todo esto te preguntarás? Resulta que en nuestras empresas deseamos que la gente tome decisiones, queremos que sea autónoma, que sepa que hacer cuando nosotros, los mandos o gerentes, no estamos disponibles.

    Llegar a ese punto de autonomía toma tiempo y no podemos simplemente enseñar todo lo que hemos aprendido a la gente, tampoco podemos escribir todo en procedimientos, no es práctico.

    ¿Qué hacer entonces? Pues resulta que podemos usar historias. Las historias proveen un marco de actuación para la gente. Un niño que haya escuchado una historia, al enfrentarse a una situación podría preguntarse ¿qué haría mi superhéroe favorito en este caso? Y eso le da un marco para tomar decisiones y actuar.

    Las historias son una excelente forma de contribuir a crear la cultura de la empresa. Los gerentes necesitan escoger bien a sus héroes y escoger bien las historias que quieren contar a la gente. Estas historias ayudarán a forma el marco de actuación para favorecer la toma de decisión autónoma.

    Las historias, puede además favorecer la toma de acción. Los datos, los números, los hechos son importantes, pero no mueven a la gente. Aunque pensamos que somos racionales, resulta que somos más emocionales. Y las historias conectan con nuestra emociones.

    Con las historias podemos:

    • Incitar a la acción
    • Comunicar quienes somos (como líderes)
    • Comunicar lo que es la empresa
    • Transmitir valores
    • Promover la colaboración
    • Compartir conocimiento
    • Guiar a la gente hacia el futuro

    (Denning, Stephen, The Leader’s Guide to Storytelling, Jossey-Bass)

    Las historias ayudan a forma la cultura y a establecer los límites dentro de los cuales queremos que la gente actúe, así como proveer de una luz, un camino sobre el cual tomar decisiones ante la incertidumbre.

    ¿Cuentas historias? Seguramente sí. Te invito a escribir las historias que cuentas a tu gente. Al menos una lista de ellas. ¿Son historias de éxito? ¿Conectan emocionalmente?

    Al final la gente se acuerda de las historias más que de los hechos. Por ello no hay que dejar de lado su utilidad. El tema de contar historias o el «storytelling» dentro del ámbito corporativo ha tomado una relevancia enorme en los últimos años. Tanto en la creación de cultura y el liderazgo como en términos de generar influencia y ganar clientes y adeptos a una marca.

    Este tema es muy amplio y nos dará mucho de que reflexionar en publicaciones posteriores.