Etiqueta: Competencia

  • Hacer y saber hacer

    El otro día iba yo manejando cuando me percaté de que la persona que venía manejando frente a mí, a muy baja velocidad en el carril de alta velocidad, venía con el celular en la mano. Así mismo, mientras me pasé al carril de en medio, al poco tiempo otra persona me rebasó por el carril de la derecha.

    Obviamente, estas dos personas «estaban manejando», lo estaban haciendo, pero lo cierto también es que «no lo saben hacer». En primer lugar uno no debe de manejar mientras usa el celular. Si vamos lento no debemos ir en el carril de alta velocidad y no se debe rebasar por la derecha. Esto fue un claro ejemplo de gente que hace una actividad, pero no la sabe hacer. Situación que también sucede en las empresas.

    En una ocasión, realizando un diagnóstico a una operación con muchos problemas, me encontré que el responsable de la calibración de los equipos de medición, tenía 10 años ejerciendo la función. Al entrevistarlo sobre unos equipos críticos para la operación, me encontré que no sabía que debían ser calibrados. Esta persona tenía 10 años haciendo algo, pero no sabía hacerlo.

    Creo firmemente, que aunque un gerente o mando no debe saberlo todo, debe de tener claridad respecto a lo que un puesto requiere saber y debe conocer los mecanismos para evaluar sí esa persona sabe hacer lo que está haciendo.

    Que una persona realice una tarea no implica necesariamente que la persona sabe, puede tener experiencia en hacer lo que hace, pero no necesariamente tiene «buena experiencia haciéndolo». No es lo mismo hacer, que hacer con buenas prácticas.

    En otra ocasión, hace años, al ir a una tienda de celulares y esperar una refacción, me percaté de que una persona estaba en una computadora, en el Excel, haciendo unas facturas. Lo curioso es que llenaba la hoja de cálculo y luego con una calculadora de escritorio sacaba los totales. La persona tenía cierto tiempo haciendo la tarea, pero pude concluir que claramente «no sabía hacer» la tarea. Habría sido más eficiente y rápido el programar la hoja de cálculo.

    Una persona que hace las cosas puede «sacar la chamba (el trabajo)» como decimos en México. Pero no necesariamente lo hace de la manera más productiva, eficiente y correcta. Su método puede estar poniendo en riesgo la operación ya sea hacia la calidad (como en el caso de los instrumentos de medición) como hacia la seguridad (como en el caso de los que manejan mal).

    Un ejemplo final que he visto a lo largo de los años son ejecutivos y gerentes analizando erróneamente los datos de su negocio. Preparan tablas, sacan cálculos y realizan gráficas las cuales no cumplen con los requisitos básicos para proveer confiabilidad en los resultados. Un caso riesgoso, pues en base a dichos análisis se toman decisiones de negocio.

    Y entonces hoy mi reflexión es ¿tienes la certeza de que tu gente sabe hacer lo que tiene que hacer o solo lo está haciendo? ¿Tienes la certeza de que sabes hacer lo que te toca como mando? No es lo mismo hacer que saber hacer. Recuerda que una de las principales razones para que las cosas no salgan en las empresas es contar con gente que no sabe hacer las cosas.

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  • Tu trabajo en 8 horas

    Siguiendo con publicaciones asociadas a la NOM 035, en este caso quiero tocar el tema de cargas de trabajo y a su vez la selección y competencia del personal, que al no tomarse en cuenta pueden causar estrés y falta de motivación en el personal a nuestro cargo.

    Hace muchos años tuve un jefe, muy estimado, que decía:

    «Si no puedes con tu trabajo en 8 horas, o no puedes con tu trabajo o es trabajo para dos.»

    E.G.

    Esta frase toma en cuenta los dos aspectos comentados al inicio. Vemos uno a la vez.

    Carga de Trabajo

    La NOM 035 habla de evaluar y equilibrar cargas de trabajo, pero realmente tenemos que preguntarnos si sabemos como hacer esto.

    Una persona, en principio, si es competente, puede realizar una cierta tarea en un cierto tiempo. Ese tiempo depende de muchas cosas, aunque básicamente depende del diseño del proceso. Esto es, lo que se puede hacer en un cierto tiempo depende de cómo se diseño la tarea, de la infraestructura con la que se cuenta, de la competencia de la persona, de los insumos, materiales e información y del método o criterios de operación establecidos.

    En industrias como la automotriz. Para liberar una línea de producción se requiere primero asegurarse que todo, gente, máquinas, materiales, herramientas y herramentales están como se requiere. Se realizan corridas de producción de pruebas y se miden los tiempos y movimientos y los problemas de calidad. Se arregla o mejora el proceso y se vuelve a correr hasta que se logra el resultado requerido. A partir de ese momento, se sabe que la línea puede trabajar con una cierta capacidad.

    Cuando el requerimiento o carga de trabajo se excede por mucho, la gente deja de seguir controles o de ejecutar actividades y se empieza a sacrificar la calidad por la productividad.

    En otros casos, cuando las máquinas se deterioran o los insumos, materiales o información no llegan a tiempo, completos o correctamente, la productividad se cae.

    En servicios, en mi experiencia, es raro que se evalúen o siquiera consideren el diseño del trabajo y de las cargas de trabajo, simplemente se asignan tareas a diestra y siniestra y se espera que la gente las cumpla. En ocasiones, eso lleva a situaciones imposibles en las que la gente se queda horas «largas» para cumplir tareas y en otras simplemente no pueden sacarlas a delante. Esto puede llevar a crear puestos alebrijes y creadores de viudas, puestos imposibles de cumplir.

    Como gerentes debemos estar muy conscientes del diseño del proceso, las tareas y lo que implica y de lo que se puede lograr. Hay un límite y más de ello requiere una de dos, mejorar el procesos (cambiar método, máquina, competencia, materiales, etc.) o duplicar el proceso. Esto es, es trabajo para dos o más personas.

    Selección y Competencia del personal.

    Ya en otras ocasiones he platicado ampliamente de los problemas que ocasiona el no seleccionar adecuadamente al personal y de no trabajar para su desarrollo y asegurar sus competencias.

    Tenemos que:

    Conclusión

    Ya he comentado que nosotros ponemos a nuestra gente en condiciones de motivación y o de desmotivación. Todo ellos afecta su nivel de estrés y ansiedad en el trabajo y en muchas ocasiones no tienen gran influencia sobre ello.

    Tenemos que ser expertos en entender nuestros procesos y entender que la clave del éxito en la gestión de la gente está en la gestión de los procesos.

  • No necesitamos gente capacitada

    Cuando doy un taller y toco el tema de Gestión de Procesos pregunto a los participantes ¿qué se necesita cuidar en el proceso para que las cosas salgan bien?

    En una gran cantidad de ocasiones recibo la respuesta de «necesitamos gente capacitada». Pero yo les digo que no, que no necesitamos gente capacitada. Y en esta ocasión quiero explicar porqué.

    Tal vez sea cuestión de términos, pero estos, en el mundo de la gerencia, pueden significar la diferencia entre una estrategia de desarrollo de personal correcta y otra que no.

    Para realizar una tarea, una persona tiene que ser competente. Y ser competente implica, primordialmente 4 cosas:

    • Perfil adecuado. Si fallamos en elegir correctamente a una persona para una tarea, si sus características innatas o de su personalidad no cuadran con la tarea, es probable que ningún tipo de acción (capacitación u otra) pueda volverlo competente.
    • Conocimiento. Básicamente esto es saber. Es información. Se puede adquirir de muchas formas. Una capacitación presencial, mediante formación escolar, mediante la lectura de libros, a través de la asistencia a seminarios o congresos, a través de la interacción con expertos, etc.
    • Habilidad. Significa saber hacer. Es algo que solo se logra dominar a través de la práctica. Se requiere aplicar. Talleres, simulacros, dinámicas y el entrenamiento en piso sirven para este propósito.
    • Experiencia. Entre más tiempo hacemos algo, entendemos mejor como funciona y cómo ajustar ante situaciones inesperadas. El tiempo, nos da, junto con el conocimiento y la habilidad, el entendimiento para realizar una tarea mejor que un novato. La experiencia tiene que ser buena y basada en la constante actualización y mejora. Pero eso es tema de otra publicación.

    Cuando la persona cuenta con los 4 elementos antes mencionados, podemos hablar de tener una persona competente. Una que sabe hacer las cosas. Lo siguiente será hacerla autónoma.

    Podemos observar claramente que son muchas las actividades que llevan a la competencia. No una sola. Por ello, pensar que lo que necesitamos es «capacitar a la gente», en mi opinión es un enfoque inapropiado y de un alcance limitado.

    Podemos enviar a nuestra gente a cientos de cursos y no darles entrenamiento en piso y oportunidades de aplicar las cosas y todo seguirá igual. Las empresas establecen indicadores de horas de capacitación al personal que se cubren o exceden cada año, pero que no están alineados con el rumbo de la empresa o que no se les da seguimiento o posibilidad de desarrollar Habilidad y Experiencia y eso merma su utilidad.

    La mera capacitación en sí no hace competente a una persona. La capacitación es una pieza de un rompecabezas más amplio y complejo que solamente contar con un calendario de cursos que cumplir.

  • La fórmula contra los problemas de las empresas

    Por muy tonto que vaya a sonar esto, la fórmula contra los problemas de las empresas es no crearlos. Así de simple.

    Cuando un empleado se desempeña de manera inadecuada es porque se le seleccionó de manera incorrecta. Si se entrena de manera deficiente, también el desempeño será marginal. Si los sistemas de trabajo no son diseñados tomando en cuenta buenas prácticas de administración, no se considera la interrelación de procesos y no se involucra a los responsables de un proceso, las cosas no funcionan y se crea un problema. Si una buena idea de mejora se implementa de manera deficiente, se puede convertir en un problema. Si se instala una nueva tecnología, sin analizarla a fondo y sin tomar en cuenta necesidades de mantenimiento, eventualmente se tendrán problemas.

    Muchas empresas padecen de problemas que ellas mismas siembran al desconocer la forma en que se deben realizar y administrar las operaciones que están a su cargo. Al carecer de un adecuado enfoque de procesos y esperar que las cosas funciones solo con el compromiso y las ganas de la gente.

    La competencia del personal, de los mandos y de los dueños es fundamental para que los problemas «comunes» desaparezcan. Pero mientras no tomemos conciencia de lo importante que es ello. Mucho problemas «comunes» evitarán el crecimiento y mejora de las empresas.

  • Primero define la tarea

    Algo con lo que me encuentro frecuentemente en las empresas es que están pensando como reestructurar sus áreas y organizaciones. Sin embargo, en mi opinión, no iniciamos por el principio.

    La razón de la re organización en ocasiones tiene que ver con que la gente que tiene asignada la tarea no la realiza. Entonces empiezan a hacer movimientos, esta tarea se la daremos a tal persona, esta otra tarea se la daremos a otra persona, vamos a crear un nuevo puesto, etc.

    En otras ocasiones, noto a las empresas (y a los gerentes y directivos) preocupados, o más bien empecinados, en que cierta persona realice las actividades, cuando lo importante es que se haga la tarea, no tanto quién la hace.

    Yo considero que lo primero es analizar la tarea. Esto es:

    • ¿Por qué se tiene que hacer?
    • ¿Qué se tiene que hacer?
    • ¿Cada cuando? (Frecuencia)
    • ¿Cómo se debe hacer? (Método)
    • ¿Con qué se debe de hacer? (Infraestructura)
    • ¿Cuánto se debe de hacer? (Carga de trabajo)
    • ¿Con quién debe de realizarse? (Interacciones)
    • ¿Requiere generar evidencias?
    • ¿De quién recibe materiales, insumos o información? (Proveedores)
    • ¿A quién provee insumos, materiales, información, productos o servicios? (Clientes)
    • ¿Está sujeta a normas o legislación?
    • Etc.

    Una vez con esa información, podemos analizar qué tipo de persona requerimos para dicha tarea. Acaso:

    • ¿Requerimos una personas con habilidades sociales?
    • ¿Requerimos una persona técnicamente muy competente?
    • ¿Requerimos una persona con habilidades de organización y planeación?
    • ¿Requerimos una persona con habilidades de liderazgo?
    • ¿Requerimos una persona que tome decisiones en situaciones de certidumbre o incertidumbre?

    Lo siguiente es identificar a los candidatos que pueden satisfacer dicha tarea y posiblemente otras tareas asignadas al puesto.

    • ¿Las tareas asignadas al puesto o a la persona son compatibles con su perfil? (Resulta que la tarea es fuertemente cargada de interacción social y la persona es tímida).
    • ¿Las tareas asignadas al puesto o a la persona son compatibles entre ellas? (Por ejemplo, quieren una persona con mucha iniciativa y ejecución y que además sea muy planeadora y considere riesgos?
    • ¿La carga de trabajo es apta para una persona? (A veces le cargamos la mano a las personas).
    • ¿La tarea es compleja y requiere dividirse en subtareas y dichas tareas son disimilares entre sí? (Posiblemente se requieren 2 personas diferentes).

    El reto es evitar asignar tareas a personas que son incapaces de llevarlas a cabo. También el reto es evitar crear puestos imposibles de cumplir.

    Y si al final las personas no empatan con la tarea, no debe uno obsesionarse en que lleve a cabo la tarea simplemente por que la persona tiene un puesto con el nombre al que debería embonar la tarea.

    El reto es realizar las tareas de manera efectiva y eficiente, no tener un organigrama que se ve bonito y que además es inamovible. Primero se analizan las tareas, luego vemos qué personas necesitamos para hacer la tarea, luego vemos cuántos jefes necesitamos para asegurar que se realice el trabajo y al final vemos cómo integramos y organizamos todo en áreas que permitan una gestión. Pero primero, primero es la tarea.

    ¿Te ha pasado?