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  • El Ejecutivo Excelente

    En 1969, antes de que yo naciera, Peter Drucker, el papá de la administración o la gestión contemporánea escribió un libro llamado el Ejecutivo Eficaz.

    A lo largo de mi vida laboral, yo me he desempeñado dentro de lo que Drucker define como un ejecutivo. En su libro Drucker comenta sobre lo que es un ejecutivo y que su papel es el de dar resultados. De ahí la necesidad que tiene de ser Eficaz.

    He llamado ejecutivo a los trabajadores cerebrales, gerentes o profesionales asilados que, en virtud de su posición o conocimientos, adoptan habitualmente decisiones que hacen impacto en la ejecución y en los resultados.

    Peter Drucker – El Ejecutivo Eficaz

    Drucker argumenta que el trabajador manual debe de ser eficiente y el trabajador del conocimiento debe de ser efectivo.

    Para Drucker, muchos gerentes son ejecutivos (aunque no todos), asimismo, muchos especialistas (ingenieros, arquitectos, contadores, etc.) son ejecutivos si impactan en el funcionamiento y resultados de la organización. No es necesario que tengan gente a su cargo. En otras palabras, los ejecutivos eficaces podríamos decir que hacen bien las cosas que deben de hacerse.

    En una reflexión reciente comentaba que estaba releyendo a Tom Peters un proponente y defensor férreo del concepto de la Excelencia. Y creo que es justo y necesario, revisar el concepto del Ejecutivo y llevarlo más allá de la eficiencia (hay algunas actividades manuales que el ejecutivo debe de realizar) y de la eficacia (resultados) hacia el Camino de la Excelencia.

    Drucker argumenta que la eficacia es un hábito, sobre todo en el manejo del tiempo, las prioridades, la comunicación y la toma de decisión. La eficacia es algo que puede aprenderse y depurarse con el tiempo.

    Agregar el nivel de Excelencia al ejecutivo, es, para mí, agregar el tema de rasgos, características, mentalidad y/o el enfoque hacia las cosas. Algunos temas que me vienen a la mente al hacer una lluvia de ideas en mi bitácora son:

    • Tenacidad o perseverancia (no se da por vencido fácilmente, ve a los errores como una forma de aprendizaje y crecimiento. Tiene consistencia y dedicación en lo que hace).
    • Capacidad de inspirar a otros (con su propio desempeño).
    • Disposición a compartir su conocimiento y experiencia (no acapara).
    • Enfoque de servicio a los demás (disposición a ayudar a otros).
    • Sentido de comunidad (hacer las cosas para ayudar a otros).
    • Un propósito claro (tiene una dirección en su vida, sin que ello le impida ajustar el rumbo).
    • Una pasión visible por hacer lo que hace (se ve su energía, entusiasmo y alegría en todo su actuar).
    • Autocontrol de su temperamento y emociones, así como un alto nivel de respeto hacia los demás (no se ofende ni ofende a nadie con facilidad, alto nivel de consideración a las diferentes personas, razas, creencias, género y demás).
    • Autonomía para hacer las cosas bien sin requerir de supervisión estrecha de alguien más.
    • Un alto nivel de maestría en lo que hace (aprende continuamente y supera el nivel de ejecución de lo suficientemente bueno. No se estanca en conocimiento).
    • Equilibrio en su vida (no todo es trabajo y balance también su vida familiar, crecimiento personal, salud, y otros aspectos relevantes).

    Obviamente, esto es un ideal como muchas cosas. No creo ni siquiera estar yo mismo al nivel de este ideal que planteo. No obstante, me provee una dirección clara, un rumbo hacia el que quiero continuar transitando en años futuros.

    A lo largo del tiempo, hace casi 30 años que inicié mi primer trabajo como ejecutivo, he ido aprendiendo, refinando, experimentando, tropezándome y dominando diferentes aspectos en mi persona que han incrementando mi eficiencia, mi eficacia y mi excelencia. No hay un destino final, es un camino, es, como dice Tom Peters: «Un estilo de vida».

    Avanzar en ese estilo de vida es una de mis intenciones en este transitar por la «gran canica azul» como diría Carl Sagan. En algún momento, debemos de cuestionarnos cuál es nuestra visión en este sentido de la Excelencia y perseguirla cada momento, cada día, cada semana, mes y año de nuestras vidas.

    En el espíritu expresado por Miyamoto Musashi (un famoso espadachín japonés), debemos de refinar nuestro arte (el ser un Ejecutivo de Excelencia), día tras día y de ese modo volvernos eficientes, eficaces y excelentes. Esto tomará tiempo, mucho tiempo. No hay atajos.

    Mil días de entrenamiento para desarrollar, diez mil días de entrenamiento para pulir. Todos ustedes deben examinar esto bien. 

    Miyamoto Musashi

  • Reencontrando el camino

    Las últimas semanas, de hecho los últimos meses, han sido muy complicados, al igual que para todos, y la cosa no se ve más sencilla a futuro.

    Las presiones del día a día, y de la situación, a veces nos hacen «perder el norte». Te cuestionas qué es lo que quieres lograr, qué es lo que estás buscando y como dicen Simon Sinek, lo más importante es preguntarnos el por qué.

    El fin de semana en medio de la confusión tomé un libro de uno de mis autores favoritos, Tom Peters. Él hace referencia a una cita:

    Alcanzas la Excelencia al prometerte a ti mismo, en este momento, que nunca más conscientemente harás nada que no sea Excelente. Sin importar cualquier tipo de presión para hacerlo de otro modo, ya sea por un jefe o alguna situación.

    Tom Watson

    Esta frase me hizo recordar muchas cosas, sobre todo me recordó que en lo personal, la búsqueda de la Excelencia (con E mayúscula como dice Tom Peters), es a lo que me interesa aspirar y a lo que he intentado aspirar a lo largo de los años. Aunque a veces pierda un poco el rumbo.

    Es importante tener algo que nos recuerde hacia donde vamos. Que sea una luz, un faro, que nos guíe hacia ese futuro mejor. Una especie de visión personal.

    Hace años en mi tesis de la universidad escribí una frase que me marcó en aquellos tiempos:

    «Siempre adelante sin mirar atrás, siempre adelante sin pensar en la derrota, siempre adelante para ser mejor».

    Creo que en ese momento fue mi forma de visualizar la Excelencia y me guió en los años que siguieron. Hoy en estos momentos, al leer a Tom Peters, me nace la inquietud de replantear el enfoque, o de complementarlo.

    Tom Peters dice: «Si no es la Excelencia, ¿qué? Si no es la Excelencia ahora ¿cuándo?». La Excelencia no es sinónimo de éxito. Tampoco es sinónimo de perfeccionismo. Lo veo más como una filosofía de vida.

    La Excelencia, junto con la Eficiencia y la Efectividad son una combinación de Conocimientos, Rutinas y Enfoques hacia las cosas y las situaciones que se nos presentan en el día a día. Ya sea en el trabajo o en la vida personal.

    Así que hoy miro hacia adelante y pienso, o más bien decido, reencontrarme con la Excelencia de una manera renovada. Es momento de tomar papel y pluma y bosquejar cómo será esa Excelencia personal.