Categoría: Ejecutivo Excelente

  • Soy multitasking

    Perdona la decepción, lo más probable es que si piensas que eres multitasking te estas equivocando. No me lo tomes a mal, no lo digo yo, lo dice un montón de expertos en productividad y funcionamiento del cerebro. El hacer varias tareas al mismo tiempo es una ilusión o más bien un mal entendido.

    Ciertamente, puedes escuchar música mientras lavas los platos o mientras andas en bicicleta y por ello crees que eres multitarea. Pero la realidad es que estás haciendo una actividad «rutinaria» escuchas música junto con una tarea que requiere «poca atención», lavar los platos. Y por eso pueden convivir juntas. Hay espacio para las dos.

    Sin embargo, el problema empieza cuando tienes que realizar una tarea en el trabajo que requiere mucha atención, por ejemplo, crear una carta para un cliente nuevo, analizar un problema, integrar los comentarios a un reporte sobre los resultados del mes o crear un nuevo producto. Esas son actividades que requieren mucha atención y tu cerebro solo puede manejar una de esas a la vez. No hay espacio para otras cosas (a lo mucho una música de fondo que no distraiga).

    Así que resulta que tu quieres avanzar en esas tareas y te enfocas en ellas, tienes resultados que dar y fechas que cumplir, pero en eso te entra una llamada y tratas de hacer ambas a la vez, o te llega un mensaje por el teléfono y lo revisas mientras haces lo otro. En ese momento, la magia de la concentración se pierde. Y de acuerdo con algunos expertos y estudios te puede tomar hasta 24 minutos recuperar tu concentración.

    En otras ocasiones, una junta se cruza en tu camino o tal vez una video llamada o un colaborador que quiere comentar algo contigo. Entonces tu enfoque, tu concentración en la tarea que lo requiere se parte un montón de veces y solo logras destinar un minuto aquí, otro minuto allá a la tarea importante. El resultado: la tarea importante que requiere concentración NO AVANZA.

    El día a día te consume y sientes que no tienes suficiente tiempo. ¿Te suena este escenario? Es probable que sí, es bastante común. ¿Qué podemos hacer al respecto? Algo simple, aunque no sencillo de lograr.

    Primero aceptar que no eres multitasking (o multi tarea para los puristas del lenguaje de Cervantes). Segundo conocer y entender que la única forma de ser productivo es a través de la concentración del tiempo, en otras palabras, para avanzar en las tareas importantes y que requieren enfoque, tienes que dedicar períodos de tiempo continuos de entre 30 minutos a 2 horas haciendo solamente eso.

    «¡Ja ja ja! ¡Cómo crees que voy a poder hacer eso!», hasta acá escuché tus carcajadas. Dije que era simple, no que era fácil.

    Para lograr lo anterior debes de tomar control de tu tiempo, no es una sola cosa la que debes hacer y estarás a merced de la cultura de atiborrar tu tiempo de tu empresa, clientes y proveedores. Y eso ya lo sabemos. Tu tiempo NO ES TUYO. Así que la gestión del tiempo es super importante.

    La gestión del tiempo implicará:

    • Aprender a decir que no.
    • Manejar adecuadamente una agenda.
    • Aprender a priorizar.
    • Aprender a controlar tu correo, las visitas, las juntas, y otros eventos quita tiempos.
    • Aprender a concentrarte y enfocarte en una actividad (controlar tus pensamientos).
    • Acostumbrar a tus colaboradores, clientes y proveedores a trabajar con tus buenas prácticas de manejo del tiempo.
    • Aprender a aprovechar la tecnología para tu beneficio.
    • Aprender a identificar y eliminar ineficiencias en tus actividades y en las actividades de tus procesos o área, si eres un mando.
    • Y varias cosas más.

    Recuerda, productividad no es tener la agenda llena, tampoco es trabajar después de tus horas, tampoco es hacer malabares y hacer varias cosas al mismo tiempo. Productividad es eliminar ineficiencias y volverte muy bueno en controlar tu tiempo para trabajar en bloques de tiempo que te permitan avanzar y cumplir tus tareas. Así de simple.

  • El Ejecutivo Excelente

    En 1969, antes de que yo naciera, Peter Drucker, el papá de la administración o la gestión contemporánea escribió un libro llamado el Ejecutivo Eficaz.

    A lo largo de mi vida laboral, yo me he desempeñado dentro de lo que Drucker define como un ejecutivo. En su libro Drucker comenta sobre lo que es un ejecutivo y que su papel es el de dar resultados. De ahí la necesidad que tiene de ser Eficaz.

    He llamado ejecutivo a los trabajadores cerebrales, gerentes o profesionales asilados que, en virtud de su posición o conocimientos, adoptan habitualmente decisiones que hacen impacto en la ejecución y en los resultados.

    Peter Drucker – El Ejecutivo Eficaz

    Drucker argumenta que el trabajador manual debe de ser eficiente y el trabajador del conocimiento debe de ser efectivo.

    Para Drucker, muchos gerentes son ejecutivos (aunque no todos), asimismo, muchos especialistas (ingenieros, arquitectos, contadores, etc.) son ejecutivos si impactan en el funcionamiento y resultados de la organización. No es necesario que tengan gente a su cargo. En otras palabras, los ejecutivos eficaces podríamos decir que hacen bien las cosas que deben de hacerse.

    En una reflexión reciente comentaba que estaba releyendo a Tom Peters un proponente y defensor férreo del concepto de la Excelencia. Y creo que es justo y necesario, revisar el concepto del Ejecutivo y llevarlo más allá de la eficiencia (hay algunas actividades manuales que el ejecutivo debe de realizar) y de la eficacia (resultados) hacia el Camino de la Excelencia.

    Drucker argumenta que la eficacia es un hábito, sobre todo en el manejo del tiempo, las prioridades, la comunicación y la toma de decisión. La eficacia es algo que puede aprenderse y depurarse con el tiempo.

    Agregar el nivel de Excelencia al ejecutivo, es, para mí, agregar el tema de rasgos, características, mentalidad y/o el enfoque hacia las cosas. Algunos temas que me vienen a la mente al hacer una lluvia de ideas en mi bitácora son:

    • Tenacidad o perseverancia (no se da por vencido fácilmente, ve a los errores como una forma de aprendizaje y crecimiento. Tiene consistencia y dedicación en lo que hace).
    • Capacidad de inspirar a otros (con su propio desempeño).
    • Disposición a compartir su conocimiento y experiencia (no acapara).
    • Enfoque de servicio a los demás (disposición a ayudar a otros).
    • Sentido de comunidad (hacer las cosas para ayudar a otros).
    • Un propósito claro (tiene una dirección en su vida, sin que ello le impida ajustar el rumbo).
    • Una pasión visible por hacer lo que hace (se ve su energía, entusiasmo y alegría en todo su actuar).
    • Autocontrol de su temperamento y emociones, así como un alto nivel de respeto hacia los demás (no se ofende ni ofende a nadie con facilidad, alto nivel de consideración a las diferentes personas, razas, creencias, género y demás).
    • Autonomía para hacer las cosas bien sin requerir de supervisión estrecha de alguien más.
    • Un alto nivel de maestría en lo que hace (aprende continuamente y supera el nivel de ejecución de lo suficientemente bueno. No se estanca en conocimiento).
    • Equilibrio en su vida (no todo es trabajo y balance también su vida familiar, crecimiento personal, salud, y otros aspectos relevantes).

    Obviamente, esto es un ideal como muchas cosas. No creo ni siquiera estar yo mismo al nivel de este ideal que planteo. No obstante, me provee una dirección clara, un rumbo hacia el que quiero continuar transitando en años futuros.

    A lo largo del tiempo, hace casi 30 años que inicié mi primer trabajo como ejecutivo, he ido aprendiendo, refinando, experimentando, tropezándome y dominando diferentes aspectos en mi persona que han incrementando mi eficiencia, mi eficacia y mi excelencia. No hay un destino final, es un camino, es, como dice Tom Peters: «Un estilo de vida».

    Avanzar en ese estilo de vida es una de mis intenciones en este transitar por la «gran canica azul» como diría Carl Sagan. En algún momento, debemos de cuestionarnos cuál es nuestra visión en este sentido de la Excelencia y perseguirla cada momento, cada día, cada semana, mes y año de nuestras vidas.

    En el espíritu expresado por Miyamoto Musashi (un famoso espadachín japonés), debemos de refinar nuestro arte (el ser un Ejecutivo de Excelencia), día tras día y de ese modo volvernos eficientes, eficaces y excelentes. Esto tomará tiempo, mucho tiempo. No hay atajos.

    Mil días de entrenamiento para desarrollar, diez mil días de entrenamiento para pulir. Todos ustedes deben examinar esto bien. 

    Miyamoto Musashi