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  • Aprender a navegar

    Una de las cosas que a nivel personal, ejecutivo o gerencial y directivo tenemos que hacer a lo largo de nuestra vida es plantearnos objetivos y lograrlos. Existen muchas técnicas que nos piden plantear metas, rumbos, indicadores y demás.

    A la hora de ejecutar más de uno tambaleamos, establecemos metas no claras, nuestros objetivos no son alcanzables, nuestros indicadores no son acorde al objetivo y fallamos en planear, dar seguimiento y alcanzar lo que nos propusimos.

    Recientemente conocí y aplique técnicas de navegación terrestre (si, con brújula y todo) y hoy te quiero contar como aprenderlo te puede ayudar a mejorar tu planteamiento y logro de objetivos.

    Antes de saber a donde vas tienes que saber dónde estás

    Lo primero que nos explicó nuestro instructor de navegación fue que antes de mover un pie, es necesario saber dónde estamos. La mejor forma de extraviarse es caminar sin saber donde estás. Y en cierto modo a nivel personal, nos piden que nos conozcamos, que establezcamos con qué contamos hoy (en habilidades y recursos).

    Las empresas utilizan indicadores y mediciones sobre sus procesos, productos y servicios y analizan su desempeño pasado a fin de determinar dónde están.

    Para saber a dónde vas necesitas conocer tu entorno y tener un mapa

    Una vez que sabes dónde estás, es importante contar con una visión lo más amplia de lo que te rodea. En el caso de la navegación se utiliza un mapa o carta de navegación. En las empresas usamos análisis del entorno interno y externo para conocer lo que nos rodea a nivel económico, mercado, competencia, clientes, político, legal, tecnológico y demás.

    Sabiendo donde estamos y que entorno nos rodea, es posible establecer a dónde queremos ir. Lo cual representa nuestro objetivo final. Este es un punto descuidado en algunas empresas. Creen saber donde están, pero no lo verifican.

    Necesitas definir un rumbo y planear como alcanzarlo

    Ahora viene lo interesante, es necesario establecer un rumbo. Típicamente en línea recta entre nuestro punto actual y nuestro destino. Sin embargo, el mapa o carta de navegación puede mostrarnos algunas características «macro» del terreno que tendremos que sortear como montañas y ríos o cuerpos de agua. Esto permite marcar un rumbo no tal lineal pero que nos llevará a donde queremos estar.

    Una vez marcado el rumbo hay que analizar con cuidado como lograrlo, pues no es lo mismo caminar en plano, que con una pendiente. No se avanza igual en ciudad y caminos que en senderos de piedra y en vegetación.

    Este punto es muy importante pues permite establecer metas realistas. Aquí es muy fácil sobre o subestimar el esfuerzo, tiempo y recursos para lograr lo que queremos.

    Necesitas prepararte previo a emprender el rumbo

    Ya sabiendo dónde estás, a dónde quieres ir y por donde planeas irte. Es momento de prepararse. En el caso de la navegación terrestre hay que determinar distancias y ángulos que se van a usar con la brújula.

    Adicionalmente hay que considerar los recursos, mochila, agua, comida, kit de primeros auxilios, linternas, ropa adecuada, la brújula, guantes, bastones, etc. Todo lo necesario.

    Toda esta planeación previa y cualquier capacitación de soporte se tiene que tomar antes. Es poco probable que durante el trayecto, haya tiempo para esto.

    En la ejecución tienes que revisar tu rumbo continuamente

    Una vez en campo, se tiene que llegar al punto de inicio. Ahí inicia la navegación, utilizando la brújula se define el ángulo al cual se debe avanzar y comienza el avance. Cada 20 metros, en entornos con vegetación muy cerrada, hay que estar revisando que vayas en la dirección correcta. Y créanme es sumamente fácil desviarse. Eso pasa también con nuestros planes de trabajo empresariales y personales y creo que no revisamos lo suficientemente frecuente si seguimos en la dirección requerida. Nos confiamos. He visto empresas, por la carga de trabajo que implica, el medir sus avances cada 3 o 6 meses, inclusive cada año. Eso es ¡demasiado! Para cuando midas, seguro estarás muy lejos de donde esperabas estar.

    Te vas a topar con obstáculos y tienes que rodearlos sin perder tu rumbo

    Al ir caminando, salen cosas que no esperabas, troncos caídos, caminos cerrados por vegetación, zonas inundadas. Todo esto no pudiste proveerlo viendo tu mapa o carta de navegación, no a este detalle. Y entonces es momento de encontrar un objeto de referencia y rodear sin perderlo de vista y revisando el rumbo continuamente.

    Los obstáculos pueden consumir recursos y tiempo, pero no deben desviarte de tu objetivo. Y hay que saber que siempre habrá obstáculos, el viaje nunca es libre de ellos.

    En caso de desviarte, haz un alto, revisa y ajusta. Se vale regresar.

    En una reciente excursión nos pasó que nos desviamos. Revisando con el GPS, no estábamos donde se suponía, a pesar del plan. Ese no era el momento de buscar causas ni culpables, teníamos que retomar el rumbo. Así que haciendo uso de las técnicas y herramientas, simplemente armamos un plan de contingencia y en poco tiempo logramos retomar el rumbo.

    El navegante navega

    En el caso de mi experiencia personal, yo era el navegante y mi acompañante realizaba las tareas que eran la razón de la excursión, en este caso el monitoreo de fauna. Y aunque en algunos momentos le apoyé, mi tarea principal era navegar, no podía desviarme de mi tarea principal o ambos acabaríamos extraviados.

    Me toca mucho ver que la gente a nivel personal, o los gerentes en las empresas, se pierden en las actividades y dejan de lado la navegación. En el caso de las empresas, la navegación es la razón de ser de muchos mandos y tienen que retomar el entendimiento y apreciación de lo que implica seguir el rumbo, medir las desviaciones y retomar el curso.

    En otras palabras, es complicado «chiflar y comer pinole» como decimos en México. No se puede hacer eficientemente dos cosas a la vez.

    Conclusión

    Me ha tocado ver muchas personas y empresas que avanzan sin un rumbo claro, sin una planeación, sin los recursos adecuados. Ciertamente puedes solventar algunas cosas sobre la marcha, pero no todas. Un poco de planeación previa te llevará a estar en ventaja y a facilitar el recorrido.

    Pero tal vez el punto más importante es el valor de la verificación continua de donde te encuentras y respetar tu plan inicial para llegar a donde querías llegar. Es fácil perderse, es fácil desviarse, es fácil no darte cuenta que te has alejado mucho de tu objetivo. Y en algunos casos, tanto, que ya no sea factible, económico o posible el regresar y ajustar el rumbo.

    Creo que toda persona o gerente debería de tomar un curso de navegación terrestre para desarrollar un aprecio por la planeación, la previsión, los objetivos e indicadores, la medición continua y seguimiento de tu avance, la conciencia de que habrá obstáculos y la dedicación para continuar avanzando hasta lograr tu objetivo.

  • ¡Necesitamos más recursos!

    Invariablemente cuando imparto un taller de solución de problemas y hacemos ejercicios de lluvia de ideas sobre un problema arbitrario, los participantes en sus posibles soluciones invariablemente orbitan hacia propuestas que implican mayores recursos.

    Pero también me ha sucedido en dinámicas que simulan procesos, cuando las cosas salen mal, la primera reacción es solicitar más recursos.

    Y no es que solicitar recursos no sea una necesidad, pero en mi experiencia no lo es siempre.

    Considero que la necesidad de recursos surge cuando tenemos un proceso topado en su capacidad, siempre y cuando cumpla con dos requerimientos: el proceso es consistente en su calidad y el proceso está en un muy aceptable nivel de eficiencia.

    Si ese es el caso, más recursos permitirán aumentar la producción o prestación del servicio ¿pero que pasa cuando tengo un proceso ineficiente, con una alta variabilidad y con muchos desperdicios (en tiempo, en retrabajos, en traslados, etc.)? En ese caso la solución de más recursos es engañosa.

    Y lo he visto de muchas formas:

    • He visto procesos donde tienen personal que se desempeña a un 50% o menos de lo que debería (por mil razones, falta de competencia, mala selección de personal, etc.). Y entonces se quiere más personal para cubrir la demanda que uno al 100% de su capacidad podría hacerlo.
    • En otra ocasión, en una fábrica, deseaban comprar el terreno de al lado porque ya no cabían, sin embargo, tras un proceso de orden y limpieza, ¡sobró espacio!
    • Una vez conocí un proceso tan ineficiente que tenía un 70% de retrasos en sus entregas y el 50% de rechazos. Prácticamente la mitad de lo que hacían tenía que volverse a realizar.

    En la cultura de la manufactura esbelta se dice que antes de mejorar cualquier proceso, el primer paso es el orden y la limpieza. Y luego se implementan las mejoras.

    “Imaginemos una fábrica cuyos operarios trabajan sin importarles hacerlo en medio del polvo, suciedad y aceite… Estas condiciones indican claramente una fábrica que produce gran cantidad de artículos defectuosos, que incumple sistemáticamente los plazos de entrega y cuya productividad y moral son bajas.”

    5s para Operarios, Productivity Press

    Y aunque la cita aplica a fábricas, a lo largo de los años he visto la misma situación en empresas de servicios, ya sean despachos, hoteles, restaurantes, almacenes y demás.

    Creo que los procesos de mejora deben iniciarse con un cuidadoso análisis de nuestro orden y limpieza, seguido de un análisis de la eficiencia (retrabajos y otros desperdicios) y, finalmente, una reflexión sobre la consistencia en la calidad y la variabilidad del proceso. Arreglar estos puntos no requiere, en la mayoría de los casos, grandes recursos adicionales.

    “La simple organizacióndel local de trabajo reduce en un 50% los defectos del proceso.”

    Masaaki Imai

    ¿Cuál ha sido tu experiencia? ¿Resuelven las ineficiencias con recursos en tu empresa? ¿Resuelven los problemas de capacidad con inversión o analizando si no hay desperdicios en los procesos?

  • El Triángulo de los Proyectos

    Todos en algún momento nos vemos involucrados con algún proyecto. Ya sea que participemos en él, que nos toque coordinarlo o que nos toque solicitarlo a algún proveedor (interno o externo).

    Algo que he notado respecto a los proyectos es que los ajustamos con mucha laxitud. ¡Claro que está bien hacer cambios! Pero lo importante es tomar conciencia de las implicaciones de dichos cambios.

    Existe un concepto o herramienta llamada el triángulo de los proyectos que nos ayuda a entender un poco las implicaciones.

    Este triángulo considera 3 dimensiones:

    • Alcance
    • Recursos
    • Tiempo

    El alcance es la amplitud o lo que se quiere que logre el proyecto, por ejemplo implementar un sistema documental en 3 sucursales.

    Los recursos pueden ser gente, infraestructura, materiales o recursos monetarios. Y son lo que apoyará a la implementación del proyecto y el logro de los resultados.

    El tiempo es el marco del tiempo en el que de manera realista se puede llevar a cabo el proyecto.

    Sucede que si por alguna razón, a medio proyecto, se nos ocurre recortar los recursos, inmediatamente se verá afectado el tiempo. El proyecto durará más. Asimismo, si queremos que se termine en tiempo, la única forma de hacerlo es recortando el alcance.

    Si por otro lado, queremos terminar un proyecto en menor tiempo, es necesario recortar el alcance o por otro lado incrementar los recursos.

    Si pretendemos modificar el alcance, aumentándolo, esto afectará tanto a los tiempos y a los recursos.

    Es complicado mover una de las dimensiones sin afectar a las demás. Sin embargo, es algo que me ha tocado presenciar. Tomar conciencia de estas relaciones nos ayuda a trabajar menor con nuestro proyecto o con los proveedores a los que solicitamos proyectos.

    ¿Te ha pasado que se modifique un proyecto a medio camino? ¿Cuáles fueron las afectaciones? ¿Cómo reaccionaste? ¿Se afectó alguna de las dimensiones?