Etiqueta: Calidad Total

  • La Calidad en Papel

    En muchas ocasiones hemos escuchado que debemos de hacer las cosas bien. Cuando estábamos en la escuela, en la casa y en el trabajo. Teóricamente todos deberíamos de hacer las cosas que hacemos bien.

    La realidad es que no sucede así, por diferentes cuestiones y situaciones. Así que las empresas han buscado, desde hace mucho tiempo, las formas, los métodos, los sistemas, las prácticas que permitan a las empresas hacer las cosas con calidad. Entendiendo por calidad el cumplir con los requisitos de los clientes. Esto es, no solo es hacer las cosas bien, sino hacer bien las cosas que requieren y esperan los clientes.

    Hace más de 25 años me tocó iniciarme en el mundo de la calidad, estudiando los sistemas japoneses basados en las enseñanzas de Edward Deming, así como las enseñanzas de otros como Joseph Juran, Philip Crosby, Kaoru Ishikawa, Masaaki Imai, etc.

    El movimiento de la calidad se había iniciado mucho antes de cuando a mi me tocó conocerlo. Sin embargo, cuando a mi me tocó trabajarlo, tuvimos que hacerlo en el marco de la implementación de un sistema de calidad derivado de la entonces norma ISO 9001:1994, esto era el QS 9000:1995.

    La norma ISO 9001 se encontraba apenas en su segunda revisión y la QS 9000 iniciaba como un requerimiento de la industria automotriz hacia sus cadenas de suministro.

    Recuerdo que en aquella época nos esforzamos mucho por implementar el sistema de calidad. Los que fuimos asignados a la puesta en marcha del proyecto, y nuestro entonces gerente general, creíamos en arreglar la empresa, crear los sistemas y darles seguimiento. Otras plantas en nuestro grupo lo habían hecho, inclusive con modelos como el Premio Nacional de Calidad y habían sido galardonadas con dicha presea. La calidad en nuestro grupo era una cosa seria.

    Dichos esfuerzos se coronaron con la certificación de los diferentes sistemas de calidad. Sin embargo, con el paso de los años, comenzamos a ver y a enterarnos de que algunas empresas lograban sus certificaciones sin realmente mejorar. Inclusive nos enteramos de organismos certificadores que «facilitaban», por así decirlo el proceso a sus clientes.

    A mí me toco ver de primera mano como se creó una cultura de la certificación en papel. Me tocó ver como empresas, certificadores y empresarios desvirtuaron el enfoque de la calidad para volverlo un requisito en papel. Si tenías el certificado podías ser proveedor, si no lo tenías, pues no. Y así, la carrera se volvió en un frenesí por lograr el certificado y por dejar de lado la calidad.

    Existen muchos análisis, críticas y justificaciones sobre el porqué esto sucedió. Yo en lo personal creo en los sistemas de gestión de calidad, de calidad total y similares pues sé que ayudan, bien implementados, a mejorar las operaciones de las empresas. Sin embargo, creo que también las empresas y los gerentes han permitido este deterioro por conveniencia.

    Con papel o sin papel, el proveer calidad a los clientes es una necesidad en un mundo saturado de competidores y sumamente competitivo a niveles locales, regionales y globales. Y creo que es necesario revisar cuál es nuestro concepto de la calidad y cómo se debe de lograr.

    La calidad no se logra con buenas intenciones y trabajo duro o con dedicación, para que sea consistente y duradera, se requieren de sistemas, prácticas y un enfoque muy claro sobre lo que debe de hacerse.

    Creo que hoy en día damos por sentada la calidad, en algunas empresas inclusive la consideran un área, pero los problemas que viven a diario las empresas muestra indicios de que aún estamos viendo a la calidad como algo que se tiene en un papel pegado en la pared.

    En mi opinión la cultura de calidad y la gestión de la calidad es aún una prueba no superada.

    ¿Cómo ha sido tu experiencia? ¿Cuáles son tus retos? ¿Cómo los estás afrontando?

  • Cambios, cambios, cambios

    Vivimos en una época que valora el cambio continuo. Pero eso no es fácil, a los seres humanos nos gusta más la estabilidad, la estabilidad es buena, pues elimina la incertidumbre. La incertidumbre genera miedo y desconfianza. Nos gusta lo seguro. Ya lo dice el conocido refrán:

    «Más vale malo por conocido, que bueno por conocer.»

    Refrán Popular

    De hecho, nuestra cultura popular está llena de frases similares. «Si funciona no le muevas», decimos por ahí. Sin embargo, los retos de hoy nos requieren de tener una cultura ágil y adaptada al cambio.

    Una vez regalé un libro a un cliente que se titulaba «No son las empresas grandes las que se comen a las pequeñas, son las rápidas las que se comen a las lentas». Esto fue hace más de 10 años, así que la necesidad de «agilidad» o adaptabilidad al cambio tiene tiempo ya.

    Los cambios tecnológicos nos impulsan cada vez más a cambiar las cosas. Sin embargo, la mayoría de las empresas no logran adoptar un modelo práctico y funcional. La mayoría lucha contra el estancamiento (“aquí siempre lo hemos hecho así”) y contra la burocracia (el control excesivo).

    El movimiento de la Calidad Total de los años 80s y 90s ya manejaba el concepto de la Mejora Continua y en la actualidad se habla de las organizaciones «ágiles» y «esbeltas».

    Adoptar cambios no es fácil, nunca lo ha sido:

    No existe nada más difícil e incierto de realizar que dirigir la introducción de un nuevo orden de cosas, porque la innovación tiene por enemigos todos aquellos que han tenido éxito en las condiciones anteriores, y por tibios defensores a aquellos que pudieran tener éxito con las condiciones nuevas.”

    Nicolás Maquiavelo. El Príncipe. – 1532

    Cuando Henry Ford inicio su producción en serie y Frederick Taylor planteo los fundamentos de la Administración Científica, el enfoque era lograr el control, el cumplimiento, la estabilidad en las operaciones. Algo necesario para producir mucho de una sola cosa.

    Sin embargo, con el paso del tiempo las cosas han evolucionado. De que el mercado quisiera mucho de una misma cosa (como el Modelo T de Henry Ford, que se vendía en negro y solamente en color negro). Hasta nuestro días plagados de la personalización y el cambio continuo.

    Como comenté, la Gestión de la Calidad Total (o el TQM, por sus siglas en inglés), promovía el uso de pequeños grupos de mejora continua, los llamados Círculos de Calidad. Y he ahí un primer aprendizaje para lograr una organización «ágil o esbelta». Trabajar en pequeños grupos, descentralizar la toma de decisiones. La centralización tiene sus beneficios, pero en una empresa muy grande puede ocasionar parálisis, toma mucho tiempo lograr que se aprueben las cosas y promover el cambio. Pero por otro lado, el reto es proveer a los grupos pequeños de una visión, valores y de un marco de trabajo adecuado para operar autónomamente.

    El caso de los Círculos e Calidad es uno muy interesante y el libro ¿Qué es el Control Total de Calidad? de Kaouru Ishikawa es una excelente lectura al respecto. ¿Lo has leído?

    El tema del cambio y la cultura para lograrlo es sumamente amplio, así que lo continuaré en una segunda publicación. ¿Cómo trabaja el cambio tu empresa? ¿Han creado grupos para la mejora? ¿Cómo los han organizado? ¿Qué reglas o lineamientos siguen? ¿Buscan perseguir alguna metodología novedosa?